Algunas veces me imagino
un mundo de personas bondadosas
pero no todos estamos en él
yo te busco entre los habitantes de ese mundo
pero no te veo
entonces llego a la frontera y me detengo en el abismo
y caigo en caída libre en él
como si eso pudiera hacer que nada separe
a los bondadosos de los demás
y fuera puente para que cruces hasta mí
pero sencillamente no es posible
así que me voy
al país del purosexo
del nomeimportanada
a ese país sin rostro en donde nos castigamos
una y otra vez
los que no hemos podido encontrar el amor.
22 de noviembre de 2015
29 de octubre de 2015
Ring de box, Flavia Ricci
Indómito el tiempo, el nuestro. Me preguntás si te quiero o por qué estoy con vos. Sensación de libertad, de ser yo, de poder encontrarte y que vengas a mi encuentro. Seguridad cuando bajás la vista si te miro, y después tan desafiante y rebelde. Vuelo lejos, vuelo simple, vuelo libre. Y de a poco la ropa va quedando en cualquier sitio, sigo la caída libre de tu camisa o la trayectoria del pullover. Me acerco y me detengo en tu piel erizada por el frío de una noche de primavera que parece otoño. Casi no se oye nada afuera, dentro suena un piano. Me siento a mirar las luces. Libertad. Por favor. Libertad. Te doy un beso, de pie, de esos que no puedo terminar, caemos en la cama, nos enredamos, fluye todo el deseo de esta niña caprichosa. Todo lo demás no importa. Lo quise armar y no me fue nada bien. Dejemos eso. Ring de box. Veo los límites, estoy dentro. Libertad. Dame novedad. Dejemos que pase esta noche. Y otra noche. Y otra ... Vuelvo a ser yo. Palabras en la garganta. Corazón pleno de ser yo.
Viejo amor, Flavia Ricci
Nuestro amor iba de gemido en gemido, de mes en mes, nuestro amor adolescente y a tientas. Nuestro amor es viejo ahora, pautado, previsible, planeado. Nuestro maduro amor, que descansa en creer que lo dijimos todo antes, cuando dijimos a medias. En creer que callando pareceremos mentes sabias, personas que saben. Pero yo quiero ...
que me tomes de la mano porque sí, que irrumpan tus besos en mi boca, que corramos en una playa solitaria en octubre, ver una caída del sol. Que comiences a reírte quién sabe de qué, que me leas poesías hasta que nos interrumpa el día, cocinar comidas exóticas, beber vinos aterciopelados. Quiero elevarme a una nube, quiero que me hagas volar, quiero que lo callado coincida con lo pensado. Quiero palabritas simples y llanas. Quiero que recorras mi cuerpo una y otra vez. Quiero descubrirte cada día un poco.
Quiero mirar tus manos
entre las mías.
Y muchos abrazos.
que me tomes de la mano porque sí, que irrumpan tus besos en mi boca, que corramos en una playa solitaria en octubre, ver una caída del sol. Que comiences a reírte quién sabe de qué, que me leas poesías hasta que nos interrumpa el día, cocinar comidas exóticas, beber vinos aterciopelados. Quiero elevarme a una nube, quiero que me hagas volar, quiero que lo callado coincida con lo pensado. Quiero palabritas simples y llanas. Quiero que recorras mi cuerpo una y otra vez. Quiero descubrirte cada día un poco.
Quiero mirar tus manos
entre las mías.
Y muchos abrazos.
24 de octubre de 2015
Divagues, Flavia Ricci
De su brazo. Trepaba y se aferraba a todo aquello como
cuando escalaba montañas. Barcelona. Por Sarrià, tantos coches, tanto ruido,
callecitas sin nombre ni momento. Todo pasaba en simultáneo. De su brazo volaba
como si el tiempo fuera suyo. Abajo estaba Gràcia. Abajo la realidad, los
compromisos, el reloj, la noche y el día, el orden, la espera, los quehaceres,
el nombre y el apellido. Cerrar los ojos y volar. Todo aquello se terminaba.
Bordeaba el abismo del final, donde no queda otra alternativa que hacer
equilibrio para salir de allí. Y el adiós, un hasta luego ficticio. Todo, tan
pero tan junto, todo. Y bajó a Gràcia.
¿Has visto alguna vez a un Dragón volar acompañado? Siempre
vuelan solos. Y así sobreviven.
14 de septiembre de 2015
La cima de la soledad, Flavia Ricci
Querida madre,
Con urgencia y un enorme desamparo te escribo. Subí a la cima: lo hice, lo logré tal y como te dije que me había propuesto hacerlo. Caminé días a sol y a sombra. Madre: a veces apurando el paso, otras lentamente, sintiendo mi respiración. Muchas me detenía a mirar el paisaje y luego la cima. La imponente, vertiginosa, altiva cima. Con su arrogancia y soberbia. Tan alta y a solas. Subí sus cada vez más escarpadas paredes. Mis piernas, mis pies, mis manos que muchas veces apoyaba para no caer, fueron acusando el paso del tiempo y los días, interminables. Pero madre, miraba a mi lado, porque no era atrás ni adelante, y eso me daba la fuerza para seguir. Era eso, cómo decirte. Subí, casi sin aliento, sintiéndome viva, quizás como nunca, mi cuerpo, alma y yo. Y todo aquel imponente paisaje. Llegué a la cima: lo hice.
Pero madre, querida madre, te escribo desde una soledad, un desamparo, un desconcierto como pocas veces he sentido. Y espero me comprendas. Allí ella soltó mi mano, me hizo seguir a solas. Y cuando llegué a esa cima en la más absoluta soledad comprendí lo que es el breve espacio de lo más alto, tan solitario, tan escarpado, tan ríspido. Y el abismo, querida madre, el abismo que me rodeaba. Cierro los ojos, he imaginado esta carta que ahora te escribo. Espero, ansío, que me entiendas. Lo hice, estuve en la cima. Pero,
¿para qué regresar llevando a cuestas tanta soledad? ¿Hay alguien que pueda cobijarme?
Ahora afronto el desconcierto, ahora lo sé, lo he sentido. Ahora camino solitaria bajando poco a poco todo el camino andado. A solas. Después de aquella cima.
Tu hija
Con urgencia y un enorme desamparo te escribo. Subí a la cima: lo hice, lo logré tal y como te dije que me había propuesto hacerlo. Caminé días a sol y a sombra. Madre: a veces apurando el paso, otras lentamente, sintiendo mi respiración. Muchas me detenía a mirar el paisaje y luego la cima. La imponente, vertiginosa, altiva cima. Con su arrogancia y soberbia. Tan alta y a solas. Subí sus cada vez más escarpadas paredes. Mis piernas, mis pies, mis manos que muchas veces apoyaba para no caer, fueron acusando el paso del tiempo y los días, interminables. Pero madre, miraba a mi lado, porque no era atrás ni adelante, y eso me daba la fuerza para seguir. Era eso, cómo decirte. Subí, casi sin aliento, sintiéndome viva, quizás como nunca, mi cuerpo, alma y yo. Y todo aquel imponente paisaje. Llegué a la cima: lo hice.
Pero madre, querida madre, te escribo desde una soledad, un desamparo, un desconcierto como pocas veces he sentido. Y espero me comprendas. Allí ella soltó mi mano, me hizo seguir a solas. Y cuando llegué a esa cima en la más absoluta soledad comprendí lo que es el breve espacio de lo más alto, tan solitario, tan escarpado, tan ríspido. Y el abismo, querida madre, el abismo que me rodeaba. Cierro los ojos, he imaginado esta carta que ahora te escribo. Espero, ansío, que me entiendas. Lo hice, estuve en la cima. Pero,
¿para qué regresar llevando a cuestas tanta soledad? ¿Hay alguien que pueda cobijarme?
Ahora afronto el desconcierto, ahora lo sé, lo he sentido. Ahora camino solitaria bajando poco a poco todo el camino andado. A solas. Después de aquella cima.
Tu hija
31 de agosto de 2015
¿Se puede?, Flavia Ricci
Una sonrisa
Una atardecer
Un arribo
Expectativas
Un mar
Una botella de vino
Una cena para dos
Algunos libros
Palabritas
Pero digo ...
¿se puede?
¿Se puede con tu mano en la mía?
¿Se puede con tu mirada?
¿Se puede con tus abrazos?
¿Se puede noches y noches con vos?
¿Se puede un café de sobremesa?
¿Se puede porque sí? ¿Porque vos?
¿Se puede felicidad repentina y en silencio?
Yo creo que sí, se puede.
Se puede.
Una atardecer
Un arribo
Expectativas
Un mar
Una botella de vino
Una cena para dos
Algunos libros
Palabritas
Pero digo ...
¿se puede?
¿Se puede con tu mano en la mía?
¿Se puede con tu mirada?
¿Se puede con tus abrazos?
¿Se puede noches y noches con vos?
¿Se puede un café de sobremesa?
¿Se puede porque sí? ¿Porque vos?
¿Se puede felicidad repentina y en silencio?
Yo creo que sí, se puede.
Se puede.
24 de agosto de 2015
Palabritas, Flavia Ricci
Tengo palabritas guardadasen una bolsita transparente
que solamente veo yo
Tengo palabritas guardadas,
resguardadas de la intemperie
de los desamores
las promesas vacías
y hasta de otras palabras
que se desmoronan sin más.
Tengo palabritas guardadas
para decir en el momento justo
a la persona apropiada
susurrándole al oído
mientras vuelan
desde el borde de mis labios
hacia tu oído
Tengo palabritas guardadas
protegidas
vírgenes
no dichas
Yo
te elijo
te señalo
te nombro
y las palabritas
vuelan a tu oído en un susurro
amor
vida
alegría
pasión
honestidad
sonrisas
calma
lealtad
inocencia
ingenuidad
Tengo palabritas
en una bolsita
de niña pequeña
Afina tu oído
que vuelan a vos.
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amor.,
flavia ricci,
palabras
Acantilados (III), Flavia Ricci
Entonces mirar el mar y hacerlo con vos. Entonces por suerte haberme guardado ese pedacito de inocencia, de ilusión, de cosas no dichas, de sonrisas. Menos mal, menos mal que no lo he contado todo, que lo profundo de mí sigue intacto, que la burla que he sufrido no es tan grave. Menos mal que puedo darte mis tesoros de bolsita como una niña que guarda sus caramelos preferidos: te doy las palabras amor, confianza, estabilidad, lealtad, sonrisas, confidencias, ilusiones, sinceridad. Vos las tomás, les das vuelta y (menos mal) les das el mismo significado que yo. Y permanecés. Pero entonces callar y que cales profundamente en mis pensamientos, aun en los más lejanos. O cerrar los ojos y que sigas allí mirándome. El tiempo no pasa, sé que no pasa, que día tras día te vuelvo a encontrar y me estremezco. Pero entonces que estés para abrazarme como siempre dijiste. Y me contengas. Y todo sea,
azul
verde
mar
acantilados
paz
estabilidad
Pero entonces que sostengas mi mano cuando me han derribado y me acerques a vos. Y yo como si nada piense "qué suerte". Pero entonces la palabra, la palabra que nombra, señala, elige. Pero entonces una vez más vos. Y yo. La arena. Y el mar.
Pero entonces la fortuna de haberte encontrado sin recodos, porque aun con ellos sé dónde buscarte. Y cerrar los ojos e ir al abismo. Al borde. Mientras vos me mirás. Y asomarme desde las columnas al mar. Y volar, Dragona, volar. Con vos.
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amistad,
amor,
flavia ricci.,
Mar del Plata
21 de agosto de 2015
Acantilados (II), Flavia Ricci
Es todo lo que puedo decir
Azul
Mar
Acantilados
Verde
Amor
Sonrisas
Alegría
Elegir
Manos
Arena
Pero miro ...
y callo ...
y regreso a esa playa ...
tan mía ...
y digo, bajito,
abrazame.
Azul
Mar
Acantilados
Verde
Amor
Sonrisas
Alegría
Elegir
Manos
Arena
Pero miro ...
y callo ...
y regreso a esa playa ...
tan mía ...
y digo, bajito,
abrazame.
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vida
30 de julio de 2015
Abrazos, Flavia Ricci
Necesito
una palabra
por ejemplo
azul
o verde
acantilado
o sol
arena
o playa
sonrisas
o miradas.
Pero pido,
solamente,
abrazos.
una palabra
por ejemplo
azul
o verde
acantilado
o sol
arena
o playa
sonrisas
o miradas.
Pero pido,
solamente,
abrazos.
4 de julio de 2015
De ángeles y tiempo, Blanca Sandino
Reconozco esa voz que habla del mar:
me llega desde donde la luz, lejanísima ya, duplica la estatura de mi sombra.
Reconozco esa voz que me reclama
para mostrarme en el ácimo espejo de las olas
la cruz con la que un ángel libró de todo mal mi nombre,
antes de que el granito pregonara ufano su dureza;
y antes, mucho antes, de que se doblegara al tesón del tiempo, y de las gotas.
(Hablo de un tiempo tan remoto, como la edad sin tiempo del insecto.)
Oigo tu voz. Sé que me llama, me apresuro. Y desde allí
-tú pléroma, yo arjé-, desde el hambre más honda,
puedo invocar tus manos, el secreto del fuego, la fuerza de los vientos, la pericia del agua,
y el asperón redondo y fino de la tierra que habito.
(Me abrasa la sed sin compasión de las salinas
y padezco la ceguera de quien año tras año espera que germine la semilla: mas reconozco tu voz.
Puedo. Es más de lo que quise, mucho más).
Por eso, nada ofrezco que el corazón no sepa contener:
yo intuyo el mar cuando aún es imposible sentirlo,
y tú... cuántas y cuántas veces invento que me quieres, y que podrías hallar, si los buscaras, trocitos de pizarra entre mis dedos.
me llega desde donde la luz, lejanísima ya, duplica la estatura de mi sombra.
Reconozco esa voz que me reclama
para mostrarme en el ácimo espejo de las olas
la cruz con la que un ángel libró de todo mal mi nombre,
antes de que el granito pregonara ufano su dureza;
y antes, mucho antes, de que se doblegara al tesón del tiempo, y de las gotas.
(Hablo de un tiempo tan remoto, como la edad sin tiempo del insecto.)
Oigo tu voz. Sé que me llama, me apresuro. Y desde allí
-tú pléroma, yo arjé-, desde el hambre más honda,
puedo invocar tus manos, el secreto del fuego, la fuerza de los vientos, la pericia del agua,
y el asperón redondo y fino de la tierra que habito.
(Me abrasa la sed sin compasión de las salinas
y padezco la ceguera de quien año tras año espera que germine la semilla: mas reconozco tu voz.
Puedo. Es más de lo que quise, mucho más).
Por eso, nada ofrezco que el corazón no sepa contener:
yo intuyo el mar cuando aún es imposible sentirlo,
y tú... cuántas y cuántas veces invento que me quieres, y que podrías hallar, si los buscaras, trocitos de pizarra entre mis dedos.
1 de julio de 2015
Sr. Silencio, Flavia Ricci
Pero
de qué sirven todas mis historias
si para vos son solamente palabras.
Y de qué sirven mis sonrisas
si para vos son pasatiempo.
Y de qué sirve lo que intento decirte
si no llegás a escucharme.
Y de qué sirven mis miradas
si no sabés de qué color son mis ojos.
De qué sirve tratar de explicarte
que tiene mucho de explicarme
si cómodamente te vas.
Vislumbro un no
luego de tu pregunta
pero aun así digo que sí
con los ojos entrecerrados
y los oídos atentos.
Viene el golpe bajo
de
tu
ausencia.
Y el vacío.
Miro de lado
al
no
Y quizás por miedo
le tomo
la
mano.
de qué sirven todas mis historias
si para vos son solamente palabras.
Y de qué sirven mis sonrisas
si para vos son pasatiempo.
Y de qué sirve lo que intento decirte
si no llegás a escucharme.
Y de qué sirven mis miradas
si no sabés de qué color son mis ojos.
De qué sirve tratar de explicarte
que tiene mucho de explicarme
si cómodamente te vas.
Vislumbro un no
luego de tu pregunta
pero aun así digo que sí
con los ojos entrecerrados
y los oídos atentos.
Viene el golpe bajo
de
tu
ausencia.
Y el vacío.
Miro de lado
al
no
Y quizás por miedo
le tomo
la
mano.
29 de junio de 2015
Realidad del amor, Coventry Patmore
Camino, confío, con los ojos abiertos;
He recorrido la mitad del terrenal desierto;
Detrás de mis pasos se esconde
Mucha vanidad y algo de remordimiento;
He vivido para sentir el orgullo de los espíritus,
Anclados entre sí como la mano al guante;
Me he sonrojado por el castillo del amor,
Jamás descreí de él, aún sin mi corazón,
Jamás negué al amor, la única cosa mortal
Cuyo valor es eterno, inmortal;
Nunca tuve en cuenta los errores,
Residuos que cantan terrores,
Indignos de una grave canción;
Y el Amor es mi recompensa, por ahora,
Cuando la mayoría de los espectros se quejan,
El mirto florece sobre mi frente,
Y su aroma echa raíces en mi mente.
He recorrido la mitad del terrenal desierto;
Detrás de mis pasos se esconde
Mucha vanidad y algo de remordimiento;
He vivido para sentir el orgullo de los espíritus,
Anclados entre sí como la mano al guante;
Me he sonrojado por el castillo del amor,
Jamás descreí de él, aún sin mi corazón,
Jamás negué al amor, la única cosa mortal
Cuyo valor es eterno, inmortal;
Nunca tuve en cuenta los errores,
Residuos que cantan terrores,
Indignos de una grave canción;
Y el Amor es mi recompensa, por ahora,
Cuando la mayoría de los espectros se quejan,
El mirto florece sobre mi frente,
Y su aroma echa raíces en mi mente.
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24 de junio de 2015
Dos palabras, Flavia Ricci
Las mismas palabras rozan a cada una de las personas a tu alrededor, llegan hasta sus oídos, pero vienen a mí. Y yo en cambio cuido de esas dos palabras que únicamente van hacia la persona elegida, lo demás sería un abuso. Palabras sagradas, palabras únicas, para una única persona. Yo, guardiana de ellas, las libero en el momento preciso, cuando extiendo mi mano y nombro. Y vos que en cambio sin nombrar las usás, abusando de su significado, de su resonancia. Sin embargo, usadas hasta el hartazgo, hasta que dejan de significar algo único, aún tienen un peso y una persona hacia quién se dirigen. No creas que las palabras vuelan por los acantilados hacia el mar porque sí. Vuelan en círculos, circundan las arenas, permanecen en la playa. Esa playa precisa desde donde las escucho. Cierro los ojos y vienen a mí. De todos los cuerpos que rozan, vienen a mí. Y yo las tomo con mis manos y las pongo cerca de mis oídos. Palabras precisas. Las mismas palabras que yo guardo tanto. Las mismas palabras que para mí son sagradas, que pronuncio con cautela y certeza a la vez. Las mismas que pronunciadas por vos tantas veces, como porque sí, esperan en la playa cada día. Esperan que extiendas la mano. Esperan que nombres.
Nombrar. Dar entidad. Sacar del anonimato. Nombrar a una persona con las dos mismas palabras que tanto usaste porque sí. Hacer coincidir, cuando cierro los ojos, todo lo que significa esa persona con las palabras que la nombran, solamente dos. Unidas. Y entonces, mis dos palabras sagradas, tus dos palabras tan malgastadas. Las mías tan certeras, las tuyas que cada día, sobrevuelan la playa, la arena, el mar. Y siguen buscando mis manos.
Nombrar. Dar entidad. Sacar del anonimato. Nombrar a una persona con las dos mismas palabras que tanto usaste porque sí. Hacer coincidir, cuando cierro los ojos, todo lo que significa esa persona con las palabras que la nombran, solamente dos. Unidas. Y entonces, mis dos palabras sagradas, tus dos palabras tan malgastadas. Las mías tan certeras, las tuyas que cada día, sobrevuelan la playa, la arena, el mar. Y siguen buscando mis manos.
Mujer espejo, Flavia Ricci
Mujer espejo, que sin decirme dijiste y sin nombrarme aparecí, con la fuerza de tu silencio. Mujer espejo, que me remontaste a quince años atrás, la vida da tantas vueltas, tantísimas. Mujer que sella su boca cuando me mira y yo no digo nunca en nombre de los demás. Silencio. Espejos. Sos vos. Soy yo. Mujer. Mujer espejo. Que hace lo mismo que yo, tan previsible, calcada. Espejo que ciega, refleja, muestra. Tu silencio tiene tantas aristas pero una se llama cobardía. Y refleja la mía años atrás. Ahora que aprendí el significado de los sentimientos, callo. Entiendo. Todo. Quizás por eso, mujer espejo, quizás por eso mi mirada te devuelva un respetuoso silencio.
21 de junio de 2015
El verdadero conocimiento, O. Wilde
Tú que lo sabes todo; sabes que busco en vano
Semillas y tierras para cultivar con certeza,
Pero la tierra es oscura entre la maleza,
Indiferente a la lluvia o lágrimas que derramo.
Tú lo sabes todo; sabes que me siento y espero,
Con las manos frágiles y los ojos ciegos,
Hasta el último pliegue del velo,
Hasta el ocaso de la puerta.
Tú lo sabes todo; sabes de mi vanidad,
Confío en que mi vida no es en vano,
En que algún día nos tomaremos de la mano
En una extraña y divina eternidad.
Semillas y tierras para cultivar con certeza,
Pero la tierra es oscura entre la maleza,
Indiferente a la lluvia o lágrimas que derramo.
Tú lo sabes todo; sabes que me siento y espero,
Con las manos frágiles y los ojos ciegos,
Hasta el último pliegue del velo,
Hasta el ocaso de la puerta.
Tú lo sabes todo; sabes de mi vanidad,
Confío en que mi vida no es en vano,
En que algún día nos tomaremos de la mano
En una extraña y divina eternidad.
¿De qué modo te amo?, E. Barret Browning
¿De qué modo te amo? Deja que cuente las formas:
Te amo desde el hondo abismo hasta la región más alta
que mi alma pueda alcanzar, cuando persigo en vano
las fronteras del Ser y la Gracia.
Te amo en el calmo instante de cada día,
con el sol y la tenue luz de la lámpara.
Te amo en libertad, como se aspira al Bien;
Te amo con pureza, como se alcanza la Gloria.
Te amo con la pasión que antes puse
en mis viejos lamentos, con mi fe de niña.
Te amo con la ternura que creí perder
cuando mis santos se desvanecieron.
Te amo con cada frágil aliento,
con cada sonrisa y con cada lágrima de mi ser;
y si Dios así lo desea,
tras la muerte te amaré aun más.
Te amo desde el hondo abismo hasta la región más alta
que mi alma pueda alcanzar, cuando persigo en vano
las fronteras del Ser y la Gracia.
Te amo en el calmo instante de cada día,
con el sol y la tenue luz de la lámpara.
Te amo en libertad, como se aspira al Bien;
Te amo con pureza, como se alcanza la Gloria.
Te amo con la pasión que antes puse
en mis viejos lamentos, con mi fe de niña.
Te amo con la ternura que creí perder
cuando mis santos se desvanecieron.
Te amo con cada frágil aliento,
con cada sonrisa y con cada lágrima de mi ser;
y si Dios así lo desea,
tras la muerte te amaré aun más.
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Barret Browning
El abismo, K. Mansfield
Un abismo de silencio nos separa
Yo estoy de un lado del abismo - tú del otro -
No puedo verte ni oírte - pero sé que estás allí -
Suelo llamarte por tu nombre infantil
y finjo que el eco de mi grito es tu voz.
Cómo podemos franquear el abismo -nunca hablándonos, tocándonos-
antes pensaba que podríamos llenarlo con nuestras lágrimas,
ahora quiero destrozarlo con nuestra risa.
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silencio
El encuentro, K. Mansfield
Comenzamos a hablar
Nos miramos; dejamos de mirarnos
Las lágrimas ascendían a mis ojos
Pero no podía llorar
Deseaba tu mano
Pero mi mano temblaba.
No dejabas de contar los días
Para nuestro siguiente encuentro
Pero las dos sentíamos en el corazón
Que nos separábamos para siempre.
El crujido del reloj llenaba la habitación,
Escucha, dije, es tan fuerte
Como el galope de un caballo en un sendero solitario
Así de fuerte - un caballo galopando en la noche.
Me hiciste callar en tus brazos
Pero el sonido del reloj ahogó el latido de nuestros corazones.
Dijiste `No puedo irme: todo lo que vive de mí
Está aquí para siempre'.
Después te fuiste.
El mundo cambió. El ruido del reloj se hizo débil
Se fue perdiendo –se tornó minúsculo-
Susurré en la oscuridad: “Moriré si se detiene”.
Nos miramos; dejamos de mirarnos
Las lágrimas ascendían a mis ojos
Pero no podía llorar
Deseaba tu mano
Pero mi mano temblaba.
No dejabas de contar los días
Para nuestro siguiente encuentro
Pero las dos sentíamos en el corazón
Que nos separábamos para siempre.
El crujido del reloj llenaba la habitación,
Escucha, dije, es tan fuerte
Como el galope de un caballo en un sendero solitario
Así de fuerte - un caballo galopando en la noche.
Me hiciste callar en tus brazos
Pero el sonido del reloj ahogó el latido de nuestros corazones.
Dijiste `No puedo irme: todo lo que vive de mí
Está aquí para siempre'.
Después te fuiste.
El mundo cambió. El ruido del reloj se hizo débil
Se fue perdiendo –se tornó minúsculo-
Susurré en la oscuridad: “Moriré si se detiene”.
15 de junio de 2015
Esto es mi cuerpo, Juan Antonio González Iglesias
Esto es mi cuerpo...
Esto es mi cuerpo. Aquí
coinciden el lenguaje y el amor.
La suma de las líneas
que he escrito ha dibujado
no mi rostro, sino algo más humilde:
mi cuerpo. Esto que tocas es mi cuerpo.
Otro lo dijo
mejor. Esto que tocas
no es un libro, es un hombre.
Yo añado que esto que te toca ahora
es un hombre.
Soy yo, porque no hay
ni una sola sílaba que esté libre de amor,
no hay ni una sola sílaba
que no sea un centímetro
cuadrado de mi piel.
En el poema soy acariciable
no menos que en la noche, cuando tiendo
mi sueño paralelo al sueño que amo.
No mosaico, ni número, ni suma.
No sólo eso.
Esto es una entrega. Soy pequeño
y grande entre tus manos.
Ésta es mi salvación. Éste soy yo.
Este rumor del mundo es el amor.
Esto es mi cuerpo. Aquí
coinciden el lenguaje y el amor.
La suma de las líneas
que he escrito ha dibujado
no mi rostro, sino algo más humilde:
mi cuerpo. Esto que tocas es mi cuerpo.
Otro lo dijo
mejor. Esto que tocas
no es un libro, es un hombre.
Yo añado que esto que te toca ahora
es un hombre.
Soy yo, porque no hay
ni una sola sílaba que esté libre de amor,
no hay ni una sola sílaba
que no sea un centímetro
cuadrado de mi piel.
En el poema soy acariciable
no menos que en la noche, cuando tiendo
mi sueño paralelo al sueño que amo.
No mosaico, ni número, ni suma.
No sólo eso.
Esto es una entrega. Soy pequeño
y grande entre tus manos.
Ésta es mi salvación. Éste soy yo.
Este rumor del mundo es el amor.
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