Mostrando las entradas con la etiqueta desamor. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta desamor. Mostrar todas las entradas

3 de enero de 2025

Separarme

Separar

Separar(se)

Sepárase

Agótese

Pero no se agote

No te agotes

No me agotes

Separarme

Para que sepa

Para que sepas

Para que veas

Para que me veas

Mientras

Me

Voy.


16 de noviembre de 2019

Far away, Flavia Ricci

Caminar a miles de kilómetros. Acá mismo es de día y miro desde la senda peatonal, en el medio de la avenida, cómo avanzan los coches frente a mí. Pienso que en Argentina mis padres seguramente duermen. A miles de kilómetros de donde crecí nadie sabe nada: de mis caminatas, de mis sueños ni temores. A miles de kilómetros puedo pisar llanura o cornisa. Me voy, huyo, cambio, jamás regreso. No sé qué pasará a miles de kilómetros si alguna vez me caigo.

Lejos.

13 de agosto de 2017

Un amor indeciso, Dulce M. Loynaz

Un amor indeciso se ha acercado a mi puerta…

Y no pasa; y se queda frente a la puerta abierta.
Y el amor no responde, no saluda, no pasa…
Venía ya la noche… Y con la noche vino.
¿Qué palabra no dice, qué nombre no me nombra?…
se le quedó en el fondo de los ojos cerrado?
es del color del viento, de la huella que un ave
los ojos neblinosos aun de Lázaro… Vienes
de los ebrios, los locos… ¡Y los resucitados!
que huele las naranjas y que las rosas muerde…,
Que esconde estrellas nuevas en la ceniza vieja…
que el mañana es tan sólo el hoy muerto… El cadáver
Un amor indeciso se ha dormido a mi puerta…


Yo le digo al amor: -¿Que te trae a mi casa?
Es un amor pequeño que perdió su camino:
¡Qué amor tan pequeñito para andar con la sombra!…
¿Qué deja ir o espera? ¿Qué paisaje apretado
Este amor nada dice… Este amor nada sabe:
deja en el viento… -Amor semi-despierto, tienes
de una sombra a otra sombra con los pasos trocados
Extraño amor sin rumbo que me gana y me pierde,
Que todo lo confunde, lo deja… ¡Y no lo deja!
Y no sabe morir ni vivir: Y no sabe
futuro de este hoy claro, de esta hora cierta…


6 de agosto de 2016

La lección de economía, M. Montalbetti

¿Por qué los mercados no son afectados
por los grandes abandonos, por los amores que acaban,
por los desencantos y los crepúsculos?

Nadie lo sabe. Algunos lo saben:
porque los mercados responden a dos cosas
y a dos cosas solamente: al flujo de capital
y a las expectativas de ganancia.

Se repitió todo esto mientras andaba
con pasos apurados, preparando la clase
antes de dar la clase. Cruzó la calle.

El vendedor de lotería estaba parado
en la esquina, con las suertes enganchadas
con un imperdible a su camisa de franela.

Imaginó gallos. Siguió caminando.

Se preguntó retóricamente:
¿y qué afecta al amor? La clase sigue.

Nadie lo sabe. Algunos lo saben:
una cosa y una cosa solamente afecta al amor:
la demanda de amor.

(Esta es la ley sorprendente
de la que tiene que convencerlos:
la oferta de amor no afecta al amor.)



5 de julio de 2016

De aquí en más, Flavia Ricci

Una nunca sabe hasta que mira hacia atrás
entonces, en aquellas fotos
nos veía tan felices
que no suponía lo que hoy sé:
estábamos al borde del abismo.
Los planes son así, una proyecta
cumpleaños, bodas, Navidades, vacaciones
y después es quedarse leyendo
un libro
en el jardín.
Allí empieza todo.
Pero claro, antes había mucho
Créase o no.





9 de abril de 2016

El amor desaparece, Flavia Ricci

Es eso, lo sospecha. Eso que es hastío. Eso que la aburre. Es eso, lo terrible. Lo que intentaba evitar, lo que no había aparecido. Es el vacío. Es la sensación de plural. Es lo oscuro. Es la desesperanza. Es el borde mismo del abismo, pero sin alas. Es dejar compromisos y abandonar palabras, poco a poco, que nombraban. Es, ahora puede decirlo, que el amor ha desaparecido.

No hay amor
No hay amor
Ninguno lo dice
Nadie lo pronuncia
Y es que cuando no hay nada
nada de nada
no se nombra
¿cómo será nombrar la nada,
cuando antes se nombró al amor?




20 de enero de 2016

Des-pegar(se), Flavia Ricci

Ella, yo y otra. A veces creo que entre ellas dos se llevarían mejor que lo que se ha llevado cada una conmigo. Le hablo a una sobre la otra y parece que a ambas les interesa conocerse. A veces creo que soy una puerta por la que algunas personas pasan para llegar más allá. Ellas, cada una los extremos de una línea. Al medio, yo, un nudo. Me voy, el nudo se deshace. Ninguna me interesa más. Afino la puntería. Me libero de los extremos que me limitan. Des-pegar(se).




22 de noviembre de 2015

Purosexo, Flavia Ricci

Algunas veces me imagino
un mundo de personas bondadosas
pero no todos estamos en él
yo te busco entre los habitantes de ese mundo
pero no te veo
entonces llego a la frontera y me detengo en el abismo
y caigo en caída libre en él
como si eso pudiera hacer que nada separe
a los bondadosos de los demás
y fuera puente para que cruces hasta mí
pero sencillamente no es posible
así que me voy
al país del purosexo
del nomeimportanada
a ese país sin rostro en donde nos castigamos
una y otra vez
los que no hemos podido encontrar el amor.





14 de septiembre de 2015

La cima de la soledad, Flavia Ricci

Querida madre,

Con urgencia y un enorme desamparo te escribo. Subí a la cima: lo hice, lo logré tal y como te dije que me había propuesto hacerlo. Caminé días a sol y a sombra. Madre: a veces apurando el paso, otras lentamente, sintiendo mi respiración. Muchas me detenía a mirar el paisaje y luego la cima. La imponente, vertiginosa, altiva cima. Con su arrogancia y soberbia. Tan alta y a solas. Subí sus cada vez más escarpadas paredes. Mis piernas, mis pies, mis manos que muchas veces apoyaba para no caer, fueron acusando el paso del tiempo y los días, interminables. Pero madre, miraba a mi lado, porque no era atrás ni adelante, y eso me daba la fuerza para seguir. Era eso, cómo decirte. Subí, casi sin aliento, sintiéndome viva, quizás como nunca, mi cuerpo, alma y yo. Y todo aquel imponente paisaje. Llegué a la cima: lo hice.
Pero madre, querida madre, te escribo desde una soledad, un desamparo, un desconcierto como pocas veces he sentido. Y espero me comprendas. Allí ella soltó mi mano, me hizo seguir a solas. Y cuando llegué a esa cima en la más absoluta soledad comprendí lo que es el breve espacio de lo más alto, tan solitario, tan escarpado, tan ríspido. Y el abismo, querida madre, el abismo que me rodeaba. Cierro los ojos, he imaginado esta carta que ahora te escribo. Espero, ansío, que me entiendas. Lo hice, estuve en la cima. Pero,

¿para qué regresar llevando a cuestas tanta soledad? ¿Hay alguien que pueda cobijarme?

Ahora afronto el desconcierto, ahora lo sé, lo he sentido. Ahora camino solitaria bajando poco a poco todo el camino andado. A solas. Después de aquella cima.

Tu hija






1 de julio de 2015

Sr. Silencio, Flavia Ricci

Pero
de qué sirven todas mis historias
si para vos son solamente palabras.
Y de qué sirven mis sonrisas
si para vos son pasatiempo.
Y de qué sirve lo que intento decirte
si no llegás a escucharme.
Y de qué sirven mis miradas
si no sabés de qué color son mis ojos.
De qué sirve tratar de explicarte
que tiene mucho de explicarme
si cómodamente te vas.
Vislumbro un no
luego de tu pregunta
pero aun así digo que sí
con los ojos entrecerrados
y los oídos atentos.
Viene el golpe bajo
de
tu
ausencia.
Y el vacío.
Miro de lado
al
no
Y quizás por miedo
le tomo
la
mano.




24 de junio de 2015

Mujer espejo, Flavia Ricci

Mujer espejo, que sin decirme dijiste y sin nombrarme aparecí, con la fuerza de tu silencio. Mujer espejo, que me remontaste a quince años atrás, la vida da tantas vueltas, tantísimas. Mujer que sella su boca cuando me mira y yo no digo nunca en nombre de los demás. Silencio. Espejos. Sos vos. Soy yo. Mujer. Mujer espejo. Que hace lo mismo que yo, tan previsible, calcada. Espejo que ciega, refleja, muestra. Tu silencio tiene tantas aristas pero una se llama cobardía. Y refleja la mía años atrás. Ahora que aprendí el significado de los sentimientos, callo. Entiendo. Todo. Quizás por eso, mujer espejo, quizás por eso mi mirada te devuelva un respetuoso silencio. 





4 de junio de 2015

Se fue, Flavia Ricci

Perdón, pero todo aquello se fue
no puedo hacer nada
se fue
Descenso
leo dos palabras
certeras
te llevaste todo
con vos
Me separo
todo aquello se fue
me viene un dolor
quizás de tu ausencia
de esto de sacarte
desde abajo del pecho,
por encima del ombligo
o algo así
Lo único que sé
es que con puntería magistral
te llevaste todo
no puedo hacer nada
te borré.





9 de mayo de 2015

Hemos perdido juntos tanta nada, R. Juarroz

Hemos vivido juntos tanto abismo
que sin ti todo parece superficie,
órbita de simulacros que resbalan,
tensión sin extensiones.

El tiempo se convierte en antitiempo
porque ya no lo piensas.
Hemos callado y hablado tanto juntos
que hasta callar y hablar son dos traiciones,
dos sustancias sin justificación,
dos sustitutos.
Lo hemos buscado todo,
lo hemos hallado todo,
lo hemos dejado todo.
Únicamente no nos dieron tiempo
para encontrar el ojo de tu muerte,
aunque fuera también para dejarlo.





14 de abril de 2015

Verdadera ausencia, Flavia Ricci

Hablo de una ausencia que arde. Tu ausencia. No es una ausencia de alguien que jamás estuvo. Es la ausencia de alguien que estuvo y se fue. Que nombraba y ahora calla. Que dejó una estela de presencia que siento cuando camino por mi ciudad. Y en ese movimiento casi de ola cuando va bajando la marea me he quedado, no ya esperando, sino pensando qué pasó. No hablo de ausencia, eso es la nada misma, hablo de un vacío como un pozo que no tiene fondo. Y donde extiendo desde el borde mi mano. Pero indudablemente no estás. De ese vacío hablo, cuando hablo de ausencia y te nombro.




24 de marzo de 2015

Silencio, Flavia Ricci

Quizás tu silencio se deba
a que vos quizás
o incluso no
en cualquier caso
yo sí
sí una y otra vez.
Pero entonces
sí retrocede a quizás
y quizás a no
y ese no chiquito se cierra
en un no cada vez más grande
tan seguro de ser no
que hasta se olvida que fue sí
temeroso, vulnerable, ilusionado

y allí están ellas, las palabras
si hubieses probado hablar
yo hubiera podido leer
Pero no has visto
el temeroso, vulnerable, ilusionado
sí.
Curioso, deberías saber
que silencio
empieza por SÍ.





9 de octubre de 2014

Moldes, Flavia Ricci

Después de vos cerré la puerta sin mirar atrás. Y no repetí aquello. Sin embargo, la primera vez que la vida nos hace hacer nuevamente algo y volver, de alguna forma cae el molde del pasado en el presente. A veces coincide más, otras no tanto. Así que mientras vuelvo a sacar un pasaje, vuelvo a viajar, vuelve a pegarse todo ese smog húmedo en la cara y vuelvo a sentir ese olor urbano, vienen a mi mente jazmines y pájaros, y vinos y cenas, sonrisas y músicas, abrazos y besos, caminatas y letras. En ese preciso momento cae el molde del pasado sobre el presente. Llego, no estás. Y veo mucha gente, sin que hayas ido vos. Y regreso al final del día, pero levanto una copa junto a tu ausencia. Y camino largamente, pero no suena mi teléfono. Y así, este molde del pasado encima del otro, del presente, me dice que no coincide mucho, que mientras a estas horas yo deambulo sola sin rumbo ni pretensión, a esta misma hora te abrazaba a mi regreso, brillaban nuestros ojos de emoción, nos besábamos y, si mal no recuerdo, te quitaba la ropa. Malditos moldes. 

12 de septiembre de 2014

Aquella noche, Cristina Peri Rossi

La noche en que nos conocimos
yo empecé a perder
La cerilla explotó
y me quemó los dedos
manché mi blusa con el vino
Olvidé por completo el nombre
del mes y del día

Tanta turbación
sólo podía ser la prueba
de un deseo muy grande

tan grande
que ni tú misma
podías satisfacer.




14 de julio de 2014

Tarde (II), Flavia Ricci

Tiempo y momento no siempre van de la mano. A veces llega el momento, pero no llega a tiempo. Me he quedado sin palabras. Me duele todo el cuerpo. Me dolés vos. Me duelo yo. Me duele todo esto. Quiero estirar la mano, pero estoy cansada. Quiero hablarte, pero me he quedado muda. Me duele todo el cuerpo, tan adentro. Qué voy a decirte, si estás pero te vas. Qué voy a explicarte, si no te interesa. Qué voy a apostar, si no hay ninguna reciprocidad. Descansaba en tus palabras, ahora como mucho capto alguna. Y si no me apresuro, otra vez: desaparecés. 

Tiempo y momento no siempre van de la mano. 

Cierro los ojos, respiro. 

No he perdido nunca la serenidad. 

Quizás he perdido un poco bastante las esperanzas en vos. 

Hay que saber parar a tiempo. Puede que no haya hecho lo suficiente, pero vos no hiciste nada. O sí, paulatinamente me dejaste clara tu postura. Ante tu silencio, mis dudas. Pero ahora ante tu silencio, mis certezas. No te acerques, soy yo la que quiere alejarse. No me abraces ahora, como si te dieras cuenta en este momento. No hables, no es necesario ¿qué vas a decirme? Nada, nada puede ser suficiente cuando lo único que quería sabemos lo que era.

El tiempo se ha ido. No es tuyo, no es mío. No es nuestro. Si querías que me fuera, pues lo dicho: me he ido.

Tarde, Flavia Ricci

- He llegado, me dijo.

- Llegás tarde, respondí.

- ¿Tarde? Soy el momento, los momentos nunca llegamos tarde.

- Pues no has llegado a tiempo. Y eso para mí es llegar tarde. Tarde, tarde. Tarde de otoño cuando te conocí. Tarde de invierno cuando te dejé. Por decepción, porque esperé, porque no llegaste a tiempo, momento. Pero sí, llegaste. Y te digo adiós. Porque esperaba, porque quienes amamos esperamos, esperamos, sí. Y te digo más, esperé con ansias, con expectativas, con deseo, con entusiasmo. Esperé, di señales y nada pasó. Nada. Nada. Momento, momento ... llegás tarde, tardísimo. Porque no estabas cuando yo balbuceaba sutiles palabras que se balbucean por amor. Ni estuviste cuando fui y volví, más sola que cuando emprendí el viaje. No estabas, momento, no.

- .....

- Ante mis escasas palabras, tu silencio, ante mi espera, tu desidia. Ante mi amor, tu indiferencia. Momento, momento, llegás muy tarde. Y no, no me arrepiento de haber esperado, porque sé lo que quiero, y por eso también sé ver que llegaste tarde. Y mirá que me costó soltarte, porque te esperé a vos también: el momento, mi momento, nuestro momento (por fin). Y nunca llegaste.


Suena un teléfono. Suena, nomás.


6 de julio de 2014

Como si nada, Flavia Ricci

Briser le langage pour toucher la vie.

Antonin Artaud


Háblame para que yo te vea.
Séneca


Miró fijamente su fotografía, como para penetrar a través de sus ojos en primer plano en aquella mente semioculta. El cabello, que poco antes había estado tendido en su almohada, ahora se mostraba casi prolijo, por efecto del peinado. La cama, aun revuelta. Esos ojos, brillantes y abiertos, no dejaban ver a nadie que poco antes se habían cerrado para disfrutar, un momento, efímero, de unas palabras dichas, como flechas certeras. Y aún resonaban. 
Esa foto se clavó en su mente, esa foto de minutos después, no mucho más. Como si nada, como si todo. Tan lejano era todo aquello que tanto conocía, de cerca. Y tan de cerca que no creía que ahora estuvieran tan lejos. Como si nada.

Fue a buscarle.

- Entonces te vas
- Entonces me voy
- Así nomás
- Ahora
- No vas a hablar, como si nada.

 Y ella calló.

Las palabras se agolparon, pero iba a decírselas a quien tuviese la certeza de que pudiera valorarlas. No era como si nada. Pero de qué servía explicarse, había pasado el momento. Apostar por la incerteza no la satisfacía. Miró hacia arriba, hacia el único sitio en donde estaban las respuestas. No hubo ni un adiós. O quizás fue aquel, las más honda de las despedidas: la del silencio. Como si nada. Como si ...