3 de julio de 2013

El último encuentro, Sándor Márai

“- Que quieres de ese hombre?- pregunto de repente la nodriza.
- La verdad - respondió el general.
- Conoces muy bien la verdad.
- No la conozco - dijo el en voz alta, sin preocuparse por el servicio, que había interrumpido abajo la colocación de las flores y miraba hacia arriba. Volvieron a bajar la mirada inmediatamente, con un gesto mecánico y continuaron con sus quehaceres- La verdad es precisamente lo que no conozco.
- Pero conoces la realidad- observo la nodriza con un tono agudo, casi agresivo.
- La realidad no es lo mismo que la verdad- respondió el general- La realidad son sólo detalles.” 

5 de junio de 2013

A una persona "desconocida", Flavia Ricci

Querida persona desconocida,

Yo, Flavia Ricci, declaro haberme enamorado de usted. Así, de la noche a la mañana y sin saber a ciencia cierta por qué, aunque ya le gustaría que se lo contara y por eso haré un esfuerzo.
Creo que fue su sonrisa la que me conquistó. Y si bien yo no la conocía, usted siempre fue para mí una persona desconocida, su sonrisa casi, casi, me resultó familiar. Su sonrisa y yo fuimos conociéndonos poco a poco hasta hacernos como de la familia. Quizás, seguramente, su sonrisa fue lo que más me gustó siempre de usted, porque cada vez que usted abría la boca por lo general era para decirme algo entre mezquino y durillo.
Pero esa sonrisa hablaba por sí misma.
Cuando la conocí a usted, de forma un poco forzada pero no por ello azarosa, pensé enseguida que si venía naufragando en las aguas de mi entonces amor, quizás con usted podríamos navegar. Piense, con toda mi sinceridad por delante y también con su sonrisa. Pero a cambio recibí toda su desconfianza y malos entendidos, mientras yo intentaba aferrarme a la única balsa que me ofrecía usted: los escasos e inflexibles momentos en que usted y yo estábamos cara a cara.
Bien es cierto que con usted todo es desconcierto, que una no sabe si mandarla a paseo, querida persona desconocida, o aferrarse a usted con ganas y a ojos cerrados y decir “que sea lo que Dios quiera, porque vaya si te quiero”. Pero para no caer en la cursilería preferí callar, al menos callar con usted, incluso callar a la evidencia. Tonta de mí, porque cuando algo es, simplemente hay que dejarlo ser. Incluso sé que debí nadar contracorriente a pesar de sus esquivos abrazos. Pero, ya ve, los años no vienen solos y finalmente decidí que el amor no nace de a una, es una relación de dos personas.
Así es que, querida persona desconocida, si usted hubiera tenido las ganas, diría que si hubiera sido más atrevida allí donde yo le daba cabida, sabría a ciencia cierta que de verdad la quise, cada vez que la abracé. A pesar de no conocerla, porque siempre se esmeró en ser una persona desconocida. Pero llegué a conocerla un poco, y ese poco me dio ganas de conocerla más. Usted, ilusa, desconfiada, poco amada en su vida, siempre creyó que le mentía. Pero, si lo piensa mejor, verá que pocas personas son capaces de salir a decir todo esto que le digo a usted a riesgo de quedarse solas. Sí, yo puedo quedarme sola, querida persona desconocida, pero sepa usted que me quedo con la certeza de haberlo dicho todo, de haber sido sincera y de haber fracasado, como se fracasa a veces en el amor. Yo la quise, la elegí, si supiera cómo y cuánto tiempo la pensé y elegí, hasta que hoy dije basta. Porque me enseñaron de chica que una relación es de a dos. Porque nadé en las aguas de la incerteza. Y porque hoy, supongo que hoy, abrí los ojos para darme cuenta qué pretendo de mi amada persona, de quien me ame. Sencillamente que pueda mirarme a los ojos y me diga lo que siente, que me hable de su vida, de su entorno, y que pueda incluirme en él. Sí, quizás nada de esto haya ocurrido con usted porque sencillamente no me haya querido jamás, no crea que no lo he pensado. Pero quería que supiera, porque ahora no van a caberle dudas, que es a usted a quien le dedico estas líneas. Y a nadie más. No va a saber nada de mí a menos que usted lo desee. No soy de insistir cuando dicen que no quieren. Las cosas que se abren, han de cerrarse y es lo que hice esta noche.
Mi querida desconocida. Un gusto las noches y días de sonrisas y manjares. Espero que la vida le sonría siempre, como usted a veces me sonreía a mí. Generalmente cuando nos veíamos. Y esa sonrisa me acompañaba todo el día, todos los días, hasta que usted se dignaba a verme de nuevo, mi querida persona desconocida.


Suya,

Flavia

27 de mayo de 2013

El sol, Pablo Neruda

A plena luz de sol sucede el día,
el día sol, el silencioso sello
extendido en los campos del camino.

Yo soy un hombre luz, con tanta rosa,
con tanta claridad destinada
que llegaré a morirme de fulgor.

Y no divido el mundo en dos mitades,
en dos esferas negras o amarillas
sino que lo mantengo a plena luz
como una sola uva de topacio.

Hace tiempo, allá lejos,
puse los pies en un país tan claro
que hasta la noche era fosforescente:
sigo oyendo el rumor de aquella luz,
ámbar redondo es todo el cielo:
el azúcar azul sube del mar.

Otra vez, ya se sabe, y para siempre
sumo y agrego luz al patriotismo:
mis deberes son duramente diurnos:
debo entregar y abrir nuevas ventanas,
establecer la claridad invicta
y aunque no me comprendan, continuar
mi propaganda de cristalería
.


14 de mayo de 2013

Vuelo, Flavia Ricci

El Dragón ha cambiado su piel. No sin dolor, no sin preguntas, no sin mirar atrás. Pero ha echado a volar, en solitario, aunque rodeado de afectos. El Dragón abre sus alas, solo. El Dragón escucha, mira, quiere descansar. No es tiempo de sonrisas, no es tiempo de ruidos, ni siquiera de sonidos. El Dragón mira tranquilo, todos los meses hacia atrás. Al Dragón lo protegen, le hablan, lo abrazan. El Dragón suelta, y le duele aunque sea Dragón. El Dragón mira, huele, sueña. Vuela alto, solo. Dragón.

2 de mayo de 2013

Mentiras, Flavia Ricci

Entre una punta y la otra del hilo que voy estirando, hay una distancia crítica que lleno con vos. Como si fueras quien llena esos dos cabos entre las verdades que no cierran. Y aunque te coloco en medio de esos extremos, no puedo decir que con verte se vayan mis dudas. Por eso resumo todo en el silencio, en mirar a lo lejos, en apartar el vacío. Ese hueco que dejan las dudas cuando son casi certezas. Con o sin vos. En mí.

1 de mayo de 2013

Hasta nunca, CC.


Más que escribirle a usted, descargo mi conciencia.
No sabe lo difícil que fue para mí algún día, buscarle, y lo difícil que va a ser ahora, perderlo. Pero no le pediré que se quede, más bien le ruego que se marche lejos, aléjese lo más que pueda de mi presencia. Ahora más que nunca me repugna su sola visión, y no creo que mi corazón resista una noche mas, llena de esta melancolía suya. Si no lo veo sanará mi alma, mi pluma podrá por fin descansar y mi mente estará tranquila. ¿Sabe usted que ya no me alcanzan las páginas? ¿Sabe que se me acaba la tinta en las cartas no enviadas? ¡Cuantas líneas me merecieron sus ojos! ¡Cuántas lágrimas, su mirada!
Por favor procure no herir más mi pecho, no me dé besos de despedida, no me regale su abrazo, no comprometa mi angustia. Váyase lejos, dígame “Adiós”, bese otros labios y no regrese nunca. Yo por mi parte cambiaré de perfume y de canción favorita, dejaré de ser yo, para así dejar de ser suya.
Sobra decirle que solo le deseo un amor inferior al mío, por que como yo, no lo querrá nadie, nunca.
CC.

30 de abril de 2013

La boa y el dragón, Flavia Ricci


Había una vez un dragón, que se lo pasaba volando, surcando los aires. En sus vuelos no dejaba de mirar hacia la Tierra, porque es bien sabido que gracias a ello tenía perfecta noción de su vuelo. De vez en cuando bajaba, estaba un tiempo, reponía energías y volaba nuevamente. Desplegaba sus alas con una energía voraz, llena de vida. Un día conoció a una boa, que lo llenó de fascinación. 
Debido a que la boa no volaba, el dragón pasaba más y más horas en tierra, lejos de sus nubes y de las estrellas. La boa lo fue cercando, pero el dragón muchas veces se escapaba para poder volar y así no perder su naturaleza de dragón. 
A medida que pasaba el tiempo, la boa iba aferrándose al dragón cada vez más, de una forma nociva. La boa maltrataba al dragón cuanto podía, pero con la sutileza necesaria para que éste no huyera, sino todo lo contrario. 
El dragón, de buen corazón, trataba por todos los medios de hacer feliz a la boa. Creyó que la boa se aferraba a él por amor, e intentaba darle más tiempo juntos. El dragón un día llevó a la boa a volar. Porque quería mostrarle su mundo, compartirlo con ella. La montó en su cuerpo de dragón y le mostró esos aires por los que volaba. 
La boa le dijo que era feliz con él, pero una vez en tierra, cercó más al dragón y casi le exigió dejar de volar. El dragón quería volar con ella, pero la boa no quería. No quería que el dragón volara, eso era todo. El dragón se sintió cercado, dañado, lastimado, en su naturaleza de dragón. Pasó largos días solo, incluso aunque estuviera con la boa. Y se dio cuenta de que ello no era amor. La boa continuaba maltratándolo, como si ser feliz fuese un pecado. Nunca estaba conforme, porque en realidad no lo estaba consigo misma. La boa era un ser infeliz.
Un buen día de abril, el dragón fue al borde de la Tierra, miró largamente hacia el cielo, desplegó lentamente las alas, y echó a volar. Dio grandes rodeos por la Tierra, miró a todos los seres que allí quedaban y se dijo para sí que siempre regresaría, una y otra vez para estar con ellos, incluso para llevarlos a volar con él. Pero estaba claro que tenía que alejarse de la boa. Y se dio cuenta, que hasta los dragones de fuego sufren por amor. Y voló lo más lejos que pudo de esa boa nociva.

Dragón de fuego

28 de abril de 2013

El último encuentro, Sándor Márai

“¿Qué las palabras no tienen importancia?
Yo no me atrevería a afirmarlo con tanta seguridad.A veces creo que muchas cosas, que todo depende de las palabras.De las palabras que uno dice a su debido tiempo,o de las que se calla, o de las que escribe”.


"Son muy pocas las personas cuyas palabras concuerdan con su existencia. La gente acaba aprendiendo la verdad, adquiere experiencias, pero todo ello no sirve de nada, puesto que nadie puede cambiar de carácter. Quizá no se pueda hacer nada más que esto en la vida: adaptar a la realidad, con inteligencia y con atención, esa otra realidad irrevocable, el carácter personal. Y sin embargo, así tampoco seremos más sabios, ni estaremos más resguardados frente a las adversidades".


22 de abril de 2013

Desenmarcada, Flavia Ricci

Antes ella, ahora no
Antes ahí con ella, ya no
Antes el momento, la sonrisa, el mañana
ya no
Antes su palabra, ahora no
Antes el sueño encontrado,
ahora es uno que echó a volar
Antes yo, ahora no
Antes ahí, ya no
Antes el momento, la sonrisa, el mañana
ahora no está
Desenmarcada
En otro sitio
Ausente
Perdida
Sonriente
por fingir
Feliz
por vivir.

12 de abril de 2013

La máscara, G. Brenson

Cada vez que me pongo una máscara para tapar mi realidad, fingiendo ser lo que no soy, lo hago para atraer a la gente.

Luego descubro que solo atraigo a otros enmascarados, alejando a los demás debido a un estorbo: la máscara. Uso la máscara va evitar que la gente vea mis debilidades; luego descubro que al no ver mi humanidad, los demás no me quieren por lo que soy, sino por la máscara.

Uso una máscara para preservar mis amistades; luego descubro que si pierdo un amigo por haber sido auténtico, realmente no era amigo mío, sino de la máscara. Me pongo una máscara para evitar ofender a alguien y ser diplomático; luego descubro que aquello que más ofende a las personas con las que quiero intimidar, es la máscara.

Me pongo una máscara, convencido de que es lo mejor que puedo hacer para ser amado. Luego descubro la triste paradoja: lo que más deseo lograr con mis máscaras, es precisamente lo que impido con ellas.

Bendición de Dragón, Gustavo Roldán

Que las lluvias que te mojen sean suaves y cálidas.
Que el viento llegue lleno del perfume de las flores.
Que los ríos te sean propicios y corran para el lado que quieras navegar.
Que las nubes cubran el sol cuando estés solo en el desierto.
Que los desiertos se llenen de árboles cuando lo quieras atravesar. O que encuentres esas plantas mágicas que guardan en su raíz el agua que hace falta.
Que el frío y la nieve lleguen cuando estés en una cueva tibia.
Que nunca te falte el fuego.
Que nunca te falte el agua.
Que nunca te falte el amor.
Tal vez el fuego se pueda prender.
Tal vez el agua pueda caer del cielo.
Si te falta el amor, no hay agua ni fuego que alcancen para seguir viviendo.

Y fuimos uno en el viento, José Ramón Marcos Sánchez

José Ramón Marcos Sánchez
Y fuimos uno en dos cuerpos,… sin el resto,…sin más sentir que sentirnos,…y abrumados de nosotros el después nunca existió,….y moldeamos las caricias hasta matar los rincones avergonzados,….hasta inhalarnos los secretos más íntimos,…y llegamos a las entrañas de los suspiros más bellos,…esos que mueren pensados en lo prohibido del hedonismo de un sueño,….esos que erizan la piel del placer hasta fundirla en amor,….y el deseo cobró vida en los jadeos de las horas que no pasan,…en los silencios entrecortados del gemir de los adentros,…y la mirada de la pasión verdadera no se agotó de mirarnos,….engendrada de ánimas púdicas que danzaban al compás de acordes impúdicos,…entregados al delirio del anhelo de entregarnos,…sin las censuras del sexo sin alma,…con el orgasmo perpetuo del amor que habita más allá de amarnos,…y fuimos uno en dos cuerpos,…y cuando deshabitamos lo terrenal de querernos,…acaeció del cariño el cariño verdadero,…y el espíritu del tiempo desnudo nuestro destino,…y fuimos uno en el viento,… 


11 de abril de 2013

Tras la pólvora, Manuela. Jorge Enrique Adoum


Jorge Enrique Adoum
Ven luego, ven a mi lado, ven sobre mí,
ven a debajo: hagamos el amor y deshagámoslo
sólo para rehacerlo. Detrás no tengo si no guerra
y campamento, sólo una aridez ensangrentada.
Llegué a ti y en ti anclo, vocación, clima de mar,
territorio y mortaja. A veces soy feliz, pero amanece.
Digo: Te amo, cuando me despierto,
como otros se saludan. Digo: Te amo, cuando
me desvisto, como otros se persignan.
Y entre los dos crepúsculos –paréntesis
de otra pólvora–, entre las dos refriegas, la batalla,
un solo cinturón para los dos. Di contigo
de bruces, me enamoré a caballo, y no me iré
de ti, no me des tregua, si concéntricos vamos
a esta ocupación de amor y guerra y coincidimos
en el alma sobre el vientre, como dos agujeros.
Ven, la noche pone la sábana y he vencido.
Dámete como si te ganara y fueras tú el trofeo.


Lo que todavía no sabes del pez hielo, E. Medina Reyes

En la franja más profunda del mar Tirreno habita el pez hielo, la oscuridad allí es más densa que en un agujero negro y aunque el pez hielo es transparente no tiene conciencia de serlo. El pez hielo no tiene pensamientos ni deseos, no conoce a ningún otro pez de su especie, no quiere ir a otra parte porque no sabe que existe esa posibilidad. Se desplaza, devora trozos de cristal y se complace en su absoluto. Es el pez que soñó Corolla y quizá Deleuze antes de saltar. No confronta, no es un rival, no es la publicidad de un perfume. Es el archienemigo de cualquier referente, el héroe de un mundo sin bordes. Y como sucede siempre, un día cualquiera, a ese paraíso del silencio llega un cadáver. No, aún no es un cadáver, es un papiliochromis. No viene del océano sino de una pecera, era la mascota de alguien, lo dieron por muerto, lo tiraron al retrete, bajaron la palanca y recorrió mil kilómetros por un tubo hasta el hogar del pez hielo. Esa es la densa oscuridad que lo rodea, la mierda de todos los culos que habitan en Ciudad Inmóvil. En su agonía, el papiliochromis le habla al pez hielo de luminosos atardeceres frente al mar, de ciudades, luces multicolores, alimento concentrado, documentales de Jacques Cousteau y todo aquello que veía en el televisor de su dueña. Una vez que lo ha contaminado de inquietud, expira, y como es apenas obvio el pez hielo empieza a soñar con la luz.

8 de abril de 2013

El registro de la cotidianidad, Flavia Ricci

De repente ella se dio cuenta de que él registraba todo lo que ella había hecho, hasta el más mínimo detalle. Su ropa, sus canciones preferidas, sus gestos. Ella se dio cuenta, en ese momento, del registro de la cotidianidad, del registro que él tenía. El día en que cambió sus horarios de cenar sin darse cuenta, aunque él se lo hizo notar. Estaban compartiendo algo, algo juntos y día a día.

26 de marzo de 2013

Cuando estemos de nuevo con nosotros..., J. Debravo


Cuando estemos de nuevo con nosotros
contándonos los gestos,
cuando estemos hablando de las gentes
a quienes más queremos,
quédate, por favor, mirando el surco
que dejan tus dos ojos en mis huesos.

Y dame lo que puedas de tu alma,
lo que no necesites de tu afecto,
lo que logres sacar sin sacrificio
de tu casa de sueños.

Yo tomaré, de fiesta, lo que quieras,
aunque sea el milagrillo más pequeño.
No es que yo sea mendigo,
es que cualquier amor es amor bueno.



25 de marzo de 2013

Sobre las personas agradecidas, Sándor Márai

Sándor Márai
"No he conocido a nadie que fuera capaz de alegrarse como ella de las cosas sencillas de la vida: personas y animales, estrellas y libros, todo le interesaba, y su interés no se basaba en la altivez, en la pretensión de convertirse en experta, sino que se aproximaba a todo lo que la vida le daba con la alegría incondicional de una criatura que ha nacido al mundo para disfrutarlo todo. Como si estuviera en conexión íntima con cada criatura, con cada fenómeno del universo... ¿comprendes lo que quiero decir? Claro, seguramente lo comprendes. Era directa, espontánea y ecuánime, y también había en ella humildad, como si sintiera constantemente que la vida es un regalo lleno de gracia.” 


24 de marzo de 2013

Divorcio en Buda, Sándor Márai

“¿Qué significa 'amar'? Durante años he pensado que significa conocer a la otra persona..., conocerla perfectamente, con todos sus secretos; conocer cada rincón de su cuerpo, cada reflejo; conocer a fondo su alma, cada una de sus emociones... Quizás sea eso, quizás conocer sea lo mismo que amar. Pero eso sólo es una teoría. Después de todo, ¿qué quiere decir conocer? ¿Cuánto se puede conocer a un ser humano? ¿Hasta dónde se puede seguir a un alma desconocida? ¿Hasta sus sueños? ¿Y luego adonde? No se puede acompañar a nadie a su inconsciente. Ni siquiera es necesario esperar a que ella cierre los ojos, se despida de mi y se retire a ese otro mundo, al mundo que llamamos de la noche... Porque existen dos mundos y uno está más allá del espacio conocido en el que vivimos, y quizás en ese otro mundo vivamos de manera más real que en el espacio y en el tiempo...Ahora ya sé con certeza que hay otro lugar que es sólo nuestro, la propiedad privada de cada uno. (...) Aunque todavía sigo sin saber lo que significa amar... ¿Acaso se puede saber? ¿Y de qué sirve saberlo? No tiene nada que ver con la razón. Seguramente el amor es algo más que el conocimiento. Conocer a alguien no es mucho, tiene unos límites... Amar debe ser algo parecido a seguir el mismo ritmo, una casualidad tan maravillosa como si en el universo hubiese dos meteoros con la misma trayectoria, la misma órbita y la misma materia. Una casualidad tal que no se puede ni calcular ni prever. Tal vez ni exista siquiera (...) Dos personas a las que les gustan las mismas comidas y la misma música, que caminan al mismo ritmo por la calle y que se buscan al mismo ritmo en la cama: quizás sea eso el amor ¡Qué cosa mas rara debe de ser! Como un milagro... Yo imagino que los encuentros de ese tipo deben de ser místicos. La vida real no se basa en tales probabilidades. Creo que las personas que siguen el mismo ritmo, que segregan sus hormonas al mismo tiempo, que piensan lo mismo de las cosas y lo expresan con palabras idénticas... bueno, creo que eso no existe. Una de las dos será más lenta y la otra mas rápida, una es tímida, la otra osada, una ardiente, la otra tibia. Así es como hay que tomar la vida, los encuentros... Hay que aceptar la felicidad así, en su estado imperfecto.” 


23 de marzo de 2013

Palabras y silencios, Flavia Ricci

Después, cuando ya se había marchado para siempre de mi vida fue cuando me enamoré realmente de él. Sus amigos lo nombraban, los míos también, nuestros amigos, esos que teníamos en común producto de nuestros años de convivencia susurraban a escondidas su nombre y lo que hacía, como cuidándome de escuchar. Después, mucho después de que él se había marchado, descubrí por casualidad todo lo que había hecho: pequeños actos de amor premeditados, otros espontáneos, que jamás había descubierto. Porque para llegar a esa sonrisa que me arrancaba a diario, él había pensado profundamente en cómo era yo. Después, mucho después de que él se marchó descubrí que aquellos amigos sabían de su amor por mí, de lo que le brillaban los ojos cuando me mencionaba, de sus planes conmigo, de sus miedos de hombre, de su temor a perderme, de no volverme a encontrar. Me enteré de su amor por mí, su gran amor, debido a lo que de mí había hablado con los demás, no conmigo.

Después, fue mucho después. Justamente cuando poco quedaba de mi amor por él. Justamente en ese momento una catarata de amor me volvió, cuando descubrí todo lo que me había querido sin decírmelo casi. Él había preferido hablarme casi con devoción de todos quienes nos rodeaban y yo me limitaba a escucharlo. Y poco a poco fui descreyendo de su amor por mí, pensando por qué jamás tenía palabras si fluía tanto amor.

Me enamoré un día de un hombre que ahora creo que era muy parecido a él, a quien se fue de mi vida. Pero me enamoré porque sabía hablar de mí, de él, de nosotros. Y yo veía cómo le brillaban los ojos, como mi admiración por él era similar a la que él sentía por mí, y las palabras de amor iban y venían entre él y yo. Me enamoré porque sentí que debía agradecerle a la vida por estar con él. Y fue en ese momento que, mirándome directamente a los ojos me dijo sonriendo "gracias a vos". Me enamoré. Y descubrí entonces que los dos eran muy parecidos, pero uno tenía gestos y palabras. El otro oscuros silencios.


El imitador de Dios, Luis Lozano

"Ya no creo que narrando ciertos hechos, poniéndolos fuera de uno, podamos comprender la razón por la que sucedieron. Me parece, más bien, que apenas llegamos a contar lo poco que podemos de ese todo inabordable que es cualquier experiencia humana".