Suelta
Quieta
No diría quieta
diría que ...
diría paralizada
como expectante
sin movimiento
excepto los ojos
cuando los párpados
suben y bajan
los brazos a ambos lados
mira para un costado
Pero no me mira
porque ya me vio.
Ahí
todo transcurre en ese momento
en que corro
lejos
sin darle tiempo
a que me diga nada
corro aliviada
lo siento
no eras
no estabas.
me voy.
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23 de septiembre de 2014
Maybe (not), Flavia Ricci
6 de diciembre de 2012
Muro, Flavia Ricci
Hizo un gran esfuerzo por tejer una relación conmigo. No le gustaba la palabra construir, siempre hablaba de redes. Quizás con el tiempo vea mis esfuerzos como pocos o insuficientes y los suyos muchos y grandes. Lo cierto es que yo era incapaz de ser puente, era un muro. Un muro frente al cual no se podía dialogar, ni convenir, ni consensuar. Releyendo sus palabras supe que le di confianza como nadie, que salió de su descreída vida amorosa, que caminó de mi mano porque yo, aunque completamente insegura de estar con él y sin apostar mucho por la relación, sí quise ayudarlo. Y eso fue real. Real como aquello que me dijo, que después de Barcelona todo había sido una ficción de mi parte, que se había roto todo, aunque yo continuara. Continué para ayudarlo a ser mejor persona, para darle un empuje, para que aprendiera a caminar y se preparara, en lo posible, para hacerlo sin mí. Quizás, probablemente, tendría que haber pactado con él una amistad, pero su intelecto, sus ojos claros, su compañerismo me pudieron. Sus palabras me llevaban por laberintos de donde no quería salir. Y quizás, entonces, no me quedó otra opción que ser una mala pareja para que se despegara de mí, para no volver más, ni siquiera como amigo. Mal asunto. No debí transitar ese camino. Pero ¿cómo iba a saberlo? Si en aquel momento yo era un muro, que no un puente. Un muro incapaz de verse, porque tenía pegado un espejo. Donde miraba a los demás, con tal de no verse. Muro amurallado, muro impenetrable. Muro al fin.
26 de septiembre de 2012
Eco, Flavia Ricci
Me quedé haciendo malabares con tus palabras, peligrosas palabras, persuasivas palabras, sensuales palabras. Pensamientos que tuviste que verbalizar, llenándome de falsas certezas y de un vértigo que no quería. Palabras que quedaron ahí, sentando una base a donde podíamos regresar cuando no estuviéramos seguros de haberlas dicho. Palabras que no nos permitieron entonces retroceder, ni imaginar otros mundos con otras palabras, ni fantasear con que quizás uno de los dos no quisiera decirlo así. Palabras que me cercaron, que me llevaron a la acción, a una acción en base a esas palabras que te empecinaste en que dijera. Y te las dije. Con tus palabras me hiciste subir hacia una cima escarpada y filosa, que subí confiada casi corriendo y sin esfuerzos. En la cima, cuando quise compartir mis palabras, cuando quise recrearlas para dártelas, acaso con sinónimos igual de válidos, me habías dejado sola. A ciegas. Desconcertada. Vacía. Silencio. No hay palabras. Hay un eco, un eco de todo lo que me dijiste. No sé si lo he imaginado, así que regreso perdida a intentar encontrarte en tus palabras. Y solamente queda eso, vos no estás, vos desapareciste, a vos no te bastó encontrarme. Siento un eco, un eco acallado que se va apagando. Mi oído no escucha nada más. Te llamo. Te has ido. Después de todo aquel ruido, te has ido, no estás.
Bajo como puedo de la montaña, dejo la cima. Vuelvo a dormir en lugares diversos, en casa y te busco, en vano.
Voy quitándote, como si fueran post-it, los proyectos que había colgado para que vos, para que yo, hiciéramos. Se cierran puertas, viajes, comidas, risas, libros, películas, caminatas, amaneceres, noches, abrazos, besos. Quito todo, de a poco y con tristeza pero también con determinación. No me olvido de vos, ni me olvido de todas esas cosas lindas que quiero hacer. Me olvido de todas las cosas lindas que quise que hiciéramos juntos. Quito la línea mental que unía tu persona, a esas cosas que quiero. Y te suelto, te dejo, me alejo de vos. Suena un eco, un eco después de todo aquel ruido. Jugaste conmigo, no me di cuenta, te creí. Escucho un eco, pero un eco cada vez más chiquitito.
Bajo como puedo de la montaña, dejo la cima. Vuelvo a dormir en lugares diversos, en casa y te busco, en vano.
Voy quitándote, como si fueran post-it, los proyectos que había colgado para que vos, para que yo, hiciéramos. Se cierran puertas, viajes, comidas, risas, libros, películas, caminatas, amaneceres, noches, abrazos, besos. Quito todo, de a poco y con tristeza pero también con determinación. No me olvido de vos, ni me olvido de todas esas cosas lindas que quiero hacer. Me olvido de todas las cosas lindas que quise que hiciéramos juntos. Quito la línea mental que unía tu persona, a esas cosas que quiero. Y te suelto, te dejo, me alejo de vos. Suena un eco, un eco después de todo aquel ruido. Jugaste conmigo, no me di cuenta, te creí. Escucho un eco, pero un eco cada vez más chiquitito.
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16 de septiembre de 2012
Los lugares, Juan Carlos Onetti
–Usted puede ir a Santa María cuando quiera. Y sin que nada le cueste, sin viajar siquiera. Escuche: ... Brausen.
Se estiró como para dormir la siesta y estuvo inventando Santa María y todas las historias. Está claro.
Se estiró como para dormir la siesta y estuvo inventando Santa María y todas las historias. Está claro.
–Pero yo estuve allí. También usted.
–Está escrito, nada más. Pruebas no hay. Así que le repito: haga lo mismo. Tírese en la cama, invente usted también. Fabríquese la Santa María que más le guste, mienta, sueñe personas y cosas, sucesos.
![]() |
| Imagen: http://www.onetti.net/ |
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21 de agosto de 2012
Mujer que recupera la memoria, Flavia Ricci
En 2007 -y me esfuerzo por recordar el año y de alguna manera la fecha- volví a Rosario después de años de no hacerlo. Desde chica que no iba, con lo cual sumado al auge que tuvo la ciudad me resultó una desconocida. Fuimos a la Estación Fluvial y él me dijo que ese mural lo había pintado el abuelo de su ex esposa. Lo miré de reojo, al mural, y seguí mi camino.
Con el tiempo no volví a ver a su ex esposa, a quien conocí en Barcelona. Y él se trasladó de Rosario a Buenos Aires, asumo que por mí, y de allí regresó a los pocos meses a Barcelona, asumo que también por mí. Necesito ir recuperando la memoria de tanta vida, esta vez desde el litoral.
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18 de diciembre de 2010
Peter, Bjorn John - Young Folks (subtitulado español)
Preciosa letra de esta canción, precioso ritmo también.
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24 de mayo de 2010
Mano, Flavia Ricci
Buenos Aires está tan terriblemente contaminado de tus pasos, tus palabras y nuestros sueños que cuesta pensar que no estás. Y por otra parte, el tiempo que todo lo cubre y la vida que avasalla pasó tan deprisa que a veces creo que todo aquello me lo inventé, que jamás compartimos noches y días ni sonrisas ni cafés. Ni manos, ni abrazos ni continuidades.
Fue tan rápido y ahora me parece tan ajeno todo que prefiero eludirte y no jugar con tu complicidad. Pero a veces, cuando me permito ir a mi ritmo y no al que impone Buenos Aires miro aquella esquina, mientras la gente me pasa por al lado. Cruzo la calle y hasta siento cómo tu mano se aferra a la mía, buscándola por primera vez sin que yo la viera venir. Siento ritmos y compases. Redundancias de las buenas. Suspiros cada momento. No te vayas, cuánto lo siento.
Hago un esfuerzo recordándote, trayéndote de nuevo hasta mí. Y camino por la peligrosa cornisa de insistir o desistir. Y por temor a que me rechaces prefiero deshacerme de tus recuerdos. Vuelvo a bajar y piso tierra firme. Aquí todo es más seguro y todo aquello se desvanece.
Sin embargo, cada vez que paso por esa esquina, una mano se aferra a la mía, buscándola por primera vez sin que yo la vea venir. Y yo digo bajito, casi para mí, "no te vayas, no me dejes. Por favor".
Fue tan rápido y ahora me parece tan ajeno todo que prefiero eludirte y no jugar con tu complicidad. Pero a veces, cuando me permito ir a mi ritmo y no al que impone Buenos Aires miro aquella esquina, mientras la gente me pasa por al lado. Cruzo la calle y hasta siento cómo tu mano se aferra a la mía, buscándola por primera vez sin que yo la viera venir. Siento ritmos y compases. Redundancias de las buenas. Suspiros cada momento. No te vayas, cuánto lo siento.
Hago un esfuerzo recordándote, trayéndote de nuevo hasta mí. Y camino por la peligrosa cornisa de insistir o desistir. Y por temor a que me rechaces prefiero deshacerme de tus recuerdos. Vuelvo a bajar y piso tierra firme. Aquí todo es más seguro y todo aquello se desvanece.
Sin embargo, cada vez que paso por esa esquina, una mano se aferra a la mía, buscándola por primera vez sin que yo la vea venir. Y yo digo bajito, casi para mí, "no te vayas, no me dejes. Por favor".
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19 de abril de 2009
Ta p'tit flamme, Amélie-les-crayons
Y a quelque chose du bonheur
Dans ta voix qui vibre,
La réponse de mon coeur,
C'est qu'il se sent libre
Libre d'être moi quand
Tu m'serres dans tes bras
Libre de vivre un amour qui m'apprend tous les jours
Quand j'suis loin de toi, j'pense à toi
A ta p'tite flamme, à tes yeux
Et je me sens mieux
Et je me sens deux
Y a quelque chose d'universel
Dans notre histoire,
Une petite étincelle
Pour bien plus qu'un soir
Est-ce que tu veux me donner ta main ?
Pour tout l'temps qu'on s'ra bien ?
Est-ce que tu veux partager mon chemin ?
Moi j'dis oui pour le tien.
Dans ta voix qui vibre,
La réponse de mon coeur,
C'est qu'il se sent libre
Libre d'être moi quand
Tu m'serres dans tes bras
Libre de vivre un amour qui m'apprend tous les jours
Quand j'suis loin de toi, j'pense à toi
A ta p'tite flamme, à tes yeux
Et je me sens mieux
Et je me sens deux
Y a quelque chose d'universel
Dans notre histoire,
Une petite étincelle
Pour bien plus qu'un soir
Est-ce que tu veux me donner ta main ?
Pour tout l'temps qu'on s'ra bien ?
Est-ce que tu veux partager mon chemin ?
Moi j'dis oui pour le tien.
18 de abril de 2009
Humpty Dumpty, Flavia Ricci
Humpty Dumpty sat on a wall.
Humpty Dumpty had a great fall.
All the king's horses and all the king's men
Couldn't put Humpty together again.
Humpty Dumpty se sentó en un muro.
Humpty Dumpty cayó.
Todos los caballos y hombres del rey
No pudieron unir a Humpty otra vez.
Humpty Dumpty had a great fall.
All the king's horses and all the king's men
Couldn't put Humpty together again.
Humpty Dumpty se sentó en un muro.
Humpty Dumpty cayó.
Todos los caballos y hombres del rey
No pudieron unir a Humpty otra vez.
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17 de abril de 2009
Palabras más o menos, Flavia Ricci
Busqué las palabras acertadas para que entiendas que para verte, debo mirar hacia atrás, demasiado hacia atrás, y no me interesa. En un momento solté tu mano y quedaste allí, abril liberador, mientras yo seguía mi camino. Busqué las palabras para pedirte que me dejaras, que te alejaras de mi vida y de mi entorno. Luego, para vos quedé muda, no había más que pudiera decirte, así que cual H muda, enmudecí para vos.
Lamento haberte hecho creer que todo este tiempo en que no has estado en mi vida estuve enamorada de vos, porque no es así. Tal vez es tu manera de seguir conectado conmigo. Yo, cada vez que pienso en vos, recuerdo a José Régio o canto sonriendo a Kevin Johansen. Estás tan lejos, tan lejos, que poco a poco voy olvidando tu cara, tus palabras.
Y es que las cosas que terminan, terminan. Y es que no hay espacio para vos en este sitio, ni en mi mente, ni entre mis palabras. Me he ido olvidando de vos a la par que reciclé lo que me has dejado de bueno.
Soltá mi mano, por favor, liberate vos también. Seguí adelante sin mí ... Cuando aquella vez te dije que no iba más, que te fueras, es porque hacía tiempo que no estaba enamorada de vos. Ni vos de mí. Y lo celebro.
Lamento haberte hecho creer que todo este tiempo en que no has estado en mi vida estuve enamorada de vos, porque no es así. Tal vez es tu manera de seguir conectado conmigo. Yo, cada vez que pienso en vos, recuerdo a José Régio o canto sonriendo a Kevin Johansen. Estás tan lejos, tan lejos, que poco a poco voy olvidando tu cara, tus palabras.
Y es que las cosas que terminan, terminan. Y es que no hay espacio para vos en este sitio, ni en mi mente, ni entre mis palabras. Me he ido olvidando de vos a la par que reciclé lo que me has dejado de bueno.
Soltá mi mano, por favor, liberate vos también. Seguí adelante sin mí ... Cuando aquella vez te dije que no iba más, que te fueras, es porque hacía tiempo que no estaba enamorada de vos. Ni vos de mí. Y lo celebro.
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10 de marzo de 2009
Ceguera, Flavia Ricci
Dejé de ver, de ver los detalles, de ver los bordes
Dejé de ver otras personas
Dejé de ver tus imperfecciones
Dejé de ver
Dejé de ver lo que me gustaba de vos, me gustaba todo
Dejé de ponerme a la defensiva
Dejé de hablar de vos y de mí, éramos nosotros
Dejé de ser infiel
Dejé de desconfiar
Dejé de pensar en otros
Hasta que
me di cuenta que había dejado de ver
había quedado ciega
Y entonces
Dejé de verte
Dejé de ver otras personas
Dejé de ver tus imperfecciones
Dejé de ver
Dejé de ver lo que me gustaba de vos, me gustaba todo
Dejé de ponerme a la defensiva
Dejé de hablar de vos y de mí, éramos nosotros
Dejé de ser infiel
Dejé de desconfiar
Dejé de pensar en otros
Hasta que
me di cuenta que había dejado de ver
había quedado ciega
Y entonces
Dejé de verte
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22 de febrero de 2009
Café, Flavia Ricci
Sabía que te gustaría. O era mi gran apuesta para que la noche, con aquel corolario, terminara mejor aun de lo que comenzó cuando te conocí. Puse los dos pocillos colombianos en una bandeja de madera del Tigre, te pregunté si le ponías azúcar y casi te obligué a probarlo sin ella, porque así no se desvirtuaba el sabor. Tiempo después me agradeciste el imperativo. Lo serví en la cocina, acerqué la bandeja al living donde ambos estábamos sentados a la expectativa y vos bebiste un poco de ese café. Te demoraste degustándolo, mirando el pocillo. Yo no podía despegar mis ojos de toda tu cara. Y cuando volviste a dejarla despojada de pocillos y demás obstáculos sentía unas ganas terribles de besarte, de abrazarte, de dejar pocillos y café para mañana. Pero me quedé en mi sitio y vos me dijiste que era el café más rico que jamás hubieras probado. Y yo sonreí. Y vos también.
Al día siguiente, preparé el desayuno para ambos y di por sentado que beberías café. Vos me dijiste que "cómo no" una vez que viste sobre la mesa todo desplegado. Y yo me sentí la mujer más feliz sobre la tierra. El café, ese café, era el mismo. Y se convertiría en nuestro café de cada día. Pero vos, vos en tu esencia, ya no eras el mismo que la noche anterior. Sobre todo, porque aunque tenías la misma ropa, ahora yo estaba perdidamente enamorada de vos, café mediante.
Al día siguiente, preparé el desayuno para ambos y di por sentado que beberías café. Vos me dijiste que "cómo no" una vez que viste sobre la mesa todo desplegado. Y yo me sentí la mujer más feliz sobre la tierra. El café, ese café, era el mismo. Y se convertiría en nuestro café de cada día. Pero vos, vos en tu esencia, ya no eras el mismo que la noche anterior. Sobre todo, porque aunque tenías la misma ropa, ahora yo estaba perdidamente enamorada de vos, café mediante.
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12 de febrero de 2009
Velocidad luz, Flavia Ricci
Todo deprisa
Conocerte
Encontrarte
Encontrarnos
Mis nervios
Tus palabras
Mis titubeos
Tu paciencia
Mi mano hacia las tuyas
Vos absorbiendo el aire que respiré
Un horizonte nuestro
Proyectos, todos y más
Sonrisas
Pudores
Abrazos
No te vayas
No te vayas
No te vayas
Debo irme, lo siento
Yo en cambio, ahora, ya no siento nada
Conocerte
Encontrarte
Encontrarnos
Mis nervios
Tus palabras
Mis titubeos
Tu paciencia
Mi mano hacia las tuyas
Vos absorbiendo el aire que respiré
Un horizonte nuestro
Proyectos, todos y más
Sonrisas
Pudores
Abrazos
No te vayas
No te vayas
No te vayas
Debo irme, lo siento
Yo en cambio, ahora, ya no siento nada
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16 de enero de 2009
Buenos Aires, Flavia Ricci
30 de diciembre de 2008
Puente, Flavia Ricci
Es lindo escucharte e intercambiar ideas. De tu chica, del mío. Es lindo ir y venir con palabras, aunque sepas que el teléfono no es lo mío. Es lindo recordar Buenos Aires y recordarte. Aquella noche en que yo, media hora con la heladera abierta y vos, entre la cocina y el lavadero de casa, hablábamos de sexo. Y con una sonrisa te comentaba mis cualidades y defectos en la cama. Es lindo tu cara pensativa y hasta casi enojada por un intercambio de puntos de vista sobre lo que es compartir. Es lindo escucharte, siempre escucharte. Es lindo verte proyectar donde sea que estés. Fue lindo compartir una casa con vos y aprender a ser una mujer buzo para poner distancia quisiéramos o no. Es lindo escuchar tus consejos, tus confidencias, tu sonrisa. Me ha encantado conocerte, chico porteño. Sospecho que seguiré viéndote y hablando contigo, relacionándote con esa parte de Buenos Aires que me gusta. Es lindo. Gracias. Con muchas S.
15 de diciembre de 2008
Mamushka, Flavia Ricci
Mi casa se ha transformado en una mamushka enorme desde donde salen objetos desconocidos. Miré dentro de un mueble lleno de bolsos y pensé que durante 2008 había usado las mismas 6-8 carteras cuando ese sitio estaba lleno de alternativas. Y que habían quedado allí desde mi mudanza en enero 2008. Esperando. Abrí mi armario de pared a pared y vi que había ropa ajena y mía sin uso, tampoco, que ni recordaba que existía. Quité una lámpara roja de la pared de mi habitación y me quedé pensando en cómo había hecho él la instalación. No podía entenderlo y pensé en él explicándome (una vez más) de qué se trataba y yo poniendo cara de que no entendía nada: soy nula con lo que a él le resulta cosa de todos los días. Así que pensé: enchufe, interruptor, foco. Pero esa lámpara no tenía a la vista esa lógica, y yo que soy mujer muchas veces estructurada, me quedé pensando mientras miraba la pared vacía. Quité cada uno de los cuadros y vi la prolijidad suya en colocar tornillitos y otras cosas cuyo nombre desconozco que dejaron la pared igual que antes, sin una marca. Y mi ansiedad e ignorancia clavando clavos que la mayoría de las veces quedaban torcidos. Ahora que preparé Poxi-Mix fui rellenando cada agujerito en la pared para dejar todo en orden y me quedé pensando un rato. Debo haber pensado más de 15 minutos porque cuando agarré nuevamente el Poxi-Mix estaba más duro que una roca y tuve que tirarlo. Entendí entonces por qué se llama Poxi-Mix 15. Antes del acto de fin de curso de Zoe me empeñé en quitar de la pared una estantería. No hubo problemas con los primeros tornillos, pero cuando quité el último se me vino encima, justo sobre el pecho, y me dejó sin aire y con la piel ardiendo. Recordé que hace unos meses, cuando él la hizo de la nada, la habíamos subido juntos. Deseé haberlo recordado antes, porque ahora lucía una hermosa raya roja a flor de piel de hombro a hombro.
Miré la cuna de Zoe, el cochecito, tantas cosas que como las había dejado habían quedado. Y ahora volvían a estar allí. Al igual que mis libros y papeles que estaban al alcance de la mano, cosa tras cosa, objeto tras objeto iba apareciendo, emergiendo.
De muchos me había olvidado: ropa, bolsos, objetos, apuntes, música, fotos. Pero todo vuelve como un boomerang. Con la paz y alegría necesarias. De todas formas, iba desmontando la casa una vez más, y van ...
En síntesis: una estantería que se me vino encima, la cuna de Zoe que me cayó de lleno en el pie derecho, un brazo dolorido por levantar mal algo, sonrisas muchas, insultos por los golpes algunos, alegría toda.
Miré la cuna de Zoe, el cochecito, tantas cosas que como las había dejado habían quedado. Y ahora volvían a estar allí. Al igual que mis libros y papeles que estaban al alcance de la mano, cosa tras cosa, objeto tras objeto iba apareciendo, emergiendo.
De muchos me había olvidado: ropa, bolsos, objetos, apuntes, música, fotos. Pero todo vuelve como un boomerang. Con la paz y alegría necesarias. De todas formas, iba desmontando la casa una vez más, y van ...
En síntesis: una estantería que se me vino encima, la cuna de Zoe que me cayó de lleno en el pie derecho, un brazo dolorido por levantar mal algo, sonrisas muchas, insultos por los golpes algunos, alegría toda.
Fin de una etapa, Flavia Ricci
21 de octubre de 2008
Lado positivo, Flavia Ricci
Las separaciones tienen su lado positivo. Mi casa, por ejemplo, se ha convertido en una caja de sorpresas. No sólo pasé varios meses sin ocupar el 100% del armario (¿pensaría que íbamos a volver? ¿no quería asumir la realidad? ¿tan despistada soy?), sino que cuando decidí hacer espacio descubrí artilugios que desconocía que seguían allí: ropa, recuerdos, cosas comunes. Entonces una no sabe si tirar todo aquello dando por finalizada una relación que no iba a ningún sitio, o bien guardarlo todo por una cuestión de aprecio a lo que fue (ya lo decía Manrique, "todo tiempo pasado fue mejor"). Y hay un tercer especimen de hombre o mujer: aquella persona que decide quedarse con pertenencias de su ex para tener una excusa para contactarlo. Yo soy del especimen más pragmático: tiré todo en el contenedor de abajo.
Pero a veces siguen cobrando vida los objetos en casa: de repente una mesa parece desarmarse, deja de ser roja y veo las tablas de madera sin cortar, lisas y marrones en aquella maderera de la Av. Cabildo. Cierro los ojos y escucho hablar en una jerga de carpinteros y artesanos que desconozco. Abro los ojos y allí está la mesa, con sahumerios encima, tan quieta y roja.
Ahora que leo libros de rol, imagino no sólo los personajes que atrapan en todo momento, sino a su lector. Una persona inteligente, paciente, con memoria, sistemático y sobre todo fantástico. Así que imagino ese lector de libros de rol con sus ojos brillantes por la ansiedad, deglutiendo noche a noche y día a día esas páginas, memorizando personajes para darles vida una vez más fuera de las hojas. Definitivamente más que leer libros de rol, lo mío sería que alguien me contara historias. Temo que en cualquier momento de mi cama emerjan diversos gnomos o dragones de las tierras medias.
Pero todo esto, como decía, tiene su lado positivo, porque sueño cada noche como una niña pequeña. Y hasta he vuelto a creer que mi Príncipe, ese único Príncipe que tuve la suerte de conocer, regresa por mí una noche desde un libro de rol.
Pero a veces siguen cobrando vida los objetos en casa: de repente una mesa parece desarmarse, deja de ser roja y veo las tablas de madera sin cortar, lisas y marrones en aquella maderera de la Av. Cabildo. Cierro los ojos y escucho hablar en una jerga de carpinteros y artesanos que desconozco. Abro los ojos y allí está la mesa, con sahumerios encima, tan quieta y roja.
Ahora que leo libros de rol, imagino no sólo los personajes que atrapan en todo momento, sino a su lector. Una persona inteligente, paciente, con memoria, sistemático y sobre todo fantástico. Así que imagino ese lector de libros de rol con sus ojos brillantes por la ansiedad, deglutiendo noche a noche y día a día esas páginas, memorizando personajes para darles vida una vez más fuera de las hojas. Definitivamente más que leer libros de rol, lo mío sería que alguien me contara historias. Temo que en cualquier momento de mi cama emerjan diversos gnomos o dragones de las tierras medias.
Pero todo esto, como decía, tiene su lado positivo, porque sueño cada noche como una niña pequeña. Y hasta he vuelto a creer que mi Príncipe, ese único Príncipe que tuve la suerte de conocer, regresa por mí una noche desde un libro de rol.
Duelo, Flavia Ricci
Me estoy despidiendo, me estoy despegando. Pensando bien los pasos, pensando antes de actuar. Estoy en medio de un duelo, pero no un duelo porque estemos en guerra vos y yo (jamás lo estuvimos). Este duelo es para despegarme definitivamente de vos, porque te llevo tan encima de mí que hasta una vez quise que fueses parte de mi vida para siempre. Hay un número casi parecido de cosas que me hacen recordarte y olvidarte:
Me acordé de tu amor
Me acordé de nuestros proyectos
Me acordé de nuestro sexo
Me acordé de nuestras tardes calurosas
Me acordé de nuestras risas
Me acordé de tus lecturas
Me acordé de tu decisión
Me acordé de tus manos
Me acordé de tu valentía
Me acordé de tu generosidad
Me acordé de tu sinceridad
Pero en este duelo
también
Me acordé de tus dos caras
Me acordé de tus mentiras
Me acordé de tu imagen
Me acordé de tus desconfianzas
Me acordé de tus ocultamientos
Me acordé de tus dos personalidades
Me acordé de tus angustias
Me acordé de tu falsedad
Me acordé de tus vueltas
Me acordé de tus inseguridades
Me acordé de tus histerias
Me acordé de tu mutismo
Me acordé de tu cinismo
Y entonces por fin
por fin
Pude olvidarte.
DUELO.
Me acordé de tu amor
Me acordé de nuestros proyectos
Me acordé de nuestro sexo
Me acordé de nuestras tardes calurosas
Me acordé de nuestras risas
Me acordé de tus lecturas
Me acordé de tu decisión
Me acordé de tus manos
Me acordé de tu valentía
Me acordé de tu generosidad
Me acordé de tu sinceridad
Pero en este duelo
también
Me acordé de tus dos caras
Me acordé de tus mentiras
Me acordé de tu imagen
Me acordé de tus desconfianzas
Me acordé de tus ocultamientos
Me acordé de tus dos personalidades
Me acordé de tus angustias
Me acordé de tu falsedad
Me acordé de tus vueltas
Me acordé de tus inseguridades
Me acordé de tus histerias
Me acordé de tu mutismo
Me acordé de tu cinismo
Y entonces por fin
por fin
Pude olvidarte.
DUELO.
26 de septiembre de 2008
Besos y flores, Flavia Ricci

Es decir, y a pesar de tus besos, no es una imagen esto que ves de mi. Es decir, y a pesar de mis enojos, me esmero en explicarte que éste es el combo que me va bien. Es decir, y a pesar de que hagas de cuenta que él no existe, me temo que es real, real más allá de mis intentos de hacerlo un personaje de comic, más allá de la frase aquella de André Gide que en medio de tantos libros leía ayer en mi balcón: "Del absoluto olvido del ayer, creo la novedad de cada hora". Son tan reales tus besos como que él existe. Es tan vigente esta relación en tanto él no aparezca.
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