Caminar a miles de kilómetros. Acá mismo es de día y miro desde la senda peatonal, en el medio de la avenida, cómo avanzan los coches frente a mí. Pienso que en Argentina mis padres seguramente duermen. A miles de kilómetros de donde crecí nadie sabe nada: de mis caminatas, de mis sueños ni temores. A miles de kilómetros puedo pisar llanura o cornisa. Me voy, huyo, cambio, jamás regreso. No sé qué pasará a miles de kilómetros si alguna vez me caigo.
Lejos.
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16 de noviembre de 2019
30 de agosto de 2016
Café caliente, Flavia Ricci
Hay
en la cocina
un aroma que me invade
bajo
la
escalera
y viene a mí
al punto que cierro los ojos
hasta casi llegar a la cafetera
humeante
sirvo el café
sólo para mí
y espero
como si estuvieras en mi cama
o quizás pudieras
agarrarme por la cintura
desde atrás
luego vuelvo a la realidad
y bebo sola mi café
cada mañana
no sea cosa que se enfríe
¿sabés?
sola no me pongo nerviosa
sola
me sale café caliente.
en la cocina
un aroma que me invade
bajo
la
escalera
y viene a mí
al punto que cierro los ojos
hasta casi llegar a la cafetera
humeante
sirvo el café
sólo para mí
y espero
como si estuvieras en mi cama
o quizás pudieras
agarrarme por la cintura
desde atrás
luego vuelvo a la realidad
y bebo sola mi café
cada mañana
no sea cosa que se enfríe
¿sabés?
sola no me pongo nerviosa
sola
me sale café caliente.
20 de enero de 2016
Encuentro, Flavia Ricci
Esperar y mirar la gente pasar, en una calle cualquiera. Pero la soledad cobra otro significado, quiere decir otra cosa, si esa espera tiene fin. Un encuentro. Un encuentro que se sabe ocurrirá. Una espera lo que va a pasar. No es esa soledad sin fin, ni esa desconocida, ni siquiera esa que trae consigo tanta nostalgia por esa presencia que no está. No, es la soledad mansa. Y cuando vos aparecés, entiendo todo.
2 de enero de 2013
Nada se oye, Julia Uceda
The abandoned ruins of the dreams I left behind.
De una canción popular inglesa.
¿Estuve sola
a través de los tiempos y los grupos
dorados del otoño, a través de la sombra
del árbol en el agua
inquieta o dura, y más y más allá?
¿Fui o fuimos hablando entre la niebla
que fingía triunfantes
contornos a mi lado: un rostro puro
muy extraño en su noche, con los signos
de un idioma remoto en su frente, en su boca?
¿Yo les hablaba a la niebla y a la sombra
o es que alguien me oía?
¿Oía alguien?
La respuesta, ¿era una voz o el viento?
Era una voz ¿o el agua
salvaje de ese río cruel y poderoso
que el amor no conoce?
Nada se oye.
En la casa vacía, las preguntas -los pájaros-
se estrellan, silenciosas, contra el muro
y una muy tierna gota de sangre sustituye
a la huella del ala en el cemento.
Un instante fue el roce y destruidas
una a una se ocultan.
El silencio, ¿no es mucho para cada criatura?
La eternidad es sólo un peligro invisible
porque las roncas voces de la montaña claman
por los cuerpos perdidos que hablaron a las sombras.
Nada se oye.
Pero entonces, ¿me oía?
El silencio es como una eternidad sin fondo,
sin principio: una espalda
a la vida, a los hombres.
Para después no quiero contestación ninguna.
Es aquí donde tuve la urgencia de saberlo.
Oh sí, ya nada se oye.
Pero entonces, ¿me oía?
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