17 de marzo de 2015

Retroceder, Flavia Ricci

Y no me importa si es por tu miedo
has puesto tantos por si acaso
que mi entusiasmo
se ha ido
No me importa si es por
primera vez
has puesto tantos
condicionantes
que hoy
sentí que ya no quiero verte
¿de qué sirve hacerlo?
me queda tu imagen
tu lejanía
y desde la semana pasada
cuando plena cruzaba un mundo por vos
cuando parecía que me ofrecías tu
universo
y yo me disponía a acompañarte
como nunca
como siempre
desde la semana pasada
a hoy
me detuviste en seco
palabra a palabra
yo me he quedado pensando
sin ganas casi de vernos
y he dejado una sola palabra
quiero
ya de nada sirve
¿para qué?
anteponer te
y decirte, te quiero.







16 de marzo de 2015

No estoy segura, Tulia Guisado

Si yo fuera el silencio
me acercaría a ti para decirte
que no estoy segura de estar
cerca de ti ni de querer hablar,
ni siquiera de estar en este momento
escribiendo que si yo fuera el silencio
me acercaría a ti para decirte
que no estoy segura de estar
cerca de mí ni de estar hablando,
ni siquiera de estar en este momento
escribiendo que si yo fuera silencio
me acercaría a ti para decirte
que a veces tanto silencio me oprime, y
que no estoy segura, no, de estar
cerca de ti ni sobre tu hombro leyendo esto
aunque quiera hacerlo.
Ni de estar ausente en ti
ni de estar vacía de ti siempre
ni siquiera de estar en este momento
escribiendo que si yo fuera el silencio
aprovecharía para acercarme a ti,
y callar, y apartar despacio el ruido
que pudiera molestarte: por ejemplo
mi llegada, inesperada, o tal vez inoportuna.
Aprovecharía para acercarme a ti
y hablar, y decirte que estás hermoso hoy
que te sienta bien ese rubor de verme
tan cerca, porque me acercaría, para decirte
que no estoy segura de ser silencio
ni de poder aguantar así más tiempo, sin forma,
y sin espacio, sin manos, y sin pies, sin aliento,
que no estoy segura, no, de estar
cerca de nadie, si tú no estás cerca de mí.
Si yo fuera el silencio
me acercaría a ti para que vieras
qué frágil es el silencio estando contigo.
No, no estoy segura de tener carne y orejas
ni de abrir libros o cerrarlos ojos o las piernas
mientras fuera cae la noche como un juguete
para los demás, para distracción de los sonámbulos,
o pesadilla para los insomnes. Pero yo no estoy segura.
Ni siquiera de estar en este momento temblando,
susurrándote esto, porque, de hecho,
muy bien pudieras estar tú
equivocado pero bajo otra boca
que estuviera igual de lejos de mí que tú
–o equivocada yo– con otra piel
tu otro nombre, con tu otro oído tú
puesto en cualquier otro silencio
que no sea yo
o en cualquier otro modo de hablar
o de invocarte,
que no sea el mío,
y que funcione.



De qué hablo, Irene Gruss

Frente al mar hondo
uno debe callar hondamente.
Uno no debe caer y
emitir por esa caída el más íntimo
sonido.
Sólo se puede hablar frente al mar hondo
cuando la luz es tan alta que
se inquieta, cuando
nuestro movimiento es suave,
casi resignado (...)
El ruido del mar es demasiado fuerte para
uno,
para todos
a la vez.

Quieres nombrar otra vez, Blanca Wiethüchter

Según lo ayer aprendido
el encuentro del amor en la espesura,
el canto.
Todo parece tornar a un primigenio dorado
-lo dices secretamente-
sabes que las transformaciones
provienen de aquella señal en el cielo
que te hizo ver el otro aire de la luz
-el esplendor de un cuerpo de fuego
-dices-
que amas.
Las palabras van a tu encuentro
sin decir que son palabras
y son efímeros planetas.
Ahora que te sabes entre los surcos
-impaciente.
Ellas ignoran lo que deshacen
y también lo que hacen
cuando se trata de pronunciar otra vez
un cielo, una espada, un ángel;
aquel ángel que te guarda
y guardará a todos
de la grave inmensidad de los silencios.

Nada, Margaret Atwood

Nada como el amor para devolver
la sangre al lenguaje.
La diferencia entre la playa y sus
distintas rocas y fragmentos: rígida
escritura cuneiforme y la tierna y cursiva
de las olas, el hueso y las líquidas huevas de pez, el desierto
y la ciénaga salina, como un verde empujón
que nos saca de la muerte. Las vocales, regordetas
de nuevo como labios o dedos empapados, los mismos
que se mueven por estos
blandos guijarros como por la piel. El cielo no está
ni vacío ni lejano, sino cerca
frente a tus ojos, derretido, tan cerca
que puedes degustarlo. Sabe
a sal. Lo que te acaricia
es lo mismo que acaricias.


Lo rumorean varios signos, Alberto Girri

Que el verano está a las puertas
lo rumorean varios signos,
el de que la hora
de coincidir siembra y cosecha ya es,
el de que distinguimos
un plazo que finaliza, el término
de fatigas:
las con recompensa
y las sin ninguna, las de prepararnos
para cierta venida, inminente,
y las que se malgastan pretendiendo
alargar el tiempo disponible, añadir
un codo a las estaturas;
y el signo de una justa
discriminación al marcar diferencias,
entre mayordomos infieles
y mayordomos conscientes,
entre cumplidores de la Palabra
y distraídos que apenas oyen.

15 de marzo de 2015

De la capacidad de leer (II), Flavia Ricci

Va siendo hora que dejemos de hablar de leer únicamente como leer palabras escritas o dichas. Y que los letrados no tengan que ver solamente con letras ¿cómo llamar a quien lee sentimientos? ¿cómo nombrar a quién lee las miradas? ¿cómo mencionar a quien lee las historias que hay en mi piel, a la vista pero sin tanta evidencia? ¿Cómo decir de aquel que bucea por lo que no decimos .... y lo descifra? De momento ... esa persona solamente tiene nombre propio. Casi escapa a la gramática.




14 de marzo de 2015

De la capacidad de leer, Flavia Ricci

No digas que me comprendes ...
si en un ángulo de mi mirada
no pudiste leer "ven".
Si en un distraído
roce de mi mano
no pudiste leer "ojalá, ahora".
Si en un amanecer que llegaba,
irreverente,
no pudiste leer "no te vayas".
No digas que me has entendido,
si nunca supiste leer mi piel.





11 de marzo de 2015

Nombrar IV, Flavia Ricci

Él retorcía las dos palabras, las miraba y volvía a mirar, les daba vuelta, iba y venía nervioso, frotándose las manos, con el ceño fruncido. Yo lo miré y le dije "No hay caso che, con las palabras 'te amo' es así: vos no podés hacer nada. El significado no está en las palabras. Todo el poder lo tiene quien las pronuncia".

9 de marzo de 2015

Alberto Girri x 2

Lírica
Alberto Girri


Lo no previsto,
lo que con nombre de sarcasmo:
                         novísima luna de miel,
arrastras por dentro,
           y que afuera, juzgado y aislado
desde ciencias del comportamiento,
merecería rótulo más cierto,
                                        el de novísima
erotización del vínculo,
transparente caso, muy sabido
de acuerdo con estadísticas,
noticias sueltas, cuadros personales,
                                  y que tan por sorpresa
como se instaló se revertirá,
                    una tardía
exaltación que en la casi penumbra,
receptáculo de los desposados,
toca a pagar, te toca
corresponder con el recelo de que acaso
no transcurriera sino en ti,
                                        y ella intacta, lo femenino
examinándote, sobrepasándote
a fuerza de no conocer altibajos,
                        la femenina complacencia
de resistirse a transformaciones
de alta tensión y débil intensidad
en baja tensión y gran intensidad.


Cuarteto serioso
Beethoven, op. 95

Que tu percibir
vaya en sentido oblicuo,
nunca rasante,

no te desanime
lo relativo de su fidelidad
para ir discriminando, si prefieres
que te mueva hacia el principio
del placer o el de lo pasajero,
                       si comete
con lo que hacia ti fluye
interpretaciones abusivas,
espejismos,

y siendo así adquieras
confianza, el contacto
no tanto con sonidos, pausas, desenlaces,
cuanto con un estado
en que el escuchar te proyecta
a una superación de contrarios, opuestos,
un vaivén que tiene lo lejano
por próximo, por distante lo inmediato,
bajo por alto, alto por bajo,
y hasta reconocerte
en lo que más se empeña en transmitir:
                                        lo otoñal, cierta
opacidad como una censura
que la misma música infligiera
a sus propios límites,
                           su implícita
confesión de que no hay, ella, ninguna,
música que no se reserve
su secreto original,
                           ninguna ataviándose
para destacar la entera verdad, llana y seca,
descontando que entre sus cánones
se deslice la voluntad de insinuarla,
provocarla, proponernos varias.

8 de marzo de 2015

Dos poemas, Alejandra Pizarnik

La palabra que sana
Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa.

Cold in hand blues
y qué es lo que vas a decir
voy a decir solamente algo
y qué es lo que vas a hacer
voy a ocultarme en el lenguaje
y por qué
tengo miedo






3 de marzo de 2015

Ausencia, Fatiha Morchid

No digas que la ausencia tiene sabor a locura.
Cierra tus ojos
dondequiera que estés
me encontrarás
como el mar errante
que persiste entre las dos mareas
y nunca desfallece.






2 de marzo de 2015

Aprendizaje o el libro de los placeres (fragmento), Clarice Lispector

-¿Todavía no te has acostumbrado a vivir? –preguntó Ulises con intensa curiosidad. 
-No.
-Entonces es perfecto. Eres la verdadera mujer para mí. Porque en mi aprendizaje falta alguien que me diga lo obvio con aire extraordinario. Lo obvio, Lori, es la verdad más difícil de ver –y para no hacer solemne la conversación agregó sonriendo- ya Sherlock Holmes lo sabía.
-Pero es triste ver solamente lo obvio como yo y encontrarlo raro. Es tan raro. De repente es como si abriera mi mano cerrada y dentro descubriera una piedra: un diamante irregular en estado bruto. Oh Dios, ya ni siquiera sé lo que estoy diciendo.
Permanecieron en silencio.
-Nunca había hablado tanto –dijo Lori.
-Conmigo hablará toda tu alma, aún en silencio. Yo hablaré un día mi alma toda, y no nos agotaremos porque el alma es infinita. Y además de eso tenemos dos cuerpos que serán para nosotros un placer alegre, mudo, profundo.
Lori, ante la sorpresa encantada de Ulises, se ruborizó.

Biografía de un cuerpo, Ikram Abdi

Mi cuerpo es de la estirpe de la mar
Lo diseñé con dedos de pasión
lo incrusté con conchas de ira y seducción
cuando me harté de mis vendas
tal como sudario trenzado por el silencio
historia repleta de mandamientos

Mi cuerpo es de la estirpe de la letra
me lo pongo en la intemperie
me caliento en sus brazos
me quemo en las brasas de sus letras
y sobre un puñado de ceniza
con las piernas cruzadas, me siento
despojando mis letras fragmentadas de escombros
y redacto una elegía para Hallaj

Mi cuerpo es de la estirpe de la luz
cuando me abrazó
me orienté hacia mí
y me encontré como imaginaba
una mujer quebrada

Mi cuerpo es de la estirpe de la enredadera
en la sombra nos encontramos
sus hojas silvestres cuelgan sobre mi torso
echo hojas
y mi cuerpo desierto se descubre

Mi cuerpo es de la estirpe de los gitanos
de sus cadenas oxidadas elaboro
pulseras y sortijas
en él enciendo las velas de Lorca
y lo monto cuando se me hacen estrechos
los mapas de este cuerpo.




Somos en el silencio, Ana Muela Sopeña

Somos en el silencio unos aliados
que pactan con la música del bosque,
para poder vivir casi sin agua.

Somos en la distancia compañeros
que buscan las raíces de los árboles
porque hay poco alimento en nuestra tierra.

Somos en lejanía las palabras
que se unen con los restos de la infancia
a través del asombro de lo cóncavo.

Somos identidades en el sueño
que huyen a los márgenes
de la verdad desnuda y primigenia.

Somos dos individuos de la especie
que respiran sin pánico al unísono,
por el placer tan sólo de estar juntos.

Poco a poco el instinto nos redime
de tantos sinsabores de la herida
que reside sin piel, en nuestro cuerpo.

Somos tan sólo espíritus sin rostro
que escapan de relojes de locura,
para sobrevivir ante el vacío.





Hablar de amor, Eira Stenberg


Hablar de amor,
de lo que no se puede hablar -
de ese callejón sin salida que es el espejo
de donde alguien pende de cabeza
en un árbol invisible
con las piernas atenazando una rama
como si luchase contra la gravedad
y abriese la boca
sin emitir sonido alguno.

O hablar
como si el amor fuese una puerta
y el pesar su llave
y detrás de la puerta un árbol en llamas
ahora visible,
un feto estirase las piernas y emergiese
a la superficie,
y te hablase, juglar
que arrojas tu cabeza de una mano a la otra
como un dado,
y te tendiese una hoja fresca
acabado el diluvio.


Tales personas, Solja Krapu

No abundan tales personas
con las que se podría tener ese
contacto directo
donde sólo una mirada
es un cable de acero puesto a temblar

Quizás no hubo ninguno de ésos
en tu clase en la escuela elemental
nadie que estuviera parado
observando a la gente un viernes a la noche
en el Dragón Azul
Ninguna de esas personas en el radio que abarca la mirada

Esas personas están dispersas al azar
a lo largo del tiempo
y a lo ancho del mundo
Quizás alguien tenía como
el proyecto de su vida el buscarte
aunque demasiado temprano
o demasiado tarde
y en un lugar completamente alejado
contando desde tus pies

Y tú estás ahí sentado
en una silla pintada de amarillo
en una casa de campo solitaria al borde de una tala
Quizás existan siete u ocho
personas apropiadas para ti que
exactamente ahora suben y bajan en una escalera
en un pasillo cargado de ecos
con una taza de café vacía
y que no pueden hacerse a la idea
de pedir prestado un poco de pan rallado
a ninguna otra persona
más que a ti

Y él, ése allí que vive en pareja tan feliz
él quizás eligió así
como se elige entre distintos tipos de polvo para lavar la ropa.




Nombrar (III), Flavia Ricci

He estado en todos esos sitios ¿Vas a decirme que no es verdad porque no los nombro? He sentido cada minuto de tu ausencia ¿o es que no ves la verdad porque no tiene nombre aquello? Te amo profundamente en cada mirada y pensamiento. Y desde luego, sería más cómodo nombrar. Pero quiero saber si sos capaz de creer en mi mirada y pensamiento. Si ves lo que yo veo al mirarte, en definitiva si te ves a través de mi mirada. Sin ponerle nombre a esto, sin nombrar letra a letra lo que pasa. Tan sólo entender lo que quiero decir cuando te miro y vos ves esa mirada, que a vos te mira detenidamente.





24 de febrero de 2015

Compartir el código, Flavia Ricci

Hablaba así: palabras a medias, medias frases, como si buscara la complicidad de quien la viera o escuchara, compartir el código. Mensajes de hashtag, a medias todo. Pero yo no trepaba por los significados ayudada por mis deseos, sencillamente no la entendía. Autores comunes, películas vistas, paisajes compartidos ¿así era? Se me antojaba superficial. La palabra se le atoraba en la garganta.

Un día le pregunté qué quería de mí, qué buscaba. Y me dijo que no sabía, que suponía que llamar mi atención. Hablar a medias para que quizás, sin entenderla, le preguntara algo.


23 de febrero de 2015

Las aguas del mar (fragmento), Clarice Lispector

Ahí está él, el mar, la más ininteligible de las existencias no humanas. Y aquí está la mujer, de pie en la playa, el más ininteligible de los seres vivos. Como el ser hu­mano hizo un día una pregunta sobre sí mismo, volvién­dose el más ininteligible de los seres vivos. Ella y el mar.

Sólo podría haber un encuentro de sus misterios si uno se entregara al otro: la entrega de dos mundos incognos­cibles hecha con la confianza con que se entregan dos comprensiones.

Ella mira el mar, es lo que puede hacer. Y su mirada está limitada por la línea del horizonte, es decir, por su incapacidad humana de ver la curvatura de la Tierra.

22 de febrero de 2015

No vas a entender nunca, Flor Codagnone

No vas a entender nunca mis lugares,
ni que los apropie y los quiera y los extrañe.
No sabés de mis calles ni de mis cortadas
ni de lo que sigue girando
en la calesita de la infancia.
No vas a entender esta tristeza
que es mía y que duele un cuerpo
recortado grave vacío conectado cosido.
Ni mis usos del lenguaje, ni mis deseos,
ni las pocas cosas de mí en las que creo.
Hay santas herejías de las que adolezco.



20 de febrero de 2015

Las manos, Moisés Mato

Mira mis manos. Quisiera que fueran ellas las que te hablaran. Son más verdad que mis palabras. Las manos no acostumbran a mentir. Cuando trabajaron lo hicieron sin oponer resistencia, cuando abrazaron lo hicieron sin miedo. Estas manos vieron nacer y ayudaron a morir. Fíjate. Cada pequeña línea ha sido esculpida muy lentamente. Con el paso del tiempo me siento incapaz de reconocer qué líneas se dibujaron como una huella de la alegría y cuáles aparecieron con un grito de dolor. No importa, todas me pertenecen, juntas definen mi existencia.

¿Sabes? Puedes acostumbrarte a las manos. Naces con ellas y no te das cuenta. Pero un día descubres que ellas lo son todo. Lo que ellas no han tocado no fue. Lo que ellas no han acariciado se perdió, lo que no han agarrado con fuerza se escapó.

Déjame ver tus manos.




17 de febrero de 2015

Cómo decir de pronto, J. Prilutzky

Cómo decir de pronto

Cómo decir de pronto:
tómame entre las manos,
No me dejes caer. Te necesito:
acepta este milagro,
tenemos que aprender a no asombrarnos
de habernos encontrado,
de que la vida pueda estar de pronto
en el silencio o la mirada.
Tenemos que aprender a ser felices,
a no extrañarnos
de tener algo nuestro.
Tenemos que aprender a no temernos
y a no asustarnos
y a estar seguros.
y a no causarnos daño.


Dame tu brazo, amor, y caminemos

Dame tu brazo, amor, y caminemos,
dame tu mano y sírveme de guía.
Ya no quiero saber si es noche o día:
mis ojos están ciegos. Avancemos.

Dame tu estar, amor, en los extremos,
tu presencia y tu infiel sabiduría:
por los caminos de la sangre mía
ya no sé si es que vamos o volvemos.

Y no me digas nada. No es preciso.
Deja que vuelva al pórtico indeciso
desde donde no escucho ni presencio:

Todo fue dicho ya, tan a menudo,
que ahora tengo miedo, amor, y dudo
de aquello que está al borde del silencio.





15 de febrero de 2015

Tiempo hacia atrás, Flavia Ricci

"Lo que eres  me distrae de lo que dices".
Pedro Salinas



Y si bien es cierto que todo tiene proyección, yo parto de vos. De vos hacia atrás. No son solamente las palabras que salen por tu boca, o las que escribís, por ejemplo. No son los movimientos que hacés para llegar a mí, o a cualquier sitio. Démosle una vuelta al tiempo, que Kairós, Kronos y Aión desplieguen todos sus mundos y universos. Entonces parto de vos ¿de quién si no? ¿De dónde si no? Y no vuelo encima de tus palabras que quieren llevarme a un significado que se encuentre con mis conceptos. Mejor aun, me detengo en tu boca, en el momento anterior al sonido, en ese que dio origen desde tu adentro a lo que querés decir(me). Y más aun, en el momento en que pensaste eso que querés decirme. Y más, en el instante en que, aun cuando no nos habíamos encontrado, ni nos mirábamos, se formó en vos la imagen mental de toda la escena: lo que ibas a decirme, la decisión de hacerlo, el movimiento de tu boca y el sonido de aquellos fonemas. No es que solamente me quede con las palabras, tuyas, que ahora compartís conmigo y yo sobrevuelo en busca de significados y significantes, de interpretaciones sin ruido, donde apelo a todos lo que sé o imagino. Eso sería ir de tu boca hacia afuera. Pero yo me sumerjo y nado hacia tu interior, hacia tus manos sobre el teclado cuando se disponen a escribir palabras elegidas, hacia tu mente que sabe lo que va a escribir. Kronos, Aión y Kairós, que se mezclen todos los tiempos en uno, o que desplieguen los pliegues del tiempo. Yo me sumerjo por las aguas de tu pensamiento, escalo montañas enteras sin miedo al silencio. Hay un tiempo que viene de todos los tiempos. Hay un camino que proviene de otro camino, más adentro. Hay muchos pliegues, yo no me pierdo, en los pliegues del tiempo. Tu tiempo.




14 de febrero de 2015

Suelta, Flavia Ricci

Pero yo, le dijo mirando toda la extensión de su brazo que finalizaba en sus manos aferradas, no temo dejar que mi mano descanse. Y tú, tú verás si quieres aferrarte. Muchas personas verán nuestra sagrada, inexplicable unión y querrán imitarla algunos, otros quebrarla. Quizás hubiese sido más fácil mantenernos en secreto. Pero ¿sabes qué? la energía nos sobrepasa. El mar nos llama, aquí mismo donde estamos, es la arena la que nos cuenta todas las respuestas. Silencio. No voy a mantenerme mucho más aferrando tu mano si no siento que una fuerza contrarresta mi fuerza. Porque en la unión de nuestras manos está la unión, y no en mi fuerza aferrando tu mano. No temo que nadie se interponga, ni lo que de mí te cuenten. Así le dijo. No temo a la verdad ni a que descubras mis más profundos pensamientos, porque así es la verdad. No le temo a la pureza ni al silencio. No le temo al tiempo. No le temo a darme cuenta que si te suelto no aferre tu mano la mía. Antes de haberse aferrado, le dijo, yo veía toda esa energía. 

Así habló el Dragón de fuego, en silencio. Y todo cambió. El mar. Y la arena. 





No se trata de hablar + Las distancias no miden lo mismo, R. Juarroz

No se trata de hablar

No se trata de hablar,
ni tampoco de callar:
se trata de abrir algo
entre la palabra y el silencio.
Quizá cuando transcurra todo,
también la palabra y el silencio,
quede esa zona abierta
como una esperanza hacia atrás.
Y tal vez ese signo invertido
constituya un toque de atención
para este mutismo ilimitado
donde palpablemente nos hundimos.



Las distancias no miden lo mismo

Las distancias no miden lo mismo
de noche y de día.
A veces hay que esperar la noche
para que una distancia se acorte.
A veces hay que esperar el día.
Por otra parte
la oscuridad o la luz
teje de tal manera en ciertos casos
el espacio y sus combinaciones
que los valores se invierten:
lo largo se vuelve corto,
lo corto se vuelve largo.
Y además, hay un hecho:
la noche y el día no llenan igualmente el espacio,
ni siquiera totalmente.
Y no miden lo mismo
las distancias llenas
y las distancias vacías.
Como tampoco miden lo mismo
las distancias entre las cosas grandes
y las distancias entre las cosas pequeñas.





12 de febrero de 2015

Contar, Flavia Ricci

Vos contame, como si yo no supiera, de dónde viene esa larga mirada o esa espalda cansada. Contame, porque a medida que nombrás constato lo que sé, todo lo que percibo, lo que leo en vos. Pero entiendo que necesites verbalizar todos esos sentimientos, enumerar hechos cronológicamente para que quizás se ordenen en tu mente. Cuando me hablás, no es que vea lo que me decís en ese momento, sino que entiendo tus palabras como simples fonemas que se unen para dar sentido a todo aquello que tenés dentro. Nombrar es asumir. Luego de decir compartiremos lo que sabemos. Y esa intimidad que me regalás te la agradezco y valoro. 
Las palabras son simples hilos que salen de tu boca pero, yo que te leo, me comunico en silencio. Esos hilos vienen de adentro, de muy adentro. Y salen cuando nombrás. 
Yo te escucho, como siempre, atentamente. Pero son tus manos las que antes hablaron, son tus ojos o mejor, tu mirada, es cada uno de tus movimientos, son tus palabras, acuciantes, desmedidas, angustiadas, que trepan por donde sea con tal de llegar a destino. Son telas, sonrisas, luces, tiempo. Son sonrisas por descubrir y sonrisas por recordar. Es una caminata que ha de llegar. Es un mar que debo regalarte. Es el silencio que nos invade. Ese silencio que se llena de compañía y no precisa palabras. Contame, necesitás asegurarte que te escuche y que sí, es cierto, que lo sé. Pero date cuenta que lo sé antes de que lo cuentes, porque desde antes he estado atenta. Porque cualquier diálogo se inicia en silencio. Ese silencio que tiene tanto de presencia, de sin palabras. Pero vos contame, yo te escucho atenta.


9 de febrero de 2015

Todo lo que en vos resuena, Flavia Ricci

Te asusta y evitás nombrar. De la boca para afuera. Escribir, liberar lo que sale de tu mente. Dejar las manos sueltas y respetar su recorrido.
Pero la realidad no se deshace, ni se desanda. Pero entonces las palabras recorren tu cuerpo, remolinean en tu pecho y se atrincheran en tu mente, donde resuenan como eco. Invaden y se apropian de tus sueños. Pero entonces día tras día callás. Y no hay mucho que decir: te miro y las leo, claramente. En silencio.



28 de diciembre de 2014

La luna y la muralla china (fragmento), M. Zariello

16
No fue un deseo sexual lo que me llevó a besarlo, menos después de verlo reír adelante del monitor. Él lo tomó para otro lado y me acarició la espalda. Siempre hace lo mismo. Se cree que está siendo el Señor Sexy rascándome la espalda. Me metí otra vez en la cama y me di vuelta para el lado de la mesa de luz. No lo veo, pero se levantó de su silla. Se decidió con una hora y media de atraso. Carece de timing para el amor. Nunca vi a nadie equivocarse tanto en la materia.

27 de diciembre de 2014

Hotaru (fragmento), S. Kawamichi

No sé por qué todo me parece más pequeño.
El mar, el cielo.
El pasado, el futuro.
La oscuridad, el silencio.
Es como si mis ganas de amarte lo hubieran
empequeñecido todo.

25 de diciembre de 2014

Descubrimientos, C. Lispector




Cosmonauta en la Tierra (fragmento)
Si yo fuera el primer astronauta, mi alegría sólo se renovaría cuando un segundo hombre volviera allá desde el mundo: pues también él lo habría visto. Porque "haber visto" no es sustituíble por ninguna descripción: haber visto sólo se compara con haber visto. Hasta que otro ser humano también hubiera visto, yo tendría dentro de mí un gran silencio, aun cuando hablara. Consideración: supongo la hipótesis de que alguien en el mundo ya haya visto a Dios. Y nunca haya dicho una palabra. Pues si ningún otro lo vio, es inútil decirlo.

Dificultad de expresión
La dificultad de encontrar, para poder expresar, eso que sin embargo está allí, da una impresión de ceguera. Es entonces cuando se pide café. No es que el café ayude a encontrar la palabra pero representa un acto histérico-liberador, es decir, un acto gratuito que libera.

 


24 de diciembre de 2014

Perfil de un ser elegido, C. Lispector

Aun muy joven, era un ser que elegía. Entre las mil cosas que podría haber sido, había ido eligiéndose. En un trabajo para el cual usaba lentes, entreviendo lo que podía y palpando con las manos húmedas lo que no veía, el ser había ido eligiendo y por eso indirectamente se elegía. De a poco se había juntado para ser. Separaba, separaba. En relativa libertad, si se descontara el furtivo determinismo que había dirigido discreto sin dar un nombre. Descontado ese furtivo determinismo, el ser elegía ser libre. Separaba, separaba la llamada cizaña del trigo, y lo mejor, lo mejor el ser lo comía. A veces comía lo peor: la elección difícil era comer lo peor. Separaba peligros del gran peligro, y era con el gran peligro que el ser, aunque con miedo se quedaba; solo para sopesar con gusto el peso de las cosas. Apartaba de sí las verdades menores que terminó por no llegar a conocer: quería las verdades difíciles de soportar. Por ignorar las verdades menores, el ser ya comenzaba a aparecer a los otros como rodeado de misterio: por ser ignorante era un ser misterioso. Se había convertido en una mezcla de lo que pensaban de él y de lo que él realmente era: un sabio ignorante, un sabio ingenuo; un olvidado que muy bien sabía de otras cosas; un sonso honesto; un pensativo distraido; un nostálgico sobre lo que había dejado de saber; un nostalgioso por lo que definitivamente al elegir había perdido; un valiente por ser demasiado tarde y ya haberse elegido. Todo eso, contradictoriamete, le dió al ser una alegría discreta y saludable de campesino que sólo lidia con lo básico. Y todo eso le dio la austeridad involuntaria que todo trabajo intelectual da. Elección y ajuste no tenían hora precisa de comenzar y terminar, duraban en realidad el tiempo de una vida.
Todo eso, contradictoriamente fue dando al ser la alegría profunda que necesita manifestarse, exponerse y comunicarse. Pasó a darse a través de la pintura. En esa comunicación el ser era ayudado por su don innato de gustar. Y eso ni lo había juntado ni lo había elegido. En efecto, era una don. Le gustaba la profunda alegría de los otros, por el don innato descubría la alegría de los otros. Por don, también era capaz de descubrir la soledad que los otros tenían. Y también por don, sabía profundamente jugar el juego de la vida, transformándola en colores y formas. Sin siquiera sentir que usaba su don, el ser se manifestaba: daba sin percibir, amaba sin percibir que a eso llamaban amor. El don era como la falta de camisa del hombre feliz: como el ser sentía muy pobre y no tenía qué dar, el ser se daba. Se daba en silencio, y daba lo que había juntado de sí, así como quien llama a los otros para que también vean.
Poco a poco el equívoco pasó a rodear al ser: los otros miraban al ser como a una estatua, como a un retrato. Un retrato muy rico. No comprendieron que para el ser, haberse reunido, había sido trabajo de despojamiento y no de riqueza. Por equívoco, el ser era festejado. Pero sentirse amado sería reconocerse a sí mismo en el amor recibido, y aquel ser era amado como si fuera un otro ser. El ser vertió las lágrimas de una estatua que de noche en la plaza llora sin moverse. Nunca la oscuridad había sido mayor en la plaza. Hasta que de nuevo amanecía y el ser renacía. El ritmo de la tierra era tan generoso que amanecía. Pero de noche, cuando llegaba la noche, de nuevo oscurecía. La plaza de nuevo crecía en soledad. De miedo, los que habían elegido dormían: ¿miedo porque pensaban que tendrían que vivir en la soledad de la plaza? No sabían que la soledad de la plaza había sido sólo el lugar de trabajo del ser. Pero que él también se sentía solo. El ser se prepara toda la vida para ser apto del lado de afuera de la plaza. Es verdad que el ser, al sentirse listo, así como quien se baña con óleos y perfumes, notó que no le había sobrado tiempo para existir como los otros: era diferente sin querer. Algo había fallado porque, cuando el ser se veía en el retrato que los otros habían sacado, se espantaba humilde frente a lo que habían hecho de él. Habían hecho de él, nada más, nada menos, que un ser elegido. Es decir, lo habian sitiado. ¿Cómo deshacer el equívoco? Por simplificación y economía de tiempo, habían fotografiado al ser en una única pose y ahora no se referían a él sino a la fotografía. Bastaba abrir el cajón para sacar de adentro el retrato. Cualquiera conseguía una copia que, además, costaba barata.
Cuando le decían al ser: te amo, el ser se perturbaba porque ni siquiera podía agradecer: ¿y yo?, ¿por qué no a mi también?, ¿por qué sólo a mi retrato? Pero no reclamaba, pues sabía que los otros no se equivocaban por maldad. El ser, a veces, por una cuestión de soledad, intentaba imitar la fotografía, lo que no obstante terminó por volverla más falsamente auténtica. A veces él se confundía todo: no aprendía a copiar el retrato, y se había olvidado de cómo era sin el retrato. De modo que, como se dice del payaso que siempre rie: el ser a veces, por así decir, lloraba bajo su callada pintura de bobo de la corte. Entonces intentó un trabajo subterráneo de destrucción de la fotografía: hacía o decía cosas tan opuestas a la fotografía que esta se erizaba en el cajón. Su esperanza era volverse más vivo que la fotografía. Pero, ¿qué ocurrió? Ocurrió que todo lo que el ser hacía en realidad sólo iba a retocar el retrato, adornarlo.
Y así fue yendo, hasta que, profundamente desilusionado en las más legítimas aspiraciones, el ser moría de soledad. Pero terminó saliendo de la estatua de la plaza, con gran esfuerzo, teniendo varias caidas, aprendiendo a pasear solo. Y, como se dice, nunca la tierra le pareció tan bella. Reconoció que ella era la tierra para la cual se había preparado: pues no se había equivocado, el mapa del tesoro tenía la indicaciones correctas. Paseando, el ser tocaba todas y, aun solitario, sonreía. El ser había aprendido a sonreir solo.

10 de diciembre de 2014

Blanes, Flavia Ricci

Nada como irnos entre semana a Blanes. Un amigo que nos había dejado las llaves de su piso y yo que iba a relajarme, vos a estudiar. Nada como ir de forma despreocupada cuando todo está por escribirse, cuando nadie fastidia ni los móviles suenan. Había una cama de una plaza, había otra cama de dos. Entré a la cocina y vi esa enorme cafetera: vos sonreíste. Salimos a caminar sin haber deshecho los bolsos. Bajamos hasta la costa por aquel camino serpenteante que en cuanto hablabas retenía tu eco. Llegamos al mar, dimos una vuelta y tomamos unas cervezas. Al otro día me levanté temprano a comprar croissants para el desayuno mientras vos dormías. A la tarde caminamos hasta la playa, entramos al mar y llegamos a una roca, donde nos sentamos a mirar el atardecer. Subió la marea y allí nos quedamos. Me propusiste no volver ese domingo a Barcelona, sino quedarnos allí una noche más y coger un tren temprano en la mañana. Sonreí aliviada, era lo que quería en alguna parte de mi mente. Vos me ganaste al nombrarlo. Subimos por otra callecita angosta y a mano izquierda me llamó la atención un restaurante pequeño y medieval. Entramos. Estaba abierto. Cenamos. Reímos en aquella callecita angosta mientras regresábamos al piso. No puedo recordar el nombre de aquella calle, ni del restaurante. Todo lo demás, ya ves, lo recuerdo.

6 de noviembre de 2014

Once again, Flavia Ricci

Señalo
Apunto 
Nombro
Miro 
Sonrío
Invito

Es a vos
Sos vos
¿Qué duda cabe?
Pero es más cómodo 
seguir con las intrigas.




sin embargo

No es tu silencio
No es un vacío
No es que no podamos comunicarnos
No llego a comprender
No puedo poner en palabras
Qué te pasa conmigo

De tantas, tantísimas, cosas que te pasan
Y que vos tampoco
podés poner en palabras.

Hay más allá detrás del "sí"
Una proyección
Un momento que pasó del "no sé"
Ahora quiero, ahora con vos
Y sin embargo
tanta intensidad
si no encuentra tu mano
tu cuerpo
tu mirada
Se va
He aprendido
a irme hasta sonriendo
No creas que siempre habrá algo detrás del "sí".
Estoy aprendiendo incluso a que no haya
ningún "sí" porque sí.
Ni porque vos.







Ninguna, Flavia Ricci

- Es el momento, ninguna está enamorada de nadie.

- Claro, se nota.

- Es nuestro momento.

- Ninguna está enamorada de nadie. Nadie. Ninguna.

- ...

1 de noviembre de 2014

La loca de la casa, Rosa Montero


Hablar de literatura, pues, es hablar de la vida; de la vida propia y de la de los otros,de la felicidad y del dolor. Y es también hablar del amor, porque la pasión es el mayor invento de nuestras existencias inventadas, la sombra de una sombra, el durmiente que sueña que está soñando. Y al fondo de todo, más allá de nuestras fantasmagorías y nuestros delirios, momentáneamente contenida por este puñado de palabras como el dique de arena de un niño contiene las olas en la playa, asoma la Muerte, tan real, enseñando sus orejas amarillas.