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24 de agosto de 2015

Palabritas, Flavia Ricci

Tengo palabritas guardadas
en una bolsita transparente
que solamente veo yo
Tengo palabritas guardadas,
resguardadas de la intemperie
de los desamores
las promesas vacías
y hasta de otras palabras
que se desmoronan sin más.
Tengo palabritas guardadas
para decir en el momento justo
a la persona apropiada
susurrándole al oído
mientras vuelan 
desde el borde de mis labios
hacia tu oído
Tengo palabritas guardadas
protegidas
vírgenes
no dichas

Yo
te elijo
te señalo
te nombro
y las palabritas
vuelan a tu oído en un susurro

amor
vida
alegría
pasión
honestidad
sonrisas
calma
lealtad
inocencia
ingenuidad

Tengo palabritas
en una bolsita
de niña pequeña
Afina tu oído
que vuelan a vos.





30 de julio de 2015

Abrazos, Flavia Ricci

Necesito
una palabra
por ejemplo
azul
o verde
acantilado
o sol
arena
o playa
sonrisas
o miradas.
Pero pido,
solamente,

abrazos.




24 de junio de 2015

Dos palabras, Flavia Ricci

Las mismas palabras rozan a cada una de las personas a tu alrededor, llegan hasta sus oídos, pero vienen a mí. Y yo en cambio cuido de esas dos palabras que únicamente van hacia la persona elegida, lo demás sería un abuso. Palabras sagradas, palabras únicas, para una única persona. Yo, guardiana de ellas, las libero en el momento preciso, cuando extiendo mi mano y nombro. Y vos que en cambio sin nombrar las usás, abusando de su significado, de su resonancia. Sin embargo, usadas hasta el hartazgo, hasta que dejan de significar algo único, aún tienen un peso y una persona hacia quién se dirigen. No creas que las palabras vuelan por los acantilados hacia el mar porque sí. Vuelan en círculos, circundan las arenas, permanecen en la playa. Esa playa precisa desde donde las escucho. Cierro los ojos y vienen a mí. De todos los cuerpos que rozan, vienen a mí. Y yo las tomo con mis manos y las pongo cerca de mis oídos. Palabras precisas. Las mismas palabras que yo guardo tanto. Las mismas palabras que para mí son sagradas, que pronuncio con cautela y certeza a la vez. Las mismas que pronunciadas por vos tantas veces, como porque sí, esperan en la playa cada día. Esperan que extiendas la mano. Esperan que nombres.
Nombrar. Dar entidad. Sacar del anonimato. Nombrar a una persona con las dos mismas palabras que tanto usaste porque sí. Hacer coincidir, cuando cierro los ojos, todo lo que significa esa persona con las palabras que la nombran, solamente dos. Unidas. Y entonces, mis dos palabras sagradas, tus dos palabras tan malgastadas. Las mías tan certeras, las tuyas que cada día, sobrevuelan la playa, la arena, el mar. Y siguen buscando mis manos.











21 de junio de 2015

El abismo, K. Mansfield

Un abismo de silencio nos separa

Yo estoy de un lado del abismo - tú del otro -

No puedo verte ni oírte - pero sé que estás allí -

Suelo llamarte por tu nombre infantil

y finjo que el eco de mi grito es tu voz.

Cómo podemos franquear el abismo -nunca hablándonos, tocándonos-

antes pensaba que podríamos llenarlo con nuestras lágrimas,

ahora quiero destrozarlo con nuestra risa.




27 de mayo de 2015

Si te digo ven (II), Flavia Ricci

Le hablás a una que no soy. A una que fui. Yo también puedo girarme sobre mi hombro y verla de reojo allí. Le hablás con unas palabras que antes avanzaban como dardos, y ahora temerosas, hasta puedo agarrarlas. Lo hago ¿lo ves? Tomo una a una tus palabras que llegan muy lento, las miro, las huelo, las froto. Las dejo. Dejemos las palabras. No son para mí, no a esa velocidad, son para la de ayer. Son letras en una entropía sin probabilidades de ser fonemas, sonidos. Sonrío. Extiendo mi mano. Y te digo ven. Hace tiempo estoy volando como un Dragón.





26 de abril de 2015

Hablo, Flavia Ricci

Tu mundo es de imagen, yo soy de palabra, pero hubo un puente que quizás hablaba de otra forma de comunicación, a medio camino entre una y otra. Quizás transitamos ese puente, o al menos lo hemos visto. Hablo de las distancias, hablo de tu mano con la mía una tarde cualquiera, hablo de tu mirada hacia mí en los momentos justos y enfatizando tus palabras, nombrándome sin decirlo, justo ahí y no porque sí. Hablo de mi sorpresa por tu forma de decir, hablo de tus gritos en silencio. Hablo de la distancia que pusiste en las palabras, hablo de retroceder. Hablo de verte cada vez más lejos, hablo de ceñirme a tu mundo-imagen. Y entonces jamás nombrarme, bastarte esa mirada justa cuando decís algunas palabras, siempre a medias, que avanzan y retroceden como olas. Hablo de tu torpeza por no constatar que yo miraba por la ventana mientras hablabas. Atenta a lo que escuchaba pero sin poder fijar mis ojos en vos. Hablo entonces de querer disfrutar de lo que decías, los tonos, texturas, pausas en tus palabras. Pero hablo también de tu apropiada distancia física, de los abrazos medidos, de tu "hasta acá llegamos" diciéndomelo sin palabras. Y hablo de mí misma, quedándome en tu mundo de imagen. Al parecer el único que sabés decodificar. Hablo de verte aunque no te mire. 
Pero entonces ya sin hablar, sin nombrarte, así, solamente poder recordarte cuando alguien te nombre. Hablo entonces de poder decírmelo todo pero no confiar no en mí, sino en vos, qué grave eso. Hablo de no ser valiente ni tener coraje. Algo me indica que has construido tu seguridad a fuerza de no salir de tu mundo. O quizás solamente cuando alguien te invita. Hablo de que no sos capaz de nombrar. De elegir. Esa voz está tan dentro tuyo que solamente sos capaz de escucharla en el silencio de tu intimidad. Hay una voz que te indica qué hacer, qué mundos recorrer, hasta cómo sonreír. Hablo de que esa voz te recorre cada día, cada noche, aunque cierres los ojos, no escuches y estés en la más absoluta soledad. Hablo de traicionar mi confianza por tu cobardía. Y yo testigo mudo de tu evidencia. Hablo de algo mucho más allá. Hablo de que todo eso hace que en mí se desvanezca toda admiración, ilusión, ansias de verte. Y quede solamente es cascarón, si es que queda, del inicio que tuvimos.






8 de abril de 2015

De la capacidad de leer (IV), Flavia Ricci

En ese caminar solitario iba yo, sin escuchar mi nombre. Hasta que un día lo oí tras de mí ¿o era delante? Pudo haber sido a mi lado. En cualquier caso me giré al oírlo. No había dudas: mi nombre está en mí. Los ecos de ese nombrarme me acompañaron días, noches e incluso madrugadas. Las resonancias de cada una de las letras en ese tono de voz. Era cerrar los ojos y caminar por línea recta.
En este dejar de nombrar, que casi me hace dudar que hayas nombrado alguna vez, camino en solitario nuevamente. Me pongo en marcha, paso a paso. No soy la que fui antes de escuchar en tu boca mi nombre, no puedo volver a ser esa. Allí, no te conocía ni esperaba. No vas a decirme que es igual el sendero que me llevó de aquello hasta vos, a través de tus palabras, que desandarlo ahora que no las escucho y volver a ese punto cero como si vos no estuvieses. Porque estás. No vas a decirme que la fuerza que tiene nombrarte y saber que estás pueda contrarrestarse con dejar de hacerlo, como si con ello bastara para borrarte. Porque existe la memoria, esa que se debate entre recuerdo y olvido, pero en cualquier caso nos impide ser como antes, amor.

Aquella que era antes de todo este mundo de palabras, aquella no puedo volver a ser. Esas palabras que pusiste en orden para trazar ese sendero por el que yo debía andar. Y con sorpresa anduve. Ese sendero ahora sin palabras que deja sinuosos caminos intermedios, curvas, rotondas, sin señales. Ese camino desando en mi caminar solitario, a tientas, tan a oscuras. Tan sin querer desandarlo que hasta regreso por donde fui de espaldas. Sin girarme. Y voy deshaciéndome de esas palabras que resonaban. Casi me cuesta creer que las hayas pronunciado ¿fue todo aquello un sueño? El camino que anduve lo desando para volver a ser aquella, la que sé que no puedo ser. Suelto palabras al viento. Dejo palabras en el mar. Cierro los ojos y llego al abismo del silencio más hondo. Agudizo los oídos. Y juro que te escucho. Respondo en silencio. Y arrojo lejos la antorcha que ilumina el camino. Estoy aquí, detenida en el abismo. Dejo de caminar, desde este abismo, vuelo.






1 de abril de 2015

De la capacidad de leer (III), Flavia Ricci

Mirá, prestá atención, la respuesta está allí. Dejá que se ponga de pie y tome forma. Esos puntos suspensivos esconden las palabras que buscás ¿no lo ves? No son puntos suspensivos, sino tus palabras tantas veces negadas hasta el punto de atrofiarse, como puntos pequeñitos, suspensivos. Cerrá los ojos, escuchá cómo toman forma esas palabras. Leé. Leé tu mente. Y hablá a continuación sin miedo. Deletreá. Pronunciá. Nombrá de una vez.




19 de marzo de 2015

Ex voto, Eugenio Montale

Sucede
que las afinidades del alma no lleguen
a los gestos y a las palabras sino que permanezcan
difusas como un magnetismo. Es extraño,
pero pasa.

Puede ser
que sea cierta tan sólo la lejanía,
cierto el olvido, cierta la hoja seca
más que el fresco pimpollo. Todo eso y más
puede darse o decirse.

Entiendo
tu obstinada voluntad de estar siempre ausente
porque sólo así se manifiesta
tu magia. Innúmeras son las astucias
que advierto.

Insisto
en buscarte en la astilla y nunca
en el árbol enhiesto, nunca en lo lleno, siempre
en lo vacío: en eso que hasta el taladro
resiste.

Era o no era
la voluntad de los numen que presidían
tu lejano hogar, extraños
multiformes multialmas animales domésticos;
quizás sólo me lo parecía
o no era así.

Ignoro
si mi inexistencia sacia tu destino,
si la tuya colma el mío que se desborda,
si la inocencia es una culpa o bien
se gesta en el umbral de tus lares. De mí,
de ti todo lo sé, todo
lo ignoro.




17 de marzo de 2015

Retroceder, Flavia Ricci

Y no me importa si es por tu miedo
has puesto tantos por si acaso
que mi entusiasmo
se ha ido
No me importa si es por
primera vez
has puesto tantos
condicionantes
que hoy
sentí que ya no quiero verte
¿de qué sirve hacerlo?
me queda tu imagen
tu lejanía
y desde la semana pasada
cuando plena cruzaba un mundo por vos
cuando parecía que me ofrecías tu
universo
y yo me disponía a acompañarte
como nunca
como siempre
desde la semana pasada
a hoy
me detuviste en seco
palabra a palabra
yo me he quedado pensando
sin ganas casi de vernos
y he dejado una sola palabra
quiero
ya de nada sirve
¿para qué?
anteponer te
y decirte, te quiero.







16 de marzo de 2015

No estoy segura, Tulia Guisado

Si yo fuera el silencio
me acercaría a ti para decirte
que no estoy segura de estar
cerca de ti ni de querer hablar,
ni siquiera de estar en este momento
escribiendo que si yo fuera el silencio
me acercaría a ti para decirte
que no estoy segura de estar
cerca de mí ni de estar hablando,
ni siquiera de estar en este momento
escribiendo que si yo fuera silencio
me acercaría a ti para decirte
que a veces tanto silencio me oprime, y
que no estoy segura, no, de estar
cerca de ti ni sobre tu hombro leyendo esto
aunque quiera hacerlo.
Ni de estar ausente en ti
ni de estar vacía de ti siempre
ni siquiera de estar en este momento
escribiendo que si yo fuera el silencio
aprovecharía para acercarme a ti,
y callar, y apartar despacio el ruido
que pudiera molestarte: por ejemplo
mi llegada, inesperada, o tal vez inoportuna.
Aprovecharía para acercarme a ti
y hablar, y decirte que estás hermoso hoy
que te sienta bien ese rubor de verme
tan cerca, porque me acercaría, para decirte
que no estoy segura de ser silencio
ni de poder aguantar así más tiempo, sin forma,
y sin espacio, sin manos, y sin pies, sin aliento,
que no estoy segura, no, de estar
cerca de nadie, si tú no estás cerca de mí.
Si yo fuera el silencio
me acercaría a ti para que vieras
qué frágil es el silencio estando contigo.
No, no estoy segura de tener carne y orejas
ni de abrir libros o cerrarlos ojos o las piernas
mientras fuera cae la noche como un juguete
para los demás, para distracción de los sonámbulos,
o pesadilla para los insomnes. Pero yo no estoy segura.
Ni siquiera de estar en este momento temblando,
susurrándote esto, porque, de hecho,
muy bien pudieras estar tú
equivocado pero bajo otra boca
que estuviera igual de lejos de mí que tú
–o equivocada yo– con otra piel
tu otro nombre, con tu otro oído tú
puesto en cualquier otro silencio
que no sea yo
o en cualquier otro modo de hablar
o de invocarte,
que no sea el mío,
y que funcione.



Quieres nombrar otra vez, Blanca Wiethüchter

Según lo ayer aprendido
el encuentro del amor en la espesura,
el canto.
Todo parece tornar a un primigenio dorado
-lo dices secretamente-
sabes que las transformaciones
provienen de aquella señal en el cielo
que te hizo ver el otro aire de la luz
-el esplendor de un cuerpo de fuego
-dices-
que amas.
Las palabras van a tu encuentro
sin decir que son palabras
y son efímeros planetas.
Ahora que te sabes entre los surcos
-impaciente.
Ellas ignoran lo que deshacen
y también lo que hacen
cuando se trata de pronunciar otra vez
un cielo, una espada, un ángel;
aquel ángel que te guarda
y guardará a todos
de la grave inmensidad de los silencios.

Lo rumorean varios signos, Alberto Girri

Que el verano está a las puertas
lo rumorean varios signos,
el de que la hora
de coincidir siembra y cosecha ya es,
el de que distinguimos
un plazo que finaliza, el término
de fatigas:
las con recompensa
y las sin ninguna, las de prepararnos
para cierta venida, inminente,
y las que se malgastan pretendiendo
alargar el tiempo disponible, añadir
un codo a las estaturas;
y el signo de una justa
discriminación al marcar diferencias,
entre mayordomos infieles
y mayordomos conscientes,
entre cumplidores de la Palabra
y distraídos que apenas oyen.

8 de marzo de 2015

Dos poemas, Alejandra Pizarnik

La palabra que sana
Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa.

Cold in hand blues
y qué es lo que vas a decir
voy a decir solamente algo
y qué es lo que vas a hacer
voy a ocultarme en el lenguaje
y por qué
tengo miedo






2 de marzo de 2015

Somos en el silencio, Ana Muela Sopeña

Somos en el silencio unos aliados
que pactan con la música del bosque,
para poder vivir casi sin agua.

Somos en la distancia compañeros
que buscan las raíces de los árboles
porque hay poco alimento en nuestra tierra.

Somos en lejanía las palabras
que se unen con los restos de la infancia
a través del asombro de lo cóncavo.

Somos identidades en el sueño
que huyen a los márgenes
de la verdad desnuda y primigenia.

Somos dos individuos de la especie
que respiran sin pánico al unísono,
por el placer tan sólo de estar juntos.

Poco a poco el instinto nos redime
de tantos sinsabores de la herida
que reside sin piel, en nuestro cuerpo.

Somos tan sólo espíritus sin rostro
que escapan de relojes de locura,
para sobrevivir ante el vacío.





22 de febrero de 2015

No vas a entender nunca, Flor Codagnone

No vas a entender nunca mis lugares,
ni que los apropie y los quiera y los extrañe.
No sabés de mis calles ni de mis cortadas
ni de lo que sigue girando
en la calesita de la infancia.
No vas a entender esta tristeza
que es mía y que duele un cuerpo
recortado grave vacío conectado cosido.
Ni mis usos del lenguaje, ni mis deseos,
ni las pocas cosas de mí en las que creo.
Hay santas herejías de las que adolezco.



14 de febrero de 2015

No se trata de hablar + Las distancias no miden lo mismo, R. Juarroz

No se trata de hablar

No se trata de hablar,
ni tampoco de callar:
se trata de abrir algo
entre la palabra y el silencio.
Quizá cuando transcurra todo,
también la palabra y el silencio,
quede esa zona abierta
como una esperanza hacia atrás.
Y tal vez ese signo invertido
constituya un toque de atención
para este mutismo ilimitado
donde palpablemente nos hundimos.



Las distancias no miden lo mismo

Las distancias no miden lo mismo
de noche y de día.
A veces hay que esperar la noche
para que una distancia se acorte.
A veces hay que esperar el día.
Por otra parte
la oscuridad o la luz
teje de tal manera en ciertos casos
el espacio y sus combinaciones
que los valores se invierten:
lo largo se vuelve corto,
lo corto se vuelve largo.
Y además, hay un hecho:
la noche y el día no llenan igualmente el espacio,
ni siquiera totalmente.
Y no miden lo mismo
las distancias llenas
y las distancias vacías.
Como tampoco miden lo mismo
las distancias entre las cosas grandes
y las distancias entre las cosas pequeñas.





12 de febrero de 2015

Contar, Flavia Ricci

Vos contame, como si yo no supiera, de dónde viene esa larga mirada o esa espalda cansada. Contame, porque a medida que nombrás constato lo que sé, todo lo que percibo, lo que leo en vos. Pero entiendo que necesites verbalizar todos esos sentimientos, enumerar hechos cronológicamente para que quizás se ordenen en tu mente. Cuando me hablás, no es que vea lo que me decís en ese momento, sino que entiendo tus palabras como simples fonemas que se unen para dar sentido a todo aquello que tenés dentro. Nombrar es asumir. Luego de decir compartiremos lo que sabemos. Y esa intimidad que me regalás te la agradezco y valoro. 
Las palabras son simples hilos que salen de tu boca pero, yo que te leo, me comunico en silencio. Esos hilos vienen de adentro, de muy adentro. Y salen cuando nombrás. 
Yo te escucho, como siempre, atentamente. Pero son tus manos las que antes hablaron, son tus ojos o mejor, tu mirada, es cada uno de tus movimientos, son tus palabras, acuciantes, desmedidas, angustiadas, que trepan por donde sea con tal de llegar a destino. Son telas, sonrisas, luces, tiempo. Son sonrisas por descubrir y sonrisas por recordar. Es una caminata que ha de llegar. Es un mar que debo regalarte. Es el silencio que nos invade. Ese silencio que se llena de compañía y no precisa palabras. Contame, necesitás asegurarte que te escuche y que sí, es cierto, que lo sé. Pero date cuenta que lo sé antes de que lo cuentes, porque desde antes he estado atenta. Porque cualquier diálogo se inicia en silencio. Ese silencio que tiene tanto de presencia, de sin palabras. Pero vos contame, yo te escucho atenta.


9 de febrero de 2015

Todo lo que en vos resuena, Flavia Ricci

Te asusta y evitás nombrar. De la boca para afuera. Escribir, liberar lo que sale de tu mente. Dejar las manos sueltas y respetar su recorrido.
Pero la realidad no se deshace, ni se desanda. Pero entonces las palabras recorren tu cuerpo, remolinean en tu pecho y se atrincheran en tu mente, donde resuenan como eco. Invaden y se apropian de tus sueños. Pero entonces día tras día callás. Y no hay mucho que decir: te miro y las leo, claramente. En silencio.



25 de diciembre de 2014

Descubrimientos, C. Lispector




Cosmonauta en la Tierra (fragmento)
Si yo fuera el primer astronauta, mi alegría sólo se renovaría cuando un segundo hombre volviera allá desde el mundo: pues también él lo habría visto. Porque "haber visto" no es sustituíble por ninguna descripción: haber visto sólo se compara con haber visto. Hasta que otro ser humano también hubiera visto, yo tendría dentro de mí un gran silencio, aun cuando hablara. Consideración: supongo la hipótesis de que alguien en el mundo ya haya visto a Dios. Y nunca haya dicho una palabra. Pues si ningún otro lo vio, es inútil decirlo.

Dificultad de expresión
La dificultad de encontrar, para poder expresar, eso que sin embargo está allí, da una impresión de ceguera. Es entonces cuando se pide café. No es que el café ayude a encontrar la palabra pero representa un acto histérico-liberador, es decir, un acto gratuito que libera.