Mi cuerpo es de la estirpe de la mar
Lo diseñé con dedos de pasión
lo incrusté con conchas de ira y seducción
cuando me harté de mis vendas
tal como sudario trenzado por el silencio
historia repleta de mandamientos
Mi cuerpo es de la estirpe de la letra
me lo pongo en la intemperie
me caliento en sus brazos
me quemo en las brasas de sus letras
y sobre un puñado de ceniza
con las piernas cruzadas, me siento
despojando mis letras fragmentadas de escombros
y redacto una elegía para Hallaj
Mi cuerpo es de la estirpe de la luz
cuando me abrazó
me orienté hacia mí
y me encontré como imaginaba
una mujer quebrada
Mi cuerpo es de la estirpe de la enredadera
en la sombra nos encontramos
sus hojas silvestres cuelgan sobre mi torso
echo hojas
y mi cuerpo desierto se descubre
Mi cuerpo es de la estirpe de los gitanos
de sus cadenas oxidadas elaboro
pulseras y sortijas
en él enciendo las velas de Lorca
y lo monto cuando se me hacen estrechos
los mapas de este cuerpo.
2 de marzo de 2015
Biografía de un cuerpo, Ikram Abdi
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Ikram Abdi,
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Marruecos
Somos en el silencio, Ana Muela Sopeña
Somos en el silencio unos aliados
que pactan con la música del bosque,
para poder vivir casi sin agua.
Somos en la distancia compañeros
que buscan las raíces de los árboles
porque hay poco alimento en nuestra tierra.
Somos en lejanía las palabras
que se unen con los restos de la infancia
a través del asombro de lo cóncavo.
Somos identidades en el sueño
que huyen a los márgenes
de la verdad desnuda y primigenia.
Somos dos individuos de la especie
que respiran sin pánico al unísono,
por el placer tan sólo de estar juntos.
Poco a poco el instinto nos redime
de tantos sinsabores de la herida
que reside sin piel, en nuestro cuerpo.
Somos tan sólo espíritus sin rostro
que escapan de relojes de locura,
para sobrevivir ante el vacío.
que pactan con la música del bosque,
para poder vivir casi sin agua.
Somos en la distancia compañeros
que buscan las raíces de los árboles
porque hay poco alimento en nuestra tierra.
Somos en lejanía las palabras
que se unen con los restos de la infancia
a través del asombro de lo cóncavo.
Somos identidades en el sueño
que huyen a los márgenes
de la verdad desnuda y primigenia.
Somos dos individuos de la especie
que respiran sin pánico al unísono,
por el placer tan sólo de estar juntos.
Poco a poco el instinto nos redime
de tantos sinsabores de la herida
que reside sin piel, en nuestro cuerpo.
Somos tan sólo espíritus sin rostro
que escapan de relojes de locura,
para sobrevivir ante el vacío.
Hablar de amor, Eira Stenberg
Hablar de amor,
de lo que no se puede hablar -
de ese callejón sin salida que es el espejo
de donde alguien pende de cabeza
en un árbol invisible
con las piernas atenazando una rama
como si luchase contra la gravedad
y abriese la boca
sin emitir sonido alguno.
O hablar
como si el amor fuese una puerta
y el pesar su llave
y detrás de la puerta un árbol en llamas
ahora visible,
un feto estirase las piernas y emergiese
a la superficie,
y te hablase, juglar
que arrojas tu cabeza de una mano a la otra
como un dado,
y te tendiese una hoja fresca
acabado el diluvio.
de lo que no se puede hablar -
de ese callejón sin salida que es el espejo
de donde alguien pende de cabeza
en un árbol invisible
con las piernas atenazando una rama
como si luchase contra la gravedad
y abriese la boca
sin emitir sonido alguno.
O hablar
como si el amor fuese una puerta
y el pesar su llave
y detrás de la puerta un árbol en llamas
ahora visible,
un feto estirase las piernas y emergiese
a la superficie,
y te hablase, juglar
que arrojas tu cabeza de una mano a la otra
como un dado,
y te tendiese una hoja fresca
acabado el diluvio.
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Eira Stenberg,
finlandia
Tales personas, Solja Krapu
No abundan tales personas
con las que se podría tener ese
contacto directo
donde sólo una mirada
es un cable de acero puesto a temblar
Quizás no hubo ninguno de ésos
en tu clase en la escuela elemental
nadie que estuviera parado
observando a la gente un viernes a la noche
en el Dragón Azul
Ninguna de esas personas en el radio que abarca la mirada
Esas personas están dispersas al azar
a lo largo del tiempo
y a lo ancho del mundo
Quizás alguien tenía como
el proyecto de su vida el buscarte
aunque demasiado temprano
o demasiado tarde
y en un lugar completamente alejado
contando desde tus pies
Y tú estás ahí sentado
en una silla pintada de amarillo
en una casa de campo solitaria al borde de una tala
Quizás existan siete u ocho
personas apropiadas para ti que
exactamente ahora suben y bajan en una escalera
en un pasillo cargado de ecos
con una taza de café vacía
y que no pueden hacerse a la idea
de pedir prestado un poco de pan rallado
a ninguna otra persona
más que a ti
Y él, ése allí que vive en pareja tan feliz
él quizás eligió así
como se elige entre distintos tipos de polvo para lavar la ropa.
con las que se podría tener ese
contacto directo
donde sólo una mirada
es un cable de acero puesto a temblar
Quizás no hubo ninguno de ésos
en tu clase en la escuela elemental
nadie que estuviera parado
observando a la gente un viernes a la noche
en el Dragón Azul
Ninguna de esas personas en el radio que abarca la mirada
Esas personas están dispersas al azar
a lo largo del tiempo
y a lo ancho del mundo
Quizás alguien tenía como
el proyecto de su vida el buscarte
aunque demasiado temprano
o demasiado tarde
y en un lugar completamente alejado
contando desde tus pies
Y tú estás ahí sentado
en una silla pintada de amarillo
en una casa de campo solitaria al borde de una tala
Quizás existan siete u ocho
personas apropiadas para ti que
exactamente ahora suben y bajan en una escalera
en un pasillo cargado de ecos
con una taza de café vacía
y que no pueden hacerse a la idea
de pedir prestado un poco de pan rallado
a ninguna otra persona
más que a ti
Y él, ése allí que vive en pareja tan feliz
él quizás eligió así
como se elige entre distintos tipos de polvo para lavar la ropa.
Nombrar (III), Flavia Ricci
He estado en todos esos sitios ¿Vas a decirme que no es verdad porque no los nombro? He sentido cada minuto de tu ausencia ¿o es que no ves la verdad porque no tiene nombre aquello? Te amo profundamente en cada mirada y pensamiento. Y desde luego, sería más cómodo nombrar. Pero quiero saber si sos capaz de creer en mi mirada y pensamiento. Si ves lo que yo veo al mirarte, en definitiva si te ves a través de mi mirada. Sin ponerle nombre a esto, sin nombrar letra a letra lo que pasa. Tan sólo entender lo que quiero decir cuando te miro y vos ves esa mirada, que a vos te mira detenidamente.
24 de febrero de 2015
Compartir el código, Flavia Ricci
Hablaba así: palabras a medias, medias frases, como si buscara la complicidad de quien la viera o escuchara, compartir el código. Mensajes de hashtag, a medias todo. Pero yo no trepaba por los significados ayudada por mis deseos, sencillamente no la entendía. Autores comunes, películas vistas, paisajes compartidos ¿así era? Se me antojaba superficial. La palabra se le atoraba en la garganta.
Un día le pregunté qué quería de mí, qué buscaba. Y me dijo que no sabía, que suponía que llamar mi atención. Hablar a medias para que quizás, sin entenderla, le preguntara algo.
Un día le pregunté qué quería de mí, qué buscaba. Y me dijo que no sabía, que suponía que llamar mi atención. Hablar a medias para que quizás, sin entenderla, le preguntara algo.
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23 de febrero de 2015
Las aguas del mar (fragmento), Clarice Lispector
Ahí está él, el mar, la más ininteligible de las existencias no humanas. Y aquí está la mujer, de pie en la playa, el más ininteligible de los seres vivos. Como el ser humano hizo un día una pregunta sobre sí mismo, volviéndose el más ininteligible de los seres vivos. Ella y el mar.
Sólo podría haber un encuentro de sus misterios si uno se entregara al otro: la entrega de dos mundos incognoscibles hecha con la confianza con que se entregan dos comprensiones.
Ella mira el mar, es lo que puede hacer. Y su mirada está limitada por la línea del horizonte, es decir, por su incapacidad humana de ver la curvatura de la Tierra.
Sólo podría haber un encuentro de sus misterios si uno se entregara al otro: la entrega de dos mundos incognoscibles hecha con la confianza con que se entregan dos comprensiones.
Ella mira el mar, es lo que puede hacer. Y su mirada está limitada por la línea del horizonte, es decir, por su incapacidad humana de ver la curvatura de la Tierra.
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22 de febrero de 2015
No vas a entender nunca, Flor Codagnone
No vas a entender nunca mis lugares,
ni que los apropie y los quiera y los extrañe.
No sabés de mis calles ni de mis cortadas
ni de lo que sigue girando
en la calesita de la infancia.
No vas a entender esta tristeza
que es mía y que duele un cuerpo
recortado grave vacío conectado cosido.
Ni mis usos del lenguaje, ni mis deseos,
ni las pocas cosas de mí en las que creo.
Hay santas herejías de las que adolezco.
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20 de febrero de 2015
Las manos, Moisés Mato
Mira mis manos. Quisiera que fueran ellas las que te hablaran. Son más verdad que mis palabras. Las manos no acostumbran a mentir. Cuando trabajaron lo hicieron sin oponer resistencia, cuando abrazaron lo hicieron sin miedo. Estas manos vieron nacer y ayudaron a morir. Fíjate. Cada pequeña línea ha sido esculpida muy lentamente. Con el paso del tiempo me siento incapaz de reconocer qué líneas se dibujaron como una huella de la alegría y cuáles aparecieron con un grito de dolor. No importa, todas me pertenecen, juntas definen mi existencia.
¿Sabes? Puedes acostumbrarte a las manos. Naces con ellas y no te das cuenta. Pero un día descubres que ellas lo son todo. Lo que ellas no han tocado no fue. Lo que ellas no han acariciado se perdió, lo que no han agarrado con fuerza se escapó.
Déjame ver tus manos.
¿Sabes? Puedes acostumbrarte a las manos. Naces con ellas y no te das cuenta. Pero un día descubres que ellas lo son todo. Lo que ellas no han tocado no fue. Lo que ellas no han acariciado se perdió, lo que no han agarrado con fuerza se escapó.
Déjame ver tus manos.
17 de febrero de 2015
Cómo decir de pronto, J. Prilutzky
Cómo decir de pronto
Cómo decir de pronto:
tómame entre las manos,
No me dejes caer. Te necesito:
acepta este milagro,
tenemos que aprender a no asombrarnos
de habernos encontrado,
de que la vida pueda estar de pronto
en el silencio o la mirada.
Tenemos que aprender a ser felices,
a no extrañarnos
de tener algo nuestro.
Tenemos que aprender a no temernos
y a no asustarnos
y a estar seguros.
y a no causarnos daño.
Dame tu brazo, amor, y caminemos
Dame tu brazo, amor, y caminemos,
dame tu mano y sírveme de guía.
Ya no quiero saber si es noche o día:
mis ojos están ciegos. Avancemos.
Dame tu estar, amor, en los extremos,
tu presencia y tu infiel sabiduría:
por los caminos de la sangre mía
ya no sé si es que vamos o volvemos.
Y no me digas nada. No es preciso.
Deja que vuelva al pórtico indeciso
desde donde no escucho ni presencio:
Todo fue dicho ya, tan a menudo,
que ahora tengo miedo, amor, y dudo
de aquello que está al borde del silencio.
Cómo decir de pronto:
tómame entre las manos,
No me dejes caer. Te necesito:
acepta este milagro,
tenemos que aprender a no asombrarnos
de habernos encontrado,
de que la vida pueda estar de pronto
en el silencio o la mirada.
Tenemos que aprender a ser felices,
a no extrañarnos
de tener algo nuestro.
Tenemos que aprender a no temernos
y a no asustarnos
y a estar seguros.
y a no causarnos daño.
Dame tu brazo, amor, y caminemos
Dame tu brazo, amor, y caminemos,
dame tu mano y sírveme de guía.
Ya no quiero saber si es noche o día:
mis ojos están ciegos. Avancemos.
Dame tu estar, amor, en los extremos,
tu presencia y tu infiel sabiduría:
por los caminos de la sangre mía
ya no sé si es que vamos o volvemos.
Y no me digas nada. No es preciso.
Deja que vuelva al pórtico indeciso
desde donde no escucho ni presencio:
Todo fue dicho ya, tan a menudo,
que ahora tengo miedo, amor, y dudo
de aquello que está al borde del silencio.
15 de febrero de 2015
Tiempo hacia atrás, Flavia Ricci
"Lo que eres me distrae de lo que dices".
Pedro Salinas
Y si bien es cierto que todo tiene proyección, yo parto de vos. De vos hacia atrás. No son solamente las palabras que salen por tu boca, o las que escribís, por ejemplo. No son los movimientos que hacés para llegar a mí, o a cualquier sitio. Démosle una vuelta al tiempo, que Kairós, Kronos y Aión desplieguen todos sus mundos y universos. Entonces parto de vos ¿de quién si no? ¿De dónde si no? Y no vuelo encima de tus palabras que quieren llevarme a un significado que se encuentre con mis conceptos. Mejor aun, me detengo en tu boca, en el momento anterior al sonido, en ese que dio origen desde tu adentro a lo que querés decir(me). Y más aun, en el momento en que pensaste eso que querés decirme. Y más, en el instante en que, aun cuando no nos habíamos encontrado, ni nos mirábamos, se formó en vos la imagen mental de toda la escena: lo que ibas a decirme, la decisión de hacerlo, el movimiento de tu boca y el sonido de aquellos fonemas. No es que solamente me quede con las palabras, tuyas, que ahora compartís conmigo y yo sobrevuelo en busca de significados y significantes, de interpretaciones sin ruido, donde apelo a todos lo que sé o imagino. Eso sería ir de tu boca hacia afuera. Pero yo me sumerjo y nado hacia tu interior, hacia tus manos sobre el teclado cuando se disponen a escribir palabras elegidas, hacia tu mente que sabe lo que va a escribir. Kronos, Aión y Kairós, que se mezclen todos los tiempos en uno, o que desplieguen los pliegues del tiempo. Yo me sumerjo por las aguas de tu pensamiento, escalo montañas enteras sin miedo al silencio. Hay un tiempo que viene de todos los tiempos. Hay un camino que proviene de otro camino, más adentro. Hay muchos pliegues, yo no me pierdo, en los pliegues del tiempo. Tu tiempo.
14 de febrero de 2015
Suelta, Flavia Ricci
Pero yo, le dijo mirando toda la extensión de su brazo que finalizaba en sus manos aferradas, no temo dejar que mi mano descanse. Y tú, tú verás si quieres aferrarte. Muchas personas verán nuestra sagrada, inexplicable unión y querrán imitarla algunos, otros quebrarla. Quizás hubiese sido más fácil mantenernos en secreto. Pero ¿sabes qué? la energía nos sobrepasa. El mar nos llama, aquí mismo donde estamos, es la arena la que nos cuenta todas las respuestas. Silencio. No voy a mantenerme mucho más aferrando tu mano si no siento que una fuerza contrarresta mi fuerza. Porque en la unión de nuestras manos está la unión, y no en mi fuerza aferrando tu mano. No temo que nadie se interponga, ni lo que de mí te cuenten. Así le dijo. No temo a la verdad ni a que descubras mis más profundos pensamientos, porque así es la verdad. No le temo a la pureza ni al silencio. No le temo al tiempo. No le temo a darme cuenta que si te suelto no aferre tu mano la mía. Antes de haberse aferrado, le dijo, yo veía toda esa energía.
Así habló el Dragón de fuego, en silencio. Y todo cambió. El mar. Y la arena.
Así habló el Dragón de fuego, en silencio. Y todo cambió. El mar. Y la arena.
No se trata de hablar + Las distancias no miden lo mismo, R. Juarroz
No se trata de hablar
No se trata de hablar,
ni tampoco de callar:
se trata de abrir algo
entre la palabra y el silencio.
Quizá cuando transcurra todo,
también la palabra y el silencio,
quede esa zona abierta
como una esperanza hacia atrás.
Y tal vez ese signo invertido
constituya un toque de atención
para este mutismo ilimitado
donde palpablemente nos hundimos.
Las distancias no miden lo mismo
Las distancias no miden lo mismo
de noche y de día.
A veces hay que esperar la noche
para que una distancia se acorte.
A veces hay que esperar el día.
Por otra parte
la oscuridad o la luz
teje de tal manera en ciertos casos
el espacio y sus combinaciones
que los valores se invierten:
lo largo se vuelve corto,
lo corto se vuelve largo.
Y además, hay un hecho:
la noche y el día no llenan igualmente el espacio,
ni siquiera totalmente.
Y no miden lo mismo
las distancias llenas
y las distancias vacías.
Como tampoco miden lo mismo
las distancias entre las cosas grandes
y las distancias entre las cosas pequeñas.
No se trata de hablar,
ni tampoco de callar:
se trata de abrir algo
entre la palabra y el silencio.
Quizá cuando transcurra todo,
también la palabra y el silencio,
quede esa zona abierta
como una esperanza hacia atrás.
Y tal vez ese signo invertido
constituya un toque de atención
para este mutismo ilimitado
donde palpablemente nos hundimos.
Las distancias no miden lo mismo
Las distancias no miden lo mismo
de noche y de día.
A veces hay que esperar la noche
para que una distancia se acorte.
A veces hay que esperar el día.
Por otra parte
la oscuridad o la luz
teje de tal manera en ciertos casos
el espacio y sus combinaciones
que los valores se invierten:
lo largo se vuelve corto,
lo corto se vuelve largo.
Y además, hay un hecho:
la noche y el día no llenan igualmente el espacio,
ni siquiera totalmente.
Y no miden lo mismo
las distancias llenas
y las distancias vacías.
Como tampoco miden lo mismo
las distancias entre las cosas grandes
y las distancias entre las cosas pequeñas.
12 de febrero de 2015
Contar, Flavia Ricci
Vos contame, como si yo no supiera, de dónde viene esa larga mirada o esa espalda cansada. Contame, porque a medida que nombrás constato lo que sé, todo lo que percibo, lo que leo en vos. Pero entiendo que necesites verbalizar todos esos sentimientos, enumerar hechos cronológicamente para que quizás se ordenen en tu mente. Cuando me hablás, no es que vea lo que me decís en ese momento, sino que entiendo tus palabras como simples fonemas que se unen para dar sentido a todo aquello que tenés dentro. Nombrar es asumir. Luego de decir compartiremos lo que sabemos. Y esa intimidad que me regalás te la agradezco y valoro.
Las palabras son simples hilos que salen de tu boca pero, yo que te leo, me comunico en silencio. Esos hilos vienen de adentro, de muy adentro. Y salen cuando nombrás.
Yo te escucho, como siempre, atentamente. Pero son tus manos las que antes hablaron, son tus ojos o mejor, tu mirada, es cada uno de tus movimientos, son tus palabras, acuciantes, desmedidas, angustiadas, que trepan por donde sea con tal de llegar a destino. Son telas, sonrisas, luces, tiempo. Son sonrisas por descubrir y sonrisas por recordar. Es una caminata que ha de llegar. Es un mar que debo regalarte. Es el silencio que nos invade. Ese silencio que se llena de compañía y no precisa palabras. Contame, necesitás asegurarte que te escuche y que sí, es cierto, que lo sé. Pero date cuenta que lo sé antes de que lo cuentes, porque desde antes he estado atenta. Porque cualquier diálogo se inicia en silencio. Ese silencio que tiene tanto de presencia, de sin palabras. Pero vos contame, yo te escucho atenta.
Las palabras son simples hilos que salen de tu boca pero, yo que te leo, me comunico en silencio. Esos hilos vienen de adentro, de muy adentro. Y salen cuando nombrás.
Yo te escucho, como siempre, atentamente. Pero son tus manos las que antes hablaron, son tus ojos o mejor, tu mirada, es cada uno de tus movimientos, son tus palabras, acuciantes, desmedidas, angustiadas, que trepan por donde sea con tal de llegar a destino. Son telas, sonrisas, luces, tiempo. Son sonrisas por descubrir y sonrisas por recordar. Es una caminata que ha de llegar. Es un mar que debo regalarte. Es el silencio que nos invade. Ese silencio que se llena de compañía y no precisa palabras. Contame, necesitás asegurarte que te escuche y que sí, es cierto, que lo sé. Pero date cuenta que lo sé antes de que lo cuentes, porque desde antes he estado atenta. Porque cualquier diálogo se inicia en silencio. Ese silencio que tiene tanto de presencia, de sin palabras. Pero vos contame, yo te escucho atenta.
9 de febrero de 2015
Todo lo que en vos resuena, Flavia Ricci
Te asusta y evitás nombrar. De la boca para afuera. Escribir, liberar lo que sale de tu mente. Dejar las manos sueltas y respetar su recorrido.
Pero la realidad no se deshace, ni se desanda. Pero entonces las palabras recorren tu cuerpo, remolinean en tu pecho y se atrincheran en tu mente, donde resuenan como eco. Invaden y se apropian de tus sueños. Pero entonces día tras día callás. Y no hay mucho que decir: te miro y las leo, claramente. En silencio.
Pero la realidad no se deshace, ni se desanda. Pero entonces las palabras recorren tu cuerpo, remolinean en tu pecho y se atrincheran en tu mente, donde resuenan como eco. Invaden y se apropian de tus sueños. Pero entonces día tras día callás. Y no hay mucho que decir: te miro y las leo, claramente. En silencio.
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28 de diciembre de 2014
La luna y la muralla china (fragmento), M. Zariello
16
No fue un deseo sexual lo que me llevó a besarlo, menos después de verlo reír adelante del monitor. Él lo tomó para otro lado y me acarició la espalda. Siempre hace lo mismo. Se cree que está siendo el Señor Sexy rascándome la espalda. Me metí otra vez en la cama y me di vuelta para el lado de la mesa de luz. No lo veo, pero se levantó de su silla. Se decidió con una hora y media de atraso. Carece de timing para el amor. Nunca vi a nadie equivocarse tanto en la materia.
No fue un deseo sexual lo que me llevó a besarlo, menos después de verlo reír adelante del monitor. Él lo tomó para otro lado y me acarició la espalda. Siempre hace lo mismo. Se cree que está siendo el Señor Sexy rascándome la espalda. Me metí otra vez en la cama y me di vuelta para el lado de la mesa de luz. No lo veo, pero se levantó de su silla. Se decidió con una hora y media de atraso. Carece de timing para el amor. Nunca vi a nadie equivocarse tanto en la materia.
27 de diciembre de 2014
Hotaru (fragmento), S. Kawamichi
No sé por qué todo me parece más pequeño.
El mar, el cielo.
El pasado, el futuro.
La oscuridad, el silencio.
Es como si mis ganas de amarte lo hubieran
empequeñecido todo.
El mar, el cielo.
El pasado, el futuro.
La oscuridad, el silencio.
Es como si mis ganas de amarte lo hubieran
empequeñecido todo.
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25 de diciembre de 2014
Descubrimientos, C. Lispector
Cosmonauta en la Tierra (fragmento)
Si yo fuera el primer astronauta, mi alegría sólo se renovaría cuando un segundo hombre volviera allá desde el mundo: pues también él lo habría visto. Porque "haber visto" no es sustituíble por ninguna descripción: haber visto sólo se compara con haber visto. Hasta que otro ser humano también hubiera visto, yo tendría dentro de mí un gran silencio, aun cuando hablara. Consideración: supongo la hipótesis de que alguien en el mundo ya haya visto a Dios. Y nunca haya dicho una palabra. Pues si ningún otro lo vio, es inútil decirlo.
Dificultad de expresión
La dificultad de encontrar, para poder expresar, eso que sin embargo está allí, da una impresión de ceguera. Es entonces cuando se pide café. No es que el café ayude a encontrar la palabra pero representa un acto histérico-liberador, es decir, un acto gratuito que libera.
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24 de diciembre de 2014
Perfil de un ser elegido, C. Lispector
Aun muy joven, era un ser que elegía. Entre las mil cosas que podría
haber sido, había ido eligiéndose. En un trabajo para el cual usaba
lentes, entreviendo lo que podía y palpando con las manos húmedas lo que
no veía, el ser había ido eligiendo y por eso indirectamente se elegía.
De a poco se había juntado para ser. Separaba, separaba. En relativa
libertad, si se descontara el furtivo determinismo que había dirigido
discreto sin dar un nombre. Descontado ese furtivo determinismo, el ser
elegía ser libre. Separaba, separaba la llamada cizaña del trigo, y lo
mejor, lo mejor el ser lo comía. A veces comía lo peor: la elección
difícil era comer lo peor. Separaba peligros del gran peligro, y era con
el gran peligro que el ser, aunque con miedo se quedaba; solo para
sopesar con gusto el peso de las cosas. Apartaba de sí las verdades
menores que terminó por no llegar a conocer: quería las verdades
difíciles de soportar. Por ignorar las verdades menores, el ser ya
comenzaba a aparecer a los otros como rodeado de misterio: por ser
ignorante era un ser misterioso. Se había convertido en una mezcla de lo
que pensaban de él y de lo que él realmente era: un sabio ignorante, un
sabio ingenuo; un olvidado que muy bien sabía de otras cosas; un sonso
honesto; un pensativo distraido; un nostálgico sobre lo que había dejado
de saber; un nostalgioso por lo que definitivamente al elegir había
perdido; un valiente por ser demasiado tarde y ya haberse elegido. Todo
eso, contradictoriamete, le dió al ser una alegría discreta y saludable
de campesino que sólo lidia con lo básico. Y todo eso le dio la
austeridad involuntaria que todo trabajo intelectual da. Elección y
ajuste no tenían hora precisa de comenzar y terminar, duraban en
realidad el tiempo de una vida.
Todo eso, contradictoriamente fue dando al ser la alegría profunda que necesita manifestarse, exponerse y comunicarse. Pasó a darse a través de la pintura. En esa comunicación el ser era ayudado por su don innato de gustar. Y eso ni lo había juntado ni lo había elegido. En efecto, era una don. Le gustaba la profunda alegría de los otros, por el don innato descubría la alegría de los otros. Por don, también era capaz de descubrir la soledad que los otros tenían. Y también por don, sabía profundamente jugar el juego de la vida, transformándola en colores y formas. Sin siquiera sentir que usaba su don, el ser se manifestaba: daba sin percibir, amaba sin percibir que a eso llamaban amor. El don era como la falta de camisa del hombre feliz: como el ser sentía muy pobre y no tenía qué dar, el ser se daba. Se daba en silencio, y daba lo que había juntado de sí, así como quien llama a los otros para que también vean.
Poco a poco el equívoco pasó a rodear al ser: los otros miraban al ser como a una estatua, como a un retrato. Un retrato muy rico. No comprendieron que para el ser, haberse reunido, había sido trabajo de despojamiento y no de riqueza. Por equívoco, el ser era festejado. Pero sentirse amado sería reconocerse a sí mismo en el amor recibido, y aquel ser era amado como si fuera un otro ser. El ser vertió las lágrimas de una estatua que de noche en la plaza llora sin moverse. Nunca la oscuridad había sido mayor en la plaza. Hasta que de nuevo amanecía y el ser renacía. El ritmo de la tierra era tan generoso que amanecía. Pero de noche, cuando llegaba la noche, de nuevo oscurecía. La plaza de nuevo crecía en soledad. De miedo, los que habían elegido dormían: ¿miedo porque pensaban que tendrían que vivir en la soledad de la plaza? No sabían que la soledad de la plaza había sido sólo el lugar de trabajo del ser. Pero que él también se sentía solo. El ser se prepara toda la vida para ser apto del lado de afuera de la plaza. Es verdad que el ser, al sentirse listo, así como quien se baña con óleos y perfumes, notó que no le había sobrado tiempo para existir como los otros: era diferente sin querer. Algo había fallado porque, cuando el ser se veía en el retrato que los otros habían sacado, se espantaba humilde frente a lo que habían hecho de él. Habían hecho de él, nada más, nada menos, que un ser elegido. Es decir, lo habian sitiado. ¿Cómo deshacer el equívoco? Por simplificación y economía de tiempo, habían fotografiado al ser en una única pose y ahora no se referían a él sino a la fotografía. Bastaba abrir el cajón para sacar de adentro el retrato. Cualquiera conseguía una copia que, además, costaba barata.
Cuando le decían al ser: te amo, el ser se perturbaba porque ni siquiera podía agradecer: ¿y yo?, ¿por qué no a mi también?, ¿por qué sólo a mi retrato? Pero no reclamaba, pues sabía que los otros no se equivocaban por maldad. El ser, a veces, por una cuestión de soledad, intentaba imitar la fotografía, lo que no obstante terminó por volverla más falsamente auténtica. A veces él se confundía todo: no aprendía a copiar el retrato, y se había olvidado de cómo era sin el retrato. De modo que, como se dice del payaso que siempre rie: el ser a veces, por así decir, lloraba bajo su callada pintura de bobo de la corte. Entonces intentó un trabajo subterráneo de destrucción de la fotografía: hacía o decía cosas tan opuestas a la fotografía que esta se erizaba en el cajón. Su esperanza era volverse más vivo que la fotografía. Pero, ¿qué ocurrió? Ocurrió que todo lo que el ser hacía en realidad sólo iba a retocar el retrato, adornarlo.
Y así fue yendo, hasta que, profundamente desilusionado en las más legítimas aspiraciones, el ser moría de soledad. Pero terminó saliendo de la estatua de la plaza, con gran esfuerzo, teniendo varias caidas, aprendiendo a pasear solo. Y, como se dice, nunca la tierra le pareció tan bella. Reconoció que ella era la tierra para la cual se había preparado: pues no se había equivocado, el mapa del tesoro tenía la indicaciones correctas. Paseando, el ser tocaba todas y, aun solitario, sonreía. El ser había aprendido a sonreir solo.
Todo eso, contradictoriamente fue dando al ser la alegría profunda que necesita manifestarse, exponerse y comunicarse. Pasó a darse a través de la pintura. En esa comunicación el ser era ayudado por su don innato de gustar. Y eso ni lo había juntado ni lo había elegido. En efecto, era una don. Le gustaba la profunda alegría de los otros, por el don innato descubría la alegría de los otros. Por don, también era capaz de descubrir la soledad que los otros tenían. Y también por don, sabía profundamente jugar el juego de la vida, transformándola en colores y formas. Sin siquiera sentir que usaba su don, el ser se manifestaba: daba sin percibir, amaba sin percibir que a eso llamaban amor. El don era como la falta de camisa del hombre feliz: como el ser sentía muy pobre y no tenía qué dar, el ser se daba. Se daba en silencio, y daba lo que había juntado de sí, así como quien llama a los otros para que también vean.
Poco a poco el equívoco pasó a rodear al ser: los otros miraban al ser como a una estatua, como a un retrato. Un retrato muy rico. No comprendieron que para el ser, haberse reunido, había sido trabajo de despojamiento y no de riqueza. Por equívoco, el ser era festejado. Pero sentirse amado sería reconocerse a sí mismo en el amor recibido, y aquel ser era amado como si fuera un otro ser. El ser vertió las lágrimas de una estatua que de noche en la plaza llora sin moverse. Nunca la oscuridad había sido mayor en la plaza. Hasta que de nuevo amanecía y el ser renacía. El ritmo de la tierra era tan generoso que amanecía. Pero de noche, cuando llegaba la noche, de nuevo oscurecía. La plaza de nuevo crecía en soledad. De miedo, los que habían elegido dormían: ¿miedo porque pensaban que tendrían que vivir en la soledad de la plaza? No sabían que la soledad de la plaza había sido sólo el lugar de trabajo del ser. Pero que él también se sentía solo. El ser se prepara toda la vida para ser apto del lado de afuera de la plaza. Es verdad que el ser, al sentirse listo, así como quien se baña con óleos y perfumes, notó que no le había sobrado tiempo para existir como los otros: era diferente sin querer. Algo había fallado porque, cuando el ser se veía en el retrato que los otros habían sacado, se espantaba humilde frente a lo que habían hecho de él. Habían hecho de él, nada más, nada menos, que un ser elegido. Es decir, lo habian sitiado. ¿Cómo deshacer el equívoco? Por simplificación y economía de tiempo, habían fotografiado al ser en una única pose y ahora no se referían a él sino a la fotografía. Bastaba abrir el cajón para sacar de adentro el retrato. Cualquiera conseguía una copia que, además, costaba barata.
Cuando le decían al ser: te amo, el ser se perturbaba porque ni siquiera podía agradecer: ¿y yo?, ¿por qué no a mi también?, ¿por qué sólo a mi retrato? Pero no reclamaba, pues sabía que los otros no se equivocaban por maldad. El ser, a veces, por una cuestión de soledad, intentaba imitar la fotografía, lo que no obstante terminó por volverla más falsamente auténtica. A veces él se confundía todo: no aprendía a copiar el retrato, y se había olvidado de cómo era sin el retrato. De modo que, como se dice del payaso que siempre rie: el ser a veces, por así decir, lloraba bajo su callada pintura de bobo de la corte. Entonces intentó un trabajo subterráneo de destrucción de la fotografía: hacía o decía cosas tan opuestas a la fotografía que esta se erizaba en el cajón. Su esperanza era volverse más vivo que la fotografía. Pero, ¿qué ocurrió? Ocurrió que todo lo que el ser hacía en realidad sólo iba a retocar el retrato, adornarlo.
Y así fue yendo, hasta que, profundamente desilusionado en las más legítimas aspiraciones, el ser moría de soledad. Pero terminó saliendo de la estatua de la plaza, con gran esfuerzo, teniendo varias caidas, aprendiendo a pasear solo. Y, como se dice, nunca la tierra le pareció tan bella. Reconoció que ella era la tierra para la cual se había preparado: pues no se había equivocado, el mapa del tesoro tenía la indicaciones correctas. Paseando, el ser tocaba todas y, aun solitario, sonreía. El ser había aprendido a sonreir solo.
10 de diciembre de 2014
Blanes, Flavia Ricci
Nada como irnos entre semana a Blanes. Un amigo que nos había dejado las llaves de su piso y yo que iba a relajarme, vos a estudiar. Nada como ir de forma despreocupada cuando todo está por escribirse, cuando nadie fastidia ni los móviles suenan. Había una cama de una plaza, había otra cama de dos. Entré a la cocina y vi esa enorme cafetera: vos sonreíste. Salimos a caminar sin haber deshecho los bolsos. Bajamos hasta la costa por aquel camino serpenteante que en cuanto hablabas retenía tu eco. Llegamos al mar, dimos una vuelta y tomamos unas cervezas. Al otro día me levanté temprano a comprar croissants para el desayuno mientras vos dormías. A la tarde caminamos hasta la playa, entramos al mar y llegamos a una roca, donde nos sentamos a mirar el atardecer. Subió la marea y allí nos quedamos. Me propusiste no volver ese domingo a Barcelona, sino quedarnos allí una noche más y coger un tren temprano en la mañana. Sonreí aliviada, era lo que quería en alguna parte de mi mente. Vos me ganaste al nombrarlo. Subimos por otra callecita angosta y a mano izquierda me llamó la atención un restaurante pequeño y medieval. Entramos. Estaba abierto. Cenamos. Reímos en aquella callecita angosta mientras regresábamos al piso. No puedo recordar el nombre de aquella calle, ni del restaurante. Todo lo demás, ya ves, lo recuerdo.
6 de noviembre de 2014
Once again, Flavia Ricci
Señalo
Apunto
Nombro
Miro
Sonrío
Invito
Es a vos
Sos vos
¿Qué duda cabe?
Pero es más cómodo
seguir con las intrigas.
Y
sin embargo
No es tu silencio
No es un vacío
No es que no podamos comunicarnos
No llego a comprender
No puedo poner en palabras
Qué te pasa conmigo
De tantas, tantísimas, cosas que te pasan
Y que vos tampoco
podés poner en palabras.
Hay más allá detrás del "sí"
Una proyección
Un momento que pasó del "no sé"
Ahora quiero, ahora con vos
Y sin embargo
tanta intensidad
si no encuentra tu mano
tu cuerpo
tu mirada
Se va
He aprendido
a irme hasta sonriendo
No creas que siempre habrá algo detrás del "sí".
Estoy aprendiendo incluso a que no haya
ningún "sí" porque sí.
Ni porque vos.
Apunto
Nombro
Miro
Sonrío
Invito
Es a vos
Sos vos
¿Qué duda cabe?
Pero es más cómodo
seguir con las intrigas.
Y
sin embargo
No es tu silencio
No es un vacío
No es que no podamos comunicarnos
No llego a comprender
No puedo poner en palabras
Qué te pasa conmigo
De tantas, tantísimas, cosas que te pasan
Y que vos tampoco
podés poner en palabras.
Hay más allá detrás del "sí"
Una proyección
Un momento que pasó del "no sé"
Ahora quiero, ahora con vos
Y sin embargo
tanta intensidad
si no encuentra tu mano
tu cuerpo
tu mirada
Se va
He aprendido
a irme hasta sonriendo
No creas que siempre habrá algo detrás del "sí".
Estoy aprendiendo incluso a que no haya
ningún "sí" porque sí.
Ni porque vos.
Ninguna, Flavia Ricci
- Es el momento, ninguna está enamorada de nadie.
- Claro, se nota.
- Es nuestro momento.
- Ninguna está enamorada de nadie. Nadie. Ninguna.
- ...
- Claro, se nota.
- Es nuestro momento.
- Ninguna está enamorada de nadie. Nadie. Ninguna.
- ...
1 de noviembre de 2014
La loca de la casa, Rosa Montero

Hablar de literatura, pues, es hablar de la vida; de la vida propia y de la de los otros,de la felicidad y del dolor. Y es también hablar del amor, porque la pasión es el mayor invento de nuestras existencias inventadas, la sombra de una sombra, el durmiente que sueña que está soñando. Y al fondo de todo, más allá de nuestras fantasmagorías y nuestros delirios, momentáneamente contenida por este puñado de palabras como el dique de arena de un niño contiene las olas en la playa, asoma la Muerte, tan real, enseñando sus orejas amarillas.
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24 de octubre de 2014
Océano mar, A. Baricco
—O sea, fijaos ahí donde llega el agua… sube por la playa, luego se detiene…eso es, precisamente ese punto, donde se detiene…, dura apenas un instante, después desaparece, pero si se consiguiera detener ese instante…, cuando el agua se detiene, precisamente ese punto, esa curva …, es lo que estudio. Donde se detiene el agua.
—¿Y qué es lo que hay que estudiar?
—Bueno, es un punto importante… a veces no se le presta atención, pero pensándolo bien ahí sucede algo extraordinario, algo… extraordinario.
—¿De verdad?
Bartleboom se acercó ligeramente a la mujer. Se hubiera dicho que tenía un secreto que decir cuando dijo
—Ahí acaba el mar.
El mar inmenso, el océano mar, que corre infinito más allá de toda mirada, el desmesurado mar omnipotente —hay un sitio donde acaba, y un instante—, el inmenso mar, un lugar pequeñísimo y un instante de nada. Eso es lo que quería decir Bartleboom.
12 de octubre de 2014
Pistas, Flavia Ricci
Sorprendeme
Sonreíme
Leéme
Soñame
Viajame
Acariciame
Mirame
Contame
Preguntame,
que después
probablemente
venga lo demás.
Pero si
decidís
comenzar por lo demás
y aunque quizás no me oponga
vamos a perdernos de todo lo primero
que por primero tiene motivos
cercanos al descubrimiento.
Mis suspiros como conquistas
Mis sonrisas como aliadas
Mis arrebatos como preámbulos
Mis porque sí
Mis porque vos.
Empecemos por lo primero:
- Hola, me llamo Flavia Ricci.
Sonreíme
Leéme
Soñame
Viajame
Acariciame
Mirame
Contame
Preguntame,
que después
probablemente
venga lo demás.
Pero si
decidís
comenzar por lo demás
y aunque quizás no me oponga
vamos a perdernos de todo lo primero
que por primero tiene motivos
cercanos al descubrimiento.
Mis suspiros como conquistas
Mis sonrisas como aliadas
Mis arrebatos como preámbulos
Mis porque sí
Mis porque vos.
Empecemos por lo primero:
- Hola, me llamo Flavia Ricci.
Tres veces al amanecer, A. Baricco
“(…) Pero la mujer dijo que gran parte de la gente sueña con volver a empezar desde cero, y añadió que en eso había algo que resultaba conmovedor, no loco. Dijo que, en realidad, luego casi nadie empieza de nuevo desde cero de verdad, pero no tenemos ni idea de cuánto tiempo se pasa la gente fantaseando con hacerlo, y a menudo justo mientras está metida de lleno en sus problemas, y en la vida que querría dejar atrás (…)”
9 de octubre de 2014
Moldes, Flavia Ricci
Después de vos cerré la puerta sin mirar atrás. Y no repetí aquello. Sin embargo, la primera vez que la vida nos hace hacer nuevamente algo y volver, de alguna forma cae el molde del pasado en el presente. A veces coincide más, otras no tanto. Así que mientras vuelvo a sacar un pasaje, vuelvo a viajar, vuelve a pegarse todo ese smog húmedo en la cara y vuelvo a sentir ese olor urbano, vienen a mi mente jazmines y pájaros, y vinos y cenas, sonrisas y músicas, abrazos y besos, caminatas y letras. En ese preciso momento cae el molde del pasado sobre el presente. Llego, no estás. Y veo mucha gente, sin que hayas ido vos. Y regreso al final del día, pero levanto una copa junto a tu ausencia. Y camino largamente, pero no suena mi teléfono. Y así, este molde del pasado encima del otro, del presente, me dice que no coincide mucho, que mientras a estas horas yo deambulo sola sin rumbo ni pretensión, a esta misma hora te abrazaba a mi regreso, brillaban nuestros ojos de emoción, nos besábamos y, si mal no recuerdo, te quitaba la ropa. Malditos moldes. 7 de octubre de 2014
La vida, Flavia Ricci
La vi, mientras miraba libros en una librería de usados. No supe qué hacer, me aferré al libro que llevaba entre manos. Se acercó. El libro era de poesías. Y debo decir entonces, que no sé si la vi o la soñé, pero estaba a mi lado. Y yo llevaba un libro de poesías.
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2 de octubre de 2014
Una forma de vida, A. Nothomb
Pese a la simpatía que me inspiraba, me daba cuenta de que habría preferido una carta suya a su presencia. ¿Se trata de una patología provocada por la hegemonía del correo en mi vida? Raros son los seres cuya compañía me resulta más agradable de lo que sería una carta –suponiendo, claro está, que poseyeran un mínimo de talento epistolar–. (…)
"No te gustan las personas de verdad", me han soltado en alguna ocasión. Me sublevo: ¿por qué los individuos deberían ser obligatoriamente más auténticos cuando los tienes delante de ti? ¿Por qué su verdad no iba a expresarse mejor, o simplemente de un modo diferente, en una misiva?.
Hay personas que ganan con el trato y otras que ganan al ser leídas. De todos modos, cuando alguien me gusta al punto de vivir con él, también necesito que me escriba: una relación no me parece completa si no conlleva una parte de correspondencia".
"No te gustan las personas de verdad", me han soltado en alguna ocasión. Me sublevo: ¿por qué los individuos deberían ser obligatoriamente más auténticos cuando los tienes delante de ti? ¿Por qué su verdad no iba a expresarse mejor, o simplemente de un modo diferente, en una misiva?.
Hay personas que ganan con el trato y otras que ganan al ser leídas. De todos modos, cuando alguien me gusta al punto de vivir con él, también necesito que me escriba: una relación no me parece completa si no conlleva una parte de correspondencia".
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El harén de un tímido, René Avilés Fabila
Como temía decirles que no, opté por conservar a todas las mujeres que he amado.
24 de septiembre de 2014
Hay en la intimidad, Ana Ajmatova
Hay en la intimidad un límite sagrado
que trasponer no puede aun la pasión más loca
siquiera si el amor el corazón desgarra
y en medio del silencio se funden nuestras bocas.
La amistad nada puede, nada pueden los años
de vuelos elevados, de llameante dicha,
cuando es el alma libre y no la vence
la dulce languidez del goce y la lascivia.
Pretenden alcanzarlo mentes enajeadas,
y a quienes lo trasponen los colma la tristeza.
¿Comprendes tú ahora por qué mi corazón
no late a ritmo debajo de tu diestra?
que trasponer no puede aun la pasión más loca
siquiera si el amor el corazón desgarra
y en medio del silencio se funden nuestras bocas.
La amistad nada puede, nada pueden los años
de vuelos elevados, de llameante dicha,
cuando es el alma libre y no la vence
la dulce languidez del goce y la lascivia.
Pretenden alcanzarlo mentes enajeadas,
y a quienes lo trasponen los colma la tristeza.
¿Comprendes tú ahora por qué mi corazón
no late a ritmo debajo de tu diestra?
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Toda la belleza del mundo, Jaroslav Seifert
El profesor Marek tenía un lema para animarnos. Solía decir que cualquier tonto puede aprender a dibujar. Entonces yo me consolaba a mí mismo pensando que lo lograría también, porque, sobre todo, no me consideraba tonto. ¡Eso sí que no! Sólo cuando hubiese aprendido a dibujar tendría ganada la batalla. Con los colores sería más fácil. Sí, pintaría.
De todas maneras, no llegué a ser pintor. Porque ocurrió lo siguiente: en la cuarta o en la quinta clase, más o menos, nos sugirió el profesor Marek que trajéramos de casa los modelos con los que montaríamos en la clase el bodegón propio. Mis compañeros de clase traían manzanas, naranjas, limones, floreros con rosas, diversas cajitas y candeleros. Yo también traje conmigo objetos para hacer una naturaleza muerta muy proletaria, que armonizara con el barrio obrero de Zizkov: una botella de cerveza, un vaso, una rebanada de pan y una salchicha envuelta en un papel grasiento.
Monté el bodegón sobre la mesa de dibujo y esperé, con los demás, a que el profesor diera su visto bueno. Cuando se me acercó, me miró y soltó con violencia:
-Por Dios, Seifert, quite esa salchicha. ¡No permitiré por nada del mundo que la pinte!
No tardé más que un par de segundos en comprender su preocupación. Y me quedé estupefacto. En aquel momento memorable decidí que sería mejor escribir versos.
De todas maneras, no llegué a ser pintor. Porque ocurrió lo siguiente: en la cuarta o en la quinta clase, más o menos, nos sugirió el profesor Marek que trajéramos de casa los modelos con los que montaríamos en la clase el bodegón propio. Mis compañeros de clase traían manzanas, naranjas, limones, floreros con rosas, diversas cajitas y candeleros. Yo también traje conmigo objetos para hacer una naturaleza muerta muy proletaria, que armonizara con el barrio obrero de Zizkov: una botella de cerveza, un vaso, una rebanada de pan y una salchicha envuelta en un papel grasiento.
Monté el bodegón sobre la mesa de dibujo y esperé, con los demás, a que el profesor diera su visto bueno. Cuando se me acercó, me miró y soltó con violencia:
-Por Dios, Seifert, quite esa salchicha. ¡No permitiré por nada del mundo que la pinte!
No tardé más que un par de segundos en comprender su preocupación. Y me quedé estupefacto. En aquel momento memorable decidí que sería mejor escribir versos.
Canción de amor, Jaroslav Seifert
Oigo lo que no oyen los demás,
pies descalzos pisando terciopelo.
Suspiros bajo el sello de una carta,
el estremecimiento de las cuerdas, cuando no vibran.
A veces, huyendo de la gente,
veo lo que no ven los demás.
El amor, vestido con la risa
que se oculta en las pestañas, cubriendo los ojos.
Cuando aún tiene copos de nieve en los bucles,
veo florecer la rosa en el rosal.
Oí al amor partir
cuando unos labios por primera vez rozaron los míos.
Quién, sin embargo, detendrá mi esperanza:
ni siquiera el miedo al desengaño,
para que a tus rodillas no se ponga.
La más hermosa suele estar loca.
pies descalzos pisando terciopelo.
Suspiros bajo el sello de una carta,
el estremecimiento de las cuerdas, cuando no vibran.
A veces, huyendo de la gente,
veo lo que no ven los demás.
El amor, vestido con la risa
que se oculta en las pestañas, cubriendo los ojos.
Cuando aún tiene copos de nieve en los bucles,
veo florecer la rosa en el rosal.
Oí al amor partir
cuando unos labios por primera vez rozaron los míos.
Quién, sin embargo, detendrá mi esperanza:
ni siquiera el miedo al desengaño,
para que a tus rodillas no se ponga.
La más hermosa suele estar loca.
Impresiones huidizas, Rada Panchovska
El pormenor empequeñecedor de las vistas
aturde la palabra.
La infinidad de las impresiones refuerza
la inquietud.
¡¿Inspiración?! Solamente la desesperación
puede nombrar.
¡¿Inspiración?! Solamente la desesperación
puede nombrar.
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Rada Panchovska
Completa, Flavia Ricci
Presencia
Tu presencia se presiente. Y emergen de cada beso libros, palabras, frases, fonemas. Tu presencia se nota. Y asoman películas, videos, imágenes en movimiento, algunas fotos. Desde dentro, muy dentro tuyo salen como regalos infinitos libros, canciones remotas, viajes, anécdotas. Esa es tu forma de desnudarte, de mostrarte como sos, de mostrar lo que sos, todo eso. Sutilmente. Hay en tu universo tanta riqueza, tanta vida, tantas vivencias, tanta humanidad.
Tu presencia se presiente. Y emergen de cada beso libros, palabras, frases, fonemas. Tu presencia se nota. Y asoman películas, videos, imágenes en movimiento, algunas fotos. Desde dentro, muy dentro tuyo salen como regalos infinitos libros, canciones remotas, viajes, anécdotas. Esa es tu forma de desnudarte, de mostrarte como sos, de mostrar lo que sos, todo eso. Sutilmente. Hay en tu universo tanta riqueza, tanta vida, tantas vivencias, tanta humanidad.
Futuro
Me imagino entonces el momento en que abro los ojos, tomo un poco de distancia, dudando de mi buena suerte. Pero sí, sé que allí estarás. Ahora no me caben dudas. Frente a mí una persona transparente, decidida, llena de vida. Tomaré distancia, solamente para verte, la distancia justa. Dejaré de abrazarte un momento. El otro desnudo es inminente. Y casi no puedo creerlo, ahora que lo pienso. Ahora.
Presente
Una persona frente a mí se desnuda, me adentro en su universo cuando relata, cuando obsequia canciones, imágenes. Y yo la hago parte del mío en la misma medida, desmedida como soy.
Todo está por escribirse
Ahora sí se despoja lentamente de sus ropas. Ahora sí, completa.
Me imagino entonces el momento en que abro los ojos, tomo un poco de distancia, dudando de mi buena suerte. Pero sí, sé que allí estarás. Ahora no me caben dudas. Frente a mí una persona transparente, decidida, llena de vida. Tomaré distancia, solamente para verte, la distancia justa. Dejaré de abrazarte un momento. El otro desnudo es inminente. Y casi no puedo creerlo, ahora que lo pienso. Ahora.
Presente
Una persona frente a mí se desnuda, me adentro en su universo cuando relata, cuando obsequia canciones, imágenes. Y yo la hago parte del mío en la misma medida, desmedida como soy.
Todo está por escribirse
Ahora sí se despoja lentamente de sus ropas. Ahora sí, completa.
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Tres Arroyos.
23 de septiembre de 2014
Imatge, Flavia Ricci
Fue en un viaje de Barcelona a Tarragona e íbamos a la casa de una de sus (mejores) amigas. Me preguntó, mientras yo miraba a través de la ventana el Mediterráneo, por qué jamás miraba a los ojos. Yo no sé si la miré, pero sonreí. Una vez más, me decía algo que los demás habían notado, pero a la vez callado. Ella no, ella no era como los demás. Le dije que no era de mirar a las personas a los ojos y esta vez ella fue quien sonrió. Me dijo que creía que tenía un problema para fijar la mirada, pero era un alivio saber que se debía a una elección. Tiempo después viajé a Brasil y cuando llevé a revelar las fotos (en aquel momento se hacía), en la tienda me dieron de obsequio un llavero. El empleado me dijo que habían elegido la foto en que se me veía más feliz. Había imágenes de Brasil, de Tarragona y de Barcelona. Di vuelta el llavero y vi una imagen en el puerto de Tarragona: estábamos ella, su amiga y yo. Es cierto, se me veía muy feliz. Aun conservo ese llavero y de vez en cuando miro la foto. Cuántos km entre Barcelona y Argentina. Pero sigo feliz.
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Tarragona
Maybe (not), Flavia Ricci
Suelta
Quieta
No diría quieta
diría que ...
diría paralizada
como expectante
sin movimiento
excepto los ojos
cuando los párpados
suben y bajan
los brazos a ambos lados
mira para un costado
Pero no me mira
porque ya me vio.
Ahí
todo transcurre en ese momento
en que corro
lejos
sin darle tiempo
a que me diga nada
corro aliviada
lo siento
no eras
no estabas.
me voy.
Quieta
No diría quieta
diría que ...
diría paralizada
como expectante
sin movimiento
excepto los ojos
cuando los párpados
suben y bajan
los brazos a ambos lados
mira para un costado
Pero no me mira
porque ya me vio.
Ahí
todo transcurre en ese momento
en que corro
lejos
sin darle tiempo
a que me diga nada
corro aliviada
lo siento
no eras
no estabas.
me voy.
Spark, Flavia Ricci
Pero, cuando imaginaba que te habías ido
que no regresarías
allí estás
tímidamente y casi oculta.
Pero, cuando imaginaste que yo hablaría
casi me escabullo
con tal de mantener el silencio
sagrado silencio
que anticipa todo lo demás.
No creas que no pierdo los papeles
No creas que no practico
una y mil veces
qué decirte
cómo ponerme
para no temblar.
Y a cambio
aparece tu ida
repentina
yo con mis brazos abiertos
vos con tu media sonrisa.
Calle de adoquines
autobuses
La nada
que no es vacío.
Cierro los brazos
retrocedo en mi sonrisa
Y pienso seriamente
qué te habrá pasado
qué, entre las dos
que te dejó paralizada.
Yo de regreso
vos siempre ahí.
Tristemente,
ahí.
17 de septiembre de 2014
Flores de un solo día, Anna Kazumi Stahl
I
"Apareció allí, porque no había desaparecido, sólo había estado fuera de la vista un poco, oculta en el pequeño espacio de una demora, o en ese tiempo corto que tarda una promesa en cumplirse. Estar sin verse no es no estar".
II
"(...) porque no era un silencio vacío, era un espacio cálido y fácil, que se abría entre dos personas y se llenaba no de las palabras sino de las cosas que hacían juntas".
"Apareció allí, porque no había desaparecido, sólo había estado fuera de la vista un poco, oculta en el pequeño espacio de una demora, o en ese tiempo corto que tarda una promesa en cumplirse. Estar sin verse no es no estar".
II
"(...) porque no era un silencio vacío, era un espacio cálido y fácil, que se abría entre dos personas y se llenaba no de las palabras sino de las cosas que hacían juntas".
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Los círculos que traza el amor, Flavia Ricci
Nunca sabía cuándo nos volveríamos a ver, pero siempre le agradecí interiormente el día en que comenzó a decirme que se iba. Estaba claro que los arribos me generaban una inmensa alegría, pero sus idas sin más, pasaban de la nada al vacío. Casi ardían. Así fue como, un día, comenzó a decirme adiós. Y yo sabía que era un "hasta pronto". Y eso me generaba una inmensa alegría. Los círculos que traza el amor. Solamente se iba para regresar.
12 de septiembre de 2014
Aquella noche, Cristina Peri Rossi
La noche en que nos conocimos
yo empecé a perder
La cerilla explotó
y me quemó los dedos
manché mi blusa con el vino
Olvidé por completo el nombre
del mes y del día
Tanta turbación
sólo podía ser la prueba
de un deseo muy grande
tan grande
que ni tú misma
podías satisfacer.
yo empecé a perder
La cerilla explotó
y me quemó los dedos
manché mi blusa con el vino
Olvidé por completo el nombre
del mes y del día
Tanta turbación
sólo podía ser la prueba
de un deseo muy grande
tan grande
que ni tú misma
podías satisfacer.
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1 de septiembre de 2014
Que tu mirada vaya, A. Girri
Que tu mirada vayadejando de separar
impresiones sensibles, afectivas,
de las meras formas,
y resbale, no coherente,
a despojar de relieve lo que encuentre,
indicaría cómo pierdes
el dominio sobre ella,
paralizado también
tu cuerpo en lo que hasta ahora fue:
manifestación y participación,
y en suspenso
la rutina del hablar y el pensar,
la exigencia de que hablar
y no pensar no se puede,
ni pensar callando.
Y más aun haría patente
un empezar a abandonarte
a lo suelto y espontáneo
como viento, como corriente,
viento y corriente,
no ya situaciones fijas, inmovilidad objetiva,
no ya dilemas,
sino un calmo estar
en el que te permitas verte
cazando pájaros con redes,
liebres con gestos,
irreflexivamente.
26 de agosto de 2014
Pero entonces, el viento. Flavia Ricci
En cada extremo, las puntas de una soga, en la playa
yacen así, como vos y yo, quietas
pero entonces el viento
las hace girar
a una
a la otra
se tocan
se pasan por encima
pero entonces el viento
arrasa con las palabras dichas
ahora calladas
como si por eso
pudieran olvidarse
los extremos de la soga
una soga que se ha cortado
por lo más fino
(aquello era tan efímero)
que no se sabe si optar
por lo que había en común
o el quiebre que dio alivio
entonces viene el silencio
que se lleva las palabras
como si por ello pudieras olvidar
acaso porque no mencionas
imagino, y sé
que ni todas las sonrisas del mundo
te devolverán aquella sonrisa
yacen los extremos de la soga
en una playa solitaria y fría
desde los Acantilados
en un atardecer.
yacen así, como vos y yo, quietas
pero entonces el viento
las hace girar
a una
a la otra
se tocan
se pasan por encima
pero entonces el viento
arrasa con las palabras dichas
ahora calladas
como si por eso
pudieran olvidarse
los extremos de la soga
una soga que se ha cortado
por lo más fino
(aquello era tan efímero)
que no se sabe si optar
por lo que había en común
o el quiebre que dio alivio
entonces viene el silencio
que se lleva las palabras
como si por ello pudieras olvidar
acaso porque no mencionas
imagino, y sé
que ni todas las sonrisas del mundo
te devolverán aquella sonrisa
yacen los extremos de la soga
en una playa solitaria y fría
desde los Acantilados
en un atardecer.
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| La Serena, Mar del Plata |
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12 de agosto de 2014
La vuelta al mundo para abrazarte por la espalda, J. Porcupine
“Y si, digo que me parecería de lo más bonito del mundo tomarnos de la mano y besarnos frente a los demás. Y comer fresas con crema de tu boca o de tus piernas en mi casa de campo mientras preparo chocolate caliente y tu enciendes la calefacción. Y estar cada noche en la azotea viendo constelaciones mientras te hago dibujos en la espalda de las mismas. Y decirte que me encantaría pasar horas dando vueltas en la cama mirándote y jugando contigo a que somos gatos que no quieren dormirse y quieren jugar hasta que se vaya la luna. Y quisiera despertar todos los días viéndote despertar. Hacerte el desayuno, el amor. Compartirte mi vida. Decir que no hay peor ciego que el que no te quiera ver, y que la verdad el mundo sería bastante aburrido sin tu existencia. Y que me ha gustado un montón haberte encontrado. Y que sólo me sentiría perdido si te suelto de la cintura cuando bailemos. Que sólo en tus labios es que puedo calmar mi sed de verdad, y en tus ojos es que puedo disfrutar de un próspero amanecer. Que con nuestros cuerpos rozados uno al otro mi corazón da latidos de fuego artificial. Que la vida sin ti es un desperdicio, y que no me importa el tiempo que tenga que pasar esperandáte por que te vistas a la hora de salir. Que no me importaría llegar tarde al trabajo si cada mañana despertamos, te hago el café comemos y hacemos el amor antes de despedirnos. Que sonreír es mucho más bonito cuando lo hago porque lo haces tú. Que me encantas con pijama, sin pijama, con lo que sea. Que eres tan bella que no dejas que nadie más para mí lo sea. Corretear por la cocina desnudos por estar jugando a las escondidas, aparecerme en la ducha cuando tu lo estás, abrazarte y besarte haciéndote saber que eres la mejor persona del mundo y que ser feliz es sinónimo de estar contigo.
Y besar tu cuello y acariciar tu vientre mientras digo que soy capaz de darle la vuelta al mundo para abrazarte por la espalda. Así te quedaría claro que eres amada por mí.”
Y besar tu cuello y acariciar tu vientre mientras digo que soy capaz de darle la vuelta al mundo para abrazarte por la espalda. Así te quedaría claro que eres amada por mí.”
10 de agosto de 2014
Natural, Flavia Ricci
"Unas gotas de vino del color del rubí, un pedazo de pan,
un buen libro de versos y tú, en un solitario lugar,
son más valiosos para mí que los reinos de todos los sultanes".
Omar Khayyam
Es natural. Natural que me gustes, natural invitarte a ver el mar, es natural que cenemos vos y yo, es natural que de repente te abrace, quiera besarte y te invite a dormir, conmigo. Es natural que quiera conocer más y mejor, cada día, tu mundo, es natural querer volver a verte. Y recorrer tus historias tanto o casi como tu cuerpo. Y no dejar de mirarte cuando bajás por la playa despreocupadamente, como si no supieras que te sigo con la vista feliz de estar con vos. Natural pasear por Güemes, ver los atardeceres en los acantilados, que me cuentes de tus recovecos urbanos y yo de los míos. O ir a Sierra de los Padres y llenarnos los pulmones de cuentos, café y besos.
Natural es tu sonrisa, natural la mía. Natural sentirme libre. Es natural ir a tu encuentro en medio de un atardecer, con dos copas y una botella de vino en el coche, porque sí. O "porque vos". Y llevarte a un sitio que sospecho te gustará. Y quedarnos allí, abrazos mediante. Es natural sentir que me acompañás. Que llega la noche. Que todo está por escribirse. Que quiero más, de todo esto, más y más. Es natural.
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8 de agosto de 2014
Formas, Flavia Ricci
Cada cosa, cada hecho tiene una historia, algo hacia atrás. Vos viste que cuando nos miramos cara a cara, y te abrazo, o no, hay kilómetros que recorrí para estar allí. Vos no sabés y quizás tampoco quieras escuchar lo que pensé en ese tiempo, de las ganas hacia adelante, de las necesidades hacia atrás, cuando no estabas. De tu ausencia que quema y de tu presencia que enamora. Prefiero contemplarte, porque sé que hay tiempo de aprender, con vos. Quizás no sepas ni tengas ganas de escuchar que cada cosa que traigo tiene un motivo y llevó su tiempo. Que nada es directo e inmediato. Entonces, compro ingredientes para preparar una comida, vos traés el vino, nos comunicamos y cuando nos vemos, hay algo. Algo que viene del tiempo, de atrás, algo que impulsa hacia adelante.
Me gustan tus formas. Y cuando me refiero a tus formas me refiero a todo tu cuerpo, a los contornos y a lo que contienen. A cómo te movés conmigo o sin mí. Tus formas. Me gustan tus formas, esas formas de decir, de callar, de mirarme, de abrazarme y hasta de besarme. De estar conmigo. Y en la vida. De pensar, tu sensibilidad, tu calidez, las preguntas que me hacés. Esas son las formas, las que van más allá de tu cuerpo. Tus formas claras, tus preocupaciones porque entienda. Tu reciprocidad. Quizás, muchas personas tengan una forma, me gusta ir descubriendo la tuya. Me gusta. Y me gustan más allá de todo: tu forma amante, tu forma de amistad, tu forma de familia, tu forma trabajando. Hay algo más allá del vínculo, de vos, de mí. Quizás yo no esté en tu vida mañana. Pero siempre gustaré de tus formas, porque no son formas para conmigo, son tuyas. Las vas a llevar más allá de mí. Y me gustan.
Me gustan tus formas. Y cuando me refiero a tus formas me refiero a todo tu cuerpo, a los contornos y a lo que contienen. A cómo te movés conmigo o sin mí. Tus formas. Me gustan tus formas, esas formas de decir, de callar, de mirarme, de abrazarme y hasta de besarme. De estar conmigo. Y en la vida. De pensar, tu sensibilidad, tu calidez, las preguntas que me hacés. Esas son las formas, las que van más allá de tu cuerpo. Tus formas claras, tus preocupaciones porque entienda. Tu reciprocidad. Quizás, muchas personas tengan una forma, me gusta ir descubriendo la tuya. Me gusta. Y me gustan más allá de todo: tu forma amante, tu forma de amistad, tu forma de familia, tu forma trabajando. Hay algo más allá del vínculo, de vos, de mí. Quizás yo no esté en tu vida mañana. Pero siempre gustaré de tus formas, porque no son formas para conmigo, son tuyas. Las vas a llevar más allá de mí. Y me gustan.
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