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30 de octubre de 2016

Listas, Flavia Ricci

Ella prepara listas previas para mostrarme su ciudad. Ella elabora salidas. Y entonces las mañanas quedan pobladas de museos, parques, sol, de café y caminatas. Y nunca falta el río, que no es necesario explicar. Porque yo me escapo de su mano y sus listas caminando despacito por su calle empedrada. Y llego, siempre con su mano con la mía, hasta ver esa inmensidad que me da paz. Y permanezco, como se permanece cuando una está segura. Miro hacia las islas y permanezco casi hipnotizada. Y quizás me escape de esa lista que ella ha elaborado. O se nos haga tarde para. Pero entonces, siempre de su mano, camino bordeando el río, mirándola. Y subo las escaleras de ese parque. Escaleras infinitas. Y vuelvo a mirar el río por detrás de su cara. Y llegamos a los silos. Y quizás tomemos algo. Y recuerdo la primera vez que me habló de esos túneles. O de Pichincha. O que fuimos a La Florida. O de nuestro bar. Intento seguir su lista de lugares mágicos por descubrir. O revisitar. Pero es tanto lo que siento cuando ella está junto al río, conmigo, que me detengo en ese tiempo que parece infinito. Pero ella prepara listas. Y a veces me dice que cuando marcho nos faltó recorrer esto o aquello. Y yo la miro, casi sonriendo. Y siento que con tanto por delante, lo nuestro es tranquilo y convincente como el río, que a nuestro lado, fluye. Pienso en todo eso, mientras ellla hace crucecitas en su lista de sitios mágicos inconclusos.


7 de octubre de 2013

La soledad de los números primos, P. Giordano

En primer curso de la universidad había estudiado ciertos números primos más especiales que el resto, y a los que los matemáticos llaman primos gemelos: son parejas de primos sucesivos, o mejor, casi sucesivos, ya que entre ellos siempre hay un número par que les impide ir realmente unidos, como el 11 y el 13, el 17 y el 19, el 41 y el 43. Si se tiene paciencia y se sigue contando, se descubre que dichas parejas aparecen cada vez con menos frecuencia. Lo que encontramos son números primos aislados, como perdidos en ese espacio silencioso y rítmico hecho de cifras, y uno tiene la angustiosa sensación de que las parejas halladas anteriormente no son sino hechos fortuitos, y que el verdadero destino de los números primos es quedarse solos. Pero cuando, ya cansados de contar, nos disponemos a dejarlo, topamos de pronto con otros dos gemelos estrechamente unidos. Es convencimiento general entre los matemáticos que, por muy atrás que quede la última pareja, siempre acabará apareciendo otra, aunque hasta ese momento nadie pueda predecir dónde.

23 de marzo de 2013

Palabras y silencios, Flavia Ricci

Después, cuando ya se había marchado para siempre de mi vida fue cuando me enamoré realmente de él. Sus amigos lo nombraban, los míos también, nuestros amigos, esos que teníamos en común producto de nuestros años de convivencia susurraban a escondidas su nombre y lo que hacía, como cuidándome de escuchar. Después, mucho después de que él se había marchado, descubrí por casualidad todo lo que había hecho: pequeños actos de amor premeditados, otros espontáneos, que jamás había descubierto. Porque para llegar a esa sonrisa que me arrancaba a diario, él había pensado profundamente en cómo era yo. Después, mucho después de que él se marchó descubrí que aquellos amigos sabían de su amor por mí, de lo que le brillaban los ojos cuando me mencionaba, de sus planes conmigo, de sus miedos de hombre, de su temor a perderme, de no volverme a encontrar. Me enteré de su amor por mí, su gran amor, debido a lo que de mí había hablado con los demás, no conmigo.

Después, fue mucho después. Justamente cuando poco quedaba de mi amor por él. Justamente en ese momento una catarata de amor me volvió, cuando descubrí todo lo que me había querido sin decírmelo casi. Él había preferido hablarme casi con devoción de todos quienes nos rodeaban y yo me limitaba a escucharlo. Y poco a poco fui descreyendo de su amor por mí, pensando por qué jamás tenía palabras si fluía tanto amor.

Me enamoré un día de un hombre que ahora creo que era muy parecido a él, a quien se fue de mi vida. Pero me enamoré porque sabía hablar de mí, de él, de nosotros. Y yo veía cómo le brillaban los ojos, como mi admiración por él era similar a la que él sentía por mí, y las palabras de amor iban y venían entre él y yo. Me enamoré porque sentí que debía agradecerle a la vida por estar con él. Y fue en ese momento que, mirándome directamente a los ojos me dijo sonriendo "gracias a vos". Me enamoré. Y descubrí entonces que los dos eran muy parecidos, pero uno tenía gestos y palabras. El otro oscuros silencios.


15 de enero de 2013

El momento, Flavia Ricci

No es solamente el viaje, también es el trayecto recorrido
No es estar en este punto, también es lo andado contigo
No es verte aquí, es lo que te busqué sin saberlo
Es tomarte de la mano
Es mirarte profundamente
Es fundir todos mis deseos más míos en vos
Es hundirme en tu cuerpo
Es explorarte de punta a punta
Es dejarme llevar por lo que siento
Es que nada ni nadie se interponga
Es que seas mi único "sí"
Es estar por ti
Es callarme para mirarte en detalle
Es enorgullecerme
Es sonreír
Es abrazarte y olvidarme del mundo
Es tener certezas
Y decir que sí



4 de diciembre de 2012

Otro adiós, Flavia Ricci

Con la misma sonrisa de la primera vez que te vi, te miré. Venías a despedirte, y yo quería decirte adiós. Te abracé, cómo no hacerlo. Y otra vez la separación. Jamás toleré verte partir, pero esta vez era la última, así es que miré tu espalda alejarse por mi calle. Y en un momento te giraste, levantaste tu mano, dibujaste tu mejor sonrisa y me dijiste adiós con los labios, sin pronunciar palabra. Bonito, que te vaya muy bien, bonito.

21 de noviembre de 2012

Singular, Flavia Ricci

Encima tuyo derramo todo mi deseo, todas mis búsquedas, que hallan el encuentro. Entre tu cuerpo y el mío las distancias se funden hasta causarnos gracia. Claramente veo por dónde voy y hasta dónde llegar. Me viene de años, de muchos años atrás, lo que siempre quise hacer, donde siempre quise estar. En tu cuerpo descanso y en tu mente me duermo mientras me sueñas tranquilamente cada noche de tu vida. Te he encontrado, milagrosamente, por fin. Y por fin, por fin puedo querer sin treguas ni dudas. Por fin te he encontrado, amor, amor de mi vida. Único, intransferible y reconfortante amor. Por fin.

20 de noviembre de 2012

Así, Flavia Ricci

Todo aquello que en tu presencia hice despreocupadamente. O no debiera decir despreocupadamente, pero sí sin la preocupación de que fuera por única vez, en tu ausencia se vuelve irreductible, allí, sólido. Regreso por el camino que poco antes hicimos, entro a casa y miro los vasos de los que poco antes bebimos, los platos que poco antes usamos. Y arde tu ausencia, me quema por dentro. Agudizo los sentidos para tratar de captar todo aquello que queda en el aire y en mi piel de vos, sé que es solamente un consuelo, pero es una forma de no perderte de repente. Poco a poco se despiden los aromas, las marcas, y me voy resignando a tu presencia a distancia, por momentos.
Pero es tan diferente tu presencia día a día y cara a cara en mis días, son tan distintos mis días con tus ojos mirándome, tus manos buscándome, todo tu cuerpo, en suma, cerca de mí, que te busco hasta en los rincones más raros, donde quizás antes estuviste despreocupadamente y de repente ahora todo aquello se vuelve tan único. 
Quisiera guardar como en un museo todo lo que mi vista recorre, todo lo que vos tocaste, todo lo que pisaste. Me debato entre recorrer los recuerdos, producto de lo que día a día hemos ido construyendo o dejarlos aparcados, temerosa de no poder afrontarlos. Y voy pasando los días entre la esperanza de volver a verte, y de que sea para siempre, y verte de a pedacitos y a distancia en el mientras tanto. Voy como caminando a tientas, hasta vos. 
Y sin embargo cuando aparecés todo, lo grande y lo pequeño, cobra otra dimensión. El cordón de la vereda, la entrada de mi casa, las esquinas de mi ciudad, los mediodías, el sol de la tarde, la playa de Claromecó. Cuando me giro y te veo es tan claro mi sentimiento, mi fortaleza, mis ganas, que casi no puedo hablar. Y agradezco a la vida, a quién más, el haberte reencontrado en este momento mío, tan en paz y armonía y con tantas ganas de estar con vos, solamente con vos, para siempre con vos.

25 de julio de 2012

El núcleo del síntoma, Flavia Ricci

Hoy te pusieron nombre, sos el núcleo del síntoma. Para mí sos quien da vueltas en mi cabeza desde hace años con una fuerza centrífuga que, pase lo que pase, me lleva a vos. Pasan personas, risas, viajes, años, sueños, libros, películas y canciones y allá estás, núcleo.
Fue aquel paso al costado, cual cangrejo, lo que te puso en mi camino de acá en más. No me conformo con el silencio. Tuyas son todas mis noches sin dormir. De madrugada con los ojos abiertos en el silencio de esta ciudad donde ahora vivo. Tuyos son todos esos recuerdos que intento aprisionar, rescatar de mi modesta memoria. Son tus pasos, tus gestos, tus palabras, tus mensajes los que intento que no se borren. No me conformo con mi cobardía. No me conformo con tu rencor. No quiero tu silencio: necesito que hables. Es tanto lo que tengo por decirte en estos años de silencio y de conformismo. Es la vida misma la que me da la esperanza de volverte a encontrar.
Hoy te pusieron nombre, sos mi nucleo del síntoma. Nombre críptico y freudiano para lo que yo llamo amor.


6 de febrero de 2011

Omar Khayyam

"Unas gotas de vino del color del rubí, un pedazo de pan, un buen libro de versos y tú, en un solitario lugar, son más valiosos para mí que los reinos de todos los sultanes". Omar Khayyam, poeta persa (1050-1123)

22 de abril de 2010

Antes y después, Flavia Ricci



El matrimonio, la primera causa de divorcio, duró un suspiro. Machacado por la convivencia y los excesivos espacios comunes. La miré a los ojos después de beber un poco de mi malbec y le dije:

- Te casaste con él porque te volvía loca.
- ...
- Y por la misma causa te divorciaste de él ahora.

Depende siempre del momento, la misma frase cobra sentidos opuestos. Y ambas seguimos disfrutando de nuestro malbec.

20 de septiembre de 2008

Inténtalo encontrar, Mayte Martín

¡¡¡ Feliz Primavera para todos !!!!



Qué es el amor?
Mira hacia la montaña cuando sale el sol
busca en el arco iris un nuevo color
no te conformes nunca con ser un pensador

Qué es el amor
Pregúntale al jilguero, al río y la flor
él no tiene senderos, pero es andador
no necesita puertas, es camino

…Y es que el amor
como todo lo que es bello, no tiene explicación
es refugio y morada de algun soñador
que jugando a poeta, quiero ser cantor

…Y es que al final
tendrás en tu inventario lo que llegas a amar
después no tendrás tiempo de volver a empezar
ahora es el momento, inténtalo encontrar

Qué es el amor?
Una ventana abierta de la ilusión
es mirar hacia el cielo con el corazón
sin miedo a la caida

4 de septiembre de 2008

12, Oliverio Girondo

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehúyen, se evaden y se entregan.

26 de agosto de 2008

El Rey de los Alisos (II), Michel Tournier

Tournier, Tournier ... regresa con el tiempo. Ya citado en este blog, aquí otro pasaje de su hermoso libro El Rey de los Alisos, que por estos días devoro con los ojos:

"Cuando Rachel me abandonó, me lo tomé a la ligera. Además, aun considero esta ruptura sin gravedad, e incluso benéfica desde cierto punto de vista, porque estoy convencido de que abre la puerta a grandes cambios, a grandes cosas. Pero hay otro yo, el yo viscoso. Éste, al principio, no entendió la ruptura en lo más mínimo. Lo cierto es que nunca entiende nada de buenas a primeras. Es un yo torpe, rencoroso, humoral, siempre bañado en lágrimas y semen, pesadamente aferrado a sus hábitos, a su pasado. Le hicieron falta semanas para comprender que Rachel no volvería. Ahora lo entiende. Y llora. En el fondo de mí mismo, como una herida, llevo a este ser ingenuo y tierno, un poco sordo, un poco miope, que se deja engañar fácilmente y tarda tanto en reaccionar ante la desgracia".

27 de marzo de 2008

La lección de anatomía, Flavia Ricci

Cierto día, Nina se dispuso a contarle a su hija, después de tanto tiempo, quién era su padre y cómo ella había nacido. No era tarea fácil. Debía rememorar uno tras otro sus romances para entender bien lo que pasó. Pero a su vez, era tan escurridiza su cabeza, tan movedizo su corazón, que no atinaba a enumerar a todos sus amores y amoríos. De todas formas su hija se lo había pedido. Y Nina sabía que ella, Lola, era su debilidad. 
Su primer amor fue Martín ... un chico aparentemente como todos los demás. Pero no así para Nina. Se conocieron en una fiesta, se gustaron mutuamente, se siguieron conociendo más y más, hasta que decidieron pasar a conocerse de otra manera, lo que se denomina realmente conocimiento mutuo, que no depende del tiempo que uno lleve junto al otro, sino de las sutilezas de dar y darse, que no todos distinguen.
Y de ese gran amor, Nina dio a luz "El día que te conocí", un libro en forma de novela cuyos protagonistas eran justamente ella y Martín. Nunca más se vieron, pero ambos sabían que así lo habían decidido al conocerse: nada de compromisos. De modo que Nina depositó su primera novela en la biblioteca, como testimonio de su primer amor. Y así se resignó, entre sorprendida y angustiada, a mirar día tras día ese libro del que ella era responsable de por vida.
Después, no tan después, llegó Leo. Y con él sucedió lo mismo que con Martín. Y de la misma manera engendró un libro. Pero esta vez, era una gran obra de teatro. No sólo porque su entonces novio era un gran dramaturgo, sino porque ella para ese entonces también había incursionado en el teatro. Era lógico.
Y a Leo le siguieron Alejandro, artífice de "Cómo tener una vida perfecta", típico producto de un libriano de octubre, que nunca supo qué es la espontaneidad, Javier y Gabriel, y Gustavo, y Fede, y ... (¿Cómo recordarlos a todos?). 
Al que sí podía recordar fácilmente era a Matías. Gracias a su relación él había podido descubrir su vocación: gastronomía. De manera que después de haber dado a luz a su hijo, era el vigésimo más o menos, lo llamaron "Cocina diet para la mujer y el hombre de hoy". Y a él le siguieron "Kant murió en Argentina", "Sea una imperceptible infiel", "Guía práctica para no perderse en Buenos Aires", "La historia de Roma", "Los etruscos y yo", etcétera, etcétera ...
Pero llegó un momento en que Nina se dio cuenta que de seguir así, no sólo terminaría saturando toda su casa con libros-hijos de sus ex-amores, sino que algún día la sorprendería la muerte sin haber dado a luz a un ser humano. ¿Sería el castigo lógico por ser una amante de los libros? No lo creía. 
Había tropezado una y otra vez creyendo haber dado con el hombre ideal. También había deambulado por relaciones tan efímeras como arriesgadas. Relaciones llenas de clandestinidad y aventura. Pero de igual forma que sus noviazgos, habían terminado en libros y más libros.
Hasta que una mañana de julio, caminando tranquilamente por Salguero, lo vio y se decidió a seguirlo, furtivamente, hasta donde él se dirigiera ... Lautaro no se dio cuenta de que lo seguían. Entonces Nina se acercó y conversaron. Y se dejaron sus teléfonos y prometieron llamarse al día siguiente. Y así fue. Y cuanto más se conocían, más estaban seguros los dos de que su destino era estar juntos.
Y después de haber compartido tantos momentos, tantas calles transitadas en la ciudad, tantos cines y tantos viajes, se unieron de tal forma que ya nada ni nadie podría separarlos. Se unieron sin sentirse atados ... Aprendieron a estar cerca, a veces sin estar juntos ... Por fin se encontraron.
A pesar del trajín del tabajo, del bullicio que envuelve, inexorable, la ciudad, de sus activas vidas amorosas pasadas: ahora era distinto. Todo lo anterior era un pretérito imperfecto en todos los sentidos. Pasado. 
Y después de 9 meses de amor, desvelos, temores y expectativas, nació ella, su hija ...

- ¿Te das cuenta, Lola? Después de tanto tiempo de esperarte, naciste vos. Tu papá y yo saltábamos de alegría. Yo había dado a luz, finalmente, a una personita. Y esa personita era lo más preciado que teníamos él y yo. NUESTRA HIJA. ¿Qué más le podía pedir yo a la vida? Finalmente entendí que todas mis relaciones pasadas con hombres que hoy me cuesta recordar, habían sido entregas parciales de mí. Les había dado mi intelecto a algunos, mi cuerpo a otros, pero con ninguno llegaba a conformar una persona. Y sin embargo con Lautaro sí. Había sido una verdadera "lección de anatomía". Sí, mi vida había sido hasta ese momento sólo eso.


Flavia Ricci
13-11-1996