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No fue un deseo sexual lo que me llevó a besarlo, menos después de verlo reír adelante del monitor. Él lo tomó para otro lado y me acarició la espalda. Siempre hace lo mismo. Se cree que está siendo el Señor Sexy rascándome la espalda. Me metí otra vez en la cama y me di vuelta para el lado de la mesa de luz. No lo veo, pero se levantó de su silla. Se decidió con una hora y media de atraso. Carece de timing para el amor. Nunca vi a nadie equivocarse tanto en la materia.
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28 de diciembre de 2014
La luna y la muralla china (fragmento), M. Zariello
12 de septiembre de 2014
Aquella noche, Cristina Peri Rossi
La noche en que nos conocimos
yo empecé a perder
La cerilla explotó
y me quemó los dedos
manché mi blusa con el vino
Olvidé por completo el nombre
del mes y del día
Tanta turbación
sólo podía ser la prueba
de un deseo muy grande
tan grande
que ni tú misma
podías satisfacer.
yo empecé a perder
La cerilla explotó
y me quemó los dedos
manché mi blusa con el vino
Olvidé por completo el nombre
del mes y del día
Tanta turbación
sólo podía ser la prueba
de un deseo muy grande
tan grande
que ni tú misma
podías satisfacer.
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2 de junio de 2014
Insólitas, Flavia Ricci
Yo no te cerco con la mirada, sino entre Facebook y Whatsapp. Soy una chica de redes y mensajería instantánea, de palabras escritas. Escapo a la vorágine de tus versos, voy camino a la prosa. Tranquilamente camino. Las mujeres más insólitas aparecen en los momentos menos pensados. Acaricio tus manos, levanto la vista y te encuentro. Sonrío. Por vos. Lo demás está aun y siempre por escribirse.
28 de febrero de 2014
Encuentros, Flavia Ricci
¿Qué son los encuentros? Ir caminando por Corrientes y girar en Libertad y quedarme en esa esquina recordando cuando tomaba el 29 rumbo a casa, y vos. Es mirar hacia el Obelisco, tan cercano, y verte a vos (otro) subiendo conmigo casi de la mano a su lado rumbo a todas aquellas librerías de viejo en donde yo pretendía meterme con tal de que ese instante con vos no terminara jamás. A sabiendas de que estaba terminando. Es verme corriendo Corrientes arriba porque vos (otro) ibas a casa de madrugada y por impulso (mío) ¿qué son los encuentros? Es conocerte por casualidad en Ink una noche con amiga catalana que me decía "todo pasa, no estés triste" y yo enamorada la miraba con ojos caídos. Hasta que apareciste así.
¿Qué son los encuentros? Es ir por Sarmiento rumbo al Centro Cultural Gral. San Martín a escuchar y ver MoMUSI con Zoe. Y bailar. Y cantar.
¿Qué son los encuentros? Es mirar tu mano, agarrando la mía mientras me invitabas a desayunar porque tenías que irte pero no ibas a irte, por mí, en Cabildo y Larralde.
¿Qué son los encuentros? Es tu piel contra la mía inviernos, veranos, primaveras y otoños, en inglés, castellano, catalán e italiano (vos y vos y vos, otros).
Son los aromas de Buenos Aires de los que me he apropiado. Es la gente, los ruidos, sonidos, la historia. Es mi piel que dejó años allí. Es mi confianza, es mi verdad, es mi sonrisa despreocupada pero firme, es levantar la vista y quizás, de manera azarosa, impetuosa e irreverente, mostrarte todos mis dientes.
¿Qué son los encuentros? Más que pensar hoy que quizás hasta ayer vos (otro) y yo no nos conocíamos y ni siquiera pensábamos en conocernos, habitantes síncronos del mundo y la ciudad.
¿Qué son los encuentros? Es pensar en todas aquellas personas que pertenecieron, pertenecen y pertenecerán a mi vida. Mirada a mirada, piel a piel, paso a paso, manos juntas. Abrazos.
¿Qué son los encuentros? Es ir por Sarmiento rumbo al Centro Cultural Gral. San Martín a escuchar y ver MoMUSI con Zoe. Y bailar. Y cantar.
¿Qué son los encuentros? Es mirar tu mano, agarrando la mía mientras me invitabas a desayunar porque tenías que irte pero no ibas a irte, por mí, en Cabildo y Larralde.
¿Qué son los encuentros? Es tu piel contra la mía inviernos, veranos, primaveras y otoños, en inglés, castellano, catalán e italiano (vos y vos y vos, otros).
Son los aromas de Buenos Aires de los que me he apropiado. Es la gente, los ruidos, sonidos, la historia. Es mi piel que dejó años allí. Es mi confianza, es mi verdad, es mi sonrisa despreocupada pero firme, es levantar la vista y quizás, de manera azarosa, impetuosa e irreverente, mostrarte todos mis dientes.
¿Qué son los encuentros? Más que pensar hoy que quizás hasta ayer vos (otro) y yo no nos conocíamos y ni siquiera pensábamos en conocernos, habitantes síncronos del mundo y la ciudad.
¿Qué son los encuentros? Es pensar en todas aquellas personas que pertenecieron, pertenecen y pertenecerán a mi vida. Mirada a mirada, piel a piel, paso a paso, manos juntas. Abrazos.
27 de enero de 2014
Op Oloop, Juan Filloy
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| Juan Filloy |
26 de noviembre de 2013
Noches tresarroyenses, Flavia Ricci
Noche 1:
Él la siguió a ella, mientras ella lo miró extrañada y le dijo no. Había alguien que la esperaba, y cuando estuvo en sus brazos se quedó pensando en una tercera persona, mientras quien la esperaba se daba cuenta de que, aunque ella regresara a él cada noche, cada día, estar juntos no era sinónimo de encontrarse. Los dos en la cama, espalda con espalda, pensaban algo: él en por qué ella estaba tan ausente. Ella en su amor, distante, real. Solamente uno de los dos podía sonreír.
----------------------------------------
Noche 2:
- Estamos distantes físicamente, por eso lo tuyo conmigo es imposible, sentenció ella y sus palabras golpearon duramente el corazón de su interlocutor. Sabía cómo lanzar palabras filosas como cuchillos.
- ¿Distantes? Nos vemos cada día.
- Estamos distantes físicamente porque no hay piel. Porque aunque estemos frente a frente, hay una distancia física insalvable.
Él la siguió a ella, mientras ella lo miró extrañada y le dijo no. Había alguien que la esperaba, y cuando estuvo en sus brazos se quedó pensando en una tercera persona, mientras quien la esperaba se daba cuenta de que, aunque ella regresara a él cada noche, cada día, estar juntos no era sinónimo de encontrarse. Los dos en la cama, espalda con espalda, pensaban algo: él en por qué ella estaba tan ausente. Ella en su amor, distante, real. Solamente uno de los dos podía sonreír.
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Noche 2:
- Estamos distantes físicamente, por eso lo tuyo conmigo es imposible, sentenció ella y sus palabras golpearon duramente el corazón de su interlocutor. Sabía cómo lanzar palabras filosas como cuchillos.
- ¿Distantes? Nos vemos cada día.
- Estamos distantes físicamente porque no hay piel. Porque aunque estemos frente a frente, hay una distancia física insalvable.
21 de noviembre de 2013
El momento, Flavia Ricci
¿Cuándo fue el momento en que vos me abrazaste por primera vez?
¿Cuándo fue el momento en que comencé a ser yo quien te abrazaba primero?
¿Cuándo me transformé en la única que abrazaba?
¿Cuándo dejé de ver, por sentir tanto?
¿Cuándo volé tan alto tomando tu mano que no me di cuenta que te arrastraba, que vos no podías volar?
¿Cuándo empezamos a mirar para los lados?
¿Cuándo fue el momento, cuándo?
Porque sí recuerdo la terrible noche en que me di cuenta que todo era un cuento
me quedé esperando
un abrazo
un beso
y vos te diste la vuelta, como cada noche
desde hacía tanto
y ahí me di cuenta.
¿Cuándo fue el momento en que comencé a ser yo quien te abrazaba primero?
¿Cuándo me transformé en la única que abrazaba?
¿Cuándo dejé de ver, por sentir tanto?
¿Cuándo volé tan alto tomando tu mano que no me di cuenta que te arrastraba, que vos no podías volar?
¿Cuándo empezamos a mirar para los lados?
¿Cuándo fue el momento, cuándo?
Porque sí recuerdo la terrible noche en que me di cuenta que todo era un cuento
me quedé esperando
un abrazo
un beso
y vos te diste la vuelta, como cada noche
desde hacía tanto
y ahí me di cuenta.
7 de octubre de 2012
Lisa y llana, Flavia Ricci
Y yo, con mi torpeza habitual, voy mostrándote fases y formas que no estaban en tus planes.
Como una forma de retenerte voy desnudando formas de ser, quedando expuesta
Sin saber, sin medir, que para vos es un juego
En donde me llevás de mi superficie lisa y llana a la tuya
rugosa
yo quiero escaparme y te dejo
con mi torpeza habitual
me escabullo
dejándote sí
mis fases y formas
esas que quizás no te den tanta gracia
pero que también son mías
esas que finalmente
me muestran vulnerable
esas que buscan una respuesta
que no llega
o si
Con mi torpeza habitual me fundo y confundo
en un estado que no sé si era el mío
seguramente no
pero me sirve
para refugiarme y tratar de olvidarte
y entonces ya no sé lo que quise, quiero o querré
simplemente he caído en una superficie
entre lisa y rugosa
entre tuya y mía
en cualquier caso desconocida
con mi torpeza habitual.
Como una forma de retenerte voy desnudando formas de ser, quedando expuesta
Sin saber, sin medir, que para vos es un juego
En donde me llevás de mi superficie lisa y llana a la tuya
rugosa
yo quiero escaparme y te dejo
con mi torpeza habitual
me escabullo
dejándote sí
mis fases y formas
esas que quizás no te den tanta gracia
pero que también son mías
esas que finalmente
me muestran vulnerable
esas que buscan una respuesta
que no llega
o si
Con mi torpeza habitual me fundo y confundo
en un estado que no sé si era el mío
seguramente no
pero me sirve
para refugiarme y tratar de olvidarte
y entonces ya no sé lo que quise, quiero o querré
simplemente he caído en una superficie
entre lisa y rugosa
entre tuya y mía
en cualquier caso desconocida
con mi torpeza habitual.
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25 de septiembre de 2012
El otro cielo, J. Cortázar
Me ocurría a veces que todo se dejaba andar, se ablandaba y cedía terreno, aceptando sin resistencia que se pudiera ir así de una cosa a otra. Digo que me ocurría, aunque una estúpida esperanza quisiera creer que acaso ha de ocurrirme todavía. Y por eso, si echarse a caminar una y otra vez por la ciudad parece un escándalo cuando se tiene una familia y un trabajo, hay ratos en que vuelvo a decirme que ya sería tiempo de retornar a mi barrio preferido, olvidarme de mis ocupaciones (soy corredor de bolsa) y con un poco de suerte encontrar a Josiane y quedarme con ella hasta la mañana siguiente.
20 de septiembre de 2012
Hombres lejanos, Flavia Ricci

Borrosos, como difuminados
Lejanos, indescifrables
Conocidos, devenidos desconocidos
Ya no ladran, ni cabalgo
Hombres lejanos
borrosos
difuminados
se pierden
en horizontes pasados
y una mujer aparece
con las cosas cada vez
más claras.
13 de agosto de 2011
Te digo que no, Flavia Ricci
Llega un momento en que aprendés
a decirle que no a los que padecen de soledad
y te eligen por no estar solos
no por lo que sos
Llega un momento en que te volvés selectiva
y no te enrrollás en relaciones con nombre
hasta no estar muy segura
Llega un momento en que podés alejarte de grupos
que son más de lo mismo
Llega un momento en la vida en que descartás personas
que digan 10 veces NO por cada SI que pronuncian
Llega un momento en la vida en que podés asumir lo que sentís
aunque algunos parezcan no escuchar y a otros simplemente
les dé vergüenza
Llega un momento en que te das cuenta
que no es tan complicado
que se puede
que es así
Y eso
eso
es ser feliz
a decirle que no a los que padecen de soledad
y te eligen por no estar solos
no por lo que sos
Llega un momento en que te volvés selectiva
y no te enrrollás en relaciones con nombre
hasta no estar muy segura
Llega un momento en que podés alejarte de grupos
que son más de lo mismo
Llega un momento en la vida en que descartás personas
que digan 10 veces NO por cada SI que pronuncian
Llega un momento en la vida en que podés asumir lo que sentís
aunque algunos parezcan no escuchar y a otros simplemente
les dé vergüenza
Llega un momento en que te das cuenta
que no es tan complicado
que se puede
que es así
Y eso
eso
es ser feliz
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parejas
26 de marzo de 2011
Haruki Murakami
- Tienes el pelo muy bonito, le dije.
- Gracias, repuso ella.
- ¿Te lo había dicho alguien antes?
- No, nunca. Tú eres el primero.
- ¿Y qué efecto te ha producido?
- Pues no sé, dijo y, con las manos embutidas en los bolsillos del abrigo me miró a la cara- Ya he comprendido que has alabado mi pelo. Pero, en realidad, no es más que eso. Mi pelo ha despertado algo en tu interior y es de eso de lo que estás hablando, ¿verdad?
- No, yo estoy hablando de tu pelo.
Ella esbozó una pequeña sonrisa y pareció buscar algo en el aire.
- Lo siento. Es que no logro acostumbrarme a tu manera de hablar.
-----------------------------------------------
- Quizá me esté metiendo donde no me llaman, pero voy a darte un consejo. Pasados los treinta y cinco, es mejor dejar la cerveza -dijo el canijo-. La cerveza es para los estudiantes o para los obreros. Echas barriga, y es una bebida sin clase. Cuando llegas a cierta edad, sientan mejor el vino o el brandy.
- Gracias, repuso ella.
- ¿Te lo había dicho alguien antes?
- No, nunca. Tú eres el primero.
- ¿Y qué efecto te ha producido?
- Pues no sé, dijo y, con las manos embutidas en los bolsillos del abrigo me miró a la cara- Ya he comprendido que has alabado mi pelo. Pero, en realidad, no es más que eso. Mi pelo ha despertado algo en tu interior y es de eso de lo que estás hablando, ¿verdad?
- No, yo estoy hablando de tu pelo.
Ella esbozó una pequeña sonrisa y pareció buscar algo en el aire.
- Lo siento. Es que no logro acostumbrarme a tu manera de hablar.
-----------------------------------------------
- Quizá me esté metiendo donde no me llaman, pero voy a darte un consejo. Pasados los treinta y cinco, es mejor dejar la cerveza -dijo el canijo-. La cerveza es para los estudiantes o para los obreros. Echas barriga, y es una bebida sin clase. Cuando llegas a cierta edad, sientan mejor el vino o el brandy.
18 de diciembre de 2010
Pablo Neruda genial

Siempre
Antes de mí
no tengo celos.
Ven con un hombre
a la espalda,
ven con cien hombres en tu cabellera,
ven con mil hombres entre tu pecho y tus pies,
ven como un río lleno de ahogados
que encuentra el mar furioso,
la espuma eterna, el tiempo!
¡Tráelos todos
adonde yo te espero:
siempre estaremos solos,
siempre estaremos tú y yo
solos sobre la tierra
para comenzar la vida!
La pregunta
Amor, una pregunta
te ha destrozado.
Yo he regresado a ti
desde la incertidumbre con espinas.
Te quiero recta como
la espada o el camino.
Pero te empeñas
en guardar un recodo
de sombra que no quiero.
Amor mío,
compréndeme,
te quiero toda,
de ojos a pies, a uñas,
por dentro,
toda la claridad, la que guardabas.
Soy yo, amor mío,
quien golpea tu puerta.
No es el fantasma, no es
el que antes se detuvo
en tu ventana.
Yo echo la puerta abajo:
yo entro en toda tu vida:
vengo a vivir en tu alma:
tú no puedes conmigo.
Tienes que abrir puerta a puerta,
tienes que obedecerme,
tienes que abrir los ojos
para que busque en ellos,
tienes que ver cómo ando
con pasos pesados
por todos los caminos
que, ciegos, me esperaban.
No me temas,
soy tuyo,
pero
no soy el pasajero ni el mendigo,
soy tu dueño,
el que tú esperabas,
y ahora entro
en tu vida,
para no salir más,
amor, amor, amor,
para quedarme.
12 de febrero de 2010
Elogio a la mujer brava, Héctor Abad
Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas.
A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.
La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran “no más usted me avisa y yo le abro las piernas”, siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias).
A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.
Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.
Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.
Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas.. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.
Vamos hombres, por esas mujeres bravas!!!!!!!!!!
A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.
La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran “no más usted me avisa y yo le abro las piernas”, siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias).
A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.
Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.
Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.
Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas.. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.
Vamos hombres, por esas mujeres bravas!!!!!!!!!!
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