5 de octubre de 2012

No me interesa, K. Gibrán

No me interesa saber a qué te dedicas
Quiero saber qué es lo que añoras
y si te atreves a soñar
o alcanzar lo que tu corazón ansía.


No me interesa saber qué edad tienes
Quiero saber si te arriesgarás
a parecer un loco por amor, por tus sueños,
por la aventura de estar vivo.


No me interesa saber qué planetas están cuadrando tu luna
Quiero saber si has tocado el centro de tu propia pena,
Si has estado abierto a las traiciones de la vida
O te has vuelto marchito y cerrado por miedo a más dolor.


Quiero saber si te puedes sentar con dolor, tuyo o mío,
sin moverte para esconderlo, diluirlo o arreglarlo.
Quiero saber si puedes estar con alegría, tuya o mía,
y si puedes danzar libremente y dejar que el éxtasis te llene
hasta las puntas de los dedos de tus manos y de los pies,
sin advertirnos de ser cuidadosos,
ser realistas o recordar las limitaciones de ser humano.


No me interesa si la historia que me estás contando es verdad,
quiero saber si puedes desilusionar a otros
por ser sincero contigo mismo,
si puedes resistir la acusación de traición
y no traicionar a tu propia alma.
Quiero saber si puedes ser fiel y por lo tanto confiable.
Quiero saber si puedes ver belleza hasta en los días feos,
y si puedes nutrir tu vida desde la presencia de Dios.


Quiero saber si puedes vivir con fallas, tuyas y mías,
y todavía pararte en la orilla del lago y gritar
a la luna llena plateada... ¡SÍ!


No me interesa saber dónde vives, ni cuánto dinero tienes.
Quiero saber si te puedes parar
después de una noche de pena y desesperación,
débil y moreteado hasta los huesos,
y no obstante hacer lo que debes y necesitas hacer
y seguir adelante.


No me interesa saber quien eres, ni por qué estás aquí.
Quiero saber si te puedes parar
en el centro del fuego conmigo sin encogerte.
No me interesa dónde, qué, o con quién has estudiado,
quiero saber si te sostienes desde adentro
cuando todo se cae a tu alrededor.


Quiero saber si puedes estar solo contigo mismo
y si verdaderamente disfrutas la compañía que mantienes
en tus momentos de soledad.

2 de octubre de 2012

Falso territorio, Irene Gruss

Dejó de arder. No el leño
sino el ímpetu,
la gana, lejos, 
allá.
No llego allá. No hay allá.
Lo que importa es que dejó de arder.


FUENTE: http://lamitadelaverdad.blogspot.com.ar/2012/07/falso-territorio.html

1 de octubre de 2012

Espresso, Flavia Ricci

Este sol que sale en la mañana, cuando llego a casa sobre las 8 y me dispongo a preparar un espresso. Ahora que son dos, y me refiero a los espresso, miro una taza y otra alternadamente mientras vos, desde otra habitación, me decís algo. Yo miro hacia el jardín y veo el cerezo florecer, en esta primavera. Yo fui quien te abrí la puerta con una sonrisa de la cual vos sos responsable cada día de mi vida. Es lindo sonreír, es lindo verte cada mañana. Es lindo preparar dos espresso mientras miro, en esta primavera, cómo florece el cerezo del vecino. Y ya no miro al vecino, solamente su cerezo.

Basta, Flavia Ricci

Jamás pude esperar, a menos que en esa espera me dieran tantas palabras que me llenaran los ojos y el corazón. Pocas veces ocurrió, así es que por lo general decido dejar la espera, ni apostar por ella, e ir directamente a la búsqueda de la realidad, de quien está, está cerca de mí con sus palabras, gestos y atenciones varias. Lo demás queda en terreno virtual, me gusta, llena en parte mi vista y corazón, pero no lo dejan pleno.
Jamás pude esperar, aunque lo he intentado
porque por lo general me encuentro con dos palabras que no dicen nada
o que dicen de forma insuficiente
y yo necesito todo
necesito tu presencia
aunque sea con forma de palabras
necesito que esperarte me sirva
necesito que la espera se funda con palabras, melodías y sonidos
necesito que pensarte sea más
que sentirme sola
por eso jamás he podido esperar
porque dejo en manos de los demás mis sentimientos
y no tengo la edad para eso
ni la paciencia
ni el tiempo
ni las ganas
yo quiero decirte esto
esto que siento
cuando estemos cara a cara
y es por eso
que ya no puedo esperarte
porque vos de alguna manera
nunca elegiste estar
ni con tus tiempos
ni con tus palabras
ni con tus gestos
no me basta nada de eso
Y es por ello
que yo nunca he podido esperar.

Silencio, Flavia Ricci

Esa cara, esa sonrisa es la misma que te regala tiempo, poesías y pensamientos. La misma que te mira sin cansarse, la que te piensa sin cesar. La misma cara, esa misma sonrisa es la que va atravesando calles, horas, páginas. La que está sola y con cientos de personas. La que te es fiel e infiel a la vez. La que te dice las cosas que querés escuchar y se guarda las que ella quisiera oír. La que te espera, aún sin poder manejar tiempos y exclusividades. La que se esconde en recuerdos, recónditos recodos de su memoria que afloran traicioneros en la hora menos pensada. La que se mira al espejo y sonríe sin saber por qué. Esa misma cara, esa misma sonrisa es la que te atrae y te atrapa sin que aun la hayas tocado. Esa misma cara, esa misma sonrisa es la que te moviliza en tus horas de sueño y de madrugada, cuando todo comienza a dibujarse. Esa misma cara, esa misma sonrisa es la que da motivo a tu día, aunque sepas que no está a tu lado. 
Pero también, 
esa cara, esa sonrisa, se mezcla en ambientes en donde vos no podés alcanzarla, alejada lo mejor posible de vos, de todo. Se refugia en lugares con personas desconocidas que bailan y se mueven como le gusta. Ve pasar sus días sin pedir nada ni sintiéndose aclamada. Abre los brazos y olvida haberte conocido. Esa cara, esa sonrisa, ese cuerpo que pensó en quedarse de repente se fue, antes de llegar. Caminó, corrió, huyó. Y se esfumaron las palabras, las expectativas, los versos y los deseos. Se fueron de ahí, no están más. Un día. un buen día, dejaste de ser un destino para convertirte en un paisaje más de su composición. Era muy bonito para ser real. Esa cara, esa sonrisa, necesitaban anclarse en algún sitio, gestos, días, noches, especificidades que vos no pudiste o quisiste darle. Así es que simplemente dejaron de estar.
Esa cara, esa mirada ...
Como llegaron se fueron
Y quedaron fotos
y me gusta
nada claro
esa cara, esa sonrisa
se cansó del vacío
se fue, te dejó
o quizás
jamás te había atrapado
eran sólo palabras
y no estuviste a la altura
de la realidad.
Pensaste solamente en vos
así es que ahora
podés visitarla 
mirarla
tocarla
cuando quieras
Con la diferencia
que esa cara, esa sonrisa
ya no son para vos.

30 de septiembre de 2012

Confusiones en las noches de luna llena, Flavia Ricci

La luna iba subiendo, redonda y plateada, en un cielo algo nuboso. Miró hacia arriba y disfrutó al aire libre de unas copas de vino. Cerró los ojos y pensó en noches de lobos feroces y más lunas llenas, en que ya no colaba hacerse pasar por Caperucita, pero que sería igualmente divertido. 
Sonrió cuando una catarata de deseos mezclada con recuerdos se le vino a la mente tan de repente. Le agregó una buena dosis de fantasía y ya tenía el cóctel perfecto. Hubo un llamado telefónico al que solamente respondió con una hora precisa: faltaban dos horas. Bebió, pensó, sonrió y siguió mirando la luna llena. Iba a visitarla el lobo.
Por la mañana estiró el brazo en su cama, para desperezarse, y tocó una espalda que no tenía nada de peluda y bajó hasta unas piernas que parecían haber pasado por la depilación definitiva. No abrió los ojos. No era un lobo. Siguió durmiendo a pesar de que el sol ya se filtraba por su ventana. 
Horas más tarde se despertó, sola, en su cama. Miró hacia todos lados: nadie. Bajó a prepararse el desayuno y vio la puerta de calle entreabierta. Sonrió.

27 de septiembre de 2012

Autoadhesivo, Flavia Ricci

Semáforo en rojo
Me detengo detrás de tu coche
Miro hacia adelante
Me devolvés una sonrisa desde tu espejo retrovisor
Semáforo verde
Avanzás en primera
Avanzo yo
Guiños desconcertantes
Mi coche sigue detrás del tuyo
Miro encima de tu paragolpe
Aparece una familia autoadhesiva
Te paso por la izquierda
Pongo segunda
Acelero y giro en la primera esquina.


26 de septiembre de 2012

Eco, Flavia Ricci

Me quedé haciendo malabares con tus palabras, peligrosas palabras, persuasivas palabras, sensuales palabras. Pensamientos que tuviste que verbalizar, llenándome de falsas certezas y de un vértigo que no quería. Palabras que quedaron ahí, sentando una base a donde podíamos regresar cuando no estuviéramos seguros de haberlas dicho. Palabras que no nos permitieron entonces retroceder, ni imaginar otros mundos con otras palabras, ni fantasear con que quizás uno de los dos no quisiera decirlo así. Palabras que me cercaron, que me llevaron a la acción, a una acción en base a esas palabras que te empecinaste en que dijera. Y te las dije. Con tus palabras me hiciste subir hacia una cima escarpada y filosa, que subí confiada casi corriendo y sin esfuerzos. En la cima, cuando quise compartir mis palabras, cuando quise recrearlas para dártelas, acaso con sinónimos igual de válidos, me habías dejado sola. A ciegas. Desconcertada. Vacía. Silencio. No hay palabras. Hay un eco, un eco de todo lo que me dijiste. No sé si lo he imaginado, así que regreso perdida a intentar encontrarte en tus palabras. Y solamente queda eso, vos no estás, vos desapareciste, a vos no te bastó encontrarme. Siento un eco, un eco acallado que se va apagando. Mi oído no escucha nada más. Te llamo. Te has ido. Después de todo aquel ruido, te has ido, no estás. 
Bajo como puedo de la montaña, dejo la cima. Vuelvo a dormir en lugares diversos, en casa y te busco, en vano. 
Voy quitándote, como si fueran post-it, los proyectos que había colgado para que vos, para que yo, hiciéramos. Se cierran puertas, viajes, comidas, risas, libros, películas, caminatas, amaneceres, noches, abrazos, besos. Quito todo, de a poco y con tristeza pero también con determinación. No me olvido de vos,  ni me olvido de todas esas cosas lindas que quiero hacer. Me olvido de todas las cosas lindas que quise que hiciéramos juntos. Quito la línea mental que unía tu persona, a esas cosas que quiero. Y te suelto, te dejo, me alejo de vos. Suena un eco, un eco después de todo aquel ruido. Jugaste conmigo, no me di cuenta, te creí. Escucho un eco, pero un eco cada vez más chiquitito

Hombre abeja, Flavia Ricci

A esas horas tempranas de la mañana en las que el sol ya acaricia superficies lisas y rugosas, yo conduzco camino a casa mirando una población de madres y padres que llevan a sus niños al colegio. Con Emma Shapplin sonando en el coche, aparece el hombre abeja a través de mi ventana en la plaza de la ciudad. Y yo sonrío mirándolo. A estas alturas podría saludarlo y seguir, con el coraje que me da la música. Pero me quedó mirando su casco, sus auriculares que le han dado el apodo con el que yo mentalmente lo llamo y esos conitos fosforescentes y anaranjados que delimitan vaya una a saber qué. Paso en el coche, hombre abeja. Hombre que me mira, que me sonríe, que me saluda con una mano y me sigue con la vista. Suena Emma Shapplin, cierro ligeramente los ojos, giro a la izquierda y regreso a casa. Hasta mañana, hombre abeja.

25 de septiembre de 2012

El otro cielo, J. Cortázar

Me ocurría a veces que todo se dejaba andar, se ablandaba y cedía terreno, aceptando sin resistencia que se pudiera ir así de una cosa a otra. Digo que me ocurría, aunque una estúpida esperanza quisiera creer que acaso ha de ocurrirme todavía. Y por eso, si echarse a caminar una y otra vez por la ciudad parece un escándalo cuando se tiene una familia y un trabajo, hay ratos en que vuelvo a decirme que ya sería tiempo de retornar a mi barrio preferido, olvidarme de mis ocupaciones (soy corredor de bolsa) y con un poco de suerte encontrar a Josiane y quedarme con ella hasta la mañana siguiente.

23 de septiembre de 2012

Nombrar, Flavia Ricci

Lo primero que haré es preguntarte tu nombre
porque no sos parte de la gente, sos vos
para sacarte del grupo uniforme y homogéneo
y darte tu lugar y tiempo, conmigo
Después de tantos anónimos
Tantas caras sin nombre que recorren mi mente
Vos no sos como cualquiera
Quiero saber tu nombre
para que cuando te sueñe
te espere, te quiera tanto como te quiero
pueda nombrarte
y me quede en tu nombre.

El amenazado, J. L. Borges

Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única. ¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para sus mares y sus espadas, la serena amistad, las galerías de la Biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejercitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.

(De El oro de los tigres)

21 de septiembre de 2012

Ruido, Flavia Ricci

Los versos me hicieron ruido: "Pero nunca, nunca lo que llega es igual a lo esperado". Tuvo que decirlo, tuve yo que leerlo. Y se clavaron en mi mente y allí vagan, de un lado a otro, sin cesar. Como un títere voy y vengo, dando más que lo que recibo, esperando más de lo que me esperan, o con esa sensación. Sin querer explicar nada, porque no hay nada que explicar. Esta situación incómoda de estar en desventaja, de haberme quedado sin nada y a la vez con toda tu nada, porque nada me has dado más que frases que comienzan con "tal vez". 
Yo te di todo un mundo, quizás imperfecto, pero que era mío. Entraste como quisiste y cerraste la puerta detrás. Yo quería entrar en el tuyo, pero nos quedamos solamente en éste, el que vos decidiste. Con total soltura me hablaste de amantes y amores, y yo escuché sin pestañear. Me quedé en un lugar incómodo, pero me quedé. Respondiendo a todo, incluso a tus expectativas que cada día me interpelaban, pero sin recibir más que silencios pausados de acuerdo a tu capricho. No quiero esto, no me basta, no me sirve, me lastima. Quiero soltarlo, quiero soltarte. Voy a dejarte ahora, antes que sea tarde, aunque sea después de todo.

20 de septiembre de 2012

Hombres lejanos, Flavia Ricci


Borrosos, como difuminados
Lejanos, indescifrables
Conocidos, devenidos desconocidos
Ya no ladran, ni cabalgo
Hombres lejanos
borrosos
difuminados
se pierden
en horizontes pasados
y una mujer aparece
con las cosas cada vez
más claras.


16 de septiembre de 2012

Los lugares, Juan Carlos Onetti


–Usted puede ir a Santa María cuando quiera. Y sin que nada le cueste, sin viajar siquiera. Escuche: ... Brausen.

Se estiró como para dormir la siesta y estuvo inventando Santa María y todas las historias. Está claro.
–Pero yo estuve allí. También usted.
–Está escrito, nada más. Pruebas no hay. Así que le repito: haga lo mismo. Tírese en la cama, invente usted también. Fabríquese la Santa María que más le guste, mienta, sueñe personas y cosas, sucesos.

Imagen:  http://www.onetti.net/


11 de septiembre de 2012

Cucharitas, Flavia Ricci

Entré apurada buscando las cucharitas.
Tu sonrisa, amplia, me iluminó el día. De paso, me saludaste como si me conocieras, o me esperaras, y yo te creí, porque vivo en una pequeña ciudad y es factible.
"Acá podés encontrar todas las cucharitas que hayas soñado", fue tu frase certera. Y yo te dije que soñaba con muchas cosas, pero no quería terminar soñando con las cucharitas.
Me vendiste unas sueltas, sin muchos detalles de mi parte y con muchas ganas de seguir el diálogo de la tuya ... Omití la frase que suele alejar ligues rápidos: "es que MI HIJA necesita las cucharitas para el colegio" ... bla bla bla ...
Te devolví la sonrisa, franca, con mi pelo habitualmente despeinado ... pagué, te saludé cordialmente y me fui pensando "si vos supieras, si supieras ....".





30 de agosto de 2012

Huevo y chorizo, Flavia Ricci

Tengo pocos recuerdos de mi infancia, pero uno de ellos, que viene con olor a comida, es el deleite que para mí suponía comer huevos fritos. Era una extraña relación entre las escasas veces que me los preparaba mi mamá con el gusto de ese exquisito plato. A todo esto colaboraba que muchas veces me lo prometían, pero esas promesas terminaban inconclusas. Con ese mismo respeto preparo huevos fritos muy de vez en cuando. Y cuando lo hago, me concentro rompiendo la cáscara y abriéndola con mis dos manos con sumo cuidado, no sea que se rompa la yema. Pensaba en todo eso mientras esta noche tomaba un cabernet en la cocina de casa, sin mi madre pero con un huevo haciéndose en el teflón. Perfecto, con la yema líquida y la clara hecha, como siempre me gustó. Los choricitos con pimentón rojo esperaban su turno. Pero jamás, jamás, tendrán el protagonismo de un huevo frito. Qué querés, chorizo .... estoy recuperando recuerdos ...

29 de agosto de 2012

Historia de la manzana misteriosa de Parque Chas, A. Dolina

Existe en el barrio de Parque Chas una manzana acotada por las calles Berna, Marsella, La Haya y Ginebra.
No es posible dar la vuelta a esa manzana.
Si alguien lo intenta, aparece en cualquier otro lugar del barrio, por más que haya observado el método riguroso de girar siempre a la izquierda o siempre a la derecha.

Muchos investigadores han intentado la experiencia formando grupos numerosos. Los resultados han sido desalentadores. A veces sucede que el paseante sigue en la misma calle aún después de doblar una esquina.
En 1957, un grupo de exploradores franceses desembocó inexplicablemente en la estación de Villa Urquiza.

Urbanistas catalanes probaron suerte formando dos equipos y partiendo cada uno en dirección opuesta. En cualquier manzana de la ciudad es fatal que los grupos se encuentren en la mitad del recorrido. Pero en este lugar no sucede tal cosa y hasta se han dado casos en que un equipo alcanza al otro por detrás.

Los más pertinaces han realizado excursiones a través de los fondos de las casas, con el resultado de aparecer siempre dejando a sus espaldas calles que no habían cruzado jamás.

En estas experiencias se descubrió que muchos vecinos son incapaces de indicar en qué calle viven. Asimismo existen casas que no dan a ninguna calle. Sus habitantes se alimentan de sus propios cultivos o de lo que generosamente les pasan por sobre las medianeras.

Los taxistas afirman que ningún camino conduce a la esquina de Ávalos y Cádiz y que por lo tanto es imposible llegar a ese lugar. En realidad, conviene no acercarse nunca a Parque Chas.



28 de agosto de 2012

Pregunta que ataca, Flavia Ricci

Ahora, en este momento de mi vida, me atacaron las preguntas.
Preguntas chiquitas, preguntas grandes, grandes preguntas.
Preguntas que se cansaron de esperar. Y de esperarme.
Yo entonces dejé de correr, y las miré fijo, cara a cara.
No me gustó lo que vi, ninguna imagen, ningún recuerdo.
Pero aun así ellas se mantenían en guardia.
Me atreví entonces a levantar la vista, a mirarlas
De alguna manera me atreví a hacerles frente
Las preguntas fueron directas, no aceptaban curvas o repliegues
Habían estado allí mucho tiempo
Había algo que no me permitía bajar la vista
Así que las enfrenté
Las preguntas chiquitas comenzaron a hacerse grandes
Y las grandes crecieron más
Yo las miraba, mantenía la vista fija en ellas
en una recta directa de mis ojos hasta los interrogantes
y de esos interrogantes hasta dentro, muy dentro de mí
Se me hizo un nudo en la garganta
Malditas preguntas, me atacaban todas juntas
Pero entonces yo, que siempre les había temido, las enfrenté
Y después de años de silencio
Les disparé respuesta tras respuesta
Con lágrimas en los ojos
Con nudos en la garganta
No dejaba de responderles
Yo
que siempre había evitado las preguntas directas
y más aun las respuestas cerradas
avancé decidida
y renací.



26 de agosto de 2012

Diez años menos, Flavia Ricci

Durante los últimos diez años de mi vida viví de sueños. Quizás porque sabía que, aunque no me quedara nada en este mundo, jamás los perdería. Quizás porque detrás de toda mi soledad, ahora que todos se han ido, siempre podía acariciarlos, removerlos y ver que estaban allí, esperando el momento de hacerse realidad. Durante estos diez años no me importaron los momentos amargos, los logros, los fracasos y ni siquiera las sonrisas. Cuando regresaba a casa, antes de dormir, pensaba en mis sueños. Quizás porque no quería ver la realidad tal cual es, ruda y sin pliegues, me refugiaba en ellos. Y hoy se han ido, he crecido de repente, levanto mi cabeza y miro el cielo. Y no veo más que eso. Tengo diez años más que cuando empecé a soñar, miro a mi alrededor y veo todo tal como es, como quienes no sueñan. Me hice grande, los dejé ir. Ojalá vengan otros. Y no tarden diez años. Esta noche veo todo sin pliegues, ni dobles sentidos, hoy será el tiempo de dormir, ya vendrá el de soñar. Ya vendrá ...

24 de agosto de 2012

La venganza femenina, Flavia Ricci

Se vengó de mí de la peor manera: olvidándome. Y entre medio de estos años yo vagué por el mundo, cambiando de lugares y personas cuando el hastío llegaba a mi puerta. Al vacío lo llenaba con novedades. Sin darme cuenta por qué nunca encontraba nada.

Busqué entonces hablarle, hacerme perdonar, pero ella parecía no reconocerme. Agoté las posibilidades: allí estaba la clave. Y decidí pasar página y quedarme con su mejor recuerdo. Olvidarla no, jamás: yo no necesito vengarme.





21 de agosto de 2012

Mujer que recupera la memoria, Flavia Ricci


En 2007 -y me esfuerzo por recordar el año y de alguna manera la fecha- volví a Rosario después de años de no hacerlo. Desde chica que no iba, con lo cual sumado al auge que tuvo la ciudad me resultó una desconocida. Fuimos a la Estación Fluvial y él me dijo que ese mural lo había pintado el abuelo de su ex esposa. Lo miré de reojo, al mural, y seguí mi camino. 

Con el tiempo no volví a ver a su ex esposa, a quien conocí en Barcelona. Y él se trasladó de Rosario a Buenos Aires, asumo que por mí, y de allí regresó a los pocos meses a Barcelona, asumo que también por mí. Necesito ir recuperando la memoria de tanta vida, esta vez desde el litoral.

Nómade nocturna, Flavia Ricci

Y como este deseo de verte ya, traicionero, me ataca desprevenida por las noches, intento dormir en sitios de casa donde nunca he dormido, como si no tocara descansar, como si distraídamente mis ojos fueran cerrándose de cansancio. Y pasan las horas y vuelven aquellos días una y otra vez apilándose en mi memoria, en silencio. Yo colecciono tus recuerdos, porque no puedo hablar con el pasado. Ese pasado que no pasa, que no quiere pasar. Que no hace honor a su nombre, "pasado".

La noche me ataca con su silencio y todos los kilómetros recorridos no son suficientes para agotarme. Abro los ojos, camino, cierro los ojos, hago que duermo. Llega el amanecer, hago lo que hacen todos. Y por la noche elijo otro lugar de casa, para no decirle a mi cabeza que toca dormir, por si no me hace caso. Tengo que aprender a dejar en el pasado las cosas que me han pasado, como vos. A no confundirlas con mi presente, porque no estás.

Palabras de Amyr Klink


“Um homem precisa viajar. Por sua conta, não por meio de histórias, imagens, livros ou TV. Precisa viajar por si, com seus olhos e pés, para entender o que é seu. Para um dia plantar as suas próprias árvores e dar-lhes valor. Conhecer o frio para desfrutar o calor. E o oposto. Sentir a distância e o desabrigo para estar bem sob o próprio teto. Um homem precisa viajar para lugares que não conhece para quebrar essa arrogância que nos faz ver o mundo como o imaginamos, e não simplesmente como é ou pode ser. Que nos faz professores e doutores do que não vimos, quando deveríamos ser alunos, e simplesmente ir ver”.

20 de agosto de 2012

Al pie de la letra, A. Abós


Después de cada uno de sus viajes, Marco Polo le narraba al
Gran Kan sus itinerarios y le describía las ciudades que ha bía
visitado. Pero esas ciudades no existían. Algunas, como Babilonia,
Nínive, Cartago, habían desaparecido, dejando sólo señales
de los hombres y mujeres que las habían habita do: marcas, incisiones,
cicatrices del deseo y del dolor que allí habían palpitado.
Otras, como Zora, Diorima, Isaura, nun ca habían existido.
Pero al Gran Kan no le importaba, porque para él esas ciudades
a las que el relato de Marco Polo lo transportaba eran reales.

19 de agosto de 2012

Canción de guía, C. Nalé Roxlo


Hay que andar por el mundo como si no importara.
Sin preguntar el nombre del pájaro y la planta,
ni al capitán del buque a dónde lleva agua.
Mirar al otro lado del que todos señalan,
que es allí, donde crece la rosa inesperada.
Hablar con el herrero del caballo y la fragua,
Pero mirando al fuego con atenta mirada;
Puede que en un silencio veas la salamandra.
Crear el nombre hermoso de alguna imaginaria mujer, y luego a todos preguntarles con ansia
si no la han visto. Acaso te lleven a su casa.
En la copa vacía beber con esperanza,
Tal vez una divina locura, el cristal guarda.
Sacar siempre a los ojos el aire azul del alma
para ver lo que nunca alcanza la mirada.

18 de agosto de 2012

Curriculum vitae, Blanca Varela

Foto:  http://letras.s5.com

digamos que ganaste la carrera 
y que el premio era otra carrera 
que no bebiste el vino de la victoria
sino tu propia sal
que jamás escuchaste vítores
sino ladridos de perros
y que tu sombra
tu propia sombra
fue tu única y desleal competidora.

17 de agosto de 2012

Payasadas, K. Vonnegut



He tenido algunas experiencias con el amor, o por lo menos pienso que las he tenido. En todo caso, las que más me han gustado podrían fácilmente ser descritas como «simple decencia». Traté bien a una persona durante un corto tiempo, o quizás incluso durante un largo tiempo, y esa persona a su vez me trató bien a mí. No es forzoso que el amor haya tenido algo que ver con eso.





13 de agosto de 2012

Manos y palabras, Flavia Ricci

La mano, mi mano, que te descubre, que te roza, que te toca, que te abraza. 

Los brazos, que se enganchan, 

los ojos, mis ojos, tus ojos, que se encuentran 

y las palabras, mis palabras, tus palabras, que se comparten. 


Y es eso, justo eso, lo que ha hecho que seas vos y no otra persona la que esté en mi universo y se haya metido tan profundamente en mi vida.


La mano, mi mano, que no sabe, que no puede y se aleja. 

Mis ojos, que miran para otro lado, incapaces y cobardes. 

Mis brazos, que abrazan otros cuerpos infelices, supérfluos. 

Mis palabras, mis pobres y únicas palabras que intentan estar allí, donde las tuyas, donde estás vos. 

Y el silencio, incompatible en mi universo, en donde tenés que estar vos.


26 de julio de 2012

Rescatando memorias, Flavia Ricci

Hace varios años, cuando ambos vivíamos en Buenos Aires, conocí a Vic. Una persona con mucha experiencia de vida, con mucha vida interior. Después yo me instalé en Tres Arroyos y él regresó a Barcelona. Esta es la entrevista que le hice para mi programa, Tutto a Posto, en Radio 3 de Tres Arroyos, allá por 2009.

CafeteraGlobal



25 de julio de 2012

El núcleo del síntoma, Flavia Ricci

Hoy te pusieron nombre, sos el núcleo del síntoma. Para mí sos quien da vueltas en mi cabeza desde hace años con una fuerza centrífuga que, pase lo que pase, me lleva a vos. Pasan personas, risas, viajes, años, sueños, libros, películas y canciones y allá estás, núcleo.
Fue aquel paso al costado, cual cangrejo, lo que te puso en mi camino de acá en más. No me conformo con el silencio. Tuyas son todas mis noches sin dormir. De madrugada con los ojos abiertos en el silencio de esta ciudad donde ahora vivo. Tuyos son todos esos recuerdos que intento aprisionar, rescatar de mi modesta memoria. Son tus pasos, tus gestos, tus palabras, tus mensajes los que intento que no se borren. No me conformo con mi cobardía. No me conformo con tu rencor. No quiero tu silencio: necesito que hables. Es tanto lo que tengo por decirte en estos años de silencio y de conformismo. Es la vida misma la que me da la esperanza de volverte a encontrar.
Hoy te pusieron nombre, sos mi nucleo del síntoma. Nombre críptico y freudiano para lo que yo llamo amor.


16 de julio de 2012

Metafísica de los tubos, A. Nothomb







Desde hace mucho tiempo, existe una inmensa secta de imbéciles que oponen sensualidad e inteligencia. Es un círculo vicioso: se privan de placeres para exaltar sus capacidades intelectuales, lo cual sólo contribuye a empobrecerles. Se convierten en seres cada vez más estúpidos, y eso les reconforta en su convicción de ser brillantes, ya que no se ha inventado nada mejor que la estupidez para creerse inteligente.

El deleite en cambio nos hace humildes y admirativos con lo que lo produce, el placer despierta la mente y la empuja tanto hacia la virtuosidad como hacia la profundidad. Se trata de una magia tan potente que, a falta de voluptuosidad, la sola idea de voluptuosidad resulta suficiente. Mientras existe esta noción, el ser está a salvo. Pero la frigidez triunfante está condenada a celebrar su propia insustancialidad.

Uno se cruza a veces con gente que, en voz alta y fuerte, presume de haberse privado de tal o cual delicia durante veinticinco años. También conocemos a fantásticos idiotas que se alaban por el hecho de no haber escuchado jamás música, por no haber abierto nunca un libro o no haber ido nunca al cine. También están los que esperan suscitar admiración a causa de su absoluta castidad. Alguna vanidad tienen que sacar de todo eso: es la única alegría que tendrán en la vida.




Memoria, Simónides de Ceos

"Dispongamos las cosas que se quieren recordar a lo largo de un camino. Porque todo conocimiento es recuerdo. Y toda memoria de las cosas comienza al caminar. Dispongamos cada idea, cada pensamiento, y también los sueños, cada uno en un lugar. Y guardemoslo allí. De forma que al volver sobre el camino cada idea, cada lugar, nos lleve al siguiente". Simónides de Ceos.

22 de junio de 2012

Centro del hombre, Luis Cernuda

"Por unos días hallaste en aquella tierra tu centro, que las almas tienen también, a su manera, centro de la tierra. El sentimiento de ser un extraño, que durante tiempo atrás te perseguía por los lugares donde viviste, allí callaba, al fin dormido. Estabas en tu sitio, o en un sitio que podía ser tuyo; con todo o con casi todo concordabas, y las cosas, aire, luz, paisaje, criaturas, te eran amigas. Igual que si una losa te hubieras quitado de encima, vivías como un resucitado." (Centro del hombre, en Variaciones de un tema mexicano, 1952).

21 de mayo de 2012

Frente al mar, Alfonsina Storni

Oh mar, enorme mar, corazón fiero 
De ritmo desigual, corazón malo, 
Yo soy más blanda que ese pobre palo 
Que se pudre en tus ondas prisionero. 

Oh mar, dame tu cólera tremenda, 
Yo me pasé la vida perdonando, 
Porque entendía, mar, yo me fui dando: 
«Piedad, piedad para el que más ofenda». 

Vulgaridad, vulgaridad me acosa. 
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre. 
Hazme tener tu cólera sin nombre: 
Ya me fatiga esta misión de rosa. 

¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena, 
Me falta el aire y donde falta quedo, 
Quisiera no entender, pero no puedo: 
Es la vulgaridad que me envenena. 

Me empobrecí porque entender abruma, 
Me empobrecí porque entender sofoca, 
¡Bendecida la fuerza de la roca! 
Yo tengo el corazón como la espuma. 

Mar, yo soñaba ser como tú eres, 
Allá en las tardes que la vida mía 
Bajo las horas cálidas se abría... 
Ah, yo soñaba ser como tú eres. 

Mírame aquí, pequeña, miserable, 
Todo dolor me vence, todo sueño; 
Mar, dame, dame el inefable empeño 
De tornarme soberbia, inalcanzable. 

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza. 
¡Aire de mar!... ¡Oh, tempestad! ¡Oh enojo! 
Desdichada de mí, soy un abrojo, 
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza. 

Y el alma mía es como el mar, es eso, 
Ah, la ciudad la pudre y la equivoca; 
Pequeña vida que dolor provoca, 
¡Que pueda libertarme de su peso! 

Vuele mi empeño, mi esperanza vuele... 
La vida mía debió ser horrible, 
Debió ser una arteria incontenible 
Y apenas es cicatriz que siempre duele.


Imagen: bendahan.com

21 de abril de 2012

1Q84, Haruki Murakami

“It is not that the meaning cannot be explained. But there are certain meanings that are 


lost forever the moment they are explained in words.” — Haruki Murakami, 1Q84.

Imagen de http://es.paperblog.com/


22 de enero de 2012

"Cada uno crece solamente si es soñado", Danilo Dolci


DANILO DOLCI

“Hay quien enseña guiando a los otros como a un caballo, paso por paso: quizás, hay quien se siente satisfecho cuando es así guiado.
Hay quien enseña alabando todo lo que encuentra de bueno y divirtiendo: hay también quien se siente satisfecho al ser estimulado.
Hay también quien educa, sin esconder el absurdo que hay en el mundo, abierto a todo lo que sea mejor, pero procurando ser franco con el otro como consigo mismo, soñando a los otros como aun no son: cada uno crece, solamente si es soñado”.

15 de enero de 2012

H, Flavia Ricci

Si buscás, seguramente de aquel ex encuentres trozos rescatables que ni siquiera conocías. Eso no quiere decir que desees regresar. Una siempre quiere cosas nuevas, nuevas vivencias, nuevas personas. O al menos aquellas que aun no han sido exploradas lo suficiente. "El cielo no es el límite", dice Keret. Y pienso en vos una vez más ...

8 de enero de 2012

Tengo, Flavia Ricci

No tengo tus libros,
no tengo tu ropa,
ni tus zapatos,
ni tus juegos,
ni tus perfumes.
Y sin embargo tengo
tus aromas,
tus costumbres,
tus sonidos,
tus palabras,
tus sonrisas,
tus abrazos,
tus besos,
tus partidas,
tus regresos,
tus locuras,
tus salidas,
tus noches,
tus días.
Todo aquello que veo
con los ojos cerrados
o abiertos.



2 de octubre de 2011

Jeri, Flavia Ricci

Allá, por 2001, llegué desde Catalunya a Brasil. Mi destino no era el sur, ni el típico Río o el enorme San Pablo. Yo quería ir al nordeste. Sin embargo, pasé días también en esas ciudades. Contaba con un mes por delante. Una noche llegué a Fortaleza, desde Bahía. Era casi de madrugada y no recuerdo muy bien cómo terminé en el hotel en donde me instalé. Recuerdo que todo era blanco. Recuerdo el calor. Recuerdo que estaba por la Praia de Iracema. Recuerdo dos chicos, uno más guapo que el otro, que me invitaron a tomar algo. Recuerdo una discoteca enorme en la playa, bailar, aquello era la felicidad. Y sin haber dormido ni siquiera una noche, pregunté al encargado del hotel cómo llegar a Jeri. Me dijo que le diera unos minutos, que él se encargaba de todo. En menos de media hora me dijo lo que iba a costarme el autobús desde Fortaleza hasta Jijona y desde Jijoca el vehículo 4x4 que me trasladaría hasta Jeri. También me había reservado algunas noches en un hostal a unos 150km de la playa, en Jeri y mi regreso a Fortaleza. Acepté enseguida.

Pasaron a buscarme en un pequeño autobús con más gente. A todos ellos también los había recogido en sus casas u hoteles. Muchos no eran turistas. Yo sí. Entredormida me dejaba mecer por el vaivén del autobús. El calor del nordeste de Brasil se hacía sentir cada vez más. Era un calor pegajoso. Húmedo.

En Jijoca nos hicieron bajar a todos para subirnos al 4x4. Con mi maleta, que además de enorme ponía Air France en su frente, todos murmuraban como si yo fuese francesa. Algo de su portugués entendía, aunque poco porque en el nordeste hablan muy rápido y quitan algunas sílabas.

El viaje en esa 4x4 a través de las dunas, esos cerca de 20km, se hicieron eternos. Mi maleta ocupaba un espacio como si fuese una persona más. Yo casi no podía estar despierta del cansancio.

Llegamos aun de noche a Jeri. Me preguntaron en qué hotel iba a alojarme y yo casi había olvidado el nombre. Dije uno que me pareció que era y jamás pude saber si realmente había una reserva a mi nombre en ese sitio o de casualidad caí allí.

Me acosté enseguida sin mirar dónde ni la hora. A las pocas horas, sobre las 5 de la mañana, todos parecían haber despertado, así que yo también salí de la cama.

El encargado de ese hostal dejó a solas el sitio para ir por pan y leche frescos. Comí como una reina y salí hacia la playa.

Fue una de las veces, pocas, en que lloré frente a un paisaje. Aquello era belleza pura. Impresionante. Indescriptible.
Me sequé las lágrimas y me dejé caer bajo el sol en una hamaca brasilera. De vez en cuando pasaban algunos caballos por la playa. De vez en cuando se veían las jangadas en la orilla del mar.

Y entonces, como si de repente tuviese que abrir los ojos, lo ví. Un joven como yo venía directamente hacia mí.
Hablamos, me explicó lo que hacía allí, me dijo cómo era Jeri antes y como la estaban transformando en un área turística, contaminada, desprotegida. Me habló de su Brasil y yo de mi Argentina.

Pasaron días y noches, rápidamente. Entre almuerzos de pescados y mariscos y cervezas do Brasil. Entre el sol y aquellas playas únicas. Entre charlas un poco en portugués, un poco en español. Me dijo que tal vez fuese al año siguiente a Barcelona, me pidió que le explique cómo era aquello.

Marché de Jeri a los pocos días. Con el mismo desconcierto con el que había llegado: sin saber si tenía que irme con aquella gente en aquel vehículo 4x4. Nunca me terminé de creer que el encargado del hotel de Fortaleza hubiese hecho aquellas reservas de traslados y alojamiento. Pero lo cierto es que llegué nuevamente allí.

Al año siguiente mi amigo brasilero llegaba a Barcelona. Vinieron días de sambas, feijoada, risas y anécdotas. Pero esa … esa es otra historia.


Jericoacoara