30 de septiembre de 2010

(in) love, Flavia Ricci

Suben, mis ganas de estar con vos, las horas que pasan, palabras que escribo a solas. Aumenta, mi temor por lo que pasará, mi convicción porque ahora sí, el pasado que queda atrás. Borrás, de un plumazo lo que no fue, sacás mi sonrisa más amplia, la música en mi corazón. Me hacés ver, pura poesía a mi alrededor, una meta a la que llegué, un giro por fin, a mi alrededor. Y llego, estoy, lo he logrado. Y en ese momento, es como si todo se detuviera. Te pienso, y espero que finalmente vengas, que me encuentres, como yo te he encontrado a vos. Sin buscarte, que es como me gusta encontrar.

26 de septiembre de 2010

Es preciso, autor desconocido.

Es preciso tener fuerza para ser firme, pero es preciso tener coraje para ser gentil.

Es preciso tener fuerza para defenderse, pero es preciso tener coraje para bajar la guardia.
Es preciso tener fuerza para ganar una guerra, pero es preciso tener coraje para rendirse.
Es preciso tener fuerza para estar en lo cierto, pero es preciso coraje para tener duda.
Es preciso tener fuerza para mantenerse en forma, pero es preciso coraje para mantenerse en pie.
Es preciso tener fuerza para sentir el dolor de un amigo, pero es preciso coraje para sentir los propios dolores.
Es preciso tener fuerza para soportar el abuso, pero es preciso coraje para hacerlo parar.
Es preciso tener fuerza para quedarse solo, pero es preciso tener coraje para pedir apoyo.
Es preciso tener fuerza para amar, pero es preciso tener coraje para ser amado.
Es preciso tener fuerza para sobrevivir, pero es preciso coraje para vivir.

1 de septiembre de 2010

Partes, Flavia Ricci

Así como cuando me encontraste mis partes se encontraron, así también cuando me dejaste se separaron.

Mis piernas querían correr en sentido contrario al que marchabas tú.

Mis manos aferrarse a fotos, libros y almohadas.

Mi corazón errante seguía enamorado, por corazón.

Mi mente se entusiasmaba con recuerdos que tal vez podían volver a ser parte del presente.

Pero en vez de puentes construiste muros. Y en lugar de palabras me devolviste silencios. Y a cambio de acción, la nada.

Y así voy por la vida, desarmada en pequeñas partes que te temen, te quieren, te evitan o te sienten. Que hacen cada día un acuerdo entre partes. Y todo lo que pasó, aparte.

24 de agosto de 2010

El Tiempo de los maduros, Mario de Andrade

“Conté mis años, y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora…
Me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas: las primeras las comió con agrado, pero cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente.
Ya no tengo tiempo para reuniones interminables donde se discuten estatutos, normas, procedimientos, y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.
Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.
Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.
No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.
No tolero a maniobreros y ventajeros.
Me molestan los envidiosos que tratan de desacreditar a los más capaces para apropiarse de sus lugares, talentos, y logros.
Detesto, si soy testigo, de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo.
Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos.
Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.
Quiero la esencia, mi alma tiene prisa… Sin muchas golosinas en el paquete…
Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.
Que sepa reír de sus errores.
Que no se envanezca con sus triunfos.
Que no se considere electa antes de hora.
Que no huya de sus responsabilidades.
Que defienda la dignidad humana.
Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.
Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.
Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas….
Gente a quien los golpes duros de la vida le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.
Sí, tengo prisa, pero por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.
Pretendo no desperdiciar parte alguna, de las golosinas que me quedan… Estoy seguro que serán más exquisitas, que las que hasta ahora he comido.
Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.
Espero que la tuya sea la misma, porque, de cualquier manera, llegarás…”

Mario de Andrade

24 de mayo de 2010

Mano, Flavia Ricci

Buenos Aires está tan terriblemente contaminado de tus pasos, tus palabras y nuestros sueños que cuesta pensar que no estás. Y por otra parte, el tiempo que todo lo cubre y la vida que avasalla pasó tan deprisa que a veces creo que todo aquello me lo inventé, que jamás compartimos noches y días ni sonrisas ni cafés. Ni manos, ni abrazos ni continuidades.
Fue tan rápido y ahora me parece tan ajeno todo que prefiero eludirte y no jugar con tu complicidad. Pero a veces, cuando me permito ir a mi ritmo y no al que impone Buenos Aires miro aquella esquina, mientras la gente me pasa por al lado. Cruzo la calle y hasta siento cómo tu mano se aferra a la mía, buscándola por primera vez sin que yo la viera venir. Siento ritmos y compases. Redundancias de las buenas. Suspiros cada momento. No te vayas, cuánto lo siento.
Hago un esfuerzo recordándote, trayéndote de nuevo hasta mí. Y camino por la peligrosa cornisa de insistir o desistir. Y por temor a que me rechaces prefiero deshacerme de tus recuerdos. Vuelvo a bajar y piso tierra firme. Aquí todo es más seguro y todo aquello se desvanece.
Sin embargo, cada vez que paso por esa esquina, una mano se aferra a la mía, buscándola por primera vez sin que yo la vea venir. Y yo digo bajito, casi para mí, "no te vayas, no me dejes. Por favor".

22 de abril de 2010

Antes y después, Flavia Ricci



El matrimonio, la primera causa de divorcio, duró un suspiro. Machacado por la convivencia y los excesivos espacios comunes. La miré a los ojos después de beber un poco de mi malbec y le dije:

- Te casaste con él porque te volvía loca.
- ...
- Y por la misma causa te divorciaste de él ahora.

Depende siempre del momento, la misma frase cobra sentidos opuestos. Y ambas seguimos disfrutando de nuestro malbec.

12 de febrero de 2010

Elogio a la mujer brava, Héctor Abad

Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas.

A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.

La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran “no más usted me avisa y yo le abro las piernas”, siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias).

A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.

Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.

Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.

Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas.. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.

Vamos hombres, por esas mujeres bravas!!!!!!!!!!

9 de febrero de 2010

Sand-wich?, Flavia Ricci

Estuve todo el día pensando en él. Por el Centro, en el coche, leyendo el diario en el café de siempre. Así que decidí largarme lo más rápido posible a su encuentro. Cada semáforo en las esquinas parecía querer detenerme adrede, como para prolongar el encuentro y perturbar mi deseo. Pero nada me disuadía. Llegué a casa, me metí en la ducha y me puse cómoda. Seguía pensando en él.
Estaba como enceguecida, disfrutando el momento en que pudiera tocarlo con mis propias manos, en el que entrara en mi boca y todos los sabores y colores se desvanecieran entre mi garganta y mis labios. Sentirlo suave, gustoso, casi prohibido. Sentir como formaba parte de mi cuerpo me gustaba.

- Piba, ¡¡tenés el sandwich!!, me gritó irritado el camarero.

Which sannnnddddwwwwiiiich? ..... parecía decirle yo en cámara lenta jugando con las palabras. No pude más que sonreír.

8 de febrero de 2010

A mí también me pasó, Flavia Ricci



- ¿Sabés por qué quiere cruzar él? Para encontrarse con su novia. Hizo 400km caminando para volver a encontrarla ¡Y ahora quiere cruzar el Canal de la Mancha, nadando!

- …

- Yo, cuando te fuiste, ni fui capaz de cruzar la calle para alcanzarte.

(Fragmento de diálogo de Welcome)

21 de enero de 2010

Ahí, Flavia Ricci

Sí, hay algo ahí. Que no me apega pero tampoco se despega. Hay algo ahí, cuando te veo o no te veo, no es igual. Hay algo ahí, en esas sorpresas agradables que me das. Hay algo ahí, en tus ojos azules, en tu pelo claro, en tu paz. Hay algo ahí que me lleva a conocerte y lo que es mejor, reconocerte como parte de mí. Hay algo, algo que no llamo de ninguna manera, que no me atrevo a ponerle un nombre, pero que me arrastra irremediablemente a querer estar con vos. Y yo cruzo todas las distancias para alcanzarte, porque sé que por fin vos no me dejarás hacerlo sola. Y antes habrás también, salido a mi encuentro. Ahí.

15 de enero de 2010

Perder la cabeza, Flavia Ricci

Mi sonrisa, esta que ves, va hacia vos, que halagador hacés que se multiplique, se contagie y vuelva a mí. Es como un boomerang, pero hay que saber agarrarlo. O podés quedarte sin cabeza. Si habré perdido la cabeza yo, por una sonrisa ...

21 de diciembre de 2009

Despegue de Barcelona, Flavia Ricci

He pensado, soñado y vuelto a pensar. Y un día, no sé cómo ni cuál exactamente, se conjugaron mis años de postergar el regreso con los por qué de esas prórrogas. Entonces fue que lo vi claro y despegué. Me despegué aquella idea del regreso y rompí el billete que cruzaba el charco, porque no era lo que quería. Despegué y me despegué de esa idea, que me ataba a algo difuso y cada vez más ajeno. Me quedo con el recuerdo y tal vez con alguna visita. Me quedo con los excelentes días y noches, y gentes y acentos. Me quedo con las risas y sonrisas, con el amor y el desamor. Me quedo con las calles laberínticas, con ese mapa que conozco como si fuese de allí. Me quedo con una mica de rauxa i una mica de seny. Pero me quedo aquí, explorando estas vidas argentas casi vírgenes que me quedan por vivir. Porque tengo claro que despertar en otro sitio que no sea dentro de estas fronteras me genera angustia. Porque deseo estar aquí y seguir aquí. Porque estoy a gusto. Porque queda mucho por escribir y vivir.
Así que despego de mí la idea del regreso, como una calcomanía que se ha quedado sin pegamento y no sirve más. Pongo bien los pies sobre la tierra y despego. Despego cerca y lejos. Pero siempre aquí.

20 de noviembre de 2009

Uno, Flavia Ricci

Te miro
Me miras
Te encuentro
Me buscas
Me abrazas
Te beso
Te extraño
Te siento
Me llamas
Nos vemos
Te acercas
Me quedo
Te huelo
Me gustas
Te quedas
Cada vez más cerca, de mundos diversos
Cada día uno
Cada día nuestro
Y tal vez un día
Cuesta mencionarlo
Me veas sin mirarme
Te quiera sin querer
Te abrace sin sentirte
Me dejes sin sentirlo
Y volvamos a ser, cada vez más lejos, de mundos diversos
Cada día uno
Vos y yo tan lejos

20 de octubre de 2009

Say no more, Flavia Ricci



¿Cómo era aquello? Lo de forzarme y hasta esforzarme por hacer algo?
¿Cómo era una mano, encima de otra mano, entrelazada?
¿Cómo era un labio, encima de otro labio?
¿Cómo eran mis ojos, siguiendo tus ojos, plantándose?
Mi mano encima del volante del coche en un semáforo que hace minutos ha dado verde, amarillo, rojo y otra vez verde, amarillo, rojo y otra vez.
El claxon, las voces, los cantos, la música
¿Cómo era aquello de ver pequeños Lego que iban apilándose?
¿Cómo era un ajedrez de Colombia?
¿Cómo era el aroma del café recién molido listo para dos?
Floto sin nadar, vuelo al ras, salto hacia abajo, trepo en diagonal.
¿Cómo era aquello?
¿De qué se trata esto?
Porque no lo quiero.