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4 de julio de 2015

De ángeles y tiempo, Blanca Sandino

Reconozco esa voz que habla del mar: 
me llega desde donde la luz, lejanísima ya, duplica la estatura de mi sombra.
Reconozco esa voz que me reclama 
para mostrarme en el ácimo espejo de las olas 
la cruz con la que un ángel libró de todo mal mi nombre, 
antes de que el granito pregonara ufano su dureza; 
y antes, mucho antes, de que se doblegara al tesón del tiempo, y de las gotas. 

(Hablo de un tiempo tan remoto, como la edad sin tiempo del insecto.) 

Oigo tu voz. Sé que me llama, me apresuro. Y desde allí 
-tú pléroma, yo arjé-, desde el hambre más honda, 
puedo invocar tus manos, el secreto del fuego, la fuerza de los vientos, la pericia del agua, 
y el asperón redondo y fino de la tierra que habito. 

(Me abrasa la sed sin compasión de las salinas 
y padezco la ceguera de quien año tras año espera que germine la semilla: mas reconozco tu voz. 
Puedo. Es más de lo que quise, mucho más). 

Por eso, nada ofrezco que el corazón no sepa contener: 
yo intuyo el mar cuando aún es imposible sentirlo, 
y tú... cuántas y cuántas veces invento que me quieres, 
y que podrías hallar, si los buscaras, trocitos de pizarra entre mis dedos. 





26 de abril de 2015

Idea Vilariño x 2

Lo que siento por ti es tan difícil...

Lo que siento por ti es tan difícil.
No es de rosas abriéndose en el aire,
es de rosas abriéndose en el agua.
Lo que siento por ti. Esto que rueda
o se quiebra con tantos gestos tuyos
o que con tus palabras despedazas
y que luego incorporas en un gesto
y me invade en las horas amarillas
y me deja una dulce sed doblada.
Lo que siento por ti, tan doloroso
como pobre luz de las estrellas
que llega dolorida y fatigada.
Lo que siento por ti, y que sin embargo
anda tanto que a veces no te llega.


Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto

Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto,
sino darse y tomar perdida, ingenuamente,
tal vez pude elegir, o necesariamente,
tenía que pedir sentido a toda cosa.
Tal vez no fue vivir este estar silenciosa
y despiadadamente al borde de la angustia
y este terco sentir debajo de su música
un silencio de muerte, de abismo a cada cosa.
Tal vez debí quedarme en los amores quietos
que podrían llenar mi vida con un nombre
en vez de buscar al evadido del hombre,
despojado, sin alma, ser puro, esqueleto.
Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto.
sino amarse y amar, perdida, ingenuamente.
Tal vez pude subir como una flor ardiente
o tener un profundo destino de semilla
en vez de esta terrible lucidez amarilla
y de este estar de estatua con los ojos vacíos.
Tal vez pude doblar este destino mío
en música inefable. O necesariamente...




La noche, Idea Vilariño

Es un oro imposible de comprender, un acabado
silencio que renace y se incorpora.
Las manos de la noche buscan el aire, el aire
se olvida sobre el mar,
el mar cerrado,
el mar,
solo en la noche, envuelto
en su gran soledad,
el hondo mar agonizando en vano...
El mar oliendo a algas moribundas y al sol,
la arena a musgo, a cielo, el cielo
a estrellas. La alta noche sin voces
deviniendo en sí misma, inagotada y plena,
es la mujer total con los ojos serenos
y el hombre silencioso olvidado en la playa,
el alto, el poderoso, el triste,
el que contempla,
conoce su poder que crea, ordena el mundo,
se vuelve a su conciencia que da fe de las cosas,
y el haz de los sentidos le limita la noche.

Concédeme esos cielos, esos mundos dormidos,
el peso del silencio, ese arco, ese abandono,
enciéndeme las manos,
ahóndame la vida
con la dádiva dulce que te pido.
Dame la luz sombría, apasionada y firme
de esos cielos lejanos, la armonía
de esos mundos sellados,
dame el límite mudo, el detenido
contorno de esas lunas de sombra,
su contenido canto.
Tú, el negado, da todo,
tú, el poderoso, pide,
tú, el silencioso, dame la dádiva dulcísima
de esa miel inmediata y sin sentido.

Estás solo, lo mismo.
Yo no toco tu vida, tu soledad, tu frente,
yo no soy en tu noche más que un lago, una copa,
más que un profundo lago,
en que puedes beber aun cerrados los ojos,
olvidado.
soy para ti como otra oscuridad, otra noche,
anticipo de la muerte,
lo que llega en el día frío el hombre espera, aguarda,
y llega y él se entrega a la noche, a una boca,
y el olvido total lo ciega y lo anonada.
Sin límites la noche,
pura, despierta, sola,
solícita al amor, ángel de todo gesto...
Estás solo, lo mismo.
Ebrio, lúcido, azul, olvidado del alma,
concédete a la hora.




23 de febrero de 2015

Las aguas del mar (fragmento), Clarice Lispector

Ahí está él, el mar, la más ininteligible de las existencias no humanas. Y aquí está la mujer, de pie en la playa, el más ininteligible de los seres vivos. Como el ser hu­mano hizo un día una pregunta sobre sí mismo, volvién­dose el más ininteligible de los seres vivos. Ella y el mar.

Sólo podría haber un encuentro de sus misterios si uno se entregara al otro: la entrega de dos mundos incognos­cibles hecha con la confianza con que se entregan dos comprensiones.

Ella mira el mar, es lo que puede hacer. Y su mirada está limitada por la línea del horizonte, es decir, por su incapacidad humana de ver la curvatura de la Tierra.

15 de febrero de 2015

Tiempo hacia atrás, Flavia Ricci

"Lo que eres  me distrae de lo que dices".
Pedro Salinas



Y si bien es cierto que todo tiene proyección, yo parto de vos. De vos hacia atrás. No son solamente las palabras que salen por tu boca, o las que escribís, por ejemplo. No son los movimientos que hacés para llegar a mí, o a cualquier sitio. Démosle una vuelta al tiempo, que Kairós, Kronos y Aión desplieguen todos sus mundos y universos. Entonces parto de vos ¿de quién si no? ¿De dónde si no? Y no vuelo encima de tus palabras que quieren llevarme a un significado que se encuentre con mis conceptos. Mejor aun, me detengo en tu boca, en el momento anterior al sonido, en ese que dio origen desde tu adentro a lo que querés decir(me). Y más aun, en el momento en que pensaste eso que querés decirme. Y más, en el instante en que, aun cuando no nos habíamos encontrado, ni nos mirábamos, se formó en vos la imagen mental de toda la escena: lo que ibas a decirme, la decisión de hacerlo, el movimiento de tu boca y el sonido de aquellos fonemas. No es que solamente me quede con las palabras, tuyas, que ahora compartís conmigo y yo sobrevuelo en busca de significados y significantes, de interpretaciones sin ruido, donde apelo a todos lo que sé o imagino. Eso sería ir de tu boca hacia afuera. Pero yo me sumerjo y nado hacia tu interior, hacia tus manos sobre el teclado cuando se disponen a escribir palabras elegidas, hacia tu mente que sabe lo que va a escribir. Kronos, Aión y Kairós, que se mezclen todos los tiempos en uno, o que desplieguen los pliegues del tiempo. Yo me sumerjo por las aguas de tu pensamiento, escalo montañas enteras sin miedo al silencio. Hay un tiempo que viene de todos los tiempos. Hay un camino que proviene de otro camino, más adentro. Hay muchos pliegues, yo no me pierdo, en los pliegues del tiempo. Tu tiempo.




14 de febrero de 2015

Suelta, Flavia Ricci

Pero yo, le dijo mirando toda la extensión de su brazo que finalizaba en sus manos aferradas, no temo dejar que mi mano descanse. Y tú, tú verás si quieres aferrarte. Muchas personas verán nuestra sagrada, inexplicable unión y querrán imitarla algunos, otros quebrarla. Quizás hubiese sido más fácil mantenernos en secreto. Pero ¿sabes qué? la energía nos sobrepasa. El mar nos llama, aquí mismo donde estamos, es la arena la que nos cuenta todas las respuestas. Silencio. No voy a mantenerme mucho más aferrando tu mano si no siento que una fuerza contrarresta mi fuerza. Porque en la unión de nuestras manos está la unión, y no en mi fuerza aferrando tu mano. No temo que nadie se interponga, ni lo que de mí te cuenten. Así le dijo. No temo a la verdad ni a que descubras mis más profundos pensamientos, porque así es la verdad. No le temo a la pureza ni al silencio. No le temo al tiempo. No le temo a darme cuenta que si te suelto no aferre tu mano la mía. Antes de haberse aferrado, le dijo, yo veía toda esa energía. 

Así habló el Dragón de fuego, en silencio. Y todo cambió. El mar. Y la arena. 





24 de octubre de 2014

Océano mar, A. Baricco

—O sea, fijaos ahí donde llega el agua… sube por la playa, luego se detiene…eso es, precisamente ese punto, donde se detiene…, dura apenas un instante, después desaparece, pero si se consiguiera detener ese instante…, cuando el agua se detiene, precisamente ese punto, esa curva …, es lo que estudio. Donde se detiene el agua.
—¿Y qué es lo que hay que estudiar?
—Bueno, es un punto importante… a veces no se le presta atención, pero pensándolo bien ahí sucede algo extraordinario, algo… extraordinario.
—¿De verdad?
Bartleboom se acercó ligeramente a la mujer. Se hubiera dicho que tenía un secreto que decir cuando dijo
—Ahí acaba el mar.
El mar inmenso, el océano mar, que corre infinito más allá de toda mirada, el desmesurado mar omnipotente —hay un sitio donde acaba, y un instante—, el inmenso mar, un lugar pequeñísimo y un instante de nada. Eso es lo que quería decir Bartleboom.


10 de agosto de 2014

Natural, Flavia Ricci

"Unas gotas de vino del color del rubí, un pedazo de pan, 
un buen libro de versos y tú, en un solitario lugar, 
son más valiosos para mí que los reinos de todos los sultanes". 
Omar Khayyam


Es natural. Natural que me gustes, natural invitarte a ver el mar, es natural que cenemos vos y yo, es natural que de repente te abrace, quiera besarte y te invite a dormir, conmigo. Es natural que quiera conocer más y mejor, cada día, tu mundo, es natural querer volver a verte. Y recorrer tus historias tanto o casi como tu cuerpo. Y no dejar de mirarte cuando bajás por la playa despreocupadamente, como si no supieras que te sigo con la vista feliz de estar con vos. Natural pasear por Güemes, ver los atardeceres en los acantilados, que me cuentes de tus recovecos urbanos y yo de los míos. O ir a Sierra de los Padres y llenarnos los pulmones de cuentos, café y besos.
Natural es tu sonrisa, natural la mía. Natural sentirme libre. Es natural ir a tu encuentro en medio de un atardecer, con dos copas y una botella de vino en el coche, porque sí. O "porque vos". Y llevarte a un sitio que sospecho te gustará. Y quedarnos allí, abrazos mediante. Es natural sentir que me acompañás. Que llega la noche. Que todo está por escribirse. Que quiero más, de todo esto, más y más. Es natural.


22 de noviembre de 2013

Relato de playa con chicas, Flavia Ricci

Atardecía en aquel pueblo con mar, lejos, muy lejos cada una de sus casas. ELLA se encontraba junto a la playa con los ojos cerrados, escuchando cómo iba y venía el sonido de las olas, un poco como su vida, como todo. ella se sentó a su lado y la miró, pero ELLA no abrió los ojos, tan sólo sonrió sabiéndola cerca. Y así se quedaron las dos, cara al mar. El sol iba cayendo, al rato se fueron a preparar algo para comer. Era el día en que todo estaba por escribirse. "Me molesta que las visitas lleguen de otra ciudad un sábado", le había dicho ELLA una vez, por lo que ella siempre llegaba por la madrugada, los viernes, que ELLA consideraba el día en que todo está por escribirse, donde todo está en potencial, adelante, atrás. Donde ELLA podría tomarse el tiempo de descansar más y mejor que el resto de la semana.
Pasó la cena, el vino, una caminata, pasó la noche y llegó la madrugada. Y también llegó la mañana. Y el sol.

- Tratá de acordarte de este momento, de tu sonrisa, tranquilidad, plenitud, cuando dudes si volver a verme o no. Cuando dejes entrar en tu mente todos esos fantasmas que no te dejan ser feliz.

- No sé si he sido tan feliz acá, con vos. Le respondió ella.

ELLA sonrió y le mostró una fotografía de su celular, mientras ella dormía.

- Si podés tener esta misma paz en cualquier otro momento de tu vida, si lo has tenido, si lo tendrás, entonces podrás decirme que no has sido tan feliz en estos días de mar conmigo. Respondió ELLA tranquilamente, con esa media sonrisa que siempre tenía cuando decretaba algo inobjetable.

Y ella calló ...


11 de abril de 2013

Lo que todavía no sabes del pez hielo, E. Medina Reyes

En la franja más profunda del mar Tirreno habita el pez hielo, la oscuridad allí es más densa que en un agujero negro y aunque el pez hielo es transparente no tiene conciencia de serlo. El pez hielo no tiene pensamientos ni deseos, no conoce a ningún otro pez de su especie, no quiere ir a otra parte porque no sabe que existe esa posibilidad. Se desplaza, devora trozos de cristal y se complace en su absoluto. Es el pez que soñó Corolla y quizá Deleuze antes de saltar. No confronta, no es un rival, no es la publicidad de un perfume. Es el archienemigo de cualquier referente, el héroe de un mundo sin bordes. Y como sucede siempre, un día cualquiera, a ese paraíso del silencio llega un cadáver. No, aún no es un cadáver, es un papiliochromis. No viene del océano sino de una pecera, era la mascota de alguien, lo dieron por muerto, lo tiraron al retrete, bajaron la palanca y recorrió mil kilómetros por un tubo hasta el hogar del pez hielo. Esa es la densa oscuridad que lo rodea, la mierda de todos los culos que habitan en Ciudad Inmóvil. En su agonía, el papiliochromis le habla al pez hielo de luminosos atardeceres frente al mar, de ciudades, luces multicolores, alimento concentrado, documentales de Jacques Cousteau y todo aquello que veía en el televisor de su dueña. Una vez que lo ha contaminado de inquietud, expira, y como es apenas obvio el pez hielo empieza a soñar con la luz.

21 de mayo de 2012

Frente al mar, Alfonsina Storni

Oh mar, enorme mar, corazón fiero 
De ritmo desigual, corazón malo, 
Yo soy más blanda que ese pobre palo 
Que se pudre en tus ondas prisionero. 

Oh mar, dame tu cólera tremenda, 
Yo me pasé la vida perdonando, 
Porque entendía, mar, yo me fui dando: 
«Piedad, piedad para el que más ofenda». 

Vulgaridad, vulgaridad me acosa. 
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre. 
Hazme tener tu cólera sin nombre: 
Ya me fatiga esta misión de rosa. 

¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena, 
Me falta el aire y donde falta quedo, 
Quisiera no entender, pero no puedo: 
Es la vulgaridad que me envenena. 

Me empobrecí porque entender abruma, 
Me empobrecí porque entender sofoca, 
¡Bendecida la fuerza de la roca! 
Yo tengo el corazón como la espuma. 

Mar, yo soñaba ser como tú eres, 
Allá en las tardes que la vida mía 
Bajo las horas cálidas se abría... 
Ah, yo soñaba ser como tú eres. 

Mírame aquí, pequeña, miserable, 
Todo dolor me vence, todo sueño; 
Mar, dame, dame el inefable empeño 
De tornarme soberbia, inalcanzable. 

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza. 
¡Aire de mar!... ¡Oh, tempestad! ¡Oh enojo! 
Desdichada de mí, soy un abrojo, 
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza. 

Y el alma mía es como el mar, es eso, 
Ah, la ciudad la pudre y la equivoca; 
Pequeña vida que dolor provoca, 
¡Que pueda libertarme de su peso! 

Vuele mi empeño, mi esperanza vuele... 
La vida mía debió ser horrible, 
Debió ser una arteria incontenible 
Y apenas es cicatriz que siempre duele.


Imagen: bendahan.com