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6 de julio de 2014

Como si nada, Flavia Ricci

Briser le langage pour toucher la vie.

Antonin Artaud


Háblame para que yo te vea.
Séneca


Miró fijamente su fotografía, como para penetrar a través de sus ojos en primer plano en aquella mente semioculta. El cabello, que poco antes había estado tendido en su almohada, ahora se mostraba casi prolijo, por efecto del peinado. La cama, aun revuelta. Esos ojos, brillantes y abiertos, no dejaban ver a nadie que poco antes se habían cerrado para disfrutar, un momento, efímero, de unas palabras dichas, como flechas certeras. Y aún resonaban. 
Esa foto se clavó en su mente, esa foto de minutos después, no mucho más. Como si nada, como si todo. Tan lejano era todo aquello que tanto conocía, de cerca. Y tan de cerca que no creía que ahora estuvieran tan lejos. Como si nada.

Fue a buscarle.

- Entonces te vas
- Entonces me voy
- Así nomás
- Ahora
- No vas a hablar, como si nada.

 Y ella calló.

Las palabras se agolparon, pero iba a decírselas a quien tuviese la certeza de que pudiera valorarlas. No era como si nada. Pero de qué servía explicarse, había pasado el momento. Apostar por la incerteza no la satisfacía. Miró hacia arriba, hacia el único sitio en donde estaban las respuestas. No hubo ni un adiós. O quizás fue aquel, las más honda de las despedidas: la del silencio. Como si nada. Como si ...




14 de mayo de 2014

Acantilados, Flavia Ricci

Debo decir
que entre Mar del Plata
el libro de Mario Morales
y vos
lo único que echo de menos
sos vos
porque Mar del Plata
porque el libro de Mario Morales
todo
todo eso
está siempre ahí
Pero mirando la tapa
la triste tapa del libro
debo decir
que no es Mar del Plata
ni la triste tapa
lo que me hace sentir esto
esto que llamo decepción

y debo decir entonces
que guardaré todo aquello
en solitario
sin llanto ni sonrisas
recojo todo en silencio

Entiendo
que no es Mar del Plata
ni la triste tapa del libro de Mario Morales
lo que me ha dejado
un poco sola
un poco pensando.

Allá, en mis acantilados
donde me refugio sola
con libros
de todos
donde te pienso
o pensaba

No es Mar del Plata
no es Mario Morales
lo que me ha dejado
un poco sola
un poco pensando.





26 de septiembre de 2012

Eco, Flavia Ricci

Me quedé haciendo malabares con tus palabras, peligrosas palabras, persuasivas palabras, sensuales palabras. Pensamientos que tuviste que verbalizar, llenándome de falsas certezas y de un vértigo que no quería. Palabras que quedaron ahí, sentando una base a donde podíamos regresar cuando no estuviéramos seguros de haberlas dicho. Palabras que no nos permitieron entonces retroceder, ni imaginar otros mundos con otras palabras, ni fantasear con que quizás uno de los dos no quisiera decirlo así. Palabras que me cercaron, que me llevaron a la acción, a una acción en base a esas palabras que te empecinaste en que dijera. Y te las dije. Con tus palabras me hiciste subir hacia una cima escarpada y filosa, que subí confiada casi corriendo y sin esfuerzos. En la cima, cuando quise compartir mis palabras, cuando quise recrearlas para dártelas, acaso con sinónimos igual de válidos, me habías dejado sola. A ciegas. Desconcertada. Vacía. Silencio. No hay palabras. Hay un eco, un eco de todo lo que me dijiste. No sé si lo he imaginado, así que regreso perdida a intentar encontrarte en tus palabras. Y solamente queda eso, vos no estás, vos desapareciste, a vos no te bastó encontrarme. Siento un eco, un eco acallado que se va apagando. Mi oído no escucha nada más. Te llamo. Te has ido. Después de todo aquel ruido, te has ido, no estás. 
Bajo como puedo de la montaña, dejo la cima. Vuelvo a dormir en lugares diversos, en casa y te busco, en vano. 
Voy quitándote, como si fueran post-it, los proyectos que había colgado para que vos, para que yo, hiciéramos. Se cierran puertas, viajes, comidas, risas, libros, películas, caminatas, amaneceres, noches, abrazos, besos. Quito todo, de a poco y con tristeza pero también con determinación. No me olvido de vos,  ni me olvido de todas esas cosas lindas que quiero hacer. Me olvido de todas las cosas lindas que quise que hiciéramos juntos. Quito la línea mental que unía tu persona, a esas cosas que quiero. Y te suelto, te dejo, me alejo de vos. Suena un eco, un eco después de todo aquel ruido. Jugaste conmigo, no me di cuenta, te creí. Escucho un eco, pero un eco cada vez más chiquitito

20 de diciembre de 2007

Atención, Al-Taïr


La primera vez que miró hacia un lado ella se sorprendió. Luego, por algún motivo, ya no fue lo mismo. Pensó en algunos años atrás, cuando aquel otro había mirado hacia un lado, todo un síntoma de que se había acabado y no había vuelta atrás. Ella caminó como pudo al baño y vomitó ese rechazo que él le lanzaba con la mirada. Esta vez pasó algo así, pero años después y con otro. Ella de todas formas vio que algo se había roto. Y también desvió la mirada, triste. Ahora entendía lo que aquella mujer le había reprochado, aquello de mirar siempre a los lados, escapando de la estática. Miró hacia un lado, desvió la vista y con ella la atención. Jugaría con las mismas reglas de no decir ni reflexionar, demasiados secretos (todos lo sabemos) rompen hasta una roca de amor.