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28 de julio de 2007

Shortcut, Flavia Ricci

Después de la tristeza, la rabia, la distancia, de resistirse ella, de insistir él. Cara a cara se enfrentan a la verdad de saber que no es sólo sexo lo que los une, ni tampoco amor. Cada vez que se ven, van a ello. Activan sus mecanismos, presionan comandos y seleccionan shortcuts que los llevan inmediatamente al otro. Como si el tiempo no hubiese pasado. Uno al lado del otro, mirándose. Pero de adentro viene un aburrimiento tan grande que ella huye, lejos a los brazos del otro, sin sistemas ni mecanismos, sin shortcuts: pero donde todo está por escribirse.

13 de julio de 2007

Trahit sua quemque voluptas, Flavia Ricci

Mirando archivos, hoy viernes 13 maldita la suerte, encontré 13 fotos perdidas en los innumerables laberintos de la PC. 13 fotos mías, 13 fotos tuyas, 13 fotos nuestras en este viernes 13. Sonreías tú, sonreía yo, y creo que es tan grande la máscara con la que he vivido todos estos años de sexo, placer y felicidad que comienza a arderme la cara ahora que estoy quitándomela. Me niego, pero también necesito alejarme de ti. Y lloro, lloro con la misma frecuencia que las veces que miro nuestras fotos, que me niego a mirar. Maldita la suerte de haberte perdido de forma irremediable. Bendito el día en que nos conocimos y bendita esta vida, que me permite vivir con el peso de que por las imprecisas calles de este mundo deambulas tú, deambulo yo. Y sólo eso, ni modo de estirar mi mano. Ni modo continuar durmiendo del lado de la cama en que dormía contigo. Ni modo comprarme la mejor de las compañías. Maldito viernes 13. Como arde el rostro.

22 de mayo de 2007

Olvido vs recuerdo, Flavia Ricci


Recuerdo disfruta un fin de semana más, sentado al lado de la estufa en esa noche de otoño porteño. Recuerdo presiona "play" mientras se cocina uno de esos platos de hace algunos años. Recuerdo pasa una y otra vez por la góndola de los vinos y mira desconcertado las etiquetas y precios, como si no hubiera sido él quien cogía varias botellas tiempo atrás. Recuerdo cierra los ojos mientras escucha risas de niña, palabras agudas, salidas inocentes. Recuerdo llena una fuente transparente con unos brownies work in progress. Recuerdo coge el autobús 76, atraviesa los recuerdos con los ojos cerrados y una media sonrisa y por fin está allí, en su mundo de recuerdos sin haber llegado al pasado, desde aquí, su ahora. Recuerdo abre los ojos y escapan algunas lágrimas que rápidamente recoge con sus dedos sin que nadie lo vea. Recuerdo recuerda y no puede evitarlo. Recuerdo mira hacia el restaurante aquel y ve toda esa gente disfrutando una velada de fin de semana noctámbulo, mientras regresa a su casa un sábado cualquiera. Recuerdo sigue caminando por la que alguna vez fue su calle, y su área de cobertura. Recuerdo recuerda que por aquello de las simultaneidades mientras ella y él disfrutaban dentro de un buen vino tinto y de "su" cena home made aquella gente seguiría allí, disfrutando fuera. Ahora Recuerdo es quien veía cómo lo hacían, allí afuera en su ahora. Se detuvo, Recuerdo en sus recuerdos. Aunque ya no estaba allí, todo seguía casi igual. ¿Qué pensaba Recuerdo? Obviamente así iba a ser ... Pensó qué cerca estaba de su entonces, a unos pasos de su ayer. Y sin embargo, en un momento recordó el autobús 76 y giró a la derecha. Subió en cuanto llegó y se alejó viendo aquel entonces, desde su ahora. Recuerdo a veces recuerda, pero poco a poco Olvido gana terreno. Recuerdo y Olvido muchas veces discuten, trenzados en frases absurdas de aquel entonces y este ahora. Olvido necesita de Recuerdo, Recuerdo necesita de Olvido. Allí, en el 76 alejándose de su ex zona de cobertura aprendió que no es que Olvido esté en contra de Recuerdo, ni éste de aquel: porque ahora sabe, y cada día lo ejercita, que olvidar es también saber tener buena memoria. Recuerdo y Olvido por fin están en paz, cada uno en un cómodo sofá con un vaso de whisky, conversando como amigos de aquel entonces, y de este ahora. Los brownies esperan ... Tal vez más tarde abra una botella de buen vino tinto, por qué no.