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30 de agosto de 2016

Café caliente, Flavia Ricci

Hay
en la cocina
un aroma que me invade
bajo
la
escalera
y viene a mí
al punto que cierro los ojos
hasta casi llegar a la cafetera
humeante
sirvo el café
sólo para mí
y espero
como si estuvieras en mi cama
o quizás pudieras
agarrarme por la cintura
desde atrás
luego vuelvo a la realidad
y bebo sola mi café
cada mañana
no sea cosa que se enfríe
¿sabés?
sola no me pongo nerviosa
sola
me sale café caliente.




26 de mayo de 2016

Mundo sin descuidos, Flavia Ricci

Los ojos curiosos. Silencio. Mira todo. Es enorme. Piensa, en las horas que faltan. La espera. Baranda de madera. Dedos que pasa por la superficie. Piensa en ella. Sonríe. La mirada que va más allá (se aventura). La tarde que cae. Todo el fin de semana por delante. Sonríe de nuevo. Ella, ahí. Un encuentro entre tanta arquitectura racionalista. Como ella (no es casualidad el lugar). Las palabras dejan lugar a las miradas. Se callan, trastabillan. La mano se desliza por la baranda de madera. Se impacienta. Se encuentran a mitad de camino. Levanta la vista. Quizás suene impertinente, pero aflora una invitación. El deseo avanza, sigiloso. Todo se detiene. Sus sentidos se concentran y afina el oído. Escucha. Tiene todo el tiempo del mundo y a la vez … La mano se desliza hacia un libro de poesías. Lo abre en la página 35 y lee. (Le) lee. (Le) sonríe. La gente circula alrededor ajena a ese pequeño mundo perfecto. Y como si nada: poesía. Destinataria de lo que pasa. Para ella y por ella. Se mantiene racional en su mundo sin descuidos. Pero, una mano se desliza, al encuentro del libro que va a devolverle. Las manos apenas se rozan. La piel apenas se toca (pero es claro que desde el principio esa piel busca su piel). Cierra suavemente el libro. Levanta la vista. Arquitectura racional. Como ella, y su mundo sin descuidos. 



7 de mayo de 2016

Una a veces, Flavia Ricci

Una a veces no sabe cuánto echará de menos a alguien
si no ha habido distancia
o soledad
Ni cuánto amor había en esos momentos
porque eran eternos
Una no sabe cómo reaccionar
ante las palabras
dichas
o los silencios del bosque
Ni cuánto cuentan los acantilados
Una no sabe
Pero a veces una regresa
y se da cuenta de repente
Es que los regresos tienen eso
Tajantes como un abismo
Claros como el mar desde los Acantilados
Una
De repente
Se da cuenta de todo.






29 de octubre de 2015

Ring de box, Flavia Ricci

Indómito el tiempo, el nuestro. Me preguntás si te quiero o por qué estoy con vos. Sensación de libertad, de ser yo, de poder encontrarte y que vengas a mi encuentro. Seguridad cuando bajás la vista si te miro, y después tan desafiante y rebelde. Vuelo lejos, vuelo simple, vuelo libre. Y de a poco la ropa va quedando en cualquier sitio, sigo la caída libre de tu camisa o la trayectoria del pullover. Me acerco y me detengo en tu piel erizada por el frío de una noche de primavera que parece otoño. Casi no se oye nada afuera, dentro suena un piano. Me siento a mirar las luces. Libertad. Por favor. Libertad. Te doy un beso, de pie, de esos que no puedo terminar, caemos en la cama, nos enredamos, fluye todo el deseo de esta niña caprichosa. Todo lo demás no importa. Lo quise armar y no me fue nada bien. Dejemos eso. Ring de box. Veo los límites, estoy dentro. Libertad. Dame novedad. Dejemos que pase esta noche. Y otra noche. Y otra ... Vuelvo a ser yo. Palabras en la garganta. Corazón pleno de ser yo.









24 de octubre de 2015

Divagues, Flavia Ricci

De su brazo. Trepaba y se aferraba a todo aquello como cuando escalaba montañas. Barcelona. Por Sarrià, tantos coches, tanto ruido, callecitas sin nombre ni momento. Todo pasaba en simultáneo. De su brazo volaba como si el tiempo fuera suyo. Abajo estaba Gràcia. Abajo la realidad, los compromisos, el reloj, la noche y el día, el orden, la espera, los quehaceres, el nombre y el apellido. Cerrar los ojos y volar. Todo aquello se terminaba. Bordeaba el abismo del final, donde no queda otra alternativa que hacer equilibrio para salir de allí. Y el adiós, un hasta luego ficticio. Todo, tan pero tan junto, todo. Y bajó a Gràcia.

¿Has visto alguna vez a un Dragón volar acompañado? Siempre vuelan solos. Y así sobreviven.



4 de junio de 2015

Se fue, Flavia Ricci

Perdón, pero todo aquello se fue
no puedo hacer nada
se fue
Descenso
leo dos palabras
certeras
te llevaste todo
con vos
Me separo
todo aquello se fue
me viene un dolor
quizás de tu ausencia
de esto de sacarte
desde abajo del pecho,
por encima del ombligo
o algo así
Lo único que sé
es que con puntería magistral
te llevaste todo
no puedo hacer nada
te borré.





27 de mayo de 2015

Si te digo ven (II), Flavia Ricci

Le hablás a una que no soy. A una que fui. Yo también puedo girarme sobre mi hombro y verla de reojo allí. Le hablás con unas palabras que antes avanzaban como dardos, y ahora temerosas, hasta puedo agarrarlas. Lo hago ¿lo ves? Tomo una a una tus palabras que llegan muy lento, las miro, las huelo, las froto. Las dejo. Dejemos las palabras. No son para mí, no a esa velocidad, son para la de ayer. Son letras en una entropía sin probabilidades de ser fonemas, sonidos. Sonrío. Extiendo mi mano. Y te digo ven. Hace tiempo estoy volando como un Dragón.





1 de mayo de 2015

Algo de tu nada, Flavia Ricci

Vos en tu vereda de Nada, donde nada hubo ni hay. Yo en la mía de Algo. Y ahora te doy la razón, cruzo a tu vereda de la Nada: no echo de menos nada (nada había en vos), hablo de nada (nada nombraste vos) y no me acerco nada (fueron tan prolijas tus distancias). Te doy la razón, lo entiendo ahora. Te acompaño entonces en tu vereda de la Nada. Pero entonces no vas a decirme que echás de menos Algo, que querés nombrar Algo, que te querés acercar Algo. Sobre todo no vas a decirme eso desde el silencio, porque no lo admito, ni escucho ni leo. Sobre todo no vas a decírmelo desde tu parálisis en la vereda de la Nada, porque eso es traicionar la esencia. No, tenés que saber que si Algo querés, tenés que moverte, cruzar a la vereda, la vereda del Algo. No temas, podés hacerlo por la senda peatonal, mirando fijo el semáforo para cerciorarte que está en rojo y nada va a pasarte. Seguramente será la senda más larga de tu vida: pero está marcada, hasta cerrando lo ojos podrás sentirla guiándote. Entonces, situándote en la vereda de Algo, en esa en la que yo estaba porque vos me colocaste allí, quizás puedas decirme algo, extrañarme algo, acercarte algo. No desde donde estás, nunca pero nunca más.




14 de abril de 2015

Llega, Flavia Ricci

La mano sabe cuándo es el momento de extenderse, porque rozará el amor sin duda alguna. La voz sabe cuándo nombrar, porque el sonido llegará al oído deseado. En definitiva, el amor sucede quizás de manera inesperada, pero a la vez sin dudas. No confundas lo inesperado con las dudas. No mezcles la magia de encontrar lo que buscabas con tu cobardía por tomar lo que llegó.




Así (II), Flavia Ricci

Hay quien tiene un cuerpo tan lleno de poesía
que una no deja de leer
Hay quien nombra con tanta certeza
que una enmudece de seguridad
Hay quien no estaba hasta ayer
y de repente aparece firme
Y definitivamente, sabemos que es la persona
que lo anterior eran ensayos
nadar contra la corriente
que lo que no tiene nombre
no es ni será.
Que todo, con esa persona, está por escribirse
tan de repente
que una noche aparece en nuestras vidas
una noche de abril:
así.





Verdadera ausencia, Flavia Ricci

Hablo de una ausencia que arde. Tu ausencia. No es una ausencia de alguien que jamás estuvo. Es la ausencia de alguien que estuvo y se fue. Que nombraba y ahora calla. Que dejó una estela de presencia que siento cuando camino por mi ciudad. Y en ese movimiento casi de ola cuando va bajando la marea me he quedado, no ya esperando, sino pensando qué pasó. No hablo de ausencia, eso es la nada misma, hablo de un vacío como un pozo que no tiene fondo. Y donde extiendo desde el borde mi mano. Pero indudablemente no estás. De ese vacío hablo, cuando hablo de ausencia y te nombro.