18 de diciembre de 2010

Sierras&vinos, Flavia Ricci




Pablo Neruda genial



Siempre

Antes de mí
no tengo celos.


Ven con un hombre
a la espalda,
ven con cien hombres en tu cabellera,
ven con mil hombres entre tu pecho y tus pies,
ven como un río lleno de ahogados
que encuentra el mar furioso,
la espuma eterna, el tiempo!


¡Tráelos todos
adonde yo te espero:
siempre estaremos solos,
siempre estaremos tú y yo
solos sobre la tierra
para comenzar la vida!


La pregunta

Amor, una pregunta
te ha destrozado.

Yo he regresado a ti
desde la incertidumbre con espinas.

Te quiero recta como
la espada o el camino.

Pero te empeñas
en guardar un recodo
de sombra que no quiero.

Amor mío,
compréndeme,
te quiero toda,
de ojos a pies, a uñas,
por dentro,
toda la claridad, la que guardabas.

Soy yo, amor mío,
quien golpea tu puerta.
No es el fantasma, no es
el que antes se detuvo
en tu ventana.
Yo echo la puerta abajo:
yo entro en toda tu vida:
vengo a vivir en tu alma:
tú no puedes conmigo.

Tienes que abrir puerta a puerta,
tienes que obedecerme,
tienes que abrir los ojos
para que busque en ellos,
tienes que ver cómo ando
con pasos pesados
por todos los caminos
que, ciegos, me esperaban.

No me temas,
soy tuyo,
pero
no soy el pasajero ni el mendigo,
soy tu dueño,
el que tú esperabas,
y ahora entro
en tu vida,
para no salir más,
amor, amor, amor,
para quedarme.

Peter, Bjorn John - Young Folks (subtitulado español)

Preciosa letra de esta canción, precioso ritmo también.

2 de diciembre de 2010

Enamorarse, Flavia Ricci

A menudo conocemos gente que demuestra cierta simpatía por nosotras. Un poco menos frecuentemente, de ese puñado de personas asoma un grupo que quisiera una relación más comprometida que la amistad. Pensamos que ... no lo tenemos claro, que tal vez no sea "la" persona, que no encaja en nuestro target, que no, que con esa persona no. Y nos halagan, vaya que sí, con las frases y actitudes que tienen. Nos hacen sentir bonitas aunque no tengamos ningún problema de autoestima. Y están cuando las necesitamos y hasta a veces cuando no, porque sí, están ahí. Nos despiertan sonrisas, charlas, músicas. Un sinfín de emociones que no nos despiertan otras personas a nuestro alrededor. Y de repente pensamos "¿por qué no?". Hasta que otra voz, del otro lado, nos responde:

- Cada vez que tengas dudas para distinguir tus emociones, piensa: qué sumaría esa persona como pareja ¿Por qué no seguir siendo amigos? Pregúntate antes que nada si admiras a esa persona. Porque el "amor sin admiración sólo es amistad". ¿Tu mundo de viajes, música, amantes, comidas y bebidas, bailes, sonrisas, ansias de libertad, letras y cultura ha sido su mundo también? O cada vez que hables con "esa" persona te sentirás haciendo un monólogo ¿Comparten pasados y futuros?

Pensé en las veces que conocí gente por el mundo y dudé si ir a por más ...

- Haz de tener en claro por sobre todo qué sientes y piensas tú de la otra persona, más que enamorarte por sus halagos o lo que los demás piensan de ti. Eso es vanidad. Es de amigos halagarse, quererse, apreciarse ¿eso hace que te enamores de ellos? Pues claro que no. Pregúntate: ¿qué ha hecho con su vida, cuál es su mundo, su pasión, sus proyectos, cuáles sus viajes, sus obras, su estilo de vida? ¡De eso debes enamorarte! Porque haz de convivir cada día con la forma de ser de la pareja que elijas. No busques jamás tu media naranja, sino una naranja completa que sume a tu vida actual. Y siempre, siempre, siéntete libre de elegir con quien estar por lo que sientas, más que por lo que tus enamorados digan de tí.

Y así lo tuve claro, una vez más ... Es porque me tomo en serio la palabra "pareja" que tengo tantos amigos, algunos amantes y ninguna pareja.

14 de noviembre de 2010

Despierta. El día te llama, Pedro Salinas

Despierta. El día te llama
a tu vida: tu deber.
Y nada más que a vivir.
Arráncale ya a la noche
negadora y a la sombra
que lo celaba, ese cuerpo
por quién aguarda la luz
de puntillas, en el alba.
Ponte en pie, afirma la recta
voluntad simple de ser
pura virgen vertical.
Tómale el temple a tu cuerpo.
¿Frío, calor? Lo dirá
tu sangre contra la nieve
de detrás de la ventana;
lo dirá
el color en las mejillas.
Y mira al mundo. Y descansa
sin más hacer que añadir
tu perfección a otro día.
Tu tarea
es llevar la vida en alto,
jugar con ella, lanzarla
como una voz a las nubes,
a que recoja las luces
que se nos marcharon ya.
Ese es tu sino: vivirte.
No hagas nada.
Tu obra eres tú, nada más.

7 de noviembre de 2010

Comparto, Flavia Ricci

Egoísta sí, un poco, más aun, mucho, como quieras. No comparto muchas cosas porque voy sola por la vida, sin mucho equipaje ni recuerdos, sin maletas ni mentiras, sin abrazos ni besos falsos a estas alturas. No comparto porque es mío, si eso es ser egoísta. Pero debo decirte, que sobre todo no comparto, y no comparto con vos, que me digas una y otra vez por todas y cada una de las vías de comunicación que intento abrir, que ya no me querés. No comparto. Eso sí que no lo comparto, máxime con tus actitudes. Y a costa de ganarme la fama de egoísta una vez más.

31 de octubre de 2010

El andariego, Concha Buika

Yo que fui del amor ave de paso
yo que fui mariposa de mil flores
hoy siento la nostalgia de tus brazos
de aquellos tus ojazos
de aquellos tus amores
Ni cadenas ni lágrimas me ataron
mas hoy quiero la calma y el sosiego
perdona mi tardanza te lo ruego
perdona al andariego
que hoy te ofrece el corazón
Hay ausencias que triunfan
y la nuestra triunfó
amémonos ahora con la paz
que en otro tiempo nos faltó
Y cuando yo me muera ni luz ni llanto
ni luto ni nada más
aquí junto a mi cruz tan sólo quiero paz.
Sólo tu corazón, si me niegas tu amor
buscaré en otros labios
la fuerza de tu calor
y en silencio dirás una plegaria
y por dios olvidame después.

5 de octubre de 2010

Sostiene Pereira, A. Tabucchi

"Pensó que cuando se está verdaderamente solo es el momento de medirse con el yo hegemónico que quiere imponerse en la cohorte de las almas. Y aunque pensó en todo ello no se sintió tranquilo, sintió en cambio una gran nostalgia, no sabría decir de qué, pero una gran nostalgia de una vida pasada y una vida futura".

30 de septiembre de 2010

(in) love, Flavia Ricci

Suben, mis ganas de estar con vos, las horas que pasan, palabras que escribo a solas. Aumenta, mi temor por lo que pasará, mi convicción porque ahora sí, el pasado que queda atrás. Borrás, de un plumazo lo que no fue, sacás mi sonrisa más amplia, la música en mi corazón. Me hacés ver, pura poesía a mi alrededor, una meta a la que llegué, un giro por fin, a mi alrededor. Y llego, estoy, lo he logrado. Y en ese momento, es como si todo se detuviera. Te pienso, y espero que finalmente vengas, que me encuentres, como yo te he encontrado a vos. Sin buscarte, que es como me gusta encontrar.

26 de septiembre de 2010

Es preciso, autor desconocido.

Es preciso tener fuerza para ser firme, pero es preciso tener coraje para ser gentil.

Es preciso tener fuerza para defenderse, pero es preciso tener coraje para bajar la guardia.
Es preciso tener fuerza para ganar una guerra, pero es preciso tener coraje para rendirse.
Es preciso tener fuerza para estar en lo cierto, pero es preciso coraje para tener duda.
Es preciso tener fuerza para mantenerse en forma, pero es preciso coraje para mantenerse en pie.
Es preciso tener fuerza para sentir el dolor de un amigo, pero es preciso coraje para sentir los propios dolores.
Es preciso tener fuerza para soportar el abuso, pero es preciso coraje para hacerlo parar.
Es preciso tener fuerza para quedarse solo, pero es preciso tener coraje para pedir apoyo.
Es preciso tener fuerza para amar, pero es preciso tener coraje para ser amado.
Es preciso tener fuerza para sobrevivir, pero es preciso coraje para vivir.

1 de septiembre de 2010

Partes, Flavia Ricci

Así como cuando me encontraste mis partes se encontraron, así también cuando me dejaste se separaron.

Mis piernas querían correr en sentido contrario al que marchabas tú.

Mis manos aferrarse a fotos, libros y almohadas.

Mi corazón errante seguía enamorado, por corazón.

Mi mente se entusiasmaba con recuerdos que tal vez podían volver a ser parte del presente.

Pero en vez de puentes construiste muros. Y en lugar de palabras me devolviste silencios. Y a cambio de acción, la nada.

Y así voy por la vida, desarmada en pequeñas partes que te temen, te quieren, te evitan o te sienten. Que hacen cada día un acuerdo entre partes. Y todo lo que pasó, aparte.

24 de agosto de 2010

El Tiempo de los maduros, Mario de Andrade

“Conté mis años, y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora…
Me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas: las primeras las comió con agrado, pero cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente.
Ya no tengo tiempo para reuniones interminables donde se discuten estatutos, normas, procedimientos, y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.
Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.
Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.
No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.
No tolero a maniobreros y ventajeros.
Me molestan los envidiosos que tratan de desacreditar a los más capaces para apropiarse de sus lugares, talentos, y logros.
Detesto, si soy testigo, de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo.
Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos.
Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.
Quiero la esencia, mi alma tiene prisa… Sin muchas golosinas en el paquete…
Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.
Que sepa reír de sus errores.
Que no se envanezca con sus triunfos.
Que no se considere electa antes de hora.
Que no huya de sus responsabilidades.
Que defienda la dignidad humana.
Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.
Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.
Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas….
Gente a quien los golpes duros de la vida le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.
Sí, tengo prisa, pero por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.
Pretendo no desperdiciar parte alguna, de las golosinas que me quedan… Estoy seguro que serán más exquisitas, que las que hasta ahora he comido.
Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.
Espero que la tuya sea la misma, porque, de cualquier manera, llegarás…”

Mario de Andrade

24 de mayo de 2010

Mano, Flavia Ricci

Buenos Aires está tan terriblemente contaminado de tus pasos, tus palabras y nuestros sueños que cuesta pensar que no estás. Y por otra parte, el tiempo que todo lo cubre y la vida que avasalla pasó tan deprisa que a veces creo que todo aquello me lo inventé, que jamás compartimos noches y días ni sonrisas ni cafés. Ni manos, ni abrazos ni continuidades.
Fue tan rápido y ahora me parece tan ajeno todo que prefiero eludirte y no jugar con tu complicidad. Pero a veces, cuando me permito ir a mi ritmo y no al que impone Buenos Aires miro aquella esquina, mientras la gente me pasa por al lado. Cruzo la calle y hasta siento cómo tu mano se aferra a la mía, buscándola por primera vez sin que yo la viera venir. Siento ritmos y compases. Redundancias de las buenas. Suspiros cada momento. No te vayas, cuánto lo siento.
Hago un esfuerzo recordándote, trayéndote de nuevo hasta mí. Y camino por la peligrosa cornisa de insistir o desistir. Y por temor a que me rechaces prefiero deshacerme de tus recuerdos. Vuelvo a bajar y piso tierra firme. Aquí todo es más seguro y todo aquello se desvanece.
Sin embargo, cada vez que paso por esa esquina, una mano se aferra a la mía, buscándola por primera vez sin que yo la vea venir. Y yo digo bajito, casi para mí, "no te vayas, no me dejes. Por favor".

22 de abril de 2010

Antes y después, Flavia Ricci



El matrimonio, la primera causa de divorcio, duró un suspiro. Machacado por la convivencia y los excesivos espacios comunes. La miré a los ojos después de beber un poco de mi malbec y le dije:

- Te casaste con él porque te volvía loca.
- ...
- Y por la misma causa te divorciaste de él ahora.

Depende siempre del momento, la misma frase cobra sentidos opuestos. Y ambas seguimos disfrutando de nuestro malbec.

12 de febrero de 2010

Elogio a la mujer brava, Héctor Abad

Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas.

A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.

La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran “no más usted me avisa y yo le abro las piernas”, siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias).

A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.

Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.

Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.

Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas.. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.

Vamos hombres, por esas mujeres bravas!!!!!!!!!!

9 de febrero de 2010

Sand-wich?, Flavia Ricci

Estuve todo el día pensando en él. Por el Centro, en el coche, leyendo el diario en el café de siempre. Así que decidí largarme lo más rápido posible a su encuentro. Cada semáforo en las esquinas parecía querer detenerme adrede, como para prolongar el encuentro y perturbar mi deseo. Pero nada me disuadía. Llegué a casa, me metí en la ducha y me puse cómoda. Seguía pensando en él.
Estaba como enceguecida, disfrutando el momento en que pudiera tocarlo con mis propias manos, en el que entrara en mi boca y todos los sabores y colores se desvanecieran entre mi garganta y mis labios. Sentirlo suave, gustoso, casi prohibido. Sentir como formaba parte de mi cuerpo me gustaba.

- Piba, ¡¡tenés el sandwich!!, me gritó irritado el camarero.

Which sannnnddddwwwwiiiich? ..... parecía decirle yo en cámara lenta jugando con las palabras. No pude más que sonreír.