22 de junio de 2012
Centro del hombre, Luis Cernuda
"Por unos días hallaste en aquella tierra tu centro, que las almas tienen también, a su manera, centro de la tierra. El sentimiento de ser un extraño, que durante tiempo atrás te perseguía por los lugares donde viviste, allí callaba, al fin dormido. Estabas en tu sitio, o en un sitio que podía ser tuyo; con todo o con casi todo concordabas, y las cosas, aire, luz, paisaje, criaturas, te eran amigas. Igual que si una losa te hubieras quitado de encima, vivías como un resucitado." (Centro del hombre, en Variaciones de un tema mexicano, 1952).
21 de mayo de 2012
Frente al mar, Alfonsina Storni
Oh mar, enorme mar, corazón fiero
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.
Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
«Piedad, piedad para el que más ofenda».
Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.
¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.
Me empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.
Mar, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas se abría...
Ah, yo soñaba ser como tú eres.
Mírame aquí, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.
Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza.
¡Aire de mar!... ¡Oh, tempestad! ¡Oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.
Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y la equivoca;
Pequeña vida que dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!
Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...
La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele.
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.
Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
«Piedad, piedad para el que más ofenda».
Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.
¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.
Me empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.
Mar, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas se abría...
Ah, yo soñaba ser como tú eres.
Mírame aquí, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.
Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza.
¡Aire de mar!... ¡Oh, tempestad! ¡Oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.
Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y la equivoca;
Pequeña vida que dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!
Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...
La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele.
Imagen: bendahan.com
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21 de abril de 2012
1Q84, Haruki Murakami
“It is not that the meaning cannot be explained. But there are certain meanings that are
lost forever the moment they are explained in words.” — Haruki Murakami, 1Q84.
lost forever the moment they are explained in words.” — Haruki Murakami, 1Q84.
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| Imagen de http://es.paperblog.com/ |
22 de enero de 2012
"Cada uno crece solamente si es soñado", Danilo Dolci
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| DANILO DOLCI |
“Hay quien enseña guiando a los otros como a un caballo, paso por paso: quizás, hay quien se siente satisfecho cuando es así guiado.
Hay quien enseña alabando todo lo que encuentra de bueno y divirtiendo: hay también quien se siente satisfecho al ser estimulado.
Hay también quien educa, sin esconder el absurdo que hay en el mundo, abierto a todo lo que sea mejor, pero procurando ser franco con el otro como consigo mismo, soñando a los otros como aun no son: cada uno crece, solamente si es soñado”.
Ubicación:
Tres Arroyos, Buenos Aires, Argentina
15 de enero de 2012
H, Flavia Ricci
Si buscás, seguramente de aquel ex encuentres trozos rescatables que ni siquiera conocías. Eso no quiere decir que desees regresar. Una siempre quiere cosas nuevas, nuevas vivencias, nuevas personas. O al menos aquellas que aun no han sido exploradas lo suficiente. "El cielo no es el límite", dice Keret. Y pienso en vos una vez más ...
8 de enero de 2012
Tengo, Flavia Ricci
No tengo tus libros,
no tengo tu ropa,
ni tus zapatos,
ni tus juegos,
ni tus perfumes.
Y sin embargo tengo
tus aromas,
tus costumbres,
tus sonidos,
tus palabras,
tus sonrisas,
tus abrazos,
tus besos,
tus partidas,
tus regresos,
tus locuras,
tus salidas,
tus noches,
tus días.
Todo aquello que veo
con los ojos cerrados
o abiertos.
no tengo tu ropa,
ni tus zapatos,
ni tus juegos,
ni tus perfumes.
Y sin embargo tengo
tus aromas,
tus costumbres,
tus sonidos,
tus palabras,
tus sonrisas,
tus abrazos,
tus besos,
tus partidas,
tus regresos,
tus locuras,
tus salidas,
tus noches,
tus días.
Todo aquello que veo
con los ojos cerrados
o abiertos.
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Tres Arroyos, Buenos Aires, Argentina
2 de octubre de 2011
Jeri, Flavia Ricci
Allá, por
2001, llegué desde Catalunya a Brasil. Mi destino no era el sur, ni el típico Río
o el enorme San Pablo. Yo quería ir al nordeste. Sin embargo, pasé días también
en esas ciudades. Contaba con un mes por delante. Una noche llegué a Fortaleza,
desde Bahía. Era casi de madrugada y no recuerdo muy bien cómo terminé en el
hotel en donde me instalé. Recuerdo que todo era blanco. Recuerdo el calor.
Recuerdo que estaba por la Praia
de Iracema. Recuerdo dos chicos, uno más guapo que el otro, que me invitaron a
tomar algo. Recuerdo una discoteca enorme en la playa, bailar, aquello era la
felicidad. Y sin haber dormido ni siquiera una noche, pregunté al encargado del
hotel cómo llegar a Jeri. Me dijo que le diera unos minutos, que él se
encargaba de todo. En menos de media hora me dijo lo que iba a costarme el
autobús desde Fortaleza hasta Jijona y desde Jijoca el vehículo 4x4 que me
trasladaría hasta Jeri. También me había reservado algunas noches en un hostal
a unos 150km de la playa, en Jeri y mi regreso a Fortaleza. Acepté enseguida.
Pasaron a
buscarme en un pequeño autobús con más gente. A todos ellos también los había
recogido en sus casas u hoteles. Muchos no eran turistas. Yo sí. Entredormida
me dejaba mecer por el vaivén del autobús. El calor del nordeste de Brasil se
hacía sentir cada vez más. Era un calor pegajoso. Húmedo.
En Jijoca
nos hicieron bajar a todos para subirnos al 4x4. Con mi maleta, que además de
enorme ponía Air France en su frente, todos murmuraban como si yo fuese
francesa. Algo de su portugués entendía, aunque poco porque en el nordeste
hablan muy rápido y quitan algunas sílabas.
El viaje en
esa 4x4 a través de las dunas, esos cerca de 20km, se hicieron eternos. Mi
maleta ocupaba un espacio como si fuese una persona más. Yo casi no podía estar
despierta del cansancio.
Llegamos
aun de noche a Jeri. Me preguntaron en qué hotel iba a alojarme y yo casi había
olvidado el nombre. Dije uno que me pareció que era y jamás pude saber si
realmente había una reserva a mi nombre en ese sitio o de casualidad caí allí.
Me acosté
enseguida sin mirar dónde ni la hora. A las pocas horas, sobre las 5 de la
mañana, todos parecían haber despertado, así que yo también salí de la cama.
El
encargado de ese hostal dejó a solas el sitio para ir por pan y leche frescos. Comí
como una reina y salí hacia la playa.
Fue una de
las veces, pocas, en que lloré frente a un paisaje. Aquello era belleza pura.
Impresionante. Indescriptible.
Me sequé
las lágrimas y me dejé caer bajo el sol en una hamaca brasilera. De vez en
cuando pasaban algunos caballos por la playa. De vez en cuando se veían las
jangadas en la orilla del mar.
Y entonces,
como si de repente tuviese que abrir los ojos, lo ví. Un joven como yo venía
directamente hacia mí.
Hablamos,
me explicó lo que hacía allí, me dijo cómo era Jeri antes y como la estaban
transformando en un área turística, contaminada, desprotegida. Me habló de su
Brasil y yo de mi Argentina.
Pasaron
días y noches, rápidamente. Entre almuerzos de pescados y mariscos y cervezas
do Brasil. Entre el sol y aquellas playas únicas. Entre charlas un poco en
portugués, un poco en español. Me dijo que tal vez fuese al año siguiente a
Barcelona, me pidió que le explique cómo era aquello.
Marché de
Jeri a los pocos días. Con el mismo desconcierto con el que había llegado: sin
saber si tenía que irme con aquella gente en aquel vehículo 4x4. Nunca me
terminé de creer que el encargado del hotel de Fortaleza hubiese hecho aquellas
reservas de traslados y alojamiento. Pero lo cierto es que llegué nuevamente
allí.
Al año
siguiente mi amigo brasilero llegaba a Barcelona. Vinieron días de sambas,
feijoada, risas y anécdotas. Pero esa … esa es otra historia.
![]() |
| Jericoacoara |
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Brasil.,
jericoacoara
Ubicación:
Jijoca de Jericoacoara - Ceará, Brasil
27 de septiembre de 2011
Café, Flavia Ricci
Después de tantos años disfrutando meterme en diversos bares a pasar el tiempo, una va haciendo ciertos arquetipos de acuerdo a las ciudades. Llego a un bar que promete wi-fi, desenfundo netbook y me conecto hasta que llegue la hora de la reunión que me ha llevado desde La Plata a Buenos Aires. Pido un desayuno porteño, de esos con un gran café con leche, zumo de naranja exprimido y con un hielo en vasito pequeño, tres medialunas y un servilletero que llega a último momento, cuando me traen el pedido.
Miro por Diagonal en sentido Plaza de Mayo, aunque estoy en un bar a 50 metros del Obelisco y tal vez hubiese sido más grato haberme sentado en sentido contrario. Pero yo quería conectarme al wi-fi y quedarme en mi burbuja cibernética unos minutos al menos. A mi lado hay una mesa con dos hombres con pinta de ejecutivos, de unos 45 años. Uno de ellos habla a los gritos y el otro en cambio casi no se escucha. Tal vez porque no habla nunca. El gritón habla de "grandes" proyectos, de invertir, poner dinero allá y sacarlo de acá, de que la tasa de interés y la Bolsa, de que su casa y la ampliación de su casa. Miro varias veces hacia su mesa pero él no me devuelve la mirada, sumido como está en sus grandes inversiones.
Y pienso en los cafés de Tres Arroyos: la gente hablando de la comida, Claromecó, los viajes, los chicos y el colegio. Pienso en que me gustan esas conversaciones, de esos cafés. Con gente distendida que se afloja la corbata. O quizás no usa, muy probablemente. Podría decir, claro, que se trata de un mal de las grandes ciudades: la gente que no se relaja ni se despega de las grandes inversiones que pretende hacer. Pero no.
Yo he estado en los cafés de Barcelona o de La Plata. Y la gente no es así. Vamos, no diría que no es así, pero al menos las conversaciones no son tan monotemáticas. Hay padres, madres, niños, abuelos, abuelas, tíos, familias, amigos. Pero los cafés de Buenos Aires los mediodías traen consigo oficinistas tristones, grises, solitarios y con "grandes" inversiones.
Al final me he quedado pensando en esto, así que no me conecté al wi-fi del bar. En cambio disfruté de un desayuno porteño mientras me imaginaba que estaba en un café del Borne, en ojotas. Que pedía croissants, un café con leche y un zumo de naranjas.
Disfruto enormemente del anonimato porteño, de los paseos, de sus lugares infinitos. Pero las conversaciones en los bares son extremadamente monotemáticas y parecidas.
Ya lo decía Benjamin Franklin: "No cambies la salud por la riqueza, ni la libertad por el poder".
Miro por Diagonal en sentido Plaza de Mayo, aunque estoy en un bar a 50 metros del Obelisco y tal vez hubiese sido más grato haberme sentado en sentido contrario. Pero yo quería conectarme al wi-fi y quedarme en mi burbuja cibernética unos minutos al menos. A mi lado hay una mesa con dos hombres con pinta de ejecutivos, de unos 45 años. Uno de ellos habla a los gritos y el otro en cambio casi no se escucha. Tal vez porque no habla nunca. El gritón habla de "grandes" proyectos, de invertir, poner dinero allá y sacarlo de acá, de que la tasa de interés y la Bolsa, de que su casa y la ampliación de su casa. Miro varias veces hacia su mesa pero él no me devuelve la mirada, sumido como está en sus grandes inversiones.
Y pienso en los cafés de Tres Arroyos: la gente hablando de la comida, Claromecó, los viajes, los chicos y el colegio. Pienso en que me gustan esas conversaciones, de esos cafés. Con gente distendida que se afloja la corbata. O quizás no usa, muy probablemente. Podría decir, claro, que se trata de un mal de las grandes ciudades: la gente que no se relaja ni se despega de las grandes inversiones que pretende hacer. Pero no.
Yo he estado en los cafés de Barcelona o de La Plata. Y la gente no es así. Vamos, no diría que no es así, pero al menos las conversaciones no son tan monotemáticas. Hay padres, madres, niños, abuelos, abuelas, tíos, familias, amigos. Pero los cafés de Buenos Aires los mediodías traen consigo oficinistas tristones, grises, solitarios y con "grandes" inversiones.
Al final me he quedado pensando en esto, así que no me conecté al wi-fi del bar. En cambio disfruté de un desayuno porteño mientras me imaginaba que estaba en un café del Borne, en ojotas. Que pedía croissants, un café con leche y un zumo de naranjas.
Disfruto enormemente del anonimato porteño, de los paseos, de sus lugares infinitos. Pero las conversaciones en los bares son extremadamente monotemáticas y parecidas.
Ya lo decía Benjamin Franklin: "No cambies la salud por la riqueza, ni la libertad por el poder".
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13 de agosto de 2011
Te digo que no, Flavia Ricci
Llega un momento en que aprendés
a decirle que no a los que padecen de soledad
y te eligen por no estar solos
no por lo que sos
Llega un momento en que te volvés selectiva
y no te enrrollás en relaciones con nombre
hasta no estar muy segura
Llega un momento en que podés alejarte de grupos
que son más de lo mismo
Llega un momento en la vida en que descartás personas
que digan 10 veces NO por cada SI que pronuncian
Llega un momento en la vida en que podés asumir lo que sentís
aunque algunos parezcan no escuchar y a otros simplemente
les dé vergüenza
Llega un momento en que te das cuenta
que no es tan complicado
que se puede
que es así
Y eso
eso
es ser feliz
a decirle que no a los que padecen de soledad
y te eligen por no estar solos
no por lo que sos
Llega un momento en que te volvés selectiva
y no te enrrollás en relaciones con nombre
hasta no estar muy segura
Llega un momento en que podés alejarte de grupos
que son más de lo mismo
Llega un momento en la vida en que descartás personas
que digan 10 veces NO por cada SI que pronuncian
Llega un momento en la vida en que podés asumir lo que sentís
aunque algunos parezcan no escuchar y a otros simplemente
les dé vergüenza
Llega un momento en que te das cuenta
que no es tan complicado
que se puede
que es así
Y eso
eso
es ser feliz
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mujeres.,
parejas
12 de agosto de 2011
El sonido de los pueblos, Flavia Ricci
![]() |
| Tres Arroyos |
El sonido de los pueblos es un poco esos zapatos de señora que andan por la calle, cerca del cordón de la vereda, y resuenan en el frente de cada casa por la que pasan. Es ese sonido lejano a pájaros, en algún nido, en algún árbol. Es ese sonido a gallos cantando durante el día desde algún gallinero. Es la radio, siempre AM, que se oye de fondo en cada taller o ferretería. Es el aroma a jabón en polvo en las góndolas del almacén de la esquina. Son los faroles de luz amarilla. Es el sonido del viento y el polvo que vuela indómito. Es quedarse en el jardín, al aire libre, y cerrar los ojos, mientras las palomas se escuchan mezcladas con el ronroneo de una F100 llena de tierra de campo. Es tocarse el pelo y notarlo duro. Es el ladrido de perros que no tienen raza y te miran detrás de unas rejas bajas. Es golpear la puerta en vez de tocar el timbre. Es un motor de Citroen 3CV que se esfuerza por avanzar en la calle. Es que llegue mi mamá con un pedazo de queso y unas aceitunas para acompañar mi vino y mis días, escuchando ... el sonido de este pueblo.
14 de julio de 2011
Miro su foto, Flavia Ricci
Miro su foto
En el mismo sitio donde estuve semanas atrás
Miro su foto
Estática
Él mira a la cámara y por detrás asoman
personas que vienen y van
Por ese mismo sitio
en el que estuve, reí y fui feliz
semanas atrás
del que me fui llorando
desconsolada
porque sólo sé yo lo que es irse de allí
Miro su foto
Él no sabe lo que esconde cada rincón
Cada persona, las que conozco
Las que podría conocer
Los sitios comunes
Y los que he recorrido en solitario
Las miradas, los murmullos, las sonrisas
Él no sabe que tu mar es mi cemento
Que tus noches son mis días
Y mis días tus noches
Miro su foto
e intento ver qué hay más allá
aunque me lo sé de memoria
Miro su foto
él tan ignorante de todo aquello
que para mí es la vida misma
mi vida
Miro su foto y entiendo
que mientras vos podrías cruzarte con él
yo estoy mirando su foto
que es como saber que vos
tal vez
podrías aparecer
por casualidad
en el fondo de esa foto
Mirándome
En el mismo sitio donde estuve semanas atrás
Miro su foto
Estática
Él mira a la cámara y por detrás asoman
personas que vienen y van
Por ese mismo sitio
en el que estuve, reí y fui feliz
semanas atrás
del que me fui llorando
desconsolada
porque sólo sé yo lo que es irse de allí
Miro su foto
Él no sabe lo que esconde cada rincón
Cada persona, las que conozco
Las que podría conocer
Los sitios comunes
Y los que he recorrido en solitario
Las miradas, los murmullos, las sonrisas
Él no sabe que tu mar es mi cemento
Que tus noches son mis días
Y mis días tus noches
Miro su foto
e intento ver qué hay más allá
aunque me lo sé de memoria
Miro su foto
él tan ignorante de todo aquello
que para mí es la vida misma
mi vida
Miro su foto y entiendo
que mientras vos podrías cruzarte con él
yo estoy mirando su foto
que es como saber que vos
tal vez
podrías aparecer
por casualidad
en el fondo de esa foto
Mirándome
Llevo tu corazón, Edward Estlin Cummings
Llevo tu corazón conmigo,
lo llevo en mi corazón.
Nunca estoy sin él
donde quiera que voy, vas tú
amada mía,
y lo que sea que yo haga
es tu obra.
No temo al destino,
ya que tu eres mi destino.
No quiero ningún mundo,
porque tu eres mi mundo, mi certeza.
Y eso es lo que eres tú.
Lo que sea que una luna
siempre pretendió,
lo que sea que un sol quiera ser.
Este es el secreto más profundo
que nadie conoce.
Esta es la raíz de la raíz,
el brote del brote,
el cielo del cielo
de un árbol llamado vida,
que crece más alto
de lo que el alma puede esperar
o la mente ocultar.
Es la maravilla que mantiene
a las estrellas separadas.
Llevo tu corazón.
Lo llevo en mi corazón.
lo llevo en mi corazón.
Nunca estoy sin él
donde quiera que voy, vas tú
amada mía,
y lo que sea que yo haga
es tu obra.
No temo al destino,
ya que tu eres mi destino.
No quiero ningún mundo,
porque tu eres mi mundo, mi certeza.
Y eso es lo que eres tú.
Lo que sea que una luna
siempre pretendió,
lo que sea que un sol quiera ser.
Este es el secreto más profundo
que nadie conoce.
Esta es la raíz de la raíz,
el brote del brote,
el cielo del cielo
de un árbol llamado vida,
que crece más alto
de lo que el alma puede esperar
o la mente ocultar.
Es la maravilla que mantiene
a las estrellas separadas.
Llevo tu corazón.
Lo llevo en mi corazón.
10 de julio de 2011
Fiktionland, Romina Paula y Gerhard Meister
“Rosa nació en la Argentina y vivió ahí toda su vida. La madre de Rosa fallece. Rosa no conoce a su padre. Lo único que de él tiene son algunas diapositivas. Se supone que su padre es alemán. Rosa considera la posibilidad de buscar a este hombre, para conocerlo. Rosa no conoce Europa. Bárbara, Evangelina y Raquel, tampoco. Todo lo que saben del primer mundo lo oyeron, vieron o leyeron. Ahora, pretenden aconsejar a Rosa. ¿Existe algo así como la pertenencia? ¿Existen las raíces, la herencia? ¿Existe un primer mundo, antiguo y estable? Lo que no puede no existir, es el discurso. Y si la tierra es del padre (patria), la lengua, es materna.”
29 de junio de 2011
Nada, de nadar. Flavia Ricci
Nado por las aguas superficiales, nada por las aguas profundas. Me lanzo al mar buscándote aun sin saber nadar muy bien. Me detengo, recuerdo, olvido, te encuentro, te pierdo. Y nado lejos, vuelo, canto, bailo. Todo era más fácil (si hubiésemos permanecido así, juntos). Pero recorrimos el camino más difícil. Y aquí estamos. Yo nadando ¿vos?
16 de junio de 2011
Invitación al viaje, Carlos Ruiz
¿Y ahora para qué regresar si tengo la felicidad? Pero curiosamente cuando se descubrieron los secretos de la nueva tierra, cuando se vio la cara oculta de la aventura, resulta que entonces empieza inesperadamente a retornar la memoria. Una nueva memoria, un recuerdo de lo dejado, envuelto en ternura y añoranza, sin rencores ni nostalgias, sin odio ni pasión. Sólo con cariño, con deseo de cercanía, con ganas de volver a dar tánto de lo que se ha aprendido. Te llenaste el corazón de novedad y quieres ir a devolverla a la tierra que te vio partir, como si eso fuera una misión recibida y no prevista. Ahora lo sabes: no hay viaje sin retorno. Y es por ello que se regresa con los ojos misericordes y el alma desprendida, con ansias de saber mirar y amar de nuevo. Y de portar lo sentido y aprendido a los que también en la lejanía te añoraron. No va a ser fácil: para muchos seguirás siendo el Gran Traidor. Pero para otros y otras serás ahora el Extraño; irreconocible en tus rasgos porque la tierra lejana te borró señas de identidad. Un desconocido y a la vez lo más cercano. Será difícil decirles que eres el mismo pero renovado, con vida que agradecer. Será raro, pero ante sus ojos estará por fin el viajero que un día lo dejó todo para aprender que sólo se ama desde la ignorancia.
NOTA AL PIE:
(Gracias por obsequiarme este texto, Javi).
NOTA AL PIE:
(Gracias por obsequiarme este texto, Javi).
17 de abril de 2011
¿De qué se nutre la nostalgia?, Mario Benedetti
"Uno evoca dulzuras
cielos atormentados
tormentas celestiales
escándalos sin ruido
paciencias estiradas
árboles en el viento
oprobios prescindibles
bellezas del mercado
cánticos y alborotos
lloviznas como pena
escopetas de sueño
perdones bien ganados
pero con esos mínimos
no se arma la nostalgia
son meros simulacros
la válida la única
nostalgia es de tu piel"
cielos atormentados
tormentas celestiales
escándalos sin ruido
paciencias estiradas
árboles en el viento
oprobios prescindibles
bellezas del mercado
cánticos y alborotos
lloviznas como pena
escopetas de sueño
perdones bien ganados
pero con esos mínimos
no se arma la nostalgia
son meros simulacros
la válida la única
nostalgia es de tu piel"
31 de marzo de 2011
Mammuth, Gustave de Kervern y Benoît Delépine

Mi trabajo
Me contó un pajarito que lo he hecho toda mi vida. Toda mi vida he contado las horas. Toda mi vida he trabajado duro. Todo lo que lograba juntar en invierno lo gastaba en el verano. Año tras año. Es lo que llaman "vacaciones pagas". Trabajé como un loco entre bobos sólo para olvidar. Trabajé sin escuchar sólo para mantenerme. Lo admito, y te digo ahora, mi vida era un infierno. Pero, gracias a mis musas, ahora sé que de aquí en más sólo trabajaré por amor. Como una batalla final.
26 de marzo de 2011
Haruki Murakami
- Tienes el pelo muy bonito, le dije.
- Gracias, repuso ella.
- ¿Te lo había dicho alguien antes?
- No, nunca. Tú eres el primero.
- ¿Y qué efecto te ha producido?
- Pues no sé, dijo y, con las manos embutidas en los bolsillos del abrigo me miró a la cara- Ya he comprendido que has alabado mi pelo. Pero, en realidad, no es más que eso. Mi pelo ha despertado algo en tu interior y es de eso de lo que estás hablando, ¿verdad?
- No, yo estoy hablando de tu pelo.
Ella esbozó una pequeña sonrisa y pareció buscar algo en el aire.
- Lo siento. Es que no logro acostumbrarme a tu manera de hablar.
-----------------------------------------------
- Quizá me esté metiendo donde no me llaman, pero voy a darte un consejo. Pasados los treinta y cinco, es mejor dejar la cerveza -dijo el canijo-. La cerveza es para los estudiantes o para los obreros. Echas barriga, y es una bebida sin clase. Cuando llegas a cierta edad, sientan mejor el vino o el brandy.
- Gracias, repuso ella.
- ¿Te lo había dicho alguien antes?
- No, nunca. Tú eres el primero.
- ¿Y qué efecto te ha producido?
- Pues no sé, dijo y, con las manos embutidas en los bolsillos del abrigo me miró a la cara- Ya he comprendido que has alabado mi pelo. Pero, en realidad, no es más que eso. Mi pelo ha despertado algo en tu interior y es de eso de lo que estás hablando, ¿verdad?
- No, yo estoy hablando de tu pelo.
Ella esbozó una pequeña sonrisa y pareció buscar algo en el aire.
- Lo siento. Es que no logro acostumbrarme a tu manera de hablar.
-----------------------------------------------
- Quizá me esté metiendo donde no me llaman, pero voy a darte un consejo. Pasados los treinta y cinco, es mejor dejar la cerveza -dijo el canijo-. La cerveza es para los estudiantes o para los obreros. Echas barriga, y es una bebida sin clase. Cuando llegas a cierta edad, sientan mejor el vino o el brandy.
3 de marzo de 2011
Ahora y siempre (II), Ray Bradbury
- Ahora, déjame ofrecerte la explicación final de mí misma y de todos los amigos que has conocido aquí. La gran "medicina" fue descubrir que estábamos vivos y que nos encantaba. Hemos celebrado cada día de nuestras vidas. La celebración, el júbilo de adorar ese regalo, nos ha mantenido jóvenes. ¿Parece imposible? Simplemente saber que estás vivo y mirar al sol y disfrutar del clima y expresarlo en cada momento de tu existencia, eso asegura nuestra longevidad. Vivimos cada momento de nuestra existencia al máximo, y eso es una medicina magnífica. De ese modo negamos la oscuridad. Ahora piensa en lo que he dicho y háblame de tu futuro.
Él se recostó y contempló el techo en busca de respuestas.
-----------------------------------------------------------------
Ni un ventanal que no mostrara libros apoyando su silenciosa sabiduría contra la de otro en estanterías interiores. Ni una tubería de desagüe sin su barril de lluvia acumulando las estaciones. Ni un patio trasero que no estuviera, aquel día, lleno de alfombras que se sacudían de modo que el tiempo las limpiara de polvo y los viejos dibujos giraran con ritmo rococó. Ni una cocina que no mostrara promesas de hambre aplacada y tranquilas tardes de reflexión sobre provisiones guardadas al sur-sureste del alma.
Todo, todo perfecto, todo pintado, todo fresco, todo nuevo, todo hermoso: una población perfecta en una mezcla perfecta de silencio y actividad y bullicio invisibles.
Él se recostó y contempló el techo en busca de respuestas.
-----------------------------------------------------------------
Ni un ventanal que no mostrara libros apoyando su silenciosa sabiduría contra la de otro en estanterías interiores. Ni una tubería de desagüe sin su barril de lluvia acumulando las estaciones. Ni un patio trasero que no estuviera, aquel día, lleno de alfombras que se sacudían de modo que el tiempo las limpiara de polvo y los viejos dibujos giraran con ritmo rococó. Ni una cocina que no mostrara promesas de hambre aplacada y tranquilas tardes de reflexión sobre provisiones guardadas al sur-sureste del alma.
Todo, todo perfecto, todo pintado, todo fresco, todo nuevo, todo hermoso: una población perfecta en una mezcla perfecta de silencio y actividad y bullicio invisibles.
Ahora y siempre, Ray Bradbury
- No tosemos ni nos enfermamos. Nos desgastamos ... despacio.
- ¿Cómo que despacio?
- Oh, la última vez que conté, eran unos ...
- ¿Cómo que despacio?
- Cien, doscientos años.
- ¿Qué?
- Calculamos que unos doscientos años. Todavía es demasiado pronto para decirlo. Sólo llevamos en esto desde 1864 o 1865, la época de Lincoln.
- ¿Todos ustedes?
- Todos.
- ¿También Nef?
- No le miento.
- ¡Pero si es más joven que yo!
- Su abuela, tal vez.
- ¡Dios mío!
- Dios nos puso aquí. Pero es el clima, principalmente. Y bueno, el vino.
Cardiff miró su vaso vacío.
- ¿El vino les hace vivir hasta los doscientos años?
- A menos que lo mate antes del desayuno. Termine su vaso, señor Cardiff, termine su vaso.
- ¿Cómo que despacio?
- Oh, la última vez que conté, eran unos ...
- ¿Cómo que despacio?
- Cien, doscientos años.
- ¿Qué?
- Calculamos que unos doscientos años. Todavía es demasiado pronto para decirlo. Sólo llevamos en esto desde 1864 o 1865, la época de Lincoln.
- ¿Todos ustedes?
- Todos.
- ¿También Nef?
- No le miento.
- ¡Pero si es más joven que yo!
- Su abuela, tal vez.
- ¡Dios mío!
- Dios nos puso aquí. Pero es el clima, principalmente. Y bueno, el vino.
Cardiff miró su vaso vacío.
- ¿El vino les hace vivir hasta los doscientos años?
- A menos que lo mate antes del desayuno. Termine su vaso, señor Cardiff, termine su vaso.
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