Es un oro imposible de comprender, un acabado
silencio que renace y se incorpora.
Las manos de la noche buscan el aire, el aire
se olvida sobre el mar,
el mar cerrado,
el mar,
solo en la noche, envuelto
en su gran soledad,
el hondo mar agonizando en vano...
El mar oliendo a algas moribundas y al sol,
la arena a musgo, a cielo, el cielo
a estrellas. La alta noche sin voces
deviniendo en sí misma, inagotada y plena,
es la mujer total con los ojos serenos
y el hombre silencioso olvidado en la playa,
el alto, el poderoso, el triste,
el que contempla,
conoce su poder que crea, ordena el mundo,
se vuelve a su conciencia que da fe de las cosas,
y el haz de los sentidos le limita la noche.
Concédeme esos cielos, esos mundos dormidos,
el peso del silencio, ese arco, ese abandono,
enciéndeme las manos,
ahóndame la vida
con la dádiva dulce que te pido.
Dame la luz sombría, apasionada y firme
de esos cielos lejanos, la armonía
de esos mundos sellados,
dame el límite mudo, el detenido
contorno de esas lunas de sombra,
su contenido canto.
Tú, el negado, da todo,
tú, el poderoso, pide,
tú, el silencioso, dame la dádiva dulcísima
de esa miel inmediata y sin sentido.
Estás solo, lo mismo.
Yo no toco tu vida, tu soledad, tu frente,
yo no soy en tu noche más que un lago, una copa,
más que un profundo lago,
en que puedes beber aun cerrados los ojos,
olvidado.
soy para ti como otra oscuridad, otra noche,
anticipo de la muerte,
lo que llega en el día frío el hombre espera, aguarda,
y llega y él se entrega a la noche, a una boca,
y el olvido total lo ciega y lo anonada.
Sin límites la noche,
pura, despierta, sola,
solícita al amor, ángel de todo gesto...
Estás solo, lo mismo.
Ebrio, lúcido, azul, olvidado del alma,
concédete a la hora.
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26 de abril de 2015
20 de octubre de 2008
Noches en Núñez, Flavia Ricci
Estoy ya en casa cuando vos regresás. Hablamos, reímos, yo me acostumbré a mi rutina de café Oma o Juan Valdez y últimamente a los tés de vainilla más que nada por su aroma. Hablamos, escribo. Escribo mientras me ves para que no extrañes verme escribir, vos que sos uno de los que demandan que "escriba". Y luego te vas a dormir, siempre antes que yo. Y yo me quedo cantando, bajito, alguna canción que me detiene a medio camino entre mi escritura y la cama. Bebo más café, o té, y camino por el piso descalza en esta primavera porteña. Salgo al balcón, adivino que dormís, y regreso a escribir. Estoy empezando a descubrir que la imagen que veías de mí, eran mi verdadero yo. Y eso que aquella noche estaba convencida de que no era así y te lo dije. Ahora, cuando te veo y me mirás, no me queda alternativa más que reírme y darte la razón. Sabés que todos los hombres ladran a mis espaldas. Y yo me los saco de encima y te sonrío, hombre suspicaz, hombre que echa de menos que yo escriba si no lo hago cada noche.
20 de septiembre de 2008
Primavera Sarkany, Flavia Ricci
Rojos, con la punta de un taco de 10cm que no supera el tamaño de mis uñas. Rojo furioso, rojo nocturno, rojo de fiesta, rojo pasional, rojo equilibrio. Rojo de tacos altos, rojo estilizado, rojo de seducir, rojo de diseño, rojo femenino, rojo sexual, rojo acharolado, rojo del mejor cuero argentino, rojo moda, rojo Baires, rojo. Con estos zapatos doy mi bienvenida a la Primavera en medio de la noche porteña y con amigos. Salut.
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3 de agosto de 2008
After Niceto Club, Flavia Ricci
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23 de junio de 2008
Fundamental, Al-Taïr
Llegados a un punto de alcohol en la madrugada palermitana de la primera noche de invierno, continué hablando con la soltura que te permiten varias copas. Me miraba primero sonriente, luego atónito y por último molesto. Juro que me quería acostar con él (otra vez). Pero fue su machismo el que provocó mi feminismo. Y sabía qué palabras decirle para que la cama quedara cada vez más lejos de mis posibilidades. Juro que quería pasar nuevamente la noche con él. O tal vez me atrajo la posibilidad. La noche, los rostros, la música, Buenos Aires. Traspasé la línea de llegada y corrí una vuelta más, para que no quedaran dudas. La cama, a estas alturas, era tan sólo un sueño. Juro que hubiese querido ser tu sumisa damita de porcelana. A veces no controlo, lo siento, y tengo ganas de besarte porque sí. A veces, entre tu conservadurismo y mi cararrotez entreveo una línea. Vos de un lado, yo del otro. Y creéme, prefiero atraerte a mi lado que dejarme llevar hacia esas ideas de cartón y represión. Me fui a la cama sola, pero la próxima no te dejo, si me dejás ....
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28 de mayo de 2008
Otoño porteño, Al-Taïr

Me tienta, este frío polar que azota narices y ojos.
Me tienta, este otoño devenido invierno que arremete sin frenos.
Me tienta, mirar desde mi ventana cómo llegás a casa.
Me tienta, prepararme un café OMA con sahumerios y luces bajas.
Me tienta, los dos sentados en la alfombra mirando una peli.
Me tienta, brindar con vino tinto y empanadas argentinas picantes.
Me tienta, que llegue el viernes por la noche y la hora precisa en que te preciso.
Me tienta, bufandas, guantes y gorros en el perchero junto a la puerta.
Me tienta, ver madera por todos lados.
Me tienta, poner música francesa que ambos compartimos.
Me tienta, la noche por delante, el frío cada vez más atroz.
Me tienta, me tienta y quiero abrazarte y que me abraces.
Las luces comienzan a encenderse en Buenos Aires, por mi ventana y con un humeante espresso te veo llegar y saludarme sonriente.
Soplan buenos aires en mi Buenos Aires ....
5 de marzo de 2008
Esperando, Al-Taïr

No hay como los viernes cuando va cayendo el sol. Es como si todo aun estuviese por escribirse, y aun no hay tiempo de reproches ni de éxitos, ni de fracasos. El mejor momento es aquel en el que sabemos que estamos esperando, pero esperando con una certeza de que lo que queremos que ocurra ocurrirá. Llegamos a casa con una botella de buen vino tinto, ponemos música suave, encendemos velas en el baño con un incienso y nos metemos en la bañera cuando el agua está a punto. Cerramos los ojos y sin mirar el reloj sabemos con certeza que llegará ese momento, sonará el timbre y él habrá llegado. Él, que no sólo indica un hombre sino a "ese" hombre. Suena el timbre, abrimos, en la mesa hay velas, dos copas y el vino, quesos, salmón rosado. El mejor momento de mi semana es ese: en el que todo está por escribirse hacia el fin de semana, en el que aun queda la noche del viernes, virgen, y las otras dos un poco más desgastadas del final. Allí donde hay mucho que contar, porque hay mucho de ausencia y necesidad de presencia. Allí donde hay miradas, abrazos, palabras. El mejor momento es ese en el que quisiera que el tiempo se detuviera, el famoso tiempo que dicen que todo lo desgasta, pero no me lo termino de creer. El mejor momento es ese en el que degustamos un brie escuchando Enzo Enzo y bebiendo un Ruca Malen bien patagónico. El mejor momento es ese en el que echamos la cabeza hacia atrás sobre el sofá y parece que todo gira de la emoción. El mejor momento es ese en el que aun hay tiempo para hacerlo bien. El mejor momento es ese, los viernes por la noche mirando el verde desde mi ventana, sentada en el suelo, esperando ... a esa persona que sé que llegará.
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