6 de enero de 2007
5 de enero de 2007
2007, Flavia Ricci

Separación Fase I
Y bien, después de una separación aparece irremediablemente el "podría haber elegido mejor". Uno se queda pegado a ese ideal de persona, más del lado del ideal que de la persona, más del lado de la idea que de la realidad. Es ese "no fue" el que lleva a un círculo vicioso del "por qué no me di cuenta antes".
Separación Fase II
Superada esa estapa de frustración llega una mejor: habida cuenta de los recursos, hice lo mejor. Una visión casi obligada que nada tiene que ver con la resignación de quien se conforma, sino que se acerca mejor a una visión estratégica de lo que nos toca vivir. En esta segunda etapa nos acercamos más a la realidad y vamos alejándonos del ideal. O mejor dicho, nos alejamos de la idea de que esa persona era la ideal.
Separación Fase III
No se trata de cómo vivimos, sino de lo que hacemos con lo que nos toca vivir. Elegimos. Respiramos. Respiramos una vez más dejando atrás aquello que, nos damos cuenta por fin, nos parecía ideal. La realidad, cruda o cocida, indica que no lo era. Y bien sabemos a estas alturas que una cosa es luchar por lo que queremos, y otra empeñarnos en creer que eso que alguna vez quisimos era lo mejor.
Respiramos, miramos hacia los lados .... Ops!! ¿Qué es toda esa gente? ¿Qué es todo ese Buenos Aires remixed? ¿De dónde salieron de repente esas sonrisas picarescas de la mesa de aquel bar?
Otra vez el tiempo es nuestro, todo entero. Respiramos .... pasa el año y ya no hablamos de "cuando él y yo el año pasado", sino que tenemos que remontarnos en el mejor de los casos al 2005.
Y ... a decir verdad .... con tanto 2007 por delante ¿es necesario acudir al archivo?
Feliz 2007 para todos.
31 de diciembre de 2006
Antigua vida mía, Marcela Serrano
Una mujer es la historia de sus actos y pensamientos, de sus células y neuronas, de sus heridas y entusiasmos, de sus amores y desamores. Una mujer es inevitablemente la historia de su vientre, de las semillas que en él fecundaron, o no lo hicieron, o dejaron de hacerlo, y del momento aquel, el único en que se es diosa. Una mujer es la historia de lo pequeño, lo trivial, lo cotidiano, la suma de lo callado. Una mujer es siempre la historia de muchos hombres. Una mujer es la historia de su pueblo y de su raza. Y es la historia de sus raíces y de su origen, de cada mujer que fue alimentada por la anterior para que ella naciera: una mujer es la historia de su sangre. Pero también es la historia de una conciencia y de sus luchas interiores. También una mujer es la historia de su utopía.
29 de diciembre de 2006
A un costado de los rieles, Héctor Tizón
Sólo cuando estamos de regreso descubrimos y comprendemos la importancia de todo aquello que habíamos ignorado hasta entonces; la tenue luz del sol sobre el tejado, la hierba que crece a nuestro pie, el monótono cantar de un gallo en la siesta abandonada; escuchamos el ruido de una acequia y vemos pasar con ternura de hermano o de hijo a ese campesino con la azada al hombro. Estamos solos, deseando comprender el lenguaje del silencio, sumergirnos en esa eternidad del mundo, en intento de náufrago; queremos ser humildes, congraciarnos con esa flor silvestre, con esa piedra, con esa tierra siempre igual a sí misma que hasta entonces habíamos pisoteado; porque ahora, después de todo, nos sentimos definitivamente solos frente a toda esta armonía elemental y sin memoria, que nunca muere o que está naciendo cada día.
28 de diciembre de 2006
Dunamar y Claromecó, Flavia Ricci
27 de noviembre de 2006
Abençoada por deus, Flavia Ricci
Y así se sintió por esas "causalidades" que se ponían en su camino. Ese sms que hizo más ágil su viernes, ese mail que aventuraba un encuentro, un "cómo estás", un Palermo más. Y luego aquella tarde en que, azarosamente, fue a aquella librería de Belgrano, alzó la vista y lo vio. F, M, F ... Tenía nuevamente un abecedario, aunque ya no se sentía como antes para barajar los naipes. Comenzó a balbucear las vocales, las consonantes. Camino a su casa pensó, con gusto a nuez en la boca, qué bueno verle. Sólo eso, que su Buenos Aires tuviera un poco de sus Ramblas, en donde la gente que ama la ciudad se cruza. Bailando, cenando, andando, por la gran ciudad.
23 de noviembre de 2006
El proceso, Flavia Ricci
El sabía que ella no tenía amigos, lo que no sabía, ni sospechaba, era el por qué. Lo cierto era que tarde o temprano, sus amigos caían enamorados. Ella lo llamaba amor por proximidad, y no le daba mayor importancia, segura de que se les pasaría cuando la proximidad fuese mayor con otra mujer. Así, una vez enamorados, sus amigos y ella misma preferían alejarse, para evitar mayores e innecesarias proximidades. Y ella terminaba por quedarse, de la noche a la mañana, sin uno o varios amigos. Así fue que lo conoció a él, que creyó que ella no tenía (tal vez jamás había tenido) amigos. Todo era un proceso, no un estado. Y de repente en la vida de ella comenzaron a aparecer nuevamente amigos. Lo que para él fue novedad, para ella era parte de un ciclo.
Un día ella lo miró a los ojos y le preguntó si él no tenía amigas. Y él le dijo que no. Ella regresó a su casa y, por primera vez, tardó casi toda la noche en conciliar el sueño.
Un día ella lo miró a los ojos y le preguntó si él no tenía amigas. Y él le dijo que no. Ella regresó a su casa y, por primera vez, tardó casi toda la noche en conciliar el sueño.
22 de noviembre de 2006
Rabia, Flavia Ricci
Ella murió de soledad. No por estar sola, sino por sentirse sola. Pero él, él tuvo una muerte más horrenda. Murió de rabia. Y hasta los perros se asombraron cuando vieron salir las burbujas blancas de su boca y lo escucharon vociferar, entre sollozos e impotencia, su nombre, el de ella.
20 de noviembre de 2006
Brazos de gancho, Flavia Ricci
Se miran, a cierta distancia. Se observan, con recelo y desconfianza. Se acercan, se alejan, se huelen, respiran, se miran, se celan. Se acercan y clavan los brazos alrededor del cuello del otro como si fuesen un gancho, y manteniendo los cuerpos separados a una prudencial distancia. Se huelen, se sienten, se acercan, se aflojan, se abrazan con sus brazos de gancho. Y ya nada ni nadie puede separarlos. Se encuentran.
5 de noviembre de 2006
Palabras
Hay muchos más conceptos que palabras. Por eso hacemos frases. Una idea cabe en una frase, pero no una teoría con su esquema conceptual a cuestas. Por eso escribimos libros y artículos. En general, todo conocimiento revolucionario necesita nuevos conceptos. Hay dos maneras de hacerlo: afinando el significado de una palabra existente o inventando otra nueva. Del artículo Progreso de El País Digital.
4 de noviembre de 2006
Contrato sexual
"Si las mujeres reciben menor salario es porque se las considera fundamentalmente esposas que ganan un "complemento" al sueldo del varón proveedor, si tienden a elegir contratos a tiempo parcial para compatibilizar trabajo doméstico y asalariado es porque tienen conciencia de su posición en una estructura que les asigna las tareas del hogar; si sufren acoso sexual o discriminación laboral se debe a que entran en el mercado no como meros individuos asexuados, sino como mujeres". Fuente: http://www.elpais.es/articulo/semana/Contrato/sexual/elpbabsem/20061104elpbabese_6/Tes/
2 de noviembre de 2006
Restaurar, Flavia Ricci
A veces, cuando creemos que hemos hecho delete, algo nos impide llevar el objeto a la Papelera de Reciclaje. Tal vez porque la vida no quiere que nos reciclemos. Tal vez porque hay un programa que se está ejecutando en ese momento en nuestro propio ordenador, aunque sea en segundo plano. Restaurar.
1 de noviembre de 2006
A girl revolution, Flavia Ricci

Pensaba en qué revolucionaria y liberal le parecía esa chica ... hasta que vio que cogía de la mano con devoción a una niña que parecía su hija (y lo era). Y él pensó "son todas iguales, van por la vida con camisetas de revolución y terminan casadas y con hijos". Se miraron, él le cedió el asiento en el 152 rumbo a Olivos y a poco de cruzar Puente Saavedra el trayecto los encontró uno al lado del otro y cada uno con asiento. Él escuchó perfectamente cuando ella le hablaba de su estilo de vida, y entendió que claramente era una chica liberal. Salió de su prejuicio y se enteró que ella era madre, pero no esposa. Y que jamás lo había sido y no estaba segura de querer serlo alguna vez. Entonces comprendió que quien era igual a todos era él: por prejuicioso y porque al fin, juzgándola madre y esposa, se había tranquilizado creyendo que el mundo tanto, pero tanto, no había cambiado.
Ambos miraron hacia la calle cuando el paréntesis de silencio se estiró tanto que no cabía otra alternativa si no querían despedirse. Ambos, a su manera, entendieron que podían ser revolucionarios. Ella pensó en todo ese mundo que poco a poco se le iba abriendo a su hija. En cómo su niña iba a tener que hacerse un sitio el día de mañana, y en lo que le costaría a ella soltarle su pequeña mano por primera vez cuando quisiera ir sola al colegio. Pensó en todas esas mujeres revolucionarias que día a día son madres y esposas, en que le explicaría a su hija que tal vez allí estaba la revolución. La suya, la de todos los días, la llevaba con orgullo más, mucho más profundamente que en esa camiseta de Barcelona que le habían regalado tiempo atrás.
23 de octubre de 2006
¿De qué color?, Flavia Ricci

El País está cada vez más racista. Hace unas semanas publiqué en este mismo weblog un titular discriminatorio contra los africanos, ahora leo y releo este titular: "Escuela de color". Y al echar un vistazo a la entradilla, el artículo hace mención en realidad a los extranjeros. Extranjeros ---> de color. ¿Es que los extranjeros no-color no son extranjeros?. De qué color hablamos con ese horrible y erróneo eufemismo de "gente de color". ¿Es que yo no tengo color?. A quienes no la hayan visto, les recomiendo la peli argentina Bolivia (2001), del uruguayo Adrián Caetano.
22 de octubre de 2006
Esperando, Flavia Ricci
Ella no esperaba que él la esperara, él no esperaba que ella lo llamara. Y así, sábado tras sábado, ambos esperaban al otro unicamente esperando, como si ello fuese suficiente y el amor se mantuviera por inercia y voluntad. Hasta que una vez, aunque se continuaban esperando, ambos se cruzaron por Corrientes de la mano de otro, que no había esperado que lo esperaran, sino que se había lanzado sin más.
21 de octubre de 2006
Papelera de reciclaje, Flavia Ricci

Ella se dejó llevar, necesitaba un update y él parecía dispuesto. Él la besó torpemente, casi haciéndole daño. Y ella pensó que clasificaba en el grupo de personas que creen que la sensibilidad física no existe. De todas formas, con su beso le ahorró a ella dar el primer paso. Dio entonces el zarpazo, se desvistieron e hicieron el amor. Update. Y delete.
16 de octubre de 2006
Miniaturas (1), Eduardo Berti
Cuando supe que mi padre había llevado en sus últimos treinta años una doble vida, sucumbí a la curiosidad y averigüé el nombre de la otra mujer y la dirección del otro hogar. Llamé a la puerta con una excusa cualquiera -una inspección de la compañía de seguros, o algo así- y una mujer alta y equina me invitó a pasar. Entonces no pude dar crédito a lo que veía: el interior del otro hogar era una réplica exacta, meticulosa, del que habíamos compartido por veinte años mi padre, mi madre y yo; los mismos muebles, los mismos sillones con el mismo tapizado, distribuidos de igual manera, y hasta los mismos cuadros, los mismos platos de porcelana y las mismas esculturas de yeso.
Esa noche, de regreso en casa, me dediqué con perverso placer a desordenar los muebles y a revolver las cosas en los estantes. Mi madre me miraba perpleja. No le dije nada de mi visita a la otra casa y cenamos en silencio.
De pronto recordé la vez que, siendo un niño, rompí un gran jarrón que flanqueaba el diván. El enojo de mi padre al saber del accidente me había parecido excesivo en su momento. Ahora lo entendía; ahora me bastaba imaginar a mi padre esa misma noche, a lo sumo el día siguiente, rompiendo a conciencia el jarrón igual de su otro hogar, sólo para mantener la simetría.
Esa noche, de regreso en casa, me dediqué con perverso placer a desordenar los muebles y a revolver las cosas en los estantes. Mi madre me miraba perpleja. No le dije nada de mi visita a la otra casa y cenamos en silencio.
De pronto recordé la vez que, siendo un niño, rompí un gran jarrón que flanqueaba el diván. El enojo de mi padre al saber del accidente me había parecido excesivo en su momento. Ahora lo entendía; ahora me bastaba imaginar a mi padre esa misma noche, a lo sumo el día siguiente, rompiendo a conciencia el jarrón igual de su otro hogar, sólo para mantener la simetría.
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15 de octubre de 2006
Miniaturas (5), Eduardo Berti

Antes de cruzarme con algún conocido al que no he visto por años, los días anteriores comienzo a encontrármelo por aproximación. Esto quiere decir que dos días antes me cruzo con un extraño que me recuerda vagamente a ese conocido, y horas después, o un día después, vuelvo a cruzarme con otro extraño, todavía más parecido a este amigo mío. En ocasiones la aproximación es breve: una o dos caras similares y por fin el sujeto conocido. Pero en otras ocasiones la cadena se prolonga a tal punto que los últimos eslabones, vale decir los últimos extraños, son casi idénticos a mi amigo. A veces hemos llegado a saludarnos con uno de esos extraños, y en medio de la confusión he pensado que en verdad se trata de quien pienso, sólo que ya se ha olvidado de mí o simula no reconocerme.
3 de octubre de 2006
Historias del señor Keuner, Bertolt Brecht

Alguien le preguntó al señor K. si Dios existía. El señor K. le dijo: "Te aconsejo que reflexiones si la respuesta a esa pregunta afectaría a tu comportamiento. Si no lo hiciera, podemos olvidarnos de la pregunta. Si lo hiciera, puedo ayudarte como mínimo diciéndote que ya has decidido: tú necesitas un Dios."
2 de octubre de 2006
Feliz, como lombriz. Flavia Ricci

Y esto es lo que me gusta:
Llegar a casa en este día de lluvia porteña, queriendo llegar a casa.
Ducharme, sentir el calor y la humedad de una Buenos Aires diluvial en primavera.
Salir de la ducha descalza y desnuda hasta mi habitación.
Vestirme con el agua del pelo escurriéndose por mi espalda.
Ponerme una camiseta y un chandal, de esos que no nos pondríamos para seducir, a determinada edad, pero ahora qué más da.
Continuar descalza para poder sentir una mullida alfombra.
Percibir el aroma del sahumerio de madera que lo invade casi todo.
Mirarme, sonriente y tranquila, frente al espejo.
Y disfrutar, de mi vida, a pleno ... con un toque de música colombiana, que es armonía y paz para mis oídos.
Todo lo que quiero, está aquí y ahora.
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