Catarsis
El domingo pasado, en el silencioso Tres Arroyos miré despreocupadamente hacia la vereda de enfrente y te vi venir corriendo hacia mí con tu sonrisa de siempre y tu potencia sin igual. Mi cara de terror se dibujó en menos de 1 segundo cuando vi por el espejo retrovisor que venía un coche a toda velocidad. Vos frenaste de repente y quiso el ángel que vos tenés y con el que naciste que no cruzaras en ese mismo momento. Cómo explicarte mi sensación ...
Cada vez que estás a mi lado desaparecen tristezas, gruñidos y fracasos. Me siento omnipotente con vos, con todas las fuerzas del mundo y sabiendo que nada malo puede pasarme. Todo lo demás es accesorio frente a lo que significás para mí, "Toki".
Y cobran vida Piola, tu jirafa, Perro, tu peluche noctámbulo, Manuelita la tortuga, Lazy Town, Poco Yo, Lulú y demás juguetes de tu asombroso baúl de madera.
Desenlace
El sábado logré ver la para mí postergada Kill Bill 2. Sobre el final, Beatrix Kiddo se detiene frente a una habitación en donde jugaban su hija y el padre de la misma. No había sitio para venganzas, al menos frente a la niña, porque de los ojos de la protagonistas brotaron lágrimas y emoción. Finalmente podía ver a su hija y venía a poner las cosas en su sitio. Y al final, como dice la peli ... "la leona se ha reunido con su cachorro y todo va bien en la selva". Hace tiempo atrás comprendí la inmensidad de esta frase. En esta selva que es la vida, hay un prado enorme y verde con un Río de la Plata al lado, en donde vos jugás con tu barrilete mientras yo te veo crecer.
29 de julio de 2008
28 de julio de 2008
26 de julio de 2008
Defensa de la soltería, Flavia Ricci
En alguna noche de mis noches porteñas, hablaba con un chico que dijo llamarse Favio y dijo tener dos hijas. El sostenía con énfasis que estados civiles sólo hay dos: casado o soltero. Yo, por aquellas épocas en que acababa de estrenar mi maternidad, aun no había reparado en ese detalle.
Hace poco tiempo, me preguntaron qué era (pregunta ambigua si las hay) y entendí que se referían a mi estado civil. Dije que era soltera y que tenía una hija de 4 años llamada Zoe. Esos son los únicos detalles que me importaba dar. Y enseguida me fui lejos de aquella atmósfera y me sentí como una observadora de un juego de esos de unir con flechas, en donde quien me preguntaba "qué era" estaría haciendo toda clase de hipótesis. A ver ... madre lo uno con ... soltera: ops!!! Madre soltera!!! Horror !!! Soltera lo uno con ... profesional ... mmmm sí, sí, me cuadra. Hija con ... soltera mmmm .... Y así sucesivamente de acuerdo a la mentalidad siglo XV de quien me interpelaba.
La cuestión es que ser viuda, separada, son marcas del pasado, no son estado civil ¡¡Bien Favio!! Debo reconocer tu gran acierto. En todo caso forman parte del pasado civil. Pero yo no digo que soy estudiante de la universidad si ya tengo, como de hecho tengo, un título de grado y otro de maestría en mi haber. Y sin embargo hay gente que se esmera en "unir con flechas".
Yo, de momento, defiendo mi estado civil de soltera, como defiendo mi maternidad y mi profesión. Unir con flechas ... lo dejo para esos sistemas de enseñanza de antaño en donde las infinitas posibilidades de esta vida no tenían cabida: callate la boca: ¡¡de eso no se habla hijo!!
Hace poco tiempo, me preguntaron qué era (pregunta ambigua si las hay) y entendí que se referían a mi estado civil. Dije que era soltera y que tenía una hija de 4 años llamada Zoe. Esos son los únicos detalles que me importaba dar. Y enseguida me fui lejos de aquella atmósfera y me sentí como una observadora de un juego de esos de unir con flechas, en donde quien me preguntaba "qué era" estaría haciendo toda clase de hipótesis. A ver ... madre lo uno con ... soltera: ops!!! Madre soltera!!! Horror !!! Soltera lo uno con ... profesional ... mmmm sí, sí, me cuadra. Hija con ... soltera mmmm .... Y así sucesivamente de acuerdo a la mentalidad siglo XV de quien me interpelaba.
La cuestión es que ser viuda, separada, son marcas del pasado, no son estado civil ¡¡Bien Favio!! Debo reconocer tu gran acierto. En todo caso forman parte del pasado civil. Pero yo no digo que soy estudiante de la universidad si ya tengo, como de hecho tengo, un título de grado y otro de maestría en mi haber. Y sin embargo hay gente que se esmera en "unir con flechas".
Yo, de momento, defiendo mi estado civil de soltera, como defiendo mi maternidad y mi profesión. Unir con flechas ... lo dejo para esos sistemas de enseñanza de antaño en donde las infinitas posibilidades de esta vida no tenían cabida: callate la boca: ¡¡de eso no se habla hijo!!
21 de julio de 2008
Disculpe, Hernán Figueroa Reyes
Disculpe si no entiende lo que canto,
tal vez hablamos lenguas diferentes.
Usted reniega siempre de estos pagos y yo
y yo quiero y admiro a nuestra gente,
usted reniega siempre de estos pagos y yo
y yo quiero y admiro a nuestra gente.
Usted siempre derrocha madrugadas
hablando de los cielos de otras tierras,
en cambio yo comienzo mi jornada
contento de estar bajo estas estrellas.
Disculpe si no me entiende,
Disculpe si no lo entiendo.
Usted habla por boca de otra gente y yo
y yo soy solo el eco de mi pueblo.
Disculpe si lo digo a mi manera,
usted siembra rencor y yo esperanza,
usted envidia de otro su bandera,
y yo adoro a mi celeste y blanca.
Yo soy como el hornero y me retobo,
mi patria es mi nido y la defiendo,
en cambio ustedes son como los tordos,
que quieren empollar en nido ajeno.
tal vez hablamos lenguas diferentes.
Usted reniega siempre de estos pagos y yo
y yo quiero y admiro a nuestra gente,
usted reniega siempre de estos pagos y yo
y yo quiero y admiro a nuestra gente.
Usted siempre derrocha madrugadas
hablando de los cielos de otras tierras,
en cambio yo comienzo mi jornada
contento de estar bajo estas estrellas.
Disculpe si no me entiende,
Disculpe si no lo entiendo.
Usted habla por boca de otra gente y yo
y yo soy solo el eco de mi pueblo.
Disculpe si lo digo a mi manera,
usted siembra rencor y yo esperanza,
usted envidia de otro su bandera,
y yo adoro a mi celeste y blanca.
Yo soy como el hornero y me retobo,
mi patria es mi nido y la defiendo,
en cambio ustedes son como los tordos,
que quieren empollar en nido ajeno.
15 de julio de 2008
Música en mis oídos, Al-Taïr
Tenerte tan cerca se me hacía casi un desafío, así que intentaba no mirarte por temor a que quedáramos tan cerca que ya me fuese imposible resistirme. Me gusta abrirte la puerta de casa y hablar de sapos y demás bichos en el jardín de abajo. Casi no se escucha ningún ruido a la madrugada y este verano tan insopechado como haberte encontrado me resulta seductor.
Tu música, mis libros, tu filosofía, mi psicología, tus viajes, los míos, tu apertura mental, la mía.
Tenerte, tocarte, te me deshacés en mis manos y quisiera que no terminara jamás. Abrazarte, que me abraces. Mirarte una y otra vez tus brazos, tus manos, tus ojos. Mirarte y sonrojarme, sonrojarme yo, justamente. Que me hagas feliz, que me hagas reir, que me hagas pensar y tener que seguirte en tu ritmo ágil de libros y canciones, de palabras y notas.
La noche se está yendo, pero a mí no me importa, quisiera una y otra vez esta repetición de los días. Con las luces muy bajas, viendo un wallpaper de aviones por la ventana, con aromas a sahumerios y dos copas de vino y todo, todo lo demás que está por venir. Con vos. Soplan buenos aires en mi Buenos Aires ...
Tu música, mis libros, tu filosofía, mi psicología, tus viajes, los míos, tu apertura mental, la mía.
Tenerte, tocarte, te me deshacés en mis manos y quisiera que no terminara jamás. Abrazarte, que me abraces. Mirarte una y otra vez tus brazos, tus manos, tus ojos. Mirarte y sonrojarme, sonrojarme yo, justamente. Que me hagas feliz, que me hagas reir, que me hagas pensar y tener que seguirte en tu ritmo ágil de libros y canciones, de palabras y notas.
La noche se está yendo, pero a mí no me importa, quisiera una y otra vez esta repetición de los días. Con las luces muy bajas, viendo un wallpaper de aviones por la ventana, con aromas a sahumerios y dos copas de vino y todo, todo lo demás que está por venir. Con vos. Soplan buenos aires en mi Buenos Aires ...
9 de julio de 2008
Escriba sobre mí, Al-Taïr
Esquivando compromisos, personas e inesperados ex, conocí un hombre que contaba historias. Historias de otras mujeres, de experiencias, de sabores y sinsabores, historias de nuestras miradas que no terminaban de encontrarse meses atrás. Conocí un hombre para mirar y admirar, conocí un corazón nómade como el mío, con una pasión sin límites y unas manos suaves de palpar pieles femeninas. Un hombre que salió de una noche con sahumerios, vinos y risas bajo esa luz amarillenta y suave que corre por Lomas de Núñez. Conocí un hombre con quien mirarme bañada en luces rojas de un dormitorio y enredarme en sábanas una y otra vez. Conocí a un hombre con quien bailar hasta el amanecer, que me encegueció con su luz. Conocí un hombre que me contaba historias y las iba escribiendo sobre mi piel, noche a noche y cada día. Una noche, de esas de invierno porteño, te conocí. Y qué bueno haberte descubierto, hombre de pasión sin límites. Me arrancás risas, anécdotas que no me canso de escuchar, brindis, caricias y miradas. Te miro y admiro, navegante solitario. Y me quedo prendida de esos ojos extranjeros que se han quedado aquí, en mi tierra. Soplan buenos aires en mi Buenos Aires ...
5 de julio de 2008
Amado, Vanessa da Mata
Como pode ser gostar de alguém
E esse tal alguém não ser seu
Fico desejando nós gastando o mar
Pôr-do-sol, postal, mais ninguém
Peço tanto a Deus
Para esquecer
Mas só de pedir me lembro
Minha linda flor
Meu jasmim será
Meus melhores beijos serão seus
Sinto que você é ligado a mim
Sempre que estou indo, volto atrás
Estou entregue a ponto de estar sempre só
Esperando um sim ou nunca mais
É tanta graça lá fora passa
O tempo sem você
Mas pode sim
Ser sim amado e tudo acontecer
Sinto absoluto o dom de existir,
Não há solidão, nem pena
Nessa doação, milagres do amor
Sinto uma extensão divina
É tanta graça lá fora passa
O tempo sem você
Mas pode sim
Ser sim amado e tudo acontecer
Quero dançar com você
Dançar com você
Quero dançar com você
Dançar com você
4 de julio de 2008
El presente, Julieta Venegas
A veces, muchas veces, estos hombres que ladran nos hacen felices, nos hacen reír, soñar, viajar ida y vuelta a donde queramos .... Bicis por el Río de la Plata, caramelos, sonrisas de Zoe y cuánto, cuánto has crecido nena !!! El Presente ... valorar lo que tenemos y luchar por lo que queremos. Para ustedes !
Ver video acá
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El mensaje, Al-Taïr
Salió disparada de su casa con esa neblina invernal porteña. No iba a ir a cualquier librería, sino a esas de Corrientes y aledaños que tienen el encanto añadido de poder tomarse un buen café. Después de un paseo por su ciudad adoptiva se bajó cerca del Obelisco y comenzó a subir por la calle que nunca duerme. Entró en una librería y se detuvo frente al estante de las novedades ¿Cuál de todos era el indicado? ¿Cómo dar en el blanco? ¿Entendería su mensaje? Se quedó perpleja pensando ... y salió a despejarse a la calle.
Al cabo de unas cuadras de una ensimismada caminata se detuvo frente a un quiosco color verde, tomó un plano de Buenos Aires y lo compró. Se metió en El Gato Negro, pidió un café con crema en jarrito, abrió el mapa y sonrió. Marcó para él un punto exacto en donde ella vivía. Plegó el mapa y lo preparó para enviarlo por correo.
El mensaje estaba claro. Ahora comenzaba la espera. Y algunas esperas no gustan de Internet. Ella quería que entendiera de una vez.
Al cabo de unas cuadras de una ensimismada caminata se detuvo frente a un quiosco color verde, tomó un plano de Buenos Aires y lo compró. Se metió en El Gato Negro, pidió un café con crema en jarrito, abrió el mapa y sonrió. Marcó para él un punto exacto en donde ella vivía. Plegó el mapa y lo preparó para enviarlo por correo.
El mensaje estaba claro. Ahora comenzaba la espera. Y algunas esperas no gustan de Internet. Ella quería que entendiera de una vez.
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3 de julio de 2008
30 de junio de 2008
28 de junio de 2008
Fa vint anys que tinc vint anys, Joan Manuel Serrat
Fa vint anys que tinc vint anys.
Vint anys i encara tinc força,
i no tinc l'ànima morta,
i em sento bullir la sang.
I encara em sento capaç
de cantar si un altre canta.
Avui que encara tinc veu
i encara puc creure en déus...
Vull cantar a les pedres, la terra, l'aigua,
el blat i el camí que vaig trepitjant.
A la nit, al cel, a aquest mar tan nostre,
i al vent que al matí ve a besar-me el rostre.
Vull alçar la veu,
per una tempesta,
per un raig de sol,
o pel rossinyol
que ha de cantar al vespre.
Fa vint anys que tinc vint anys.
Vint anys i encara tinc força,
i no tinc l'ànima morta,
i em sento bullir la sang.
Fa vint anys que tinc vint anys.
i el cor, encara, s'embala,
per un moment d'estimar,
o en veure un infant plorar...
Vull cantar l'amor. Al primer. Al darrer.
Al que et fa patir. Al que vius un dia.
Vull plorar amb aquells que es troben tots sols
i sense cap amor van passant pel món.
Vull alçar la veu,
per cantar als homes
que han nascut dempeus,
que viuen dempeus,
i que dempeus moren.
Vull i vull i vull cantar
avui que encara tinc veu.
Qui sap si podré demà.
Fa vint anys que tinc vint anys.
Vint anys i encara tinc força,
i no tinc l'ànima morta,
i em sento bullir la sang...
Vint anys i encara tinc força,
i no tinc l'ànima morta,
i em sento bullir la sang.
I encara em sento capaç
de cantar si un altre canta.
Avui que encara tinc veu
i encara puc creure en déus...
Vull cantar a les pedres, la terra, l'aigua,
el blat i el camí que vaig trepitjant.
A la nit, al cel, a aquest mar tan nostre,
i al vent que al matí ve a besar-me el rostre.
Vull alçar la veu,
per una tempesta,
per un raig de sol,
o pel rossinyol
que ha de cantar al vespre.
Fa vint anys que tinc vint anys.
Vint anys i encara tinc força,
i no tinc l'ànima morta,
i em sento bullir la sang.
Fa vint anys que tinc vint anys.
i el cor, encara, s'embala,
per un moment d'estimar,
o en veure un infant plorar...
Vull cantar l'amor. Al primer. Al darrer.
Al que et fa patir. Al que vius un dia.
Vull plorar amb aquells que es troben tots sols
i sense cap amor van passant pel món.
Vull alçar la veu,
per cantar als homes
que han nascut dempeus,
que viuen dempeus,
i que dempeus moren.
Vull i vull i vull cantar
avui que encara tinc veu.
Qui sap si podré demà.
Fa vint anys que tinc vint anys.
Vint anys i encara tinc força,
i no tinc l'ànima morta,
i em sento bullir la sang...
26 de junio de 2008
La felicidad, Flavia Ricci
Buscando una canción de la cantante italiana Carmen Consoli di con la última parte de una de mis pelis preferidas, que vi en enero de 2006 en Necochea, L'ultimo bacio. En esa última parte, un hombre que rondaba los 30 y pasaba por esas etapas de "quiero estar con ella pero no sé muy bien qué quiero" hacía una reflexión acerca de lo que para él era finalmente la felicidad. Aquí va ... Porque después de los 30, sólo cabe el buen gusto.
23 de junio de 2008
Fundamental, Al-Taïr
Llegados a un punto de alcohol en la madrugada palermitana de la primera noche de invierno, continué hablando con la soltura que te permiten varias copas. Me miraba primero sonriente, luego atónito y por último molesto. Juro que me quería acostar con él (otra vez). Pero fue su machismo el que provocó mi feminismo. Y sabía qué palabras decirle para que la cama quedara cada vez más lejos de mis posibilidades. Juro que quería pasar nuevamente la noche con él. O tal vez me atrajo la posibilidad. La noche, los rostros, la música, Buenos Aires. Traspasé la línea de llegada y corrí una vuelta más, para que no quedaran dudas. La cama, a estas alturas, era tan sólo un sueño. Juro que hubiese querido ser tu sumisa damita de porcelana. A veces no controlo, lo siento, y tengo ganas de besarte porque sí. A veces, entre tu conservadurismo y mi cararrotez entreveo una línea. Vos de un lado, yo del otro. Y creéme, prefiero atraerte a mi lado que dejarme llevar hacia esas ideas de cartón y represión. Me fui a la cama sola, pero la próxima no te dejo, si me dejás ....
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Hombres que Ladran se lava la cara, Al-Taïr
Hoy le di una lavada de cara a mi querido Hombres que Ladran. Así que a partir de ahora quienes suelan andar por aquí y hasta yo misma deberemos acomodarnos al nuevo look. Más claro, más llano ... en línea con lo que he ido viviendo desde abril de este año: what you see is what you get :-)
Sean bienvenidos abordo de este mismo barco, con nuevos colores y la misma cálida madera de siempre.
Sean bienvenidos abordo de este mismo barco, con nuevos colores y la misma cálida madera de siempre.
7 de junio de 2008
The truth, Si*Se
Aaaaaaaaayyyyyyyyyyyy .... darse cuenta, darse cuenta !!!! How does it feel to be left behind?
Flavia
..........................
Tell me the truth and I'll tell you lies, oh-oh-ohhh
Don't be confused by my big disguise, oh-oh-oh
'Cause I walk away
While you will just stay
In love
Tell me the truth and I'll tell you lies
Don't be surprised when you realize, oh-oh-oh
That I never meant to stay
And you made a big mistake
To fall
Tell me the truth, I won't tell you lies
How does it feel to be left behind? oh-oh-oh
'Cause I wouldn't walk away
If you were to change your ways
My love
Flavia
..........................
Tell me the truth and I'll tell you lies, oh-oh-ohhh
Don't be confused by my big disguise, oh-oh-oh
'Cause I walk away
While you will just stay
In love
Tell me the truth and I'll tell you lies
Don't be surprised when you realize, oh-oh-oh
That I never meant to stay
And you made a big mistake
To fall
Tell me the truth, I won't tell you lies
How does it feel to be left behind? oh-oh-oh
'Cause I wouldn't walk away
If you were to change your ways
My love
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31 de mayo de 2008
La extraña, Sándor Márai
Dos fragmentos de Sándor Márai ...
1.- Durante meses vivió pacientemente en habitaciones desconocidas, con una mujer desconocida, con el patético disfraz de un hombre maduro enamorado, en un entorno difícil de definir, esperando una señal.
2.- Comenzó a comprender que la felicidad no podía considerarse una propiedad privada que uno adquiere un día, como una herencia, y luego ya sólo tiene que cuidarla y evitar que se la roben o que pierda valor. La felicidad había que descubrirla cada media hora, cada minuto, se manifestaba de forma impredecible, y en términos generales era más agotadora e irritante que agradable y tranquilizadora.
1.- Durante meses vivió pacientemente en habitaciones desconocidas, con una mujer desconocida, con el patético disfraz de un hombre maduro enamorado, en un entorno difícil de definir, esperando una señal.
2.- Comenzó a comprender que la felicidad no podía considerarse una propiedad privada que uno adquiere un día, como una herencia, y luego ya sólo tiene que cuidarla y evitar que se la roben o que pierda valor. La felicidad había que descubrirla cada media hora, cada minuto, se manifestaba de forma impredecible, y en términos generales era más agotadora e irritante que agradable y tranquilizadora.
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30 de mayo de 2008
Encender una hoguera, Jack London
Con este frío polar que llegó a Buenos Aires esta semana, recordé al genial Jack London y sus incomparables descripciones del frío y la dureza de la vida en la cotidianeidad. Aquí va ... disfrútenlo al calor de un buen café, o de un abrazo, o de ambos:
Acababa de amanecer un día gris y frío, enormemente gris y frío, cuando el hombre abandonó la ruta principal del Yukón y trepó el alto terraplén por donde un sendero apenas visible y escasamente transitado se abría hacia el este entre bosques de gruesos abetos. La ladera era muy pronunciada, y al llegar a la cumbre el hombre se detuvo a cobrar aliento, disculpándose a sí mismo el descanso con el pretexto de mirar su reloj. Eran las nueve en punto. Aunque no había en el cielo una sola nube, no se veía el sol ni se vislumbraba siquiera su destello. Era un día despejado y, sin embargo, cubría la superficie de las cosas una especie de manto intangible, una melancolía sutil que oscurecía el ambiente, y se debía a la ausencia de sol. El hecho no le preocupaba. Estaba hecho a la ausencia de sol. Habían pasado ya muchos días desde que lo había visto por última vez, y sabía que habían de pasar muchos más antes de que su órbita alentadora asomara fugazmente por el horizonte para ocultarse prontamente a su vista en dirección al sur.
Leer completo en:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/london/encender.htm
Acababa de amanecer un día gris y frío, enormemente gris y frío, cuando el hombre abandonó la ruta principal del Yukón y trepó el alto terraplén por donde un sendero apenas visible y escasamente transitado se abría hacia el este entre bosques de gruesos abetos. La ladera era muy pronunciada, y al llegar a la cumbre el hombre se detuvo a cobrar aliento, disculpándose a sí mismo el descanso con el pretexto de mirar su reloj. Eran las nueve en punto. Aunque no había en el cielo una sola nube, no se veía el sol ni se vislumbraba siquiera su destello. Era un día despejado y, sin embargo, cubría la superficie de las cosas una especie de manto intangible, una melancolía sutil que oscurecía el ambiente, y se debía a la ausencia de sol. El hecho no le preocupaba. Estaba hecho a la ausencia de sol. Habían pasado ya muchos días desde que lo había visto por última vez, y sabía que habían de pasar muchos más antes de que su órbita alentadora asomara fugazmente por el horizonte para ocultarse prontamente a su vista en dirección al sur.
Leer completo en:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/london/encender.htm
29 de mayo de 2008
Hombres !, Al-Taïr
Hombres, hombres, hombres ... levanto la vista, chequeo mis mails, y ahí están. El mundo es mucho, muchísimo más bonito con ustedes, seres tan inentendibles que parecen de laboratorio a veces. Hombres, esos que me roban millones de sonrisas, que tienen un pragmatismo innato y una fuerza descomunal. Los miro, me maravillo, con estas tres décadas encima cuánto he aprendido con y de ustedes, mis hombres que ladran. Voy aprendiendo más, día a día, más y más. Y cuando quieren, ese encanto que cada uno de ustedes tiene, por ser hombre, por ser masculino, me sigue maravillando y pareciendo único. Abro los brazos, sonrío, allí están .... y muchas veces ya no ladran, qué bien.
Más que +5, Al-Taïr

Guerrero,
Cuántos recuerdos, sí. En aquellas épocas yo andaba entre hombres que ladran, vos eras uno de ellos, de esos que ladraban cuando una cabalgaba. Mensaje de Guerrero !!! Y en.medi@ se alborotaba. Formaste parte de la "moderación invisible", que le llamo yo, y esos lazos se fueron haciendo cada vez visibles. Últimamente, querido Guerrero, he encontrado señales de que ustedes a veces no ladran, aunque nosotras gruñamos. Por aquellas "guerras" online y por las del día a día y cara a cara, qué bueno es encontrarte caballero. Caballero Guerrero, sea siempre bienvenido por aquí ....
------------------------
Alejandro ha dejado un nuevo comentario en su entrada "El Making of de +5 en Internet, Flavia Ricci":
Flavia,
Que recuerdo el making of de +5!!!
Me acuerdo que lo leí hace ya siete años y que me encato el relato de Karma, que me hubiera encantado estar ahí, poder compartir todo lo vivido.
Nada, es que por ese entonces si me hubiera subido a un avión, como recuerdo que me sugerias, como hubiera cambiado nuestras vidas, bah por lo menos la mia.
Fla, siempre te veo en los contactos del gmail y no me olvido de vos, de tu recuerdo...
Recien mi mujer me pregunto: me estas siendo infiel por internet ???
Y no, pero como me hubiera gustado en otra época...
Nada, gracias por este recuerdo y apesar de que cuando hablamos no te deje una buena impresión, me gusta tenerte como una referencia algo familiar por ahí dando vuelta.
Nos vemos...
Guerrero
(Cómo solía firmar)
Me acuerdo que en en.media casi siempre te llevaba la contra para poder intercambiar unas palabras contigo... jaja
Publicado por Alejandro para Hombres que ladran a las 28 mayo, 2008
28 de mayo de 2008
Otoño porteño, Al-Taïr

Me tienta, este frío polar que azota narices y ojos.
Me tienta, este otoño devenido invierno que arremete sin frenos.
Me tienta, mirar desde mi ventana cómo llegás a casa.
Me tienta, prepararme un café OMA con sahumerios y luces bajas.
Me tienta, los dos sentados en la alfombra mirando una peli.
Me tienta, brindar con vino tinto y empanadas argentinas picantes.
Me tienta, que llegue el viernes por la noche y la hora precisa en que te preciso.
Me tienta, bufandas, guantes y gorros en el perchero junto a la puerta.
Me tienta, ver madera por todos lados.
Me tienta, poner música francesa que ambos compartimos.
Me tienta, la noche por delante, el frío cada vez más atroz.
Me tienta, me tienta y quiero abrazarte y que me abraces.
Las luces comienzan a encenderse en Buenos Aires, por mi ventana y con un humeante espresso te veo llegar y saludarme sonriente.
Soplan buenos aires en mi Buenos Aires ....
27 de mayo de 2008
Una confusión cotidiana, Franz Kafka
Un incidente cotidiano, del que resulta una confusión cotidiana. A tiene que cerrar un negocio con B en H. Se traslada a H para una entrevista preliminar, pone diez minutos en ir y diez en volver, y se jacta en su casa de esa velocidad. Al otro día vuelve a H, esta vez para cerrar el negocio. Como probablemente eso le exigirá muchas horas, A sale muy temprano. Aunque las circunstancias (al menos en opinión de A) son precisamente las de la víspera, tarda diez horas esta vez en llegar a H. Llega al atardecer, rendido. Le comunican que B, inquieto por su demora, ha partido hace poco para el pueblo de A y que deben haberse cruzado en el camino. Le aconsejan que espere. A, sin embargo, impaciente por el negocio, se va inmediatamente y vuelve a su casa.
Esta vez, sin poner mayor atención, hace el viaje en un momento. En su casa le dicen que B llegó muy temprano, inmediatamente después de la salida de A, y que hasta se cruzó con A en el umbral y quiso recordarle el negocio, pero que A le respondió que no tenía tiempo y que debía salir en seguida.
A pesar de esa incomprensible conducta, B entró en la casa a esperar su vuelta. Y ya había preguntado muchas veces si no había regresado aún, pero seguía esperándolo siempre en el cuarto de A. Feliz de hablar con B y de explicarle todo lo sucedido, A corre escaleras arriba. Casi al llegar tropieza, se tuerce un tendón y a punto de perder el sentido, incapaz de gritar, gimiendo en la oscuridad, oye a B —tal vez muy lejos ya, tal vez a su lado— que baja la escalera furioso y que se pierde para siempre.
Esta vez, sin poner mayor atención, hace el viaje en un momento. En su casa le dicen que B llegó muy temprano, inmediatamente después de la salida de A, y que hasta se cruzó con A en el umbral y quiso recordarle el negocio, pero que A le respondió que no tenía tiempo y que debía salir en seguida.
A pesar de esa incomprensible conducta, B entró en la casa a esperar su vuelta. Y ya había preguntado muchas veces si no había regresado aún, pero seguía esperándolo siempre en el cuarto de A. Feliz de hablar con B y de explicarle todo lo sucedido, A corre escaleras arriba. Casi al llegar tropieza, se tuerce un tendón y a punto de perder el sentido, incapaz de gritar, gimiendo en la oscuridad, oye a B —tal vez muy lejos ya, tal vez a su lado— que baja la escalera furioso y que se pierde para siempre.
26 de mayo de 2008
Cartas a un joven poeta, Rainer María Rilke
Querido amigo: ¿Usted no ve que todo es un comienzo? Y comenzar, en sí, es siempre tan hermoso. Deje que la vida le acontezca. Créame: la vida tiene razón en todos los casos.
21 de mayo de 2008
Je ne songeais pas à Rose, Víctor Hugo
Para todos aquellos que se dan cuenta tarde (gracias Silvia!!!)
Je ne songeais pas à Rose ;
Rose au bois vint avec moi ;
Nous parlions de quelque chose,
Mais je ne sais plus de quoi.
J'étais froid comme les marbres ;
Je marchais à pas distraits ;
Je parlais des fleurs, des arbres
Son oeil semblait dire: " Après ? "
La rosée offrait ses perles,
Le taillis ses parasols ;
J'allais ; j'écoutais les merles,
Et Rose les rossignols.
Moi, seize ans, et l'air morose ;
Elle, vingt ; ses yeux brillaient.
Les rossignols chantaient Rose
Et les merles me sifflaient.
Rose, droite sur ses hanches,
Leva son beau bras tremblant
Pour prendre une mûre aux branches
Je ne vis pas son bras blanc.
Une eau courait, fraîche et creuse,
Sur les mousses de velours ;
Et la nature amoureuse
Dormait dans les grands bois sourds.
Rose défit sa chaussure,
Et mit, d'un air ingénu,
Son petit pied dans l'eau pure
Je ne vis pas son pied nu.
Je ne savais que lui dire ;
Je la suivais dans le bois,
La voyant parfois sourire
Et soupirer quelquefois.
Je ne vis qu'elle était belle
Qu'en sortant des grands bois sourds.
" Soit ; n'y pensons plus ! " dit-elle.
Depuis, j'y pense toujours.
Je ne songeais pas à Rose ;
Rose au bois vint avec moi ;
Nous parlions de quelque chose,
Mais je ne sais plus de quoi.
J'étais froid comme les marbres ;
Je marchais à pas distraits ;
Je parlais des fleurs, des arbres
Son oeil semblait dire: " Après ? "
La rosée offrait ses perles,
Le taillis ses parasols ;
J'allais ; j'écoutais les merles,
Et Rose les rossignols.
Moi, seize ans, et l'air morose ;
Elle, vingt ; ses yeux brillaient.
Les rossignols chantaient Rose
Et les merles me sifflaient.
Rose, droite sur ses hanches,
Leva son beau bras tremblant
Pour prendre une mûre aux branches
Je ne vis pas son bras blanc.
Une eau courait, fraîche et creuse,
Sur les mousses de velours ;
Et la nature amoureuse
Dormait dans les grands bois sourds.
Rose défit sa chaussure,
Et mit, d'un air ingénu,
Son petit pied dans l'eau pure
Je ne vis pas son pied nu.
Je ne savais que lui dire ;
Je la suivais dans le bois,
La voyant parfois sourire
Et soupirer quelquefois.
Je ne vis qu'elle était belle
Qu'en sortant des grands bois sourds.
" Soit ; n'y pensons plus ! " dit-elle.
Depuis, j'y pense toujours.
El Making of de +5 en Internet, Al-Taïr

Una amiga me ha hecho un regalo, por aquellas épocas en que vivía en Barcelona, entre los hombres que ladran y tenía 24 años, dije algunas cosas que quedaron publicadas por aquí. Vaya !!! Tiempo de volver a las raíces .... ¡Gracias Karmita! Hombres que ladran ... mujeres que piensan:
http://www.lafh.info/staticViewPage.php?cat_ID=256"
16 de mayo de 2008
Festejemos que la vida nos cruzó, Al-Taïr
En esta vida voy recuperando raíces y viejas amistades. Acordate lo que decíamos de más jóvenes en la universidad. Cuántas veces me viste bailando allá arriba, te cruzaste conmigo en el bar de la Facu o nos fuimos discutiendo sobre el Che, que sabés que jamás me gustó? Cuántas nos abrazamos borrachos, cuántas nos vimos en discotecas, cuántas veces estuviste en mi casa o yo en la tuya? Cuántas me dijiste "vos no cambiás más"? Mirame aquí, en mi Buenos Aires, con vos compartiendo una tarde de amigos con cosas a cuestas. Yo con mi sonrisa habitual, vos esperando que te dé cabida para usar tu frase de siempre. En esta vida voy recuperando raíces y viejas amistades. No te vayas, quedate en Buenos Aires. Es mágico poder enumerar cuántos años pasaron y seguir mirándonos a la cara porque nos entendemos perfectamente.
Cruzó la línea de llegada ... (II)
Cruzó la línea de llegada ... (II)
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Guapo tú, Al-Taïr
Gracias. Por tus ojos puestos en mí aquella noche, por acompañarme, por ser un compañero, por hacerme reír y quedarte allí, conmigo. Con esos pequeños detalles que indudablemente vienen de lejos y de hace tiempo. De tu Barcelona y de tus años. Gracias por todas esas veces de "guapa" y yo riendo. Gracias por los ánimos, gracias. Aquella noche sabía que estabas siguiéndome con la mirada, pero por respeto a nuestra amistad y en honor a mi supuesta madurez como persona, no fui capaz de voltearme hasta no haber recorrido unos cuantos metros. Justo cuando llegaba a casa y sin darte tiempo de salir del coche y venir a besarme. Guapo.
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Trece, Al-Taïr
Hola ¿cómo estás? No lo puedo creer, tanto tiempo. Pasaron años, cuántos? Trece ya? Uf ! Y qué has hecho? Una hija de casi 5 años !!!??? Vaya !
Me tomó 13 años llegar a tomar un café con vos sin sentir que íbamos a destiempo. Vos con todo planeado, yo sin saber ni qué iba a hacer mañana más que ir a divertirme. Trece años que si alguien me hubiese preguntado, hubiese pensado que iban a pasar y jamás iba a volver a verte. Trece años tras los cuales ahora sí podemos caminar por Buenos Aires y me permito ver con toda mi atención tu sonrisa inborrable y eterna. Tus ojos color azul profundo. Tu paz interior. Trece años, corrientes arriba y abajo. Trece años en donde corrí y corrí por tierra, vos por mar. Trece años, marino. Trece años en donde ahora todo aquello quedó atrás. Trece años en donde volvemos a vernos en nuestro Buenos Aires. Trece años llenos de corrientes de ida, de ida, de ida ... Pero con esta vida que es un boomerang, y me da la oportunidad de volver a verte e invitarte un café.
En la vida todo llega .... y esta etapa es una de las mejores de la mía, por eso quiero compartirla con vos.
Cruzó la línea de llegada ... (I)
Me tomó 13 años llegar a tomar un café con vos sin sentir que íbamos a destiempo. Vos con todo planeado, yo sin saber ni qué iba a hacer mañana más que ir a divertirme. Trece años que si alguien me hubiese preguntado, hubiese pensado que iban a pasar y jamás iba a volver a verte. Trece años tras los cuales ahora sí podemos caminar por Buenos Aires y me permito ver con toda mi atención tu sonrisa inborrable y eterna. Tus ojos color azul profundo. Tu paz interior. Trece años, corrientes arriba y abajo. Trece años en donde corrí y corrí por tierra, vos por mar. Trece años, marino. Trece años en donde ahora todo aquello quedó atrás. Trece años en donde volvemos a vernos en nuestro Buenos Aires. Trece años llenos de corrientes de ida, de ida, de ida ... Pero con esta vida que es un boomerang, y me da la oportunidad de volver a verte e invitarte un café.
En la vida todo llega .... y esta etapa es una de las mejores de la mía, por eso quiero compartirla con vos.
Cruzó la línea de llegada ... (I)
El innombrable, Samuel Beckett
¿Dónde ahora? ¿Cuándo ahora? ¿Quién ahora? Sin preguntármelo. Decir yo. Sin pensarlo. Llamar a esto preguntas, hipótesis. Ir adelante, llamar a esto ir, llamar a esto adelante.
13 de mayo de 2008
Wish list, Al-Taïr
Te quiero lleno de vida
Te quiero apasionado
Te quiero con libros a cuestas
Te quiero con noches eternas
Te quiero con pasados y mujeres
Te quiero inocente y astuto
Te quiero sensible
Te quiero sencillo
Te quiero inteligente
Te quiero sin cuestiones de género
Te quiero apasionado
Te quiero sexual
Te quiero responsable
Te quiero sonriente
Te quiero viajero
Te quiero inquieto
Te quiero tranquilo
Te quiero divertido
Te quiero compañero
Te quiero luchador
Te quiero romántico
Te quiero soñador
Te quiero desafiante
Te quiero comprensivo
Te quiero generoso
Esta es mi wish list. Pero lo cierto, es que muchas veces se queda en "wish". Por eso ahora floto en un lago de tranquilidad, de felicidad, de paz y armonía interiores. Que me permiten volver a ser yo, a disfrutar de mis no-compromisos, de mi libertad. Te quiero luchador, no vencido de antemano. ¿En dónde estás?
Te quiero apasionado
Te quiero con libros a cuestas
Te quiero con noches eternas
Te quiero con pasados y mujeres
Te quiero inocente y astuto
Te quiero sensible
Te quiero sencillo
Te quiero inteligente
Te quiero sin cuestiones de género
Te quiero apasionado
Te quiero sexual
Te quiero responsable
Te quiero sonriente
Te quiero viajero
Te quiero inquieto
Te quiero tranquilo
Te quiero divertido
Te quiero compañero
Te quiero luchador
Te quiero romántico
Te quiero soñador
Te quiero desafiante
Te quiero comprensivo
Te quiero generoso
Esta es mi wish list. Pero lo cierto, es que muchas veces se queda en "wish". Por eso ahora floto en un lago de tranquilidad, de felicidad, de paz y armonía interiores. Que me permiten volver a ser yo, a disfrutar de mis no-compromisos, de mi libertad. Te quiero luchador, no vencido de antemano. ¿En dónde estás?
12 de mayo de 2008
Dinata, Dinata. Eleftheria Arvanitaki
Como caminar en Grecia, con los sabores mediterráneos de allí, los olivos, la miel, las nueces y frutos secos, el mar volcánico de Santorini, tu mundo, todo tu inmenso mundo ....
Apariciones, Al-Taïr
Atendí mi celular pensando que eras vos. Porque había pensado todo el día en vos, en tus ojos atentos, firmes, como en segundo plano. Y la voz se te parecía, o quise que se pareciera. En todo caso, después de "tu" hola comencé a hablar como si fueses vos de aviones y de cómo habías llegado. El otro, pensaría que yo deliraba, me siguió la charla hasta que después de unos minutos logré darme cuenta con quién estaba hablando (y no tiene importancia aquí): no eras vos.
¿Cómo empezar? Con una pregunta. ¿Cómo seguir? Dejando todo lo que pasó atrás, como siempre. ¿Cómo esperar? Esperándote cada día, esperando un mail tuyo.
Tu mano firme tomó la mía esa noche. Por suerte no había casi luz, porque me sonrojé, me puse nerviosa, la dejé como inerte. Y eso, mi querido nacional-internacional tiene una sola explicación: no pasás desapercibido.
No sé qué hizo Alejandro Magno para que lo admiraras, yo te lancé un Claus Kinski. No me mires tan intensamente .... me pierdo en tus ojos azules de Mediterráneo y viajo a Grecia ida y vuelta con vos, mi querido marinero. La vida .... esa bendición de cada día. Buenos Aires tiene más y mejores aires, ahora que estás por aquí. Festejemos que la vida nos cruzó. Y volvé pronto ... un mes, dicen, no es nada. Yo guardo tus sms y cuando los leo me parece mentira que hayas estado aquí, y tu mano aquí. Y nada .... vos y yo aquí, ahora. Dinata, dinata ...
¿Cómo empezar? Con una pregunta. ¿Cómo seguir? Dejando todo lo que pasó atrás, como siempre. ¿Cómo esperar? Esperándote cada día, esperando un mail tuyo.
Tu mano firme tomó la mía esa noche. Por suerte no había casi luz, porque me sonrojé, me puse nerviosa, la dejé como inerte. Y eso, mi querido nacional-internacional tiene una sola explicación: no pasás desapercibido.
No sé qué hizo Alejandro Magno para que lo admiraras, yo te lancé un Claus Kinski. No me mires tan intensamente .... me pierdo en tus ojos azules de Mediterráneo y viajo a Grecia ida y vuelta con vos, mi querido marinero. La vida .... esa bendición de cada día. Buenos Aires tiene más y mejores aires, ahora que estás por aquí. Festejemos que la vida nos cruzó. Y volvé pronto ... un mes, dicen, no es nada. Yo guardo tus sms y cuando los leo me parece mentira que hayas estado aquí, y tu mano aquí. Y nada .... vos y yo aquí, ahora. Dinata, dinata ...
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6 de mayo de 2008
Lo siento, Al-Taïr
Lo siento, dejarte
Lo siento, indiferente
Lo siento, borrarte
Lo siento, perderme
Lo siento, te veo
Lo siento, estás dentro
Lo siento, te siento
Lo siento, te quiero
Lo siento, indiferente
Lo siento, borrarte
Lo siento, perderme
Lo siento, te veo
Lo siento, estás dentro
Lo siento, te siento
Lo siento, te quiero
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28 de abril de 2008
Incredible, Madonna
Just one of those things
When everything goes incredible
And all is beautiful
(Can't get my head around, I need to think about it) (x2)
And one of those things
That used to get you down
Now have no effect at all
Cause life is beautiful
(Can't get my head around it, I need to think about it) (x2)
Remembering the very first time
You caught that some ones' specials eye
And all of your care dropped
And all of the world just stopped
(I hope) I want to go back to then
Got to figure out how, got to remember when
I felt it, it thrilled me
I want it, to fill me
Just one of those things
When everything goes incredible
And all is beautiful
(Can't get my head around, I need to think about it) (x2)
And one of those things
That used to get you down
Now have no effect at all
Cause life is beautiful
(Can't get my head around it, I need to think about it) (x2)
You don't know what you got 'til it's gone
And everything in life just goes wrong
Feels like nobody's listening
And something is missing
(I hope) I want to go back to then
Got to figure out how, got to remember when
I felt it, it thrilled me
I want it, to fill me
Just one of those things
When everything goes incredible
And all is beautiful
(Can't get my head around, I need to think about it) (x2)
And one of those things
That used to get you down
Now have no effect at all
Cause life is beautiful
(Can't get my head around it, I need to think about it) (x2)
I remember when
You were the one
You were my friend
You gave me life
You were the sun
You taught me things
I didn't run
I fell to my knees
I didn't know why
I started to breathe
I wanted to cry
I need a reminder
So I can relate
I need to go back there
Before it's too late
It's time to get your hands up
It's time to get your body groving (x4)
Just one of those things
When everything goes incredible
And all is beautiful
(Can't get my head around, I need to think about it) (x2)
And one of those things
That used to get you down
Now have no effect at all
Cause life is beautiful
(Can't get my head around it, I need to think about it) (x2)
Incredible
Let's finish what we started
Incredible
You're welcome to my party
I don't want this to end
I am missing my best friend
It was incredible
There is no reason
(Sex with you is...)
Incredible
(Hey girl)
Just finish what we started
(Let's finish where we started girl)
Incredible
(Hey girl)
You're welcome to my party
(I'm coming to your party girl)
Don't want this thing to end
I'm missing my best friend
Yes it was incredible
There's no reason to pretend
Incredible
It's time to get your body groving
It's time to get your hands up (continuing in the background)
It's incredible, unbelievable
It's incredible, unachievable
It's incredible, metaphysical
It's incredible
(Sex with you is...)
Incredible
Let's finish what we started
Incredible
You're welcome to my party
(I'm coming to your party) (x2)
Incredible
(Hey girl)
Just finish what we started
(Let's finish where we started girl)
Incredible
(Hey girl)
(Hey girl, let's finish where we started, hey girl)
When everything goes incredible
And all is beautiful
(Can't get my head around, I need to think about it) (x2)
And one of those things
That used to get you down
Now have no effect at all
Cause life is beautiful
(Can't get my head around it, I need to think about it) (x2)
Remembering the very first time
You caught that some ones' specials eye
And all of your care dropped
And all of the world just stopped
(I hope) I want to go back to then
Got to figure out how, got to remember when
I felt it, it thrilled me
I want it, to fill me
Just one of those things
When everything goes incredible
And all is beautiful
(Can't get my head around, I need to think about it) (x2)
And one of those things
That used to get you down
Now have no effect at all
Cause life is beautiful
(Can't get my head around it, I need to think about it) (x2)
You don't know what you got 'til it's gone
And everything in life just goes wrong
Feels like nobody's listening
And something is missing
(I hope) I want to go back to then
Got to figure out how, got to remember when
I felt it, it thrilled me
I want it, to fill me
Just one of those things
When everything goes incredible
And all is beautiful
(Can't get my head around, I need to think about it) (x2)
And one of those things
That used to get you down
Now have no effect at all
Cause life is beautiful
(Can't get my head around it, I need to think about it) (x2)
I remember when
You were the one
You were my friend
You gave me life
You were the sun
You taught me things
I didn't run
I fell to my knees
I didn't know why
I started to breathe
I wanted to cry
I need a reminder
So I can relate
I need to go back there
Before it's too late
It's time to get your hands up
It's time to get your body groving (x4)
Just one of those things
When everything goes incredible
And all is beautiful
(Can't get my head around, I need to think about it) (x2)
And one of those things
That used to get you down
Now have no effect at all
Cause life is beautiful
(Can't get my head around it, I need to think about it) (x2)
Incredible
Let's finish what we started
Incredible
You're welcome to my party
I don't want this to end
I am missing my best friend
It was incredible
There is no reason
(Sex with you is...)
Incredible
(Hey girl)
Just finish what we started
(Let's finish where we started girl)
Incredible
(Hey girl)
You're welcome to my party
(I'm coming to your party girl)
Don't want this thing to end
I'm missing my best friend
Yes it was incredible
There's no reason to pretend
Incredible
It's time to get your body groving
It's time to get your hands up (continuing in the background)
It's incredible, unbelievable
It's incredible, unachievable
It's incredible, metaphysical
It's incredible
(Sex with you is...)
Incredible
Let's finish what we started
Incredible
You're welcome to my party
(I'm coming to your party) (x2)
Incredible
(Hey girl)
Just finish what we started
(Let's finish where we started girl)
Incredible
(Hey girl)
(Hey girl, let's finish where we started, hey girl)
27 de abril de 2008
Desde que te perdí, Kevin Johansen
Levantarme y disfrutar nueva y plenamente de mi vida. Volver a comprar el periódico cada domingo por la mañana, tomar un café colombiano sin presiones ni apuros. Almorzar y cenar tranquilamente. Retomar la confianza, sonreir porque sí, salir, volver y desear. Brindarme. Oler el aroma a tierra mojada por la lluvia y sentirme viva. Esperar que este otoño traiga lluvias, cafés humeantes, películas francesas e italianas y compañías interesantes. Leer mucho y variado. Rodearme de buenas vibras. Y dejar atrás lo que debe dejarse atrás, sin convertir el pasado en rencor, sino en experiencia. Vivir, vivir, vivir ....
15 de abril de 2008
Cómo ser buenos, Nick Hornby
David le interrumpe antes de que Stephen tenga oportunidad de enumerar todos los problemas que tenemos.
- Katie y yo hemos hablado de ello. Estamos intentando solucionarlo.
No puedo sino amar a David en este momento. Conserva la calma cuando tiene todo el derecho del mundo a estar furioso contra todo y contra todos, y en consecuencia siento, por primera vez en mucho tiempo, que somos algo unitario, una pareja, un matrimonio, y que el matrimonio es, pese a todo, algo a lo que todo el mundo debería aspirar. En este preciso momento me siento feliz de pertenecer a un matrimonio, de ser dos contra uno, de aunar esfuerzos con mi pareja en contra de ese extraño peligroso y destructivo con quien da la casualidad de que yo he tenido sexo. La alternativa es la anarquía a tres bandas, y me siento demasiado asustada y demasiado cansada para eso.
- Katie y yo hemos hablado de ello. Estamos intentando solucionarlo.
No puedo sino amar a David en este momento. Conserva la calma cuando tiene todo el derecho del mundo a estar furioso contra todo y contra todos, y en consecuencia siento, por primera vez en mucho tiempo, que somos algo unitario, una pareja, un matrimonio, y que el matrimonio es, pese a todo, algo a lo que todo el mundo debería aspirar. En este preciso momento me siento feliz de pertenecer a un matrimonio, de ser dos contra uno, de aunar esfuerzos con mi pareja en contra de ese extraño peligroso y destructivo con quien da la casualidad de que yo he tenido sexo. La alternativa es la anarquía a tres bandas, y me siento demasiado asustada y demasiado cansada para eso.
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8 de abril de 2008
Completo, incompleto. Jarabe de Palo
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7 de abril de 2008
Viejo con arbol, Roberto Fontanarrosa
A un costado de la cancha había yuyales y, más allá, el terraplén del ferrocarril. Al otro costado, descampado y un árbol bastante miserable. Después las otras dos canchas, la chica y la principal. Y ahí, debajo de ese árbol, solía ubicarse el viejo.Había aparecido unos cuantos partidos atrás, casi al comienzo del campeonato, con su gorra, la campera gris algo raída, la camisa blanca cerrada hasta el cuello y la radio portátil en la mano. Jubilado seguramente, no tendría nada que hacer los sábados por la tarde y se acercaba al complejo para ver los partidos de la Liga. Los muchachos primero pensaron que sería casualidad, pero al tercer sábado en que lo vieron junto al lateral ya pasaron a considerarlo hinchada propia. Porque el viejo bien podía ir a ver los otros dos partidos que se jugaban a la misma hora en las canchas de al lado, pero se quedaba ahí, debajo del árbol, siguiéndolos a ellos.Era el único hincha legítimo que tenían, al margen de algunos pibes chiquitos; el hijo de Norberto, los dos de Gaona, el sobrino del Mosca, que desembarcaban en el predio con las mayores y corrían a meterse entre los cañaverales apenas bajaban de los autos.
—Ojo con la vía alertaba siempre Jorge mientras se cambiaban.
—No pasan trenes, casi tranquilizaba Norberto. Y era verdad, o pasaba uno cada muerte de obispo, lentamente y metiendo ruido.
—¿No vino la hinchada? ya preguntaban todos al llegar nomás, buscando al viejo. ¿No vino la barra brava?Y se reían. Pero el viejo no faltaba desde hacía varios sábados, firme debajo del árbol, casi elegante, con un cierto refinamiento en su postura erguida, la mano derecha en alto sosteniendo la radio minúscula, como quien sostiene un ramo de flores.
Nadie lo conocía, no era amigo de ninguno de los muchachos.
—La vieja no lo debe soportar en la casa y lo manda para acá bromeó alguno.
—Por ahí es amigo del referí —dijo otro.
Pero sabían que el viejo hinchaba para ellos de alguna manera, moderadamente, porque lo habían visto aplaudir un par de partidos atrás, cuando le ganaron a Olimpia Seniors.
Y ahí, debajo del árbol, fue a tirarse el Soda cuando decidió dejarle su lugar a Eduardo, que estaba de suplente, al sentir que no daba más por el calor. Era verano y ese horario para jugar era una locura. Casi las tres de la tarde y el viejo ahí, fiel, a unos metros, mirando el partido. Cuando Eduardo entró a la cancha —casi a desgano, aprovechando para desperezarse— cuando levantó el brazo pidiéndole permiso al referíí, el Soda se derrumbó a la sombra del arbolito y quedó bastante cerca, como nunca lo había estado: el viejo no había cruzado jamás una palabra con nadie del equipo.
El Soda pudo apreciar entonces que tendría unos setenta años, era flaquito, bastante alto, pulcro y con sombra de barba. Escuchaba la radio con un auricular y en la otra mano sostenía un cigarrillo con plácida distinción
.—¿Está escuchando a Central Córdoba, maestro? —medio le gritó el Soda cuando recuperó el aliento, pero siempre recostado en el piso.
El viejo giró para mirarlo. Negó con la cabeza y se quitó el auricular de la oreja.—No sonrió.
Y pareció que la cosa quedaba ahí. El viejo volvió a mirar el partido, que estaba áspero y empatado.
Música dijo después, mirándolo de nuevo.Algún tanguito? —probó el Soda.
—Un concierto.
Hay un buen programa de música clásica a esta hora.
El Soda frunció el entrecejo. Ya tenía una buena anécdota para contarles a los muchachos y la cosa venía lo suficientemente interesante como para continuarla. Se levantó resoplando, se bajó las medias y caminó despacio hasta pararse al lado del viejo.—Pero le gusta el fútbol —le dijo—. Por lo que veo.
El viejo aprobó enérgicamente con la cabeza, sin dejar de mirar el curso de la pelota, que iba y venía por el aire, rabiosa.—Lo he jugado. Y, además, está muy emparentado con el arte —dictaminó después—. Muy emparentado.
El Soda lo miró, curioso. Sabía que seguiría hablando, y esperó.—Mire usted nuestro arquero —efectivamente el viejo señaló a De León, que estudiaba el partido desde su arco, las manos en la cintura, todo un costado de la camiseta cubierto de tierra—. La continuidad de la nariz con la frente. La expansión pectoral. La curvatura de los muslos. La tensión en los dorsales —se quedó un momento en silencio, como para que el Soda apreciara aquello que él le mostraba—. Bueno... Eso, eso es la escultura...
El Soda adelantó la mandíbula y osciló levemente la cabeza, aprobando dubitativo.
—Vea usted —el viejo señaló ahora hacia el arco contrario, al que estaba por llegar un córner— el relumbrón intenso de las camisetas nuestras, amarillo cadmio y una veladura naranja por el sudor. El contraste con el azul de Prusia de las camisetas rivales, el casi violeta cardenalicio que asume también ese azul por la transpiración, los vivos blancos como trazos alocados. Las manchas ágiles ocres, pardas y sepias y Siena de los mulos, vivaces, dignas de un Bacon. Entrecierre los ojos y aprécielo así... Bueno... Eso, eso es la pintura.
Aún estaba el Soda con los ojos entrecerrados cuando al viejo arreció.
—Observe, observe usted esa carrera intensa entre el delantero de ellos y el cuatro nuestro. El salto al unísono, el giro en el aire, la voltereta elástica, el braceo amplio en busca del equilibrio... Bueno... Eso, eso es la danza...
El Soda procuraba estimular sus sentidos, pero sólo veía que los rivales se venían con todo, porfiados, y que la pelota no se alejaba del área defendida por De León.
—Y escuche usted, escuche usted... —lo acicateó el viejo, curvando con una mano el pabellón de la misma oreja donde había tenido el auricular de la radio y entusiasmado tal vez al encontrar, por fin, un interlocutor válido—... la percusión grave de la pelota cuando bota contra el piso, el chasquido de la suela de los botines sobre el césped, el fuelle quedo de la respiración agitada, el coro desparejo de los gritos, las órdenes, los alertas, los insultos de los muchachos y el pitazo agudo del referí... Bueno... Eso, eso es la música...
El Soda aprobó con la cabeza. Los muchachos no iban a creerle cuando él les contara aquella charla insólita con el viejo, luego del partido, si es que les quedaba algo de ánimo, porque la derrota se cernía sobre ellos como un ave oscura e implacable.
—Y vea usted a ese delantero... —señaló ahora el viejo, casi metiéndose en la cancha, algo más alterado—... ese delantero de ellos que se revuelca por el suelo como si lo hubiese picado una tarántula, mesándose exageradamente los cabellos, distorsionando el rostro, bramando falsamente de dolor, reclamando histriónicamente justicia... Bueno... Eso, eso es el teatro
.El Soda se tomó la cabeza.
—¿Qué cobró? —balbuceó indignado.—¿Cobró penal? —abrió los ojos el viejo, incrédulo.
Dio un paso al frente, metiéndose apenas en la cancha—.
¿Qué cobrás? —gritó después, desaforado—. ¿Qué cobrás, referí y la reputísima madre que te parió?
El Soda lo miró atónito. Ante el grito del viejo parecía haberse olvidado repentinamente del penal injusto, de la derrota inminente y del mismo calor. El viejo estaba lívido mirando al área, pero enseguida se volvió hacia el Soda tratando de recomponerse, algo confuso, incómodo.
—...¿Y eso? —se atrevió a preguntarle el Soda, señalándolo.
—Y eso... —vaciló el viejo, tocándose levemente la gorra—...Eso es el fútbol.
—Ojo con la vía alertaba siempre Jorge mientras se cambiaban.
—No pasan trenes, casi tranquilizaba Norberto. Y era verdad, o pasaba uno cada muerte de obispo, lentamente y metiendo ruido.
—¿No vino la hinchada? ya preguntaban todos al llegar nomás, buscando al viejo. ¿No vino la barra brava?Y se reían. Pero el viejo no faltaba desde hacía varios sábados, firme debajo del árbol, casi elegante, con un cierto refinamiento en su postura erguida, la mano derecha en alto sosteniendo la radio minúscula, como quien sostiene un ramo de flores.
Nadie lo conocía, no era amigo de ninguno de los muchachos.
—La vieja no lo debe soportar en la casa y lo manda para acá bromeó alguno.
—Por ahí es amigo del referí —dijo otro.
Pero sabían que el viejo hinchaba para ellos de alguna manera, moderadamente, porque lo habían visto aplaudir un par de partidos atrás, cuando le ganaron a Olimpia Seniors.
Y ahí, debajo del árbol, fue a tirarse el Soda cuando decidió dejarle su lugar a Eduardo, que estaba de suplente, al sentir que no daba más por el calor. Era verano y ese horario para jugar era una locura. Casi las tres de la tarde y el viejo ahí, fiel, a unos metros, mirando el partido. Cuando Eduardo entró a la cancha —casi a desgano, aprovechando para desperezarse— cuando levantó el brazo pidiéndole permiso al referíí, el Soda se derrumbó a la sombra del arbolito y quedó bastante cerca, como nunca lo había estado: el viejo no había cruzado jamás una palabra con nadie del equipo.
El Soda pudo apreciar entonces que tendría unos setenta años, era flaquito, bastante alto, pulcro y con sombra de barba. Escuchaba la radio con un auricular y en la otra mano sostenía un cigarrillo con plácida distinción
.—¿Está escuchando a Central Córdoba, maestro? —medio le gritó el Soda cuando recuperó el aliento, pero siempre recostado en el piso.
El viejo giró para mirarlo. Negó con la cabeza y se quitó el auricular de la oreja.—No sonrió.
Y pareció que la cosa quedaba ahí. El viejo volvió a mirar el partido, que estaba áspero y empatado.
Música dijo después, mirándolo de nuevo.Algún tanguito? —probó el Soda.
—Un concierto.
Hay un buen programa de música clásica a esta hora.
El Soda frunció el entrecejo. Ya tenía una buena anécdota para contarles a los muchachos y la cosa venía lo suficientemente interesante como para continuarla. Se levantó resoplando, se bajó las medias y caminó despacio hasta pararse al lado del viejo.—Pero le gusta el fútbol —le dijo—. Por lo que veo.
El viejo aprobó enérgicamente con la cabeza, sin dejar de mirar el curso de la pelota, que iba y venía por el aire, rabiosa.—Lo he jugado. Y, además, está muy emparentado con el arte —dictaminó después—. Muy emparentado.
El Soda lo miró, curioso. Sabía que seguiría hablando, y esperó.—Mire usted nuestro arquero —efectivamente el viejo señaló a De León, que estudiaba el partido desde su arco, las manos en la cintura, todo un costado de la camiseta cubierto de tierra—. La continuidad de la nariz con la frente. La expansión pectoral. La curvatura de los muslos. La tensión en los dorsales —se quedó un momento en silencio, como para que el Soda apreciara aquello que él le mostraba—. Bueno... Eso, eso es la escultura...
El Soda adelantó la mandíbula y osciló levemente la cabeza, aprobando dubitativo.
—Vea usted —el viejo señaló ahora hacia el arco contrario, al que estaba por llegar un córner— el relumbrón intenso de las camisetas nuestras, amarillo cadmio y una veladura naranja por el sudor. El contraste con el azul de Prusia de las camisetas rivales, el casi violeta cardenalicio que asume también ese azul por la transpiración, los vivos blancos como trazos alocados. Las manchas ágiles ocres, pardas y sepias y Siena de los mulos, vivaces, dignas de un Bacon. Entrecierre los ojos y aprécielo así... Bueno... Eso, eso es la pintura.
Aún estaba el Soda con los ojos entrecerrados cuando al viejo arreció.
—Observe, observe usted esa carrera intensa entre el delantero de ellos y el cuatro nuestro. El salto al unísono, el giro en el aire, la voltereta elástica, el braceo amplio en busca del equilibrio... Bueno... Eso, eso es la danza...
El Soda procuraba estimular sus sentidos, pero sólo veía que los rivales se venían con todo, porfiados, y que la pelota no se alejaba del área defendida por De León.
—Y escuche usted, escuche usted... —lo acicateó el viejo, curvando con una mano el pabellón de la misma oreja donde había tenido el auricular de la radio y entusiasmado tal vez al encontrar, por fin, un interlocutor válido—... la percusión grave de la pelota cuando bota contra el piso, el chasquido de la suela de los botines sobre el césped, el fuelle quedo de la respiración agitada, el coro desparejo de los gritos, las órdenes, los alertas, los insultos de los muchachos y el pitazo agudo del referí... Bueno... Eso, eso es la música...
El Soda aprobó con la cabeza. Los muchachos no iban a creerle cuando él les contara aquella charla insólita con el viejo, luego del partido, si es que les quedaba algo de ánimo, porque la derrota se cernía sobre ellos como un ave oscura e implacable.
—Y vea usted a ese delantero... —señaló ahora el viejo, casi metiéndose en la cancha, algo más alterado—... ese delantero de ellos que se revuelca por el suelo como si lo hubiese picado una tarántula, mesándose exageradamente los cabellos, distorsionando el rostro, bramando falsamente de dolor, reclamando histriónicamente justicia... Bueno... Eso, eso es el teatro
.El Soda se tomó la cabeza.
—¿Qué cobró? —balbuceó indignado.—¿Cobró penal? —abrió los ojos el viejo, incrédulo.
Dio un paso al frente, metiéndose apenas en la cancha—.
¿Qué cobrás? —gritó después, desaforado—. ¿Qué cobrás, referí y la reputísima madre que te parió?
El Soda lo miró atónito. Ante el grito del viejo parecía haberse olvidado repentinamente del penal injusto, de la derrota inminente y del mismo calor. El viejo estaba lívido mirando al área, pero enseguida se volvió hacia el Soda tratando de recomponerse, algo confuso, incómodo.
—...¿Y eso? —se atrevió a preguntarle el Soda, señalándolo.
—Y eso... —vaciló el viejo, tocándose levemente la gorra—...Eso es el fútbol.
2 de abril de 2008
Basta, mi amor. Al-Taïr
Caminaban por Buenos Aires mirándose uno al otro. Seguros de ser inmunes a las trampas del amor, aunque por momentos sentían que el otro se les escapaba y era irrecuperable. Ella lo observaba a su lado, él sonreía (pero no estaba ahí, en realidad). Entonces, llegaba esa turbación que detestaba: sentía que él se alejaba cada vez más, que volvía a hacer lo que la lastimaba. Ella ahogaba su impotencia mirando hacia otro lado con una angustia infinita. Se preguntaba qué había sido de aquel hombre que la había enamorado, ese al cual le importaba la relación.
Miranda volvía a caminar sobre la cornisa del amor, tan insegura como antes. Le extendía la mano, pero él estaba en otro mundo y ella lo sabía tan alejado que se resignaba, no quería hacer nada.
A la noche se perdía entre la multitud, sola y vacía hasta el hastío. Buscaba un hombre para abandonarse entre sus brazos y besos vacíos que después no iba a recordar. Hombres de utilería, que se rompen ante el menor descuido y desaparecen sin más. Caminaba hacia ningún lugar, cavilando. Ignacio estaba siempre presente en sus días, a pesar de todo.
A la mañana siguiente, cuando toda esa avalancha de incertidumbre había quedado atrás y lo veía durmiendo a su lado en la habitación, lo despertaba con los más tiernos besos. Pero sabía -tal vez ambos sabían- que era tarde: el respeto se había ido para siempre.
Se duchaban juntos después de hacer lo que hacen todas las parejas, se amen o no, y desayunaban en el comedor. Se despedían en la puerta del edificio de ella y cada uno a su oficina en su auto.
Cuando se reencontraban, salían a cenar afuera y se abrazaban y besaban en todo momento, como si de esa manera pudieran borrar las dudas del día y asegurar la pasión en la cama de plaza y media, que no estaba preparada para una pareja, que nunca iba a ser matrimonial por acuerdo entre ambos.
Luego caminaban de la mano hasta la casa de alguno de los dos. Ella lo miraba extrañada y él sólo sonreía, disperso del mundo y de todo. Entonces Miranda se desesperaba, recordaba cómo una y otra vez tendría que resignarse a perderlo y la sola idea le resultaba insoportable. Él estaba y no estaba, se esfumaba de su lado sin previo aviso. Ignacio estaba allí, pero su mente había evadido la presencia de Miranda una vez más. Se soltaron sus manos, ella temblaba y él sólo atinaba a mirarla despreocupado, sin la menor atención.
Y Miranda extendía por última vez una mano imaginaria tratando de alcanzarlo, y se daba cuenta de que él no estaba ahí, que otra vez no estaba. Y la sombra de Ignacio se apartaba, la sombra que era él mismo cuando estaban juntos. Y se llevaba consigo todo, la despojaba de todo su amor. Miranda corría tras él, pero no podía alcanzarlo. Ignacio no sólo era más rápido, sino que nunca miraba hacia atrás, no era su estilo.
Entonces ella se detenía de repente en medio del camino, aun con la mano extendida, rogándole que estuviera con ella otra vez, como al principio. Pero él no (la) escuchaba, como siempre.
En esos momentos Miranda sentía un dolor fuerte y persistente en el pecho, que se extendía luego a todo su cuerpo. Dolía, como duele la indiferencia de alguien junto a quien un día se soñó. Como sólo lo saben aquellos a quienes se les ha quitado la ilusión con falsas promesas, con basuras verbales. Una mezcla de vacío e indignación se apoderó de ella. Miranda hizo a un lado todo, borró sus recuerdos con Ignacio de una vez y para siempre. Se levantó, no era nada, había que olvidar(lo).
Comprendió que ya era tarde, como cuando caminaban por Buenos Aires abrazados, como siempre lo había sido para los dos. Entonces volvió a conducir en su auto hasta Ezeiza, y volvió a pensar en emigrar para siempre del país. Volvió a pensar en ese avión surcando el cielo que no llegaba nunca, y que era tan necesario. Volvió a extender sus brazos como si volara ella también, lejos de Buenos Aires. Y entonces se olvidó de Ignacio de una vez, y se le escapó una sonrisa repentina, indómita.
Alguien la sacudió muy suavemente en ese momento, era él. Abrió los ojos y ambos estaban tomando el sol en una playa de Mykonos. Ella sonrió, esta vez de verdad. Volvió a la realidad abruptamente. Él se había incorporado a su lado, sabía que Miranda tenía esos recurrentes pensamientos.
Nunca iban a entenderse. Él seguía alejándose, tal como lo veía ella en sus sueños, esos que a él le parecían sueños sin importancia. De manera que la rueda comenzaba a girar, él estaba muy preocupado en sí mismo como para pensar una solución conjunta. Y Miranda sabía que estar juntos no era estar cerca y viceversa. Lo que para Ignacio era filosofía, para ella era lo esencial.
se incorporó, mientras él miraba a una adolescente que paseaba con sensualidad por allí. Ignacio amaba a Miranda con locura -ella creía saberlo, al menos por momentos-, pero no era sólo eso lo que buscaba. Ignacio ya no le demostraba que la amaba, ni tampoco se lo decía.
Estaban y no estaban, decían amarse pero las dudas quedaban siempre expuestas ante la menor discusión. Tarde, muy tarde para recuperar el respeto. Más tarde aun para que Miranda se quedara con él. Pero seguramente eso lo tenía sin cuidado. Parecía tan preocupado por él que ya no importaba rescatar nada de todo lo que los había unido alguna vez.
Siempre era lo mismo: cuando parecía que algo importante había llegado a su vida, se desarmaba como una quimera. Miranda esbozó una sonrisa, se dio cuenta que no era que él la quisiera, sino que simplemente quería a alguien porque era su forma de no sentirse solo, porque sí. Después venían los reproches, porque no sabía qué hacer con todo eso. No sabía explicarse.
Se dio cuenta que cuando él le decía que no podía, en realidad estaba diciéndole que no quería. Porque después, cuando había algo que lo movilizaba, hacía lo imposible para lograrlo.
Se dio cuenta que Ignacio era una de esas personas que intentan disimular su indiferencia por algo con la frase "hoy no puedo", en lugar de decirle la verdad: que no le interesaba. Abrió los ojos y pudo ver que Ignacio tenía en claro lo que deseaba, y hacia eso iba, lo demás pertenecía a un mundo que lo tenía sin cuidado. Y en ese mundo había caído Miranda, aunque él jurara que no. Ignacio la había sabido enamorar, pero ella iba a demostrarle que fue un error dejar de alimentar ese amor: creer concerteza que Miranda siempre estaría junto a él, incondicional.
Fue por esa época que ella salió nuevamente a enamorar. Que dejó al margen a Ignacio y volvió a vivir con sus propias reglas. Que retornó a su antiguo estilo de vida. Se despojó de ese tiempo y de los recuerdos felices construidos junto a él. Comenzó a negarlo frente a sus conocidos y mucho más frente a los desconocidos. Fue la época en que comenzó la trampa de su amor.
Ignacio existía cuando se veían, el resto del tiempo era de ella, sólo de ella. No valía la pena alguien que confundía las cosas, que era un hipócrita más. Ignacio había maltratado el amor y cuando ella trató de salvarlo la rechazó: "Basta, mi amor", se dijo Miranda un día. Ella había tenido paciencia, ahora era tiempo de jugar. De volver a jugar, por qué no.
29/09/1998
Miranda volvía a caminar sobre la cornisa del amor, tan insegura como antes. Le extendía la mano, pero él estaba en otro mundo y ella lo sabía tan alejado que se resignaba, no quería hacer nada.
A la noche se perdía entre la multitud, sola y vacía hasta el hastío. Buscaba un hombre para abandonarse entre sus brazos y besos vacíos que después no iba a recordar. Hombres de utilería, que se rompen ante el menor descuido y desaparecen sin más. Caminaba hacia ningún lugar, cavilando. Ignacio estaba siempre presente en sus días, a pesar de todo.
A la mañana siguiente, cuando toda esa avalancha de incertidumbre había quedado atrás y lo veía durmiendo a su lado en la habitación, lo despertaba con los más tiernos besos. Pero sabía -tal vez ambos sabían- que era tarde: el respeto se había ido para siempre.
Se duchaban juntos después de hacer lo que hacen todas las parejas, se amen o no, y desayunaban en el comedor. Se despedían en la puerta del edificio de ella y cada uno a su oficina en su auto.
Cuando se reencontraban, salían a cenar afuera y se abrazaban y besaban en todo momento, como si de esa manera pudieran borrar las dudas del día y asegurar la pasión en la cama de plaza y media, que no estaba preparada para una pareja, que nunca iba a ser matrimonial por acuerdo entre ambos.
Luego caminaban de la mano hasta la casa de alguno de los dos. Ella lo miraba extrañada y él sólo sonreía, disperso del mundo y de todo. Entonces Miranda se desesperaba, recordaba cómo una y otra vez tendría que resignarse a perderlo y la sola idea le resultaba insoportable. Él estaba y no estaba, se esfumaba de su lado sin previo aviso. Ignacio estaba allí, pero su mente había evadido la presencia de Miranda una vez más. Se soltaron sus manos, ella temblaba y él sólo atinaba a mirarla despreocupado, sin la menor atención.
Y Miranda extendía por última vez una mano imaginaria tratando de alcanzarlo, y se daba cuenta de que él no estaba ahí, que otra vez no estaba. Y la sombra de Ignacio se apartaba, la sombra que era él mismo cuando estaban juntos. Y se llevaba consigo todo, la despojaba de todo su amor. Miranda corría tras él, pero no podía alcanzarlo. Ignacio no sólo era más rápido, sino que nunca miraba hacia atrás, no era su estilo.
Entonces ella se detenía de repente en medio del camino, aun con la mano extendida, rogándole que estuviera con ella otra vez, como al principio. Pero él no (la) escuchaba, como siempre.
En esos momentos Miranda sentía un dolor fuerte y persistente en el pecho, que se extendía luego a todo su cuerpo. Dolía, como duele la indiferencia de alguien junto a quien un día se soñó. Como sólo lo saben aquellos a quienes se les ha quitado la ilusión con falsas promesas, con basuras verbales. Una mezcla de vacío e indignación se apoderó de ella. Miranda hizo a un lado todo, borró sus recuerdos con Ignacio de una vez y para siempre. Se levantó, no era nada, había que olvidar(lo).
Comprendió que ya era tarde, como cuando caminaban por Buenos Aires abrazados, como siempre lo había sido para los dos. Entonces volvió a conducir en su auto hasta Ezeiza, y volvió a pensar en emigrar para siempre del país. Volvió a pensar en ese avión surcando el cielo que no llegaba nunca, y que era tan necesario. Volvió a extender sus brazos como si volara ella también, lejos de Buenos Aires. Y entonces se olvidó de Ignacio de una vez, y se le escapó una sonrisa repentina, indómita.
Alguien la sacudió muy suavemente en ese momento, era él. Abrió los ojos y ambos estaban tomando el sol en una playa de Mykonos. Ella sonrió, esta vez de verdad. Volvió a la realidad abruptamente. Él se había incorporado a su lado, sabía que Miranda tenía esos recurrentes pensamientos.
Nunca iban a entenderse. Él seguía alejándose, tal como lo veía ella en sus sueños, esos que a él le parecían sueños sin importancia. De manera que la rueda comenzaba a girar, él estaba muy preocupado en sí mismo como para pensar una solución conjunta. Y Miranda sabía que estar juntos no era estar cerca y viceversa. Lo que para Ignacio era filosofía, para ella era lo esencial.
se incorporó, mientras él miraba a una adolescente que paseaba con sensualidad por allí. Ignacio amaba a Miranda con locura -ella creía saberlo, al menos por momentos-, pero no era sólo eso lo que buscaba. Ignacio ya no le demostraba que la amaba, ni tampoco se lo decía.
Estaban y no estaban, decían amarse pero las dudas quedaban siempre expuestas ante la menor discusión. Tarde, muy tarde para recuperar el respeto. Más tarde aun para que Miranda se quedara con él. Pero seguramente eso lo tenía sin cuidado. Parecía tan preocupado por él que ya no importaba rescatar nada de todo lo que los había unido alguna vez.
Siempre era lo mismo: cuando parecía que algo importante había llegado a su vida, se desarmaba como una quimera. Miranda esbozó una sonrisa, se dio cuenta que no era que él la quisiera, sino que simplemente quería a alguien porque era su forma de no sentirse solo, porque sí. Después venían los reproches, porque no sabía qué hacer con todo eso. No sabía explicarse.
Se dio cuenta que cuando él le decía que no podía, en realidad estaba diciéndole que no quería. Porque después, cuando había algo que lo movilizaba, hacía lo imposible para lograrlo.
Se dio cuenta que Ignacio era una de esas personas que intentan disimular su indiferencia por algo con la frase "hoy no puedo", en lugar de decirle la verdad: que no le interesaba. Abrió los ojos y pudo ver que Ignacio tenía en claro lo que deseaba, y hacia eso iba, lo demás pertenecía a un mundo que lo tenía sin cuidado. Y en ese mundo había caído Miranda, aunque él jurara que no. Ignacio la había sabido enamorar, pero ella iba a demostrarle que fue un error dejar de alimentar ese amor: creer concerteza que Miranda siempre estaría junto a él, incondicional.
Fue por esa época que ella salió nuevamente a enamorar. Que dejó al margen a Ignacio y volvió a vivir con sus propias reglas. Que retornó a su antiguo estilo de vida. Se despojó de ese tiempo y de los recuerdos felices construidos junto a él. Comenzó a negarlo frente a sus conocidos y mucho más frente a los desconocidos. Fue la época en que comenzó la trampa de su amor.
Ignacio existía cuando se veían, el resto del tiempo era de ella, sólo de ella. No valía la pena alguien que confundía las cosas, que era un hipócrita más. Ignacio había maltratado el amor y cuando ella trató de salvarlo la rechazó: "Basta, mi amor", se dijo Miranda un día. Ella había tenido paciencia, ahora era tiempo de jugar. De volver a jugar, por qué no.
29/09/1998
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hipocresía,
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Este amor, Jacques Prévert
Este amor
Tan violento
Tan frágil
Tan tierno
Tan desesperado
Este amor
Bello como el día
Y malo como el tiempo
Cuando hace mal tiempo
Este amor tan verdadero
Este amor tan hermoso
Tan feliz
Tan alegre
Y tan irrisorio
Temblando de miedo como un niño en la oscuridad
Y tan seguro de sí mismo
Como un hombre tranquilo en medio de la noche
Este amor que daba miedo a los otros
Que les hacía hablar
Que los hacía palidecer
Este amor acechado
Porque lo acechábamos
Acosado herido pisoteado rematado negado olvidado
Porque lo acosamos herimos pisoteamos rematamos negamos olvidamos
Este amor íntegro
Tan vivo aún
Y soleado
Es el tuyo
Es el mío
Ese que ha sido
Ese algo siempre nuevo
Y que no ha cambiado
Tan verdadero como una planta
Tan tembloroso como un pájaro
Tan cálido tan vivo como el verano
Juntos podemos los dos
Ir y venir Podemos olvidar
Y después volvernos a dormir
Despertarnos envejecer sufrir
Volvernos a dormir
Soñar con la muerte
Despertarnos sonreír y reír
Y rejuvenecer
Nuestro amor sigue allí
Empecinado como un borrico
Vivo como el deseo
Cruel como la memoria
Ridículo como los arrepentimientos
Tierno como los recuerdos
Frío como el mármol
Hermoso como el día
Frágil como un niño
Nuestro amor nos mira sonriendo
Nos habla sin decir nada
Y yo lo escucho tembloroso
Y grito
Grito por ti
Grito por mí
Te suplico
Por ti por mí por todos los que se aman
Y los que se han amado
Si le grito
Por ti por mí y por todos los demás
Que no conozco
Quédate
Allí donde estas
Donde estabas antes
Quédate
No te muevas
No te vayas
Nosotros los que somos amados
Te hemos olvidado
Pero tú no nos olvides
Sólo te teníamos a ti sobre la tierra
No dejes que nos volvamos fríos
Aunque sea cada vez desde más lejos
Y desde donde sea
Danos señales de vida
Mucho más tarde desde el rincón de un bosque
En la selva de la memoria
Surgiendo de repente
Tiéndenos la mano
Y sálvanos.
Tan violento
Tan frágil
Tan tierno
Tan desesperado
Este amor
Bello como el día
Y malo como el tiempo
Cuando hace mal tiempo
Este amor tan verdadero
Este amor tan hermoso
Tan feliz
Tan alegre
Y tan irrisorio
Temblando de miedo como un niño en la oscuridad
Y tan seguro de sí mismo
Como un hombre tranquilo en medio de la noche
Este amor que daba miedo a los otros
Que les hacía hablar
Que los hacía palidecer
Este amor acechado
Porque lo acechábamos
Acosado herido pisoteado rematado negado olvidado
Porque lo acosamos herimos pisoteamos rematamos negamos olvidamos
Este amor íntegro
Tan vivo aún
Y soleado
Es el tuyo
Es el mío
Ese que ha sido
Ese algo siempre nuevo
Y que no ha cambiado
Tan verdadero como una planta
Tan tembloroso como un pájaro
Tan cálido tan vivo como el verano
Juntos podemos los dos
Ir y venir Podemos olvidar
Y después volvernos a dormir
Despertarnos envejecer sufrir
Volvernos a dormir
Soñar con la muerte
Despertarnos sonreír y reír
Y rejuvenecer
Nuestro amor sigue allí
Empecinado como un borrico
Vivo como el deseo
Cruel como la memoria
Ridículo como los arrepentimientos
Tierno como los recuerdos
Frío como el mármol
Hermoso como el día
Frágil como un niño
Nuestro amor nos mira sonriendo
Nos habla sin decir nada
Y yo lo escucho tembloroso
Y grito
Grito por ti
Grito por mí
Te suplico
Por ti por mí por todos los que se aman
Y los que se han amado
Si le grito
Por ti por mí y por todos los demás
Que no conozco
Quédate
Allí donde estas
Donde estabas antes
Quédate
No te muevas
No te vayas
Nosotros los que somos amados
Te hemos olvidado
Pero tú no nos olvides
Sólo te teníamos a ti sobre la tierra
No dejes que nos volvamos fríos
Aunque sea cada vez desde más lejos
Y desde donde sea
Danos señales de vida
Mucho más tarde desde el rincón de un bosque
En la selva de la memoria
Surgiendo de repente
Tiéndenos la mano
Y sálvanos.
Tu cara en tu espalda, Al-Taïr
¿Y si tu cara estuviera en tu espalda?
Te miraría con mi nuca
te guiñaría un cabello
y te hablaría a través de mi cuello.
¿Y si tu cara estuviera a tus espaldas?
¿Cómo conocerte?
Te dirigiría la palabra sin saber quién sos
y me afanaría en vano por tocarte.
¿Y si tu cara diera una vuelta para ir a tu nuca?
No habría problemas de ojos azules, negros o café
de ñatos o frontones
de bajos y altos ...
¿Y si no fuera mala idea la mía?
Y no me miraras sólo con tus ojos
ni buscaras sólo mis besos
y dieras vuelta ahora mismo tu cara.
Pero claro, tu cara está en tu cara
y me mirás sólo con tus ojos
y buscás sólo mis besos
y soy yo la que te da la espalda.
23/10/1996
Te miraría con mi nuca
te guiñaría un cabello
y te hablaría a través de mi cuello.
¿Y si tu cara estuviera a tus espaldas?
¿Cómo conocerte?
Te dirigiría la palabra sin saber quién sos
y me afanaría en vano por tocarte.
¿Y si tu cara diera una vuelta para ir a tu nuca?
No habría problemas de ojos azules, negros o café
de ñatos o frontones
de bajos y altos ...
¿Y si no fuera mala idea la mía?
Y no me miraras sólo con tus ojos
ni buscaras sólo mis besos
y dieras vuelta ahora mismo tu cara.
Pero claro, tu cara está en tu cara
y me mirás sólo con tus ojos
y buscás sólo mis besos
y soy yo la que te da la espalda.
23/10/1996
Transmutación, Hugo Finkelstein
Te amo,
porque no sólo veo en ti
mi reflejo,
sino porque en mí mismo,
está también tu reflejo.
Porque puedo aceptar
tu pequeño universo
e invitarte a vivir
en mi mundo compartido.
Te amo,
porque quiero escalar contigo
los cielos
y porque en la geografía de tu cuerpo
percibo el misterio de la vida.
Porque tu mundo tiene
su propio colorido,
su propio olor,
y más me importa amarlo que comprenderlo.
Fascinarme, que conocerlo.
porque no sólo veo en ti
mi reflejo,
sino porque en mí mismo,
está también tu reflejo.
Porque puedo aceptar
tu pequeño universo
e invitarte a vivir
en mi mundo compartido.
Te amo,
porque quiero escalar contigo
los cielos
y porque en la geografía de tu cuerpo
percibo el misterio de la vida.
Porque tu mundo tiene
su propio colorido,
su propio olor,
y más me importa amarlo que comprenderlo.
Fascinarme, que conocerlo.
27 de marzo de 2008
Video de Vai Valentina, Ornella Vanoni
ahhhhhh ... la sangre italiana ....
Vai Valentina, Ornella Vanoni
Oh, valentina
gambe lunghe per ballare
oh, Valentina
ogni ballo un grande amore
cocca, polpa di albicocca
che ti da’ con tutto il cuore
oh, Valentina
che prima gioca e poi ci muore
è Valentina
tutta occhi come il mare
tutta bambina
e tutta seni da torturare
ora dice che lavora
e che ci ha messo una croce su
no, Valentina
non ti riconosco più
corri, corri come un gatto
dal tuo letto alla fantasia
corri come la tua amica matta
dalla luna a una nuova bugia
e corri corri come corre il vento
che se la gonna te la strappa una spina
ahi, Valentina
è una rosa o chi lo sa
vai Valentina
ma che differenza fa?
e allora corri corri come un ladro
che ha rubato un libro di poesie
corri corri che ti manca un metro
per salvare le tue unghie e le mie
e allora corri corri corri corri
che se la pelle te la strappa una spina
ahi, Valentina
pensa che era naturale
era un ti amo
una carezza venuta male
l’altra mattina l’ho trovata in un caffè
lacrime calde
su tre fette di saint’honoré
vedi vedi che sorridi
che non si impara a far l’amore
no, Valentina
con la tessera del dolore
e allora corri come una gazzella
che non vuol finire in mezzo ai trofei
corri corri che ti basta un nulla
per salvare i tuoi segreti e i miei
e allora corri corri come il vento
che se la gonna te la strappa una spina
ahi, Valentina
è una rosa o chi lo sa
vai, Valentina
ma che differenza fa?
e allora corri corri come un sogno
fuori strada e fuori sintonia
corri corri come corre il tempo
che ti da’ un minuto e dopo va via
e corri corri come corre il lampo
che se la pelle te la strappa una spina
ahi, Valentina
pensa che era naturale
era un ti amo
una carezza venuta male
corri corri come corre il lampo
che se la pelle te la strappa una spina
ahi, Valentina
non è il dramma che pensi tu
era un ti amo
e dopo non ti amo più.
gambe lunghe per ballare
oh, Valentina
ogni ballo un grande amore
cocca, polpa di albicocca
che ti da’ con tutto il cuore
oh, Valentina
che prima gioca e poi ci muore
è Valentina
tutta occhi come il mare
tutta bambina
e tutta seni da torturare
ora dice che lavora
e che ci ha messo una croce su
no, Valentina
non ti riconosco più
corri, corri come un gatto
dal tuo letto alla fantasia
corri come la tua amica matta
dalla luna a una nuova bugia
e corri corri come corre il vento
che se la gonna te la strappa una spina
ahi, Valentina
è una rosa o chi lo sa
vai Valentina
ma che differenza fa?
e allora corri corri come un ladro
che ha rubato un libro di poesie
corri corri che ti manca un metro
per salvare le tue unghie e le mie
e allora corri corri corri corri
che se la pelle te la strappa una spina
ahi, Valentina
pensa che era naturale
era un ti amo
una carezza venuta male
l’altra mattina l’ho trovata in un caffè
lacrime calde
su tre fette di saint’honoré
vedi vedi che sorridi
che non si impara a far l’amore
no, Valentina
con la tessera del dolore
e allora corri come una gazzella
che non vuol finire in mezzo ai trofei
corri corri che ti basta un nulla
per salvare i tuoi segreti e i miei
e allora corri corri come il vento
che se la gonna te la strappa una spina
ahi, Valentina
è una rosa o chi lo sa
vai, Valentina
ma che differenza fa?
e allora corri corri come un sogno
fuori strada e fuori sintonia
corri corri come corre il tempo
che ti da’ un minuto e dopo va via
e corri corri come corre il lampo
che se la pelle te la strappa una spina
ahi, Valentina
pensa che era naturale
era un ti amo
una carezza venuta male
corri corri come corre il lampo
che se la pelle te la strappa una spina
ahi, Valentina
non è il dramma che pensi tu
era un ti amo
e dopo non ti amo più.
La lección de anatomía, Flavia Ricci
Cierto día, Nina se dispuso a contarle a su hija, después de tanto tiempo, quién era su padre y cómo ella había nacido. No era tarea fácil. Debía rememorar uno tras otro sus romances para entender bien lo que pasó. Pero a su vez, era tan escurridiza su cabeza, tan movedizo su corazón, que no atinaba a enumerar a todos sus amores y amoríos. De todas formas su hija se lo había pedido. Y Nina sabía que ella, Lola, era su debilidad.
Su primer amor fue Martín ... un chico aparentemente como todos los demás. Pero no así para Nina. Se conocieron en una fiesta, se gustaron mutuamente, se siguieron conociendo más y más, hasta que decidieron pasar a conocerse de otra manera, lo que se denomina realmente conocimiento mutuo, que no depende del tiempo que uno lleve junto al otro, sino de las sutilezas de dar y darse, que no todos distinguen.
Y de ese gran amor, Nina dio a luz "El día que te conocí", un libro en forma de novela cuyos protagonistas eran justamente ella y Martín. Nunca más se vieron, pero ambos sabían que así lo habían decidido al conocerse: nada de compromisos. De modo que Nina depositó su primera novela en la biblioteca, como testimonio de su primer amor. Y así se resignó, entre sorprendida y angustiada, a mirar día tras día ese libro del que ella era responsable de por vida.
Después, no tan después, llegó Leo. Y con él sucedió lo mismo que con Martín. Y de la misma manera engendró un libro. Pero esta vez, era una gran obra de teatro. No sólo porque su entonces novio era un gran dramaturgo, sino porque ella para ese entonces también había incursionado en el teatro. Era lógico.
Y a Leo le siguieron Alejandro, artífice de "Cómo tener una vida perfecta", típico producto de un libriano de octubre, que nunca supo qué es la espontaneidad, Javier y Gabriel, y Gustavo, y Fede, y ... (¿Cómo recordarlos a todos?).
Al que sí podía recordar fácilmente era a Matías. Gracias a su relación él había podido descubrir su vocación: gastronomía. De manera que después de haber dado a luz a su hijo, era el vigésimo más o menos, lo llamaron "Cocina diet para la mujer y el hombre de hoy". Y a él le siguieron "Kant murió en Argentina", "Sea una imperceptible infiel", "Guía práctica para no perderse en Buenos Aires", "La historia de Roma", "Los etruscos y yo", etcétera, etcétera ...
Pero llegó un momento en que Nina se dio cuenta que de seguir así, no sólo terminaría saturando toda su casa con libros-hijos de sus ex-amores, sino que algún día la sorprendería la muerte sin haber dado a luz a un ser humano. ¿Sería el castigo lógico por ser una amante de los libros? No lo creía.
Había tropezado una y otra vez creyendo haber dado con el hombre ideal. También había deambulado por relaciones tan efímeras como arriesgadas. Relaciones llenas de clandestinidad y aventura. Pero de igual forma que sus noviazgos, habían terminado en libros y más libros.
Hasta que una mañana de julio, caminando tranquilamente por Salguero, lo vio y se decidió a seguirlo, furtivamente, hasta donde él se dirigiera ... Lautaro no se dio cuenta de que lo seguían. Entonces Nina se acercó y conversaron. Y se dejaron sus teléfonos y prometieron llamarse al día siguiente. Y así fue. Y cuanto más se conocían, más estaban seguros los dos de que su destino era estar juntos.
Y después de haber compartido tantos momentos, tantas calles transitadas en la ciudad, tantos cines y tantos viajes, se unieron de tal forma que ya nada ni nadie podría separarlos. Se unieron sin sentirse atados ... Aprendieron a estar cerca, a veces sin estar juntos ... Por fin se encontraron.
A pesar del trajín del tabajo, del bullicio que envuelve, inexorable, la ciudad, de sus activas vidas amorosas pasadas: ahora era distinto. Todo lo anterior era un pretérito imperfecto en todos los sentidos. Pasado.
Y después de 9 meses de amor, desvelos, temores y expectativas, nació ella, su hija ...
- ¿Te das cuenta, Lola? Después de tanto tiempo de esperarte, naciste vos. Tu papá y yo saltábamos de alegría. Yo había dado a luz, finalmente, a una personita. Y esa personita era lo más preciado que teníamos él y yo. NUESTRA HIJA. ¿Qué más le podía pedir yo a la vida? Finalmente entendí que todas mis relaciones pasadas con hombres que hoy me cuesta recordar, habían sido entregas parciales de mí. Les había dado mi intelecto a algunos, mi cuerpo a otros, pero con ninguno llegaba a conformar una persona. Y sin embargo con Lautaro sí. Había sido una verdadera "lección de anatomía". Sí, mi vida había sido hasta ese momento sólo eso.
Su primer amor fue Martín ... un chico aparentemente como todos los demás. Pero no así para Nina. Se conocieron en una fiesta, se gustaron mutuamente, se siguieron conociendo más y más, hasta que decidieron pasar a conocerse de otra manera, lo que se denomina realmente conocimiento mutuo, que no depende del tiempo que uno lleve junto al otro, sino de las sutilezas de dar y darse, que no todos distinguen.
Y de ese gran amor, Nina dio a luz "El día que te conocí", un libro en forma de novela cuyos protagonistas eran justamente ella y Martín. Nunca más se vieron, pero ambos sabían que así lo habían decidido al conocerse: nada de compromisos. De modo que Nina depositó su primera novela en la biblioteca, como testimonio de su primer amor. Y así se resignó, entre sorprendida y angustiada, a mirar día tras día ese libro del que ella era responsable de por vida.
Después, no tan después, llegó Leo. Y con él sucedió lo mismo que con Martín. Y de la misma manera engendró un libro. Pero esta vez, era una gran obra de teatro. No sólo porque su entonces novio era un gran dramaturgo, sino porque ella para ese entonces también había incursionado en el teatro. Era lógico.
Y a Leo le siguieron Alejandro, artífice de "Cómo tener una vida perfecta", típico producto de un libriano de octubre, que nunca supo qué es la espontaneidad, Javier y Gabriel, y Gustavo, y Fede, y ... (¿Cómo recordarlos a todos?).
Al que sí podía recordar fácilmente era a Matías. Gracias a su relación él había podido descubrir su vocación: gastronomía. De manera que después de haber dado a luz a su hijo, era el vigésimo más o menos, lo llamaron "Cocina diet para la mujer y el hombre de hoy". Y a él le siguieron "Kant murió en Argentina", "Sea una imperceptible infiel", "Guía práctica para no perderse en Buenos Aires", "La historia de Roma", "Los etruscos y yo", etcétera, etcétera ...
Pero llegó un momento en que Nina se dio cuenta que de seguir así, no sólo terminaría saturando toda su casa con libros-hijos de sus ex-amores, sino que algún día la sorprendería la muerte sin haber dado a luz a un ser humano. ¿Sería el castigo lógico por ser una amante de los libros? No lo creía.
Había tropezado una y otra vez creyendo haber dado con el hombre ideal. También había deambulado por relaciones tan efímeras como arriesgadas. Relaciones llenas de clandestinidad y aventura. Pero de igual forma que sus noviazgos, habían terminado en libros y más libros.
Hasta que una mañana de julio, caminando tranquilamente por Salguero, lo vio y se decidió a seguirlo, furtivamente, hasta donde él se dirigiera ... Lautaro no se dio cuenta de que lo seguían. Entonces Nina se acercó y conversaron. Y se dejaron sus teléfonos y prometieron llamarse al día siguiente. Y así fue. Y cuanto más se conocían, más estaban seguros los dos de que su destino era estar juntos.
Y después de haber compartido tantos momentos, tantas calles transitadas en la ciudad, tantos cines y tantos viajes, se unieron de tal forma que ya nada ni nadie podría separarlos. Se unieron sin sentirse atados ... Aprendieron a estar cerca, a veces sin estar juntos ... Por fin se encontraron.
A pesar del trajín del tabajo, del bullicio que envuelve, inexorable, la ciudad, de sus activas vidas amorosas pasadas: ahora era distinto. Todo lo anterior era un pretérito imperfecto en todos los sentidos. Pasado.
Y después de 9 meses de amor, desvelos, temores y expectativas, nació ella, su hija ...
- ¿Te das cuenta, Lola? Después de tanto tiempo de esperarte, naciste vos. Tu papá y yo saltábamos de alegría. Yo había dado a luz, finalmente, a una personita. Y esa personita era lo más preciado que teníamos él y yo. NUESTRA HIJA. ¿Qué más le podía pedir yo a la vida? Finalmente entendí que todas mis relaciones pasadas con hombres que hoy me cuesta recordar, habían sido entregas parciales de mí. Les había dado mi intelecto a algunos, mi cuerpo a otros, pero con ninguno llegaba a conformar una persona. Y sin embargo con Lautaro sí. Había sido una verdadera "lección de anatomía". Sí, mi vida había sido hasta ese momento sólo eso.
Flavia Ricci
7 de marzo de 2008
Me voy, Julieta Venegas
Porque no supiste entender a mi corazón
lo que había en el,
porque no tuviste el valor
de ver quién soy.
Porque no escuchas lo que
está tan cerca de ti,
sólo el ruido de afuera
y yo, que estoy a un lado
desaparezco para ti.
No voy a llorar y decir,
que no merezco esto porque,
es probable que lo merezco
pero no lo quiero, por eso...
Me voy, que lástima pero adiós
me despido de ti y me voy,
que lástima pero adiós
me despido de ti.
Porque sé que me espera algo mejor
alguien que sepa darme amor,
de ese que endulza la sal
y hace que salga el sol.
Yo que pensé, nunca me iría de ti,
que es amor, del bueno, de toda la vida
pero hoy entendí, que no hay
suficiente para los dos.
No voy a llorar y decir,
que no merezco esto porque,
es probable que lo merezco
pero no lo quiero, por eso...
Me voy, que lástima pero adiós
me despido de ti y me voy,
que lástima pero adiós
me despido de ti.
lo que había en el,
porque no tuviste el valor
de ver quién soy.
Porque no escuchas lo que
está tan cerca de ti,
sólo el ruido de afuera
y yo, que estoy a un lado
desaparezco para ti.
No voy a llorar y decir,
que no merezco esto porque,
es probable que lo merezco
pero no lo quiero, por eso...
Me voy, que lástima pero adiós
me despido de ti y me voy,
que lástima pero adiós
me despido de ti.
Porque sé que me espera algo mejor
alguien que sepa darme amor,
de ese que endulza la sal
y hace que salga el sol.
Yo que pensé, nunca me iría de ti,
que es amor, del bueno, de toda la vida
pero hoy entendí, que no hay
suficiente para los dos.
No voy a llorar y decir,
que no merezco esto porque,
es probable que lo merezco
pero no lo quiero, por eso...
Me voy, que lástima pero adiós
me despido de ti y me voy,
que lástima pero adiós
me despido de ti.
5 de marzo de 2008
Esperando, Al-Taïr

No hay como los viernes cuando va cayendo el sol. Es como si todo aun estuviese por escribirse, y aun no hay tiempo de reproches ni de éxitos, ni de fracasos. El mejor momento es aquel en el que sabemos que estamos esperando, pero esperando con una certeza de que lo que queremos que ocurra ocurrirá. Llegamos a casa con una botella de buen vino tinto, ponemos música suave, encendemos velas en el baño con un incienso y nos metemos en la bañera cuando el agua está a punto. Cerramos los ojos y sin mirar el reloj sabemos con certeza que llegará ese momento, sonará el timbre y él habrá llegado. Él, que no sólo indica un hombre sino a "ese" hombre. Suena el timbre, abrimos, en la mesa hay velas, dos copas y el vino, quesos, salmón rosado. El mejor momento de mi semana es ese: en el que todo está por escribirse hacia el fin de semana, en el que aun queda la noche del viernes, virgen, y las otras dos un poco más desgastadas del final. Allí donde hay mucho que contar, porque hay mucho de ausencia y necesidad de presencia. Allí donde hay miradas, abrazos, palabras. El mejor momento es ese en el que quisiera que el tiempo se detuviera, el famoso tiempo que dicen que todo lo desgasta, pero no me lo termino de creer. El mejor momento es ese en el que degustamos un brie escuchando Enzo Enzo y bebiendo un Ruca Malen bien patagónico. El mejor momento es ese en el que echamos la cabeza hacia atrás sobre el sofá y parece que todo gira de la emoción. El mejor momento es ese en el que aun hay tiempo para hacerlo bien. El mejor momento es ese, los viernes por la noche mirando el verde desde mi ventana, sentada en el suelo, esperando ... a esa persona que sé que llegará.
180 grados, Al-Taïr
Miro el péndulo moverse de lado a lado, 180 grados. Pasa de un punto a otro, 180 grados. A veces me quedo pensando, de postura a postura, de estilo a estilo, de ciudad a ciudad: 180 grados. Y no, no creo en los péndulos, ni en los 180 grados. Me quedo pensando. 180 grados en los que hay mucho guardado. 180 grados de presión. 180 grados de calor. 180 grados de nada. 180 días. 180.
3 de marzo de 2008
La repetición de los días, Al-Taïr
Una vez mi madre me dijo que le gustaría regresar de vacaciones a Necochea al año siguiente. O mejor dicho creo que me comentó con total certeza que lo haría. Pensé que yo jamás había podido planear algo de un año al otro con mis parejas. Mejor dicho, quitándole la parte de “planear”, ni siquiera había podido tener más de un año la misma pareja. Lo mío se había transformado en un dinamismo forzado, a veces forzoso. Y ya no me valía aquello de “yo fui quien lo dejó”, a modo de trofeo, porque me daba igual quien fuese.
Me quedé pensando en aquello de repetir. Pero no esas repeticiones de las que una se aburre (y es la primera causa de cualquier cosa que una quiera hacer por fuera de la pareja). Yo quería repetir y, valga la repetición, quería repetir con el mismo, que es como una repetición al cuadrado. Quería volver a apostar por alguien, y quería que esa apuesta se renovara una y otra vez con la misma persona.
Una vez encontré a alguien con quien realmente quise apostar (y aposté) y quise repetir. Esto último no me salió tan bien, porque a los pocos meses me di cuenta que lo único repetido en mi vida eran las rupturas. Y “lo dejamos”, como suele decirse para compartir responsabilidades.
En mi caso debo decir que él me dejó al tercer día de conocerme (o desconocerme) y yo lo dejé a él por soledad. Por sentirme sola y no poder apoyarme (en él) cuando hubiese querido (vamos, aunque sea cuando él también lo hubiese deseado). Salió ileso en su defensa, que fue impecable. Él no tenía la culpa de nada y allá yo con mi decisión. Claro, olvidaba que a excepción de los demás, yo era la que le había pedido ayuda una y otra vez. Y hay diversos tipos de pedidos: yo estaba acostumbrada más bien a esas ayudas de par en par, espontáneas, del tipo de las de mi mamá. Sé que somos más propensas las mujeres que los hombres, es cierto, pero vaya, no creo y jamás he creído que para que alguien te ayude sea imprescindible llorar. Si tenía que llegar a esa etapa del pedido era mejor darme cuenta que no me valía lo de esa pareja (al menos él no me valía).
Una vez, muchos años después, desperté angustiada en la cama. Y mientras intentaba calmar mi respiración unos brazos enormes y masculinos me abrazaron. Después también vendría el diálogo y la interpretación que él me tenía preparada ante mi estado de inseguridad permanente. Ya había perdido la cuenta de las repeticiones y de si funcionaría, pero fue uno de mis mejores despertares por esta ciudad.
Me quedé pensando en aquello de repetir. Pero no esas repeticiones de las que una se aburre (y es la primera causa de cualquier cosa que una quiera hacer por fuera de la pareja). Yo quería repetir y, valga la repetición, quería repetir con el mismo, que es como una repetición al cuadrado. Quería volver a apostar por alguien, y quería que esa apuesta se renovara una y otra vez con la misma persona.
Una vez encontré a alguien con quien realmente quise apostar (y aposté) y quise repetir. Esto último no me salió tan bien, porque a los pocos meses me di cuenta que lo único repetido en mi vida eran las rupturas. Y “lo dejamos”, como suele decirse para compartir responsabilidades.
En mi caso debo decir que él me dejó al tercer día de conocerme (o desconocerme) y yo lo dejé a él por soledad. Por sentirme sola y no poder apoyarme (en él) cuando hubiese querido (vamos, aunque sea cuando él también lo hubiese deseado). Salió ileso en su defensa, que fue impecable. Él no tenía la culpa de nada y allá yo con mi decisión. Claro, olvidaba que a excepción de los demás, yo era la que le había pedido ayuda una y otra vez. Y hay diversos tipos de pedidos: yo estaba acostumbrada más bien a esas ayudas de par en par, espontáneas, del tipo de las de mi mamá. Sé que somos más propensas las mujeres que los hombres, es cierto, pero vaya, no creo y jamás he creído que para que alguien te ayude sea imprescindible llorar. Si tenía que llegar a esa etapa del pedido era mejor darme cuenta que no me valía lo de esa pareja (al menos él no me valía).
Una vez, muchos años después, desperté angustiada en la cama. Y mientras intentaba calmar mi respiración unos brazos enormes y masculinos me abrazaron. Después también vendría el diálogo y la interpretación que él me tenía preparada ante mi estado de inseguridad permanente. Ya había perdido la cuenta de las repeticiones y de si funcionaría, pero fue uno de mis mejores despertares por esta ciudad.
2 de marzo de 2008
Las olas de Buenos Aires, Al-Taïr
Releerte, repensarte y saber que vueles lo que vueles y vuele lo que vuele allí estarás, allí estaré. Mitad casualidad, los mismos años, mitad decisión que aun hoy de todas formas cuestionamos al destino, que en cierta forma se nos escapa. Si no puede ser presencia, entonces será pensamiento. Tanto o más fuerte que verte, que observarte. Imaginarme que me entiendes y preferir el silencio. Elegir escapar a las miradas y dejar de buscarnos, por temor a encontrarnos como siempre, como nunca. Desistir, tristemente desistir. Pero qué va, las olas van y vienen, un poco como nosotros dos.
24 de febrero de 2008
El sueño más bonito, Al-Taïr

El sueño más bonito, aquel en el que sólo vos y yo estamos y el que me hace deslizar una sonrisa cómplice aunque te resulte desconocido el motivo. El sueño más bonito, aquel en donde estamos en una playa en un verano y toda la noche nos espera, en donde yo te miro en medio de chupetines y chocolates. El sueño más bonito, aquel en el que te miro con un libro entrecerrado mientras jugás con tus palitas y tus castillos, que son lo más bellos del mundo. EL sueño más bonito, en donde no nos pasa nada en tu mundo de princesas donde me dejás meterme sin permiso o con el tuyo. El sueño más bonito en donde me agarrás con tu mano para decirme que estamos juntas como siempre. El sueño más bonito, en donde te miro sin que me veas y me sonreís sin que me dé cuenta. El sueño más bonito, en donde me preparás tazas repletas de café imaginario y sin azúcar como me gusta a mí. El sueño más bonito, en donde me das fuerzas y me lanzo a ciegas con la mayor confianza que jamás tuve en alguien. El sueño más bonito, en donde caminamos por sendas inexploradas, juntas, mujeres. El sueño más bonito en donde no sé cómo, creciste y te me hiciste grande, grande. El sueño más bonito en donde puedo acompañarte en la calesita y ayudarte a sacar la sortija muchas, muchas veces.
El sueño más bonito, recobrado, encontrado, jamás perdido. La esperanza que me das cada día, con tus manitas cuadradas y suaves. Con tus bracitos que me agarran con fuerza del cuello. El sueño más bonito, verte a mi lado día a día y noche a noche. Y noche a noche, hija hermosa, estar tranquila y orgullosa porque estás a mi lado: mi Zoe.
22 de febrero de 2008
Vivir, Al-Taïr
Lo dejé porque hacía lo mismo que yo. Tal vez por miedo, por pensar que todo lo que yo había hecho él lo haría. Pero creo que hice bien, porque le faltaba una vida propia, sentir la pasión, lo propio, lo hecho por sí mismo y no por lo demás. Ya no me bastó que me agradeciera lo que había hecho por él, ni pensar lo que él había hecho por mí. Quería que hiciera algo por sí mismo. Y así fue que lo dejé en verdadera libertad. Que no era aquello de estar conmigo, a mi vera dependiente, sino vivir la vida pensando que tal vez lo que hiciera fuese trascendente. Qué es la vida sin la trascendencia? Lo pensaba cada vez que miraba a Zoe. Y él me quedaba poco .... o nada. Y lo dejé por fin. Y fue para bien.
19 de febrero de 2008
BarceloKa, Al-Taïr
Barcelona familiar, Barcelona diferente, Barcelona inmigrante, Barcelona informal, Barcelona catalana, Barcelona de Zoe, mi Barcelona, Barcelona con amigos, Barcelona en solitario, Barcelona de tristeza y de alegría, Barcelona de recuerdos, Barcelona de logros, Barcelona de amores y amantes, Barcelona bisexual, Barcelona de sonrisas, Barcelona de mamá, Barcelona Vall d'Hebrón, Barcelona de metro, Barcelona de trenes, Barcelona mediterránea, Barcelona libre, Barcelona cultural, Barcelona de diseño, Barcelona de novedades, Barcelona de sabores, Barcelona veloz, Barcelona reflexiva, Barcelona voraz, Barcelona otra vez ...
16 de febrero de 2008
Pasados recuperados, Al-Taïr
"Estás como desinflada", me dijo. Y pregunté qué había dicho para ganar tiempo y decirle que no, aunque sin convencimiento alguno. Aquella llamada parecía haberse metido sin pedir permiso en lo más profundo de mí, poniéndome en un estado de desánimo imprevisible. Había cosas que eran las de siempre, gente que se repetía, sitios, emociones. Y yo? Me había llegado la edad en la que una no puede prescindir del pequeño lujo de la cercanía? (to be continued .... or not)
24 de enero de 2008
Ruido, Joaquín Sabina

Ella le pidió que la llevara al fin de mundo,
él puso a su nombre todas las olas del mar.
Se miraron un segundo
como dos desconocidos.
Todas las ciudades eran pocas a sus ojos,
ella quiso barcos y él no supo qué pescar.
Y al final números rojos
en la cueva del olvido,
y hubo tanto ruido
que al final llegó el final.
Mucho, mucho ruido,
ruido de ventanas,
nidos de manzanas
que se acaban por pudrir.
Mucho, mucho ruido,
tanto, tanto ruido,
tanto ruido y al final
por fin el fin.
Tanto ruido y al final…
Hubo un accidente, se perdieron las postales,
quiso Carnavales y encontró fatalidad.
Porque todos los finales
son el mismo repetido
y con tanto ruido
no escucharon el final.
Descubrieron que los besos no sabían a nada,
hubo una epidemia de tristeza en la ciudad.
Se borraron las pisadas,
se apagaron los latidos,
y con tanto ruido
no se oyó el ruido del mar.
Mucho, mucho ruido,
ruido de tijeras,
ruido de escaleras
que se acaban por bajar.
Mucho, mucho ruido,
tanto, tanto ruido.
Tanto ruido y al final…
Tanto ruido y al final…
Tanto ruido y al final
la soledad.
Ruido de tenazas,
ruido de estaciones,
ruido de amenazas,
ruido de escorpiones.
Tanto, tanto ruido.
Ruido de abogados,
ruido compartido,
ruido envenenado,
demasiado ruido.
Ruido platos rotos,
ruido años perdidos,
ruido viejas fotos,
ruido empedernido.
Ruido de cristales,
ruido de gemidos,
ruidos animales,
contagioso ruido.
Ruido mentiroso,
ruido entrometido,
ruido escandaloso,
silencioso ruido.
Ruido acomplejado,
ruido introvertido,
ruido del pasado,
descastado ruido.
Ruido de conjuros,
ruido malnacido,
ruido tan oscuro
puro y duro ruido.
Ruido qué me has hecho,
ruido yo no he sido,
ruido insatisfecho,
ruido a qué has venido.
Ruido como sables,
ruido enloquecido,
ruido intolerable,
ruido incomprendido.
Ruido de frenazos,
ruido sin sentido,
ruido de arañazos,
ruido, ruido, ruido.
20 de enero de 2008
La génesis del nosotros, Al-Taïr
A la conquista de tu interés, de tu mirada, de tus besos, de tu piel. A la conquista de todo aquello me lancé casi sin conocerte y sin saber si querrías seguir conociéndome. A la conquista de las palabras, de tus silencios y de los míos, de tu pasado y del mío, de nuestras alegrías y de nuestros fracasos. Al encuentro, nuestro encuentro, el de dos mundos diversos pero que intuía complementarios. Todo un día o más por delante, yo me hubiese conformado con mucho menos en aquel entonces. Se acercaba la noche, la promisoria y definitiva noche. ¿Nuestra primera noche? Y toda mi experiencia quedó disuelta en un mar de incertidumbre sobre el futuro. Esta vez, me importaba aquello que tenía frente a mis ojos. A la conquista del espacio, esa era la primera conquista a la que debía lanzarme. Pero no me atrevía a moverme y la noche comenzaba a llegar a un punto en donde más palabras agobian, pero el silencio obliga a alguna acción. Cada vez que lo recuerdo, sin saber demasiado cómo llegamos a ello, cierro los ojos y un cúmulo de emociones viene a mí: aquella primera vez en donde tus ojos y los míos se miraron más allá de lo que veían. Y celebro aquella vez en que tocarte, tocarte una pequeña parte de tu dedo, de tu rostro, de tu cuello, para mí fue un caudaloso río de sensaciones que me sacudían por dentro. Aquella primera vez en que pude explorarte con mis ojos y mis manos para introducirme en tu mundo y presentarte el mío. Aquella primera sensación de lo desconocido, de lo que vendrá, de cuando sentí que todo estaba por escribirse, y quería que fuese contigo. Aquel momento previo a que un cuerpo se confunda con el otro, a que las manos se entrecrucen indiscriminadas. Quiero decir, aquella pequeña, tímida conquista de acercarme a tu espacio y rozarte sutilmente con mis dedos para saberte cercano y real. Esa noche, esa conquista primero poco a poco y luego urgente es la que tengo en la mente cada vez que te miro. Cada vez que caminamos juntos. Esa pequeña y delicada mezcla de sensaciones que viví cuando mi mano rozó la tuya y cuando ambas se cerraron unidas. Esa pequeña conquista de aquella primera noche en donde todo estaba por escribirse.
11 de enero de 2008
Jugar al Solitario, Al-Taïr
Quise caminar al lado de alguien de un solo discurso. Quise y di todo tipo de libertades y tolerancias. Quise por una vez tener la certeza de mirar y poder ver lo mismo. Quise estar a miles de km y saber que nos respetaríamos. Quise unificar por una vez mi discurso. Quise saber que ambos éramos sinceros, más allá de los muros de nuestro hogar. Quise saber y convencerme de que por fin aquello que veía era lo que ocurría. Quise saber que ambos compartíamos la intimidad, la nuestra. Quise hablar con un "yo" y con un "vos" porque existía un "nosotros" que era más que decir "los dos". Pero me quedé jugando al solitario. Jugando al solitario sin querer, porque no sé jugar. Me dejaste jugando aunque sabías que no entendía, que esas reglas jamás las había manejado. El Solitario, vaya juego. Y vaya juego el tuyo, campeón. Me diste una estocada magistral.
9 de enero de 2008
Back, Luciana Peker
Una mujer que quiere acostarse después de acostarse –sin pensar en irse, en huirse, en blindarse– sabe que si los dos cuerpos se rinden y se dan vuelta, se reinventan. Entonces el cuerpo gira, se acomoda y así se hace noche y se re-hace el día. Una mujer que duerme con un cuerpo desnudo, abrazado, despatarrado, sabe que es su atrás, su columna vertebral, su trasero, su cuerpo sin voz, sin palabra, sin siquiera mirada, el que arrima. Una mujer que sabe desandar sus maratones y volverse caminante con sus manos apoyadas, sabe que ahí –ahí donde un soplido puede dividir el cuerpo–, ahí donde el cuerpo hace una vertical entre las piernas y la espalda, ahí el cuerpo se pone redondo. Y como si estuviera Galileo vociferando pero se mueve el verano descubre las colas como si descubriera América.
4 de enero de 2008
Como tus zapatos, Gabo Ferro
No te fuiste de casa
te quedaste en tus cosas
en tu cama revuelta
en tus libros abiertos
en tu abrigo tirado que ha quedado trabado como en un abrazo
En tu foto sonriente
en tus anteojos viejos
celándome tus cosas
siempre vigilantes
Los pondré de mi parte
cuando se enteren que también los dejaste
Como los zapatos que dejaste acá tirados
Uno boca abierta al cielo y el otro desatado
Como tus zapatos, incompletos, solos, gastados
Hermosos juntos
imperfectos separados
No te fuiste de casa
te quedaste en tus cosas
en tus libretas viejas
que confinan tu historia
en una serie larga de dibujos con lápiz y días arrancados
Tu gorra con mi nombre
ha quedado tumbada
parece como ahogada
después de haber braceado
y haber tragado el aire envenenado que amparaba tu almohada
Como los zapatos que dejaste acá tirados
Uno boca abierta al cielo y el otro desatado
Como tus zapatos, incompletos, solos, gastados
Hermosos juntos imperfectos separados.
te quedaste en tus cosas
en tu cama revuelta
en tus libros abiertos
en tu abrigo tirado que ha quedado trabado como en un abrazo
En tu foto sonriente
en tus anteojos viejos
celándome tus cosas
siempre vigilantes
Los pondré de mi parte
cuando se enteren que también los dejaste
Como los zapatos que dejaste acá tirados
Uno boca abierta al cielo y el otro desatado
Como tus zapatos, incompletos, solos, gastados
Hermosos juntos
imperfectos separados
No te fuiste de casa
te quedaste en tus cosas
en tus libretas viejas
que confinan tu historia
en una serie larga de dibujos con lápiz y días arrancados
Tu gorra con mi nombre
ha quedado tumbada
parece como ahogada
después de haber braceado
y haber tragado el aire envenenado que amparaba tu almohada
Como los zapatos que dejaste acá tirados
Uno boca abierta al cielo y el otro desatado
Como tus zapatos, incompletos, solos, gastados
Hermosos juntos imperfectos separados.
20 de diciembre de 2007
Atención, Al-Taïr

La primera vez que miró hacia un lado ella se sorprendió. Luego, por algún motivo, ya no fue lo mismo. Pensó en algunos años atrás, cuando aquel otro había mirado hacia un lado, todo un síntoma de que se había acabado y no había vuelta atrás. Ella caminó como pudo al baño y vomitó ese rechazo que él le lanzaba con la mirada. Esta vez pasó algo así, pero años después y con otro. Ella de todas formas vio que algo se había roto. Y también desvió la mirada, triste. Ahora entendía lo que aquella mujer le había reprochado, aquello de mirar siempre a los lados, escapando de la estática. Miró hacia un lado, desvió la vista y con ella la atención. Jugaría con las mismas reglas de no decir ni reflexionar, demasiados secretos (todos lo sabemos) rompen hasta una roca de amor.
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14 de diciembre de 2007
Windows, Al-Taïr
Mientras, y digo mientras porque esto es un paréntesis tan breve como artificial, vos fingís seguridad y bajás ventanas, yo me sumerjo en mi más profunda incertidumbre. Tu temor a que vea, que te lleva a ocultar, mi incertidumbre cobra un perfil cada vez más claro y amoldo, rearmo, mi hipocresía. Nos miramos, sonreímos y hacemos el amor. Pero me dejás claro cada vez que no hay nada entre tu mirada y la mía. Temés ¿temo yo? Me enseñaste a ser segura sin darme seguridad. Y ahora, que llega ese tiempo de observar, las cosas son raras. Me acuesto, miro el techo, llega la noche, salgo. Me sumerjo en la noche, que quiero compartir con todos menos con vos. Me sumerjo en compañías que me brindan lo que vos no, por tu temor. Cae una ventana, cae un pedazo dentro mío: de confianza, de esperanza, de expectativa. Me sumerjo buscando brazos, besos, vasos. Me sumerjo en una noche conocida y aun así sorpresiva. Poniendo en riesgo mi sensibilidad, regalando mi antigua fidelidad. Y llego sucia de manos y mentes, de noche y de rostros. Vos simplemente me ves y bajás otra ventana. Yo quiero correr, pero es de día. Y simplemente me tiendo en la cama. Y quiero llorar.
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Ausencia, Efraim Medina Reyes
Cuando pienso en ti el dolor regresa y me aplasta como hacen los niños con las hormigas. Tu ausencia es mi castigo. Aunque sé que no puedo encontrarte, recorro día y noche el laberinto. Y dentro de mi estúpido corazón el deseo de verte crece y crece como un tumor de terciopelo. Tu ausencia marca el ritmo de mis horas e insomnios. He olvidado mi nombre, he olvidado cada cosa que no se relaciona contigo. La muerte me desgasta incesante y no quisiera morir sin ver en tus ojos el nivel del invierno. La vida es corta pero las horas son infinitas. Tu ausencia me rodea, me ahoga, me desgarra. Tu ausencia es mi único pecado y mi mayor condena. Tu ausencia es el beso invisible del ansia, el verano oscuro, las caricias invisibles. Las nubes pasan, las palabras se apagan y el dolor permanece. El dolor es mi perro fiel, el guardián implacable de esta cárcel atroz, de esta celda sin paredes a la que estoy confinado. Siento tu boca que roza la mía y huye hasta el fin del mundo. Tu imagen se forma y deforma en mi mente, las fuerzas me abandonan y sólo el dolor me sostiene. El dolor es mi único alivio. Busco el dolor como los insectos buscan la luz que les quema el alma. La vida te destruye en algún remoto lugar y mi memoria perfecciona cada uno de tus rasgos. Eres como siempre el resplandor y la lágrima, la dueña imposible de mis emociones. Antes de soñar el amor ya te soñaba a ti. Estás hecha de mi sangre y de mi nombre. Sé que aunque grite no vendrás, que tu ausencia invadirá mis huesos y borrará mi imágen de la mente de quienes me conocieron y juraron recordarme. Hoy es un día soleado, estoy a la deriva en un bosque de pinos. No sé cómo llegué aquí. Estoy esperando una señal, un evento secreto. Inmóvil sobre la hierba.
28 de noviembre de 2007
Nosotros, que nos queremos tanto. Al-Taïr
Risas, abrazos, besos, compromiso, hogar, camas, sábanas, siempre las mismas.
Ideas, soledad, pensamientos, pensamientos, pensamientos, agobio, incerteza, inseguridad.
Infidelidad, desenfreno, indiferencia, cantidad, sexo, desamor, desamparo, carcajadas, vacío.
Otra vez: un click infinito e intermitente que resuena en mi cabeza. Y una pared: infranqueable, enorme, negra.
Se ha roto algo en mí, hace tiempo, con tus códigos, silencios y media miradas. Con tu falta de palabras y especificidad. Y juro que tus actitudes sólo siguen logrando que me aleje. Y voy a hacerlo sin más.
Ideas, soledad, pensamientos, pensamientos, pensamientos, agobio, incerteza, inseguridad.
Infidelidad, desenfreno, indiferencia, cantidad, sexo, desamor, desamparo, carcajadas, vacío.
Otra vez: un click infinito e intermitente que resuena en mi cabeza. Y una pared: infranqueable, enorme, negra.
Se ha roto algo en mí, hace tiempo, con tus códigos, silencios y media miradas. Con tu falta de palabras y especificidad. Y juro que tus actitudes sólo siguen logrando que me aleje. Y voy a hacerlo sin más.
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27 de noviembre de 2007
A un click de distancia, Flavia Ricci
Lo había visto, escuchado y repetido cientos de veces: el mundo estaba a un click de distancia. Aquel día, mientras entraba en la habitación, la mano de él se echó sobre el mouse, la miró de lado una milésima de segundo sólo para cerciorarse de que ella no había visto nada. Cerró la ventana del programa, se puso de pie y caminó hacia ella para besarla. Ella apartó la boca, la asqueaba la hipocresía porque la había protagonizado por años. El mundo estaba a un click de distancia y él a un segundo de quedarse en medio de la calle con sus valijas de compañía. Todo su historial estaba en la mente de ella, no hacían falta aclaraciones, aunque sí hubiesen sido útiles algunas palabras cara a cara.
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8 de noviembre de 2007
H O M B R E, Flavia Ricci
Hay algo que me hace a mí impredecible, pero a tí traidor. Y con esa imprevisibilidad que me caracteriza, al percibir que me mentías me sumergí nuevamente en el mar de hombres, de mentiras, de falta de compromiso. Realmente quería algo distinto, pero no estuviste a la altura. Y entre los cambios de mi vida, elijo no estar contigo. Dejarte sin decírtelo, que es el primer paso para decirte adiós. Ahora entiendo que cuando se llega al desinterés total, ni siquiera importa comunicar las cosas. Toda mi sinceridad, que te regalé, se hizo añicos. Recogí los pedazos, porque me la llevo conmigo. No he podido contra tu falta de claridad, contra tus charlas con media sonrisas en el móvil y frases en código. No he podido contra esas muestras claras de que me engañas, de que no soy lo que dice que soy para ti. Y al final me he refugiado en mí, luego de pensar que podría hacerlo en ti. He visto en un segundo como todo se caía, he visto el páramo en el que se convirtió mi vida sin tí, pero lo elijo al paraíso artificial que querías hacerme creer que existía. H O M B R E. La palabra, te queda muy grande.
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5 de noviembre de 2007
(Por) fin, Flavia Ricci
Con la suficiente cercanía pero sin agobiar, con ese estar pendiente pero con sinceridad, con esas ganas pero yendo más allá del trofeo de tu conquista, con esa presión de tu presencia pero sin que haya re-presión por mi parte, con ese siempre, por fin, con ese tal vez hecho "sí", con esa seguridad que jamás tuve, que no tengo. Así, así voy por la vida, pateando piedritas, felizmente conmigo. Despojada de amores, que no me dan certezas de algo más allá, que no pasan de sexo repetido y redundante, con los días contados y la condena de antemano. Con un martillo justiciero que cae, que va cayendo, que casi se escucha sonar (si fueses menos sordo y estuvieses más atento).
Colombia 2007, Flavia Ricci

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27 de octubre de 2007
1+, Flavia Ricci

Hoy me miré al espejo, había una foto imaginaria tuya en la esquina superior izquierda. Izquierda, sólo podrías haberla dejado allí. La quité, la quité para quitarte de mi vida. Y a continuación todo pareció enderezarse. Aparecieron otros, que te reemplazaron en el tiempo, pero no en la intensidad. Y al fin, él.
Hoy me miré al espejo, lo veía y lo veía a él. Todo crecía hacia todos los lados, casi sin saber por qué y a pesar de todos los pronósticos, incluso del mío. Inabarcable era aquello, enorme e inexplicable ¿De dónde venía esa fuerza? ¿De dónde provenía esa intensidad?
A medida que pasaban los días iba pasando las pruebas, aquello de mirar a los lados. Casi no miraba, y cuando miraba no veía nada especial. Él no formaba parte de aquel centro que compartía los lados. Ella le había dado ese sitio y hasta se la veía convencida.
Pero un día, por exceso de algo que él mismo no pudo nombrar, la confianza se quebró. Ella ya no tenía la foto en el espejo, así que veía todo mucho más claro. Y lo vio, vio todos esos cristales que deja la confianza cuando se rompe esparcidos por el suelo. Los miró y no quiso pasar ni cerca. Sencillamente se alejó de él. Y volvió a ese mundo incierto, hasta algo hostil de sexo y hombres, de los hombres que ladran.
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