30 de octubre de 2013

Virtual, Flavia Ricci

"El amor es como el fuego, 
que si no se comunica se apaga".

Giovanni Papini



Virtual corre. Corre, porque cree que si corre pronto escapará de Real. Real tiende su mano, honestamente, realmente, como es: real. Virtual corre y corre y escapa y cierra, le da Apagar a su vida y cree que así, todo queda allí. Real sigue dando vueltas en su cabeza como una posibilidad, Real. Y Virtual no puede escapar ni siquiera desapareciendo de esa virtualidad, porque la red se extiende, tan real, por su vida. Virtual comienza a pensar en Presencial. Y es así donde descubre todos sus miedos: Real sonríe, no es quien se opone a Virtual. Es Virtual, vaya, quien se opone a Presencial, quiere seguir siendo así, Virtual. Tan de sí, tan solitario, tan ajeno, tan desconcertante. Entonces Real mira a Presencial y ambos se alejan de Virtual. Virtual extiende su mano, pero ellos ni siquiera miran atrás: Virtual queda solo, en su terreno, ajeno, dudoso, triste. Y se da cuenta de lo que perdió: Real y Presencial, dos compañías insustituíbles en su vida. Porque Virtual quería sentir y sintió de forma Real. Quería amar y quizás alguna vez amó de forma Presencial. Ahora no. El miedo recubre toda su vida y las dudas se apropian de su mente. Nada de eso interesa a Presencial o a Real, porque su vida es una, la que es y eligen que sea.


21 de octubre de 2013

Donde el corazón te lleve, Susana Tamaro

"Cada vez que te sientas extraviada, confusa, piensa en los árboles, recuerda su manera de crecer. Recuerda que un árbol de gran copa y pocas raíces es derribado por la primera ráfaga de viento, en tanto que un árbol con muchas raíces y poca copa a duras penas deja circular la savia. Raíces y copa han de tener la misma medida, has de estar en las cosas y sobre ellas: sólo así podrás ofrecer sombra y reparo, sólo así al llegar la estación apropiada podrás cubrirte de flores y de frutos. Y luego, cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cuál recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar: siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad que respiraste el día que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga: aguarda y aguarda más aun. Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve".

7 de octubre de 2013

La soledad de los números primos, P. Giordano

En primer curso de la universidad había estudiado ciertos números primos más especiales que el resto, y a los que los matemáticos llaman primos gemelos: son parejas de primos sucesivos, o mejor, casi sucesivos, ya que entre ellos siempre hay un número par que les impide ir realmente unidos, como el 11 y el 13, el 17 y el 19, el 41 y el 43. Si se tiene paciencia y se sigue contando, se descubre que dichas parejas aparecen cada vez con menos frecuencia. Lo que encontramos son números primos aislados, como perdidos en ese espacio silencioso y rítmico hecho de cifras, y uno tiene la angustiosa sensación de que las parejas halladas anteriormente no son sino hechos fortuitos, y que el verdadero destino de los números primos es quedarse solos. Pero cuando, ya cansados de contar, nos disponemos a dejarlo, topamos de pronto con otros dos gemelos estrechamente unidos. Es convencimiento general entre los matemáticos que, por muy atrás que quede la última pareja, siempre acabará apareciendo otra, aunque hasta ese momento nadie pueda predecir dónde.

6 de octubre de 2013

Puzzle, Flavia Ricci

Palabras que caen sobre sonrisas, abrazos sobre miradas
Todo va poniéndose en su lugar poco a poco
Mientras vos vas regresando y yo puedo decir que no,
no más
Vas queriendo llamar mi atención cuando miro hacia otro lado
Corrés, aunque yo vuelvo a caminar
Los cimientos demuestran su fortaleza
responden en el momento justo
No necesito correr
No necesito llamar tu atención
Los cimientos están fuertes
Las piezas que no encontraba
poco a poco van apareciendo
aunque las hayas escondido algún día
se dibujan con claridad
y las palabras caen sobre sonrisas
los abrazos sobre las miradas
los cimientos dispuestos a seguir construyendo
sin grietas
No hay una nómade nocturna esta vez
Es tiempo de volver
es tiempo de encuentros
es octubre.
No hay nada en vos que me interese
No es necesario que te maquilles una vez más.


1 de octubre de 2013

Flecha, Flavia Ricci

"¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, 
si vosotros seguís el bien" (1 P. 3.13)

Voy quitando el velo poco a poco y entra la justicia a mi vida.
Voy separando de a poco y con cierto temor la verdad de la realidad
Ahora que lo veo todo claro
que casi me quema los ojos la verdad
la que vi enseguida
la que quise ocultar
hasta de mí
para defenderte
para defendernos
incluso en mi contra
voy quitándome poco a poco la flecha venenosa que me clavaste
cuando yo sonreía pensando que esto que era realidad era verdad
y arde
y quema
pero poco a poco
está cicatrizando ...

Vuela el Dragón de Fuego ...


30 de septiembre de 2013

Duodécima poesía vertical, R. Juarroz

Aprender a descender escalón por escalón 
y detenerse en cada uno, 
para mirar desde cada uno el horizonte, 
no el siguiente escalón. 

Sólo así no rodaremos: 
cada horizonte nos sostendrá hasta el siguiente. 

Y al bajar al último escalón, 
aunque ya no necesitemos horizontes, 
el último suavizará el descenso, 
la bajada de quien prefirió otear los horizontes 
antes que vigilar cada paso hacia abajo 
por temor a caer. 

Sólo las miradas más largas 
pueden abarcar lo más próximo. 

12 de septiembre de 2013

No te rindas, Mario Benedetti

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.

11 de septiembre de 2013

Después, ahora y todavía; Flavia Ricci

Es después, después, y después. El ahora es después, después de vos. Nado alejándome sin mirar atrás en el mundo del después, que es mi ahora, que es ahora. Y vos tratándome de hacer volver, con tu todavía, con tu ahora, ahora todavía en plural. Y yo pienso en mí, primera persona del singular, despegada y habiéndote soltado para siempre. Recordándote de tanto en tanto. Nado hacia el ahora, después del después. Después de vos, que jamás vas a ser mi ahora todavía, no más.

9 de septiembre de 2013

Entrada triunfal, Flavia Ricci

En algún momento de nuestra vida sentimos que la mirada de esa persona se clava en nosotros. Y que toda su atención confluye allí. En algún momento de nuestra vida la cornisa se transforma en planicie y podemos ver más allá. En algún momento de nuestra vida todos los satélites confluyen en un planeta y giran a su alrededor. En algún momento de nuestra vida tenemos la posibilidad de hacer la entrada triunfal en la vida de una persona y hasta quizás le abramos de par en par las puertas de la nuestra. En algún momento de nuestras vidas un café se transforma en un llamado y un llamado en una cena y una cena en un amanecer. Y es real. Y es verdadero. Simplemente es.

7 de septiembre de 2013

Fonética, Flavia Ricci

Enfrentar, afrontar, mirar a los ojos, fijarlos y poder seguir. Avanzar. Su nombre se pronunciaba exactamente igual como el de aquella persona que no quería nombrar. Fonética irreductible, sonidos indómitos. Recuerdos tramposos. Las dos personas, pretérito y presente, se convirtieron en innombrables. De momento la fonética marcaba ruido, y no sonido. Por el momento, prefería no mencionar su nombre.

3 de septiembre de 2013

Estados, Flavia Ricci

Estado 1

Me preguntó mi estado civil y dije "cazada". El empleado no reparó en la diferencia fonética, así que escribió "casada". Lo corregí: "cazada, con zeta. Fui una presa para él. Cazada, poné cazada con zeta por favor".

Estado 2

Tus cuernos me queman, me arden, por dentro. No son de esos cuernos que se llevan encima, son de esos nefastos que se clavan por la espalda, que no esperás, que en definitiva te desarman. Me mentiste tanto, tanto, que hasta me dijiste "te amo".

Estado 3

Él esperaba que me creyera eso de que el vino que había comprado era de una bodega boutique. Recibí el vino, lo abrí y me quedó clarísimo que además de mentiroso, era un avaro. Ni buen gusto, ni descorchar un buen vino porque sí con alguien un fin de semana, por la noche, por el mero gusto de degustar algo bueno y rico. No. Él no era hombre de buen gusto. Y me quedó tan chico que ni cabida le dí. Aburrido. No le hace falta a Cervantes hacer marketing para que sepan que El Quijote, es un buen libro.



29 de agosto de 2013

Empiezan los días, Flavia Ricci

Empiezan los días en que una deja la ventana abierta y la persiana algo baja, como para resguardarse del sol. Empiezan los días en que los atardeceres son más tardíos. Empiezan los días en que llegar a casa es quizás volver a salir después. Empiezan los días en que las caminatas y los encuentros con amigos son excusas para prolongar los días. Empiezan los días en que salimos a ver la luna y nos sentamos horas en el patio a disfrutarla. Empiezan los días de la gente afuera. Empiezan los días del "qué noche hoy ¿no vecino?". Empiezan los días del "qué calor". Empiezan los días de refrescos y cervezas y picadas y asados. Empiezan los días de tomarse todo el sol en la playa. Empiezan los días en que siento necesidad de resumen, de síntesis. En los que miro qué hacía hace un año cuando empezaban estos días, con quién, cómo. Cuáles eran mis expectativas cuando comenzaba este calorcito que invitaba al encuentro, quién me desvelaba con llamados, sonrisas, sueños. Cierro los ojos, con la sensación de que puedo abrir los brazos. De que justo para esta época comencé a perder un año. Y llegará ese día que preferiría olvidar. Y habrá pasado un año. Y quién sabe en dónde estarás. Porque me mentiste tanto, tanto, que hasta llegaste a decirme varias veces "te amo". Hace casi un año cuando empezaban estos días ...

28 de agosto de 2013

Cuadro de una muerte dudosa, V. Kociancich

No se puede vivir en el mundo de lo posible, sin certezas. Lo posible constante enloquece. Por eso vine y por eso me quedo. Me quedo hasta encontrar la explicación que falta o hasta aprender a resignarme.


21 de agosto de 2013

La gente que me gusta, M. Benedetti

Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad. 
Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien se permite huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios.
Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de sí, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme. La gente que tiene tacto.Me gusta la gente que posee sentido de la justicia.A estos los llamo mis amigos.
Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor. La gente que nunca deja de ser aniñada.Me gusta la gente que con su energía, contagia.
Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera.Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.La gente que lucha contra adversidades.Me gusta la gente que busca soluciones.
Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni cómo lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.
Me gusta la gente que tiene personalidad.Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, el arrepentimiento y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE.
Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mí, me doy por bien retribuido.

3 de julio de 2013

El último encuentro, Sándor Márai

“- Que quieres de ese hombre?- pregunto de repente la nodriza.
- La verdad - respondió el general.
- Conoces muy bien la verdad.
- No la conozco - dijo el en voz alta, sin preocuparse por el servicio, que había interrumpido abajo la colocación de las flores y miraba hacia arriba. Volvieron a bajar la mirada inmediatamente, con un gesto mecánico y continuaron con sus quehaceres- La verdad es precisamente lo que no conozco.
- Pero conoces la realidad- observo la nodriza con un tono agudo, casi agresivo.
- La realidad no es lo mismo que la verdad- respondió el general- La realidad son sólo detalles.” 

5 de junio de 2013

A una persona "desconocida", Flavia Ricci

Querida persona desconocida,

Yo, Flavia Ricci, declaro haberme enamorado de usted. Así, de la noche a la mañana y sin saber a ciencia cierta por qué, aunque ya le gustaría que se lo contara y por eso haré un esfuerzo.
Creo que fue su sonrisa la que me conquistó. Y si bien yo no la conocía, usted siempre fue para mí una persona desconocida, su sonrisa casi, casi, me resultó familiar. Su sonrisa y yo fuimos conociéndonos poco a poco hasta hacernos como de la familia. Quizás, seguramente, su sonrisa fue lo que más me gustó siempre de usted, porque cada vez que usted abría la boca por lo general era para decirme algo entre mezquino y durillo.
Pero esa sonrisa hablaba por sí misma.
Cuando la conocí a usted, de forma un poco forzada pero no por ello azarosa, pensé enseguida que si venía naufragando en las aguas de mi entonces amor, quizás con usted podríamos navegar. Piense, con toda mi sinceridad por delante y también con su sonrisa. Pero a cambio recibí toda su desconfianza y malos entendidos, mientras yo intentaba aferrarme a la única balsa que me ofrecía usted: los escasos e inflexibles momentos en que usted y yo estábamos cara a cara.
Bien es cierto que con usted todo es desconcierto, que una no sabe si mandarla a paseo, querida persona desconocida, o aferrarse a usted con ganas y a ojos cerrados y decir “que sea lo que Dios quiera, porque vaya si te quiero”. Pero para no caer en la cursilería preferí callar, al menos callar con usted, incluso callar a la evidencia. Tonta de mí, porque cuando algo es, simplemente hay que dejarlo ser. Incluso sé que debí nadar contracorriente a pesar de sus esquivos abrazos. Pero, ya ve, los años no vienen solos y finalmente decidí que el amor no nace de a una, es una relación de dos personas.
Así es que, querida persona desconocida, si usted hubiera tenido las ganas, diría que si hubiera sido más atrevida allí donde yo le daba cabida, sabría a ciencia cierta que de verdad la quise, cada vez que la abracé. A pesar de no conocerla, porque siempre se esmeró en ser una persona desconocida. Pero llegué a conocerla un poco, y ese poco me dio ganas de conocerla más. Usted, ilusa, desconfiada, poco amada en su vida, siempre creyó que le mentía. Pero, si lo piensa mejor, verá que pocas personas son capaces de salir a decir todo esto que le digo a usted a riesgo de quedarse solas. Sí, yo puedo quedarme sola, querida persona desconocida, pero sepa usted que me quedo con la certeza de haberlo dicho todo, de haber sido sincera y de haber fracasado, como se fracasa a veces en el amor. Yo la quise, la elegí, si supiera cómo y cuánto tiempo la pensé y elegí, hasta que hoy dije basta. Porque me enseñaron de chica que una relación es de a dos. Porque nadé en las aguas de la incerteza. Y porque hoy, supongo que hoy, abrí los ojos para darme cuenta qué pretendo de mi amada persona, de quien me ame. Sencillamente que pueda mirarme a los ojos y me diga lo que siente, que me hable de su vida, de su entorno, y que pueda incluirme en él. Sí, quizás nada de esto haya ocurrido con usted porque sencillamente no me haya querido jamás, no crea que no lo he pensado. Pero quería que supiera, porque ahora no van a caberle dudas, que es a usted a quien le dedico estas líneas. Y a nadie más. No va a saber nada de mí a menos que usted lo desee. No soy de insistir cuando dicen que no quieren. Las cosas que se abren, han de cerrarse y es lo que hice esta noche.
Mi querida desconocida. Un gusto las noches y días de sonrisas y manjares. Espero que la vida le sonría siempre, como usted a veces me sonreía a mí. Generalmente cuando nos veíamos. Y esa sonrisa me acompañaba todo el día, todos los días, hasta que usted se dignaba a verme de nuevo, mi querida persona desconocida.


Suya,

Flavia

27 de mayo de 2013

El sol, Pablo Neruda

A plena luz de sol sucede el día,
el día sol, el silencioso sello
extendido en los campos del camino.

Yo soy un hombre luz, con tanta rosa,
con tanta claridad destinada
que llegaré a morirme de fulgor.

Y no divido el mundo en dos mitades,
en dos esferas negras o amarillas
sino que lo mantengo a plena luz
como una sola uva de topacio.

Hace tiempo, allá lejos,
puse los pies en un país tan claro
que hasta la noche era fosforescente:
sigo oyendo el rumor de aquella luz,
ámbar redondo es todo el cielo:
el azúcar azul sube del mar.

Otra vez, ya se sabe, y para siempre
sumo y agrego luz al patriotismo:
mis deberes son duramente diurnos:
debo entregar y abrir nuevas ventanas,
establecer la claridad invicta
y aunque no me comprendan, continuar
mi propaganda de cristalería
.


14 de mayo de 2013

Vuelo, Flavia Ricci

El Dragón ha cambiado su piel. No sin dolor, no sin preguntas, no sin mirar atrás. Pero ha echado a volar, en solitario, aunque rodeado de afectos. El Dragón abre sus alas, solo. El Dragón escucha, mira, quiere descansar. No es tiempo de sonrisas, no es tiempo de ruidos, ni siquiera de sonidos. El Dragón mira tranquilo, todos los meses hacia atrás. Al Dragón lo protegen, le hablan, lo abrazan. El Dragón suelta, y le duele aunque sea Dragón. El Dragón mira, huele, sueña. Vuela alto, solo. Dragón.

2 de mayo de 2013

Mentiras, Flavia Ricci

Entre una punta y la otra del hilo que voy estirando, hay una distancia crítica que lleno con vos. Como si fueras quien llena esos dos cabos entre las verdades que no cierran. Y aunque te coloco en medio de esos extremos, no puedo decir que con verte se vayan mis dudas. Por eso resumo todo en el silencio, en mirar a lo lejos, en apartar el vacío. Ese hueco que dejan las dudas cuando son casi certezas. Con o sin vos. En mí.

1 de mayo de 2013

Hasta nunca, CC.


Más que escribirle a usted, descargo mi conciencia.
No sabe lo difícil que fue para mí algún día, buscarle, y lo difícil que va a ser ahora, perderlo. Pero no le pediré que se quede, más bien le ruego que se marche lejos, aléjese lo más que pueda de mi presencia. Ahora más que nunca me repugna su sola visión, y no creo que mi corazón resista una noche mas, llena de esta melancolía suya. Si no lo veo sanará mi alma, mi pluma podrá por fin descansar y mi mente estará tranquila. ¿Sabe usted que ya no me alcanzan las páginas? ¿Sabe que se me acaba la tinta en las cartas no enviadas? ¡Cuantas líneas me merecieron sus ojos! ¡Cuántas lágrimas, su mirada!
Por favor procure no herir más mi pecho, no me dé besos de despedida, no me regale su abrazo, no comprometa mi angustia. Váyase lejos, dígame “Adiós”, bese otros labios y no regrese nunca. Yo por mi parte cambiaré de perfume y de canción favorita, dejaré de ser yo, para así dejar de ser suya.
Sobra decirle que solo le deseo un amor inferior al mío, por que como yo, no lo querrá nadie, nunca.
CC.

30 de abril de 2013

La boa y el dragón, Flavia Ricci


Había una vez un dragón, que se lo pasaba volando, surcando los aires. En sus vuelos no dejaba de mirar hacia la Tierra, porque es bien sabido que gracias a ello tenía perfecta noción de su vuelo. De vez en cuando bajaba, estaba un tiempo, reponía energías y volaba nuevamente. Desplegaba sus alas con una energía voraz, llena de vida. Un día conoció a una boa, que lo llenó de fascinación. 
Debido a que la boa no volaba, el dragón pasaba más y más horas en tierra, lejos de sus nubes y de las estrellas. La boa lo fue cercando, pero el dragón muchas veces se escapaba para poder volar y así no perder su naturaleza de dragón. 
A medida que pasaba el tiempo, la boa iba aferrándose al dragón cada vez más, de una forma nociva. La boa maltrataba al dragón cuanto podía, pero con la sutileza necesaria para que éste no huyera, sino todo lo contrario. 
El dragón, de buen corazón, trataba por todos los medios de hacer feliz a la boa. Creyó que la boa se aferraba a él por amor, e intentaba darle más tiempo juntos. El dragón un día llevó a la boa a volar. Porque quería mostrarle su mundo, compartirlo con ella. La montó en su cuerpo de dragón y le mostró esos aires por los que volaba. 
La boa le dijo que era feliz con él, pero una vez en tierra, cercó más al dragón y casi le exigió dejar de volar. El dragón quería volar con ella, pero la boa no quería. No quería que el dragón volara, eso era todo. El dragón se sintió cercado, dañado, lastimado, en su naturaleza de dragón. Pasó largos días solo, incluso aunque estuviera con la boa. Y se dio cuenta de que ello no era amor. La boa continuaba maltratándolo, como si ser feliz fuese un pecado. Nunca estaba conforme, porque en realidad no lo estaba consigo misma. La boa era un ser infeliz.
Un buen día de abril, el dragón fue al borde de la Tierra, miró largamente hacia el cielo, desplegó lentamente las alas, y echó a volar. Dio grandes rodeos por la Tierra, miró a todos los seres que allí quedaban y se dijo para sí que siempre regresaría, una y otra vez para estar con ellos, incluso para llevarlos a volar con él. Pero estaba claro que tenía que alejarse de la boa. Y se dio cuenta, que hasta los dragones de fuego sufren por amor. Y voló lo más lejos que pudo de esa boa nociva.

Dragón de fuego

28 de abril de 2013

El último encuentro, Sándor Márai

“¿Qué las palabras no tienen importancia?
Yo no me atrevería a afirmarlo con tanta seguridad.A veces creo que muchas cosas, que todo depende de las palabras.De las palabras que uno dice a su debido tiempo,o de las que se calla, o de las que escribe”.


"Son muy pocas las personas cuyas palabras concuerdan con su existencia. La gente acaba aprendiendo la verdad, adquiere experiencias, pero todo ello no sirve de nada, puesto que nadie puede cambiar de carácter. Quizá no se pueda hacer nada más que esto en la vida: adaptar a la realidad, con inteligencia y con atención, esa otra realidad irrevocable, el carácter personal. Y sin embargo, así tampoco seremos más sabios, ni estaremos más resguardados frente a las adversidades".


22 de abril de 2013

Desenmarcada, Flavia Ricci

Antes ella, ahora no
Antes ahí con ella, ya no
Antes el momento, la sonrisa, el mañana
ya no
Antes su palabra, ahora no
Antes el sueño encontrado,
ahora es uno que echó a volar
Antes yo, ahora no
Antes ahí, ya no
Antes el momento, la sonrisa, el mañana
ahora no está
Desenmarcada
En otro sitio
Ausente
Perdida
Sonriente
por fingir
Feliz
por vivir.

12 de abril de 2013

La máscara, G. Brenson

Cada vez que me pongo una máscara para tapar mi realidad, fingiendo ser lo que no soy, lo hago para atraer a la gente.

Luego descubro que solo atraigo a otros enmascarados, alejando a los demás debido a un estorbo: la máscara. Uso la máscara va evitar que la gente vea mis debilidades; luego descubro que al no ver mi humanidad, los demás no me quieren por lo que soy, sino por la máscara.

Uso una máscara para preservar mis amistades; luego descubro que si pierdo un amigo por haber sido auténtico, realmente no era amigo mío, sino de la máscara. Me pongo una máscara para evitar ofender a alguien y ser diplomático; luego descubro que aquello que más ofende a las personas con las que quiero intimidar, es la máscara.

Me pongo una máscara, convencido de que es lo mejor que puedo hacer para ser amado. Luego descubro la triste paradoja: lo que más deseo lograr con mis máscaras, es precisamente lo que impido con ellas.

Bendición de Dragón, Gustavo Roldán

Que las lluvias que te mojen sean suaves y cálidas.
Que el viento llegue lleno del perfume de las flores.
Que los ríos te sean propicios y corran para el lado que quieras navegar.
Que las nubes cubran el sol cuando estés solo en el desierto.
Que los desiertos se llenen de árboles cuando lo quieras atravesar. O que encuentres esas plantas mágicas que guardan en su raíz el agua que hace falta.
Que el frío y la nieve lleguen cuando estés en una cueva tibia.
Que nunca te falte el fuego.
Que nunca te falte el agua.
Que nunca te falte el amor.
Tal vez el fuego se pueda prender.
Tal vez el agua pueda caer del cielo.
Si te falta el amor, no hay agua ni fuego que alcancen para seguir viviendo.

Y fuimos uno en el viento, José Ramón Marcos Sánchez

José Ramón Marcos Sánchez
Y fuimos uno en dos cuerpos,… sin el resto,…sin más sentir que sentirnos,…y abrumados de nosotros el después nunca existió,….y moldeamos las caricias hasta matar los rincones avergonzados,….hasta inhalarnos los secretos más íntimos,…y llegamos a las entrañas de los suspiros más bellos,…esos que mueren pensados en lo prohibido del hedonismo de un sueño,….esos que erizan la piel del placer hasta fundirla en amor,….y el deseo cobró vida en los jadeos de las horas que no pasan,…en los silencios entrecortados del gemir de los adentros,…y la mirada de la pasión verdadera no se agotó de mirarnos,….engendrada de ánimas púdicas que danzaban al compás de acordes impúdicos,…entregados al delirio del anhelo de entregarnos,…sin las censuras del sexo sin alma,…con el orgasmo perpetuo del amor que habita más allá de amarnos,…y fuimos uno en dos cuerpos,…y cuando deshabitamos lo terrenal de querernos,…acaeció del cariño el cariño verdadero,…y el espíritu del tiempo desnudo nuestro destino,…y fuimos uno en el viento,… 


11 de abril de 2013

Tras la pólvora, Manuela. Jorge Enrique Adoum


Jorge Enrique Adoum
Ven luego, ven a mi lado, ven sobre mí,
ven a debajo: hagamos el amor y deshagámoslo
sólo para rehacerlo. Detrás no tengo si no guerra
y campamento, sólo una aridez ensangrentada.
Llegué a ti y en ti anclo, vocación, clima de mar,
territorio y mortaja. A veces soy feliz, pero amanece.
Digo: Te amo, cuando me despierto,
como otros se saludan. Digo: Te amo, cuando
me desvisto, como otros se persignan.
Y entre los dos crepúsculos –paréntesis
de otra pólvora–, entre las dos refriegas, la batalla,
un solo cinturón para los dos. Di contigo
de bruces, me enamoré a caballo, y no me iré
de ti, no me des tregua, si concéntricos vamos
a esta ocupación de amor y guerra y coincidimos
en el alma sobre el vientre, como dos agujeros.
Ven, la noche pone la sábana y he vencido.
Dámete como si te ganara y fueras tú el trofeo.


Lo que todavía no sabes del pez hielo, E. Medina Reyes

En la franja más profunda del mar Tirreno habita el pez hielo, la oscuridad allí es más densa que en un agujero negro y aunque el pez hielo es transparente no tiene conciencia de serlo. El pez hielo no tiene pensamientos ni deseos, no conoce a ningún otro pez de su especie, no quiere ir a otra parte porque no sabe que existe esa posibilidad. Se desplaza, devora trozos de cristal y se complace en su absoluto. Es el pez que soñó Corolla y quizá Deleuze antes de saltar. No confronta, no es un rival, no es la publicidad de un perfume. Es el archienemigo de cualquier referente, el héroe de un mundo sin bordes. Y como sucede siempre, un día cualquiera, a ese paraíso del silencio llega un cadáver. No, aún no es un cadáver, es un papiliochromis. No viene del océano sino de una pecera, era la mascota de alguien, lo dieron por muerto, lo tiraron al retrete, bajaron la palanca y recorrió mil kilómetros por un tubo hasta el hogar del pez hielo. Esa es la densa oscuridad que lo rodea, la mierda de todos los culos que habitan en Ciudad Inmóvil. En su agonía, el papiliochromis le habla al pez hielo de luminosos atardeceres frente al mar, de ciudades, luces multicolores, alimento concentrado, documentales de Jacques Cousteau y todo aquello que veía en el televisor de su dueña. Una vez que lo ha contaminado de inquietud, expira, y como es apenas obvio el pez hielo empieza a soñar con la luz.

8 de abril de 2013

El registro de la cotidianidad, Flavia Ricci

De repente ella se dio cuenta de que él registraba todo lo que ella había hecho, hasta el más mínimo detalle. Su ropa, sus canciones preferidas, sus gestos. Ella se dio cuenta, en ese momento, del registro de la cotidianidad, del registro que él tenía. El día en que cambió sus horarios de cenar sin darse cuenta, aunque él se lo hizo notar. Estaban compartiendo algo, algo juntos y día a día.

26 de marzo de 2013

Cuando estemos de nuevo con nosotros..., J. Debravo


Cuando estemos de nuevo con nosotros
contándonos los gestos,
cuando estemos hablando de las gentes
a quienes más queremos,
quédate, por favor, mirando el surco
que dejan tus dos ojos en mis huesos.

Y dame lo que puedas de tu alma,
lo que no necesites de tu afecto,
lo que logres sacar sin sacrificio
de tu casa de sueños.

Yo tomaré, de fiesta, lo que quieras,
aunque sea el milagrillo más pequeño.
No es que yo sea mendigo,
es que cualquier amor es amor bueno.



25 de marzo de 2013

Sobre las personas agradecidas, Sándor Márai

Sándor Márai
"No he conocido a nadie que fuera capaz de alegrarse como ella de las cosas sencillas de la vida: personas y animales, estrellas y libros, todo le interesaba, y su interés no se basaba en la altivez, en la pretensión de convertirse en experta, sino que se aproximaba a todo lo que la vida le daba con la alegría incondicional de una criatura que ha nacido al mundo para disfrutarlo todo. Como si estuviera en conexión íntima con cada criatura, con cada fenómeno del universo... ¿comprendes lo que quiero decir? Claro, seguramente lo comprendes. Era directa, espontánea y ecuánime, y también había en ella humildad, como si sintiera constantemente que la vida es un regalo lleno de gracia.” 


24 de marzo de 2013

Divorcio en Buda, Sándor Márai

“¿Qué significa 'amar'? Durante años he pensado que significa conocer a la otra persona..., conocerla perfectamente, con todos sus secretos; conocer cada rincón de su cuerpo, cada reflejo; conocer a fondo su alma, cada una de sus emociones... Quizás sea eso, quizás conocer sea lo mismo que amar. Pero eso sólo es una teoría. Después de todo, ¿qué quiere decir conocer? ¿Cuánto se puede conocer a un ser humano? ¿Hasta dónde se puede seguir a un alma desconocida? ¿Hasta sus sueños? ¿Y luego adonde? No se puede acompañar a nadie a su inconsciente. Ni siquiera es necesario esperar a que ella cierre los ojos, se despida de mi y se retire a ese otro mundo, al mundo que llamamos de la noche... Porque existen dos mundos y uno está más allá del espacio conocido en el que vivimos, y quizás en ese otro mundo vivamos de manera más real que en el espacio y en el tiempo...Ahora ya sé con certeza que hay otro lugar que es sólo nuestro, la propiedad privada de cada uno. (...) Aunque todavía sigo sin saber lo que significa amar... ¿Acaso se puede saber? ¿Y de qué sirve saberlo? No tiene nada que ver con la razón. Seguramente el amor es algo más que el conocimiento. Conocer a alguien no es mucho, tiene unos límites... Amar debe ser algo parecido a seguir el mismo ritmo, una casualidad tan maravillosa como si en el universo hubiese dos meteoros con la misma trayectoria, la misma órbita y la misma materia. Una casualidad tal que no se puede ni calcular ni prever. Tal vez ni exista siquiera (...) Dos personas a las que les gustan las mismas comidas y la misma música, que caminan al mismo ritmo por la calle y que se buscan al mismo ritmo en la cama: quizás sea eso el amor ¡Qué cosa mas rara debe de ser! Como un milagro... Yo imagino que los encuentros de ese tipo deben de ser místicos. La vida real no se basa en tales probabilidades. Creo que las personas que siguen el mismo ritmo, que segregan sus hormonas al mismo tiempo, que piensan lo mismo de las cosas y lo expresan con palabras idénticas... bueno, creo que eso no existe. Una de las dos será más lenta y la otra mas rápida, una es tímida, la otra osada, una ardiente, la otra tibia. Así es como hay que tomar la vida, los encuentros... Hay que aceptar la felicidad así, en su estado imperfecto.” 


23 de marzo de 2013

Palabras y silencios, Flavia Ricci

Después, cuando ya se había marchado para siempre de mi vida fue cuando me enamoré realmente de él. Sus amigos lo nombraban, los míos también, nuestros amigos, esos que teníamos en común producto de nuestros años de convivencia susurraban a escondidas su nombre y lo que hacía, como cuidándome de escuchar. Después, mucho después de que él se había marchado, descubrí por casualidad todo lo que había hecho: pequeños actos de amor premeditados, otros espontáneos, que jamás había descubierto. Porque para llegar a esa sonrisa que me arrancaba a diario, él había pensado profundamente en cómo era yo. Después, mucho después de que él se marchó descubrí que aquellos amigos sabían de su amor por mí, de lo que le brillaban los ojos cuando me mencionaba, de sus planes conmigo, de sus miedos de hombre, de su temor a perderme, de no volverme a encontrar. Me enteré de su amor por mí, su gran amor, debido a lo que de mí había hablado con los demás, no conmigo.

Después, fue mucho después. Justamente cuando poco quedaba de mi amor por él. Justamente en ese momento una catarata de amor me volvió, cuando descubrí todo lo que me había querido sin decírmelo casi. Él había preferido hablarme casi con devoción de todos quienes nos rodeaban y yo me limitaba a escucharlo. Y poco a poco fui descreyendo de su amor por mí, pensando por qué jamás tenía palabras si fluía tanto amor.

Me enamoré un día de un hombre que ahora creo que era muy parecido a él, a quien se fue de mi vida. Pero me enamoré porque sabía hablar de mí, de él, de nosotros. Y yo veía cómo le brillaban los ojos, como mi admiración por él era similar a la que él sentía por mí, y las palabras de amor iban y venían entre él y yo. Me enamoré porque sentí que debía agradecerle a la vida por estar con él. Y fue en ese momento que, mirándome directamente a los ojos me dijo sonriendo "gracias a vos". Me enamoré. Y descubrí entonces que los dos eran muy parecidos, pero uno tenía gestos y palabras. El otro oscuros silencios.


El imitador de Dios, Luis Lozano

"Ya no creo que narrando ciertos hechos, poniéndolos fuera de uno, podamos comprender la razón por la que sucedieron. Me parece, más bien, que apenas llegamos a contar lo poco que podemos de ese todo inabordable que es cualquier experiencia humana".

13 de marzo de 2013

"Lo que a tu lado fui ...", Flavia Ricci

Anónima

Brazos, muchos brazos que vienen hacia mí
Ojos abiertos de par en par
Sonrisa de lado
Sábanas, camas
Besos vacíos
Me decís que te vas
Te pregunto por qué viniste.


Ella

Llevate mis sueños
Te dejo mis besos
Igual, siempre anduve sola
Incluso estas veces
No vengas, no llames
Miro hacia atrás por última vez
Tanto te quise
Que me perdí
Y vos, tan poco me amaste
que me perdiste
para siempre
no puedo aferrarme
de alguna forma te caés
Te escurrís
con curvas peligrosas
que para mí
que voy tranquila por el camino
suena kamikaze
No me interesan tus miedos
Clavaste una navaja en mí
Alguna vez tenía que pasar(me)
Y vos también vas a pasar
A pasar de largo por mi vida
Porque no quiero que sigas clavando
tus miedos en mí,
ni tus curvas peligrosas.

Hoy

Es noche de medias sonrisas
De brazos abiertos
Me voy a ese lugar
Que parece un túnel
Lamento entrar
Que no haya vuelta atrás
Que aparezcan las mentiras
Más medias sonrisas
Que ocultemos
Yo que aposté todo

Pero debo hacerlo
Debo pasarlo, debo enfrentarlo
Tantas veces con vos me negué
Pero necesito las manos
Los abrazos
Los besos
La certeza de no saber nada
de perderme
pensando en la isla
En quien siempre me rescataba
del túnel de las incertezas
¿Dónde estás?
¿Por qué en algún momento me dejaste?
Con tanta crueldad, que ni siquiera me di cuenta
Tan confiada en estar con vos para siempre.

28 de febrero de 2013

Historia, Blanca Varela

Blanca Varela
puedes contarme cualquier cosa 
creer no es importante 
lo que importa es que al aire mueva tus labios 
o que tus labios muevan el aire 
que fabules tu historia tu cuerpo 
a toda hora sin tregua 
como una llama que a nada se parece 
sino a una llama.


21 de febrero de 2013

Una brújula, Jorge Luis Borges


Todas las cosas son palabras del
idioma en que Alguien o Algo, noche y día,
escribe esa infinita algarabía
que es la historia del mundo. 

En su tropel
pasan Cartago y Roma, yo, tú, él,
mi vida que no entiendo, esta agonía
de ser enigma, azar, criptografía
y toda la discordia de Babel.

Detrás del nombre hay lo que no se nombra;
hoy he sentido gravitar su sombra
en esta aguja azul, lúcida y leve,
que hacia el confín de un mar tiende su empeño,
con algo de reloj visto en un sueño
y algo de ave dormida que se mueve.

17 de febrero de 2013

Amor mío, mi amor. Jaime Sabines

Amor mío, mi amor, amor hallado 
de pronto en la ostra de la muerte. 
Quiero comer contigo, estar, amar contigo, 
quiero tocarte, verte. 

Me lo digo, lo dicen en mi cuerpo 
los hilos de mi sangre acostumbrada, 
lo dice este dolor y mis zapatos 
y mi boca y mi almohada. 

Te quiero, amor, amor absurdamente, 
tontamente, perdido, iluminado, 
soñando rosas e inventando estrellas 
y diciéndote adiós yendo a tu lado. 

Te quiero desde el poste de la esquina, 
desde la alfombra de ese cuarto a solas, 
en las sábanas tibias de tu cuerpo 
donde se duerme un agua de amapolas. 

Cabellera del aire desvelado, 
río de noche, platanar oscuro, 
colmena ciega, amor desenterrado, 

voy a seguir tus pasos hacia arriba, 
de tus pies a tu muslo y tu costado.

16 de febrero de 2013

Carta a Mariana, Jorge Teillier

¿Qué película te gustaría ver?
¿Qué canción te gustaría oír?
Esta noche no tengo a nadie
A quien hacerle estas preguntas.

Me escribes desde una ciudad que odias
A las nueve y media de la noche.
Cierto, yo estaba bebiendo,
Mientras tú oías Bach y pensabas volar.

No creí que iba a recordarte
Ni creí que te acordarías de mí.
¿Por qué me escribiste esa carta?
Ya no podré ir solo al cine.

Es cierto que haremos el amor
Y lo haremos como me gusta a mí:
Todo un día de persianas cerradas
Hasta que tu cuerpo reemplace al sol.

Acuérdate que mi signo es Cáncer,
Pequeña Acuario, sauce llorón.
Leeremos libros de astrología
Para inventar nuevas supersticiones.

Me escribes que tendremos una casa
Aunque yo he perdido tantas casas.
Aunque tú piensas tanto en volar
Y yo con los amigos tomo demasiado.

Pero tú no vuelves de la ciudad que odias
Y estás con quien sabe qué malas compañías,
Mientras aquí hay tan pocas personas
A quien hacerles estas simples preguntas:

“Qué canción te gustaría oír,
Qué película te gustaría ver?
Y con quién te gustaría que soñáramos
Después de las nueve y media de la noche?”.