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24 de septiembre de 2014

Hay en la intimidad, Ana Ajmatova

Hay en la intimidad un límite sagrado
que trasponer no puede aun la pasión más loca
siquiera si el amor el corazón desgarra
y en medio del silencio se funden nuestras bocas.

La amistad nada puede, nada pueden los años
de vuelos elevados, de llameante dicha,
cuando es el alma libre y no la vence
la dulce languidez del goce y la lascivia.

Pretenden alcanzarlo mentes enajeadas,
y a quienes lo trasponen los colma la tristeza.
¿Comprendes tú ahora por qué mi corazón
no late a ritmo debajo de tu diestra?



19 de julio de 2014

Idioma, Flavia Ricci

De todo ese lenguaje
que tiene que ver con las palabras
y también con los hechos
voy aprendiendo un idioma
que es el de recorrer tu cuerpo
en silencio
con cada estremecimiento
suspiro
aliento.



Hay un idioma que siento.
Es el de entender tus miradas
el de captar tu sonrisa
el de tener tu mano en la mía
y detenerme en cada una de sus líneas.



Y entonces, quizás,
ese idioma podría ser, también
el de decir una palabra precisa
para nada azarosa
y seguir recorriendo tus días.



De todo ese lenguaje
que tiene que ver con las palabras
y con los hechos
voy aprendiendo un idioma
de una forma y con tiempos
que desconocía.

Y cada vez que te recorro
o me detengo en tu boca
cada vez que te abrazo
o que te miro
cada vez que subo, que bajo
cada vez que me sumerjo
en todo tu cuerpo
todas las palabras se agolpan
de repente
para decir algo
quizás, no sea ese el momento
justo en el instante, ese preciso instante
en que yo recorro tu cuerpo.

2 de diciembre de 2012

Dragón de fuego, Flavia Ricci

El dragón de fuego despliega casi sin querer sus alas y vuela alto, y lejos, hacia sí mismo. Vuela para ver más allá, vuela para ver la realidad. Y regresa a su refugio con las alas rodeándole el cuerpo para protegerlo, así descansa este dragón. Vuela alto, Al-Taïr, vuela muy alto dragón, lejos de todo y de todos, contigo mismo y tus deseos. Lo ha visto todo, todo lo que ha querido. Ha caído y se ha levantado en su inmediata soledad. Extiende sus alas, intenta llegar, mira hacia arriba y se lanza como un ave rapaz en busca de su presa, que no opone resistencia. Es todo tan fácil, el dragón puede saciar su sed. Y volver a pesar sólo en sí, otra vez en sí mismo, solamente en sí mismo. Un estado cómodo en donde no puede ser cazado. Dragón fuerte, extremadamente intuitivo, perseverante. Mira atento hacia abajo desde su refugio, con las alas rodeándole el cuerpo y dándole calor. Mira nuevamente a los lados, los lados del centro. No es que trastabille, el dragón todo lo acierta. El dragón todo lo aprende. Y por eso es el amo, aunque nadie sepa ni piense jamás en las heridas que conlleva serlo. Eso se queda bien dentro, con el dragón, dragón de fuego.


16 de julio de 2012

Metafísica de los tubos, A. Nothomb







Desde hace mucho tiempo, existe una inmensa secta de imbéciles que oponen sensualidad e inteligencia. Es un círculo vicioso: se privan de placeres para exaltar sus capacidades intelectuales, lo cual sólo contribuye a empobrecerles. Se convierten en seres cada vez más estúpidos, y eso les reconforta en su convicción de ser brillantes, ya que no se ha inventado nada mejor que la estupidez para creerse inteligente.

El deleite en cambio nos hace humildes y admirativos con lo que lo produce, el placer despierta la mente y la empuja tanto hacia la virtuosidad como hacia la profundidad. Se trata de una magia tan potente que, a falta de voluptuosidad, la sola idea de voluptuosidad resulta suficiente. Mientras existe esta noción, el ser está a salvo. Pero la frigidez triunfante está condenada a celebrar su propia insustancialidad.

Uno se cruza a veces con gente que, en voz alta y fuerte, presume de haberse privado de tal o cual delicia durante veinticinco años. También conocemos a fantásticos idiotas que se alaban por el hecho de no haber escuchado jamás música, por no haber abierto nunca un libro o no haber ido nunca al cine. También están los que esperan suscitar admiración a causa de su absoluta castidad. Alguna vanidad tienen que sacar de todo eso: es la única alegría que tendrán en la vida.




30 de marzo de 2009

EX-perto, Flavia Ricci

El ex-perto llegó a casa y se metió en la cama de ella. El ex-perto sabía qué hacer. El ex-perto llevaba un poco mal los 30 y pocos que tenía, el ex-perto recordaba las debilidades de ella. El ex-perto tenía buena memoria. El ex-perto la transportaba lejos en pocos segundos. Pero en un momento tuvo que dejar a su ex-perto para pensar en un experto, porque desde luego ella no era la que su ex-perto había ido a buscar.

14 de febrero de 2009

Mujer buzo, Flavia Ricci

A estas alturas, mis reflexiones llegan hasta decirte que hace mucho calor para ponerse buzo en Buenos Aires, que no sé con qué reemplazarlo y que ahora entiendo por qué en Europa hacía nudismo y aquí en Argentina no puedo.

9 de julio de 2008

Escriba sobre mí, Al-Taïr

Esquivando compromisos, personas e inesperados ex, conocí un hombre que contaba historias. Historias de otras mujeres, de experiencias, de sabores y sinsabores, historias de nuestras miradas que no terminaban de encontrarse meses atrás. Conocí un hombre para mirar y admirar, conocí un corazón nómade como el mío, con una pasión sin límites y unas manos suaves de palpar pieles femeninas. Un hombre que salió de una noche con sahumerios, vinos y risas bajo esa luz amarillenta y suave que corre por Lomas de Núñez. Conocí un hombre con quien mirarme bañada en luces rojas de un dormitorio y enredarme en sábanas una y otra vez. Conocí a un hombre con quien bailar hasta el amanecer, que me encegueció con su luz. Conocí un hombre que me contaba historias y las iba escribiendo sobre mi piel, noche a noche y cada día. Una noche, de esas de invierno porteño, te conocí. Y qué bueno haberte descubierto, hombre de pasión sin límites. Me arrancás risas, anécdotas que no me canso de escuchar, brindis, caricias y miradas. Te miro y admiro, navegante solitario. Y me quedo prendida de esos ojos extranjeros que se han quedado aquí, en mi tierra. Soplan buenos aires en mi Buenos Aires ...