19 de marzo de 2014

Las simples cosas, Flavia Ricci

La simpleza con que te veo tiene tanto de complejo
de capas y capas que debo quitarte
no me refiero solamente a tu ropa
esa vestimenta bastante ligera que generalmente llevás
me refiero a lo indescifrable
a lo anónimo
a lo del día tras día perderte
para volver a encontrarte
a mis fantasías
y a tus frases
a mis palabras a medias
la primera mitad
la segunda mitad
el discurso a medias
mis manos moviéndose hacia todas partes
mi negación de lo evidente
me refiero a esas capas que no logro quitarme
me refiero a patear el tablero
me refiero a lo simple de decirlo
de haberlo dicho
del signo de interrogación
insistente
persistente
Me refiero al "no"
en lugar del "sí"
Me refiero a atrincherarme
a haber dejado de verle sentido
a todo eso que con una palabra
entera
cambiaría
a toda la complejidad
que encierra esa simpleza
a capa tras capa
tuya
mía
a lo simple
a mirar.


18 de marzo de 2014

Comer, rezar, amar. Elizabeth Gilbert

“Llegué consumida y enclenque. Entonces no sabía lo que me merecía. Puede que aún no sepa bien lo que me merezco. Pero sí sé que en los últimos tiempos me he reconstruido a mí misma -disfrutando de placeres inofensivos- y que hoy soy una persona mucho más pura. Ahora existo más que hace cuatro meses. Y me voy con la esperanza de que esa expansión de una persona - esa magnificación de una vida- sea un acto meritorio en este mundo. Pese a que esa vida, por primera vez y sin que sirva de precedente, no le pertenece a nadie más que a mí.”



14 de marzo de 2014

Me callo, Flavia Ricci

Yo
Acá
Vení
Mejor
Me callo
Mentira
Quedate
Decíme
Abrazame
Mirame
Acá
Vení
Mejor
Me callo.




10 de marzo de 2014

Consejos para la mujer fuerte, G. Belli

Si eres una mujer fuerte
protégete de las alimañas que querrán
almorzar tu corazón.
Ellas usan todos los disfraces de los carnavales de la tierra:
se visten como culpas, como oportunidades, como precios que hay que pagar.
Te hurgan el alma; meten el barreno de sus miradas o sus llantos
hasta lo más profundo del magma de tu esencia
no para alumbrarse con tu fuego
sino para apagar la pasión
la erudición de tus fantasías.

Si eres una mujer fuerte
tienes que saber que el aire que te nutre
acarrea también parásitos, moscardones,
menudos insectos que buscarán alojarse en tu sangre
y nutrirse de cuanto es sólido y grande en ti.

No pierdas la compasión, pero témele a cuanto conduzca
a negarte la palabra, a esconder quién eres,
lo que te obligue a ablandarte
y te prometa un reino terrestre a cambio
de la sonrisa complaciente.

Si eres una mujer fuerte
prepárate para la batalla:
aprende a estar sola
a dormir en la más absoluta oscuridad sin miedo
a que nadie te tire sogas cuando ruja la tormenta
a nadar contra corriente.

Entrénate en los oficios de la reflexión y el intelecto
Lee, hazte el amor a ti misma, construye tu castillo
rodealo de fosos profundos
pero hazle anchas puertas y ventanas

Es menester que cultives enormes amistades
que quienes te rodean y quieran sepan lo que eres
que te hagas un círculo de hogueras y enciendas en el centro de tu habitación
una estufa siempre ardiente donde se mantenga el hervor de tus sueños.

Si eres una mujer fuerte
protégete con palabras y árboles
e invoca la memoria de mujeres antiguas.

Haz de saber que eres un campo magnético
hacia el que viajarán aullando los clavos herrumbados
y el oxido mortal de todos los naufragios.
Ampara, pero ampárate primero
Guarda las distancias
Constrúyete. Cuidate
Atesora tu poder
Defiéndelo
Hazlo por ti
Te lo pido en nombre de todas nosotras.

9 de marzo de 2014

Algo así, amor, Flavia Ricci

Dejame mirarte, tal como sos
Dejame conocer palabra por palabra esas que me llevan a vos
Quizás pase el tiempo y no seamos la novedad, pero sigamos juntas
Quizás conozca tu parte sincera y sea conmigo
Dejame curarte de engaños, miedos y desconfianzas
No soy tu pasado, sino tu presente y ojalá tu futuro
Dejame decirte que sí, que sos vos, ¿por qué no?
Dejame acostarme y levantarme con esa certeza que una tiene
cuando encuentra lo que busca, y sonríe y está plena
Dejame confiar en que lo que me decís es lo que pensás
Dejate abandonar en mí, cara a cara y sin filtros
Querete tanto para que tu contexto sea sano
y me atraiga
y me sienta parte
Dejame sentir que verdad y realidad son lo mismo
En una misma palabra
Sin caídas libres con mentiras y terceros
Dejame sonreír con los ojos cerrados
solamente porque estás
conmigo
ahora
aquí
Y es verdad
Y es real
Y es así

8 de marzo de 2014

No sé si pensar en ti, Néstor Augusto Esquivel Donato

No sé si pensar en ti
o en el cielo azul,
aquel que me recuerda 
lo oculto de ti,
lo que por miedo quizás
no dejas ver a las personas
del común,
me gusta soñar contigo
mi cielo azul,
soñar que estas ahí
observándome en
la distancia,
imaginar con mí
vanidad que me extrañas.
Mi cielo azul
déjame seguir queriéndote
aunque estés lejos,
y olvides mi existencia…

7 de marzo de 2014

La amante de Bolzano, S. Márai

“Mira el fuego, crepita como si intentara decirnos algo. Quizá intente decirnos que es preciso quemarse y destruirse en una pasión, renacer en un sentimiento, porque eso es la plenitud y la vida. Todo lo que ha existido crepitará y se quemará en nuestro amor si tú así lo deseas, si me llevas contigo o si vienes conmigo, lo mismo da, pero todo debe empezar de nuevo, porque así es el gran milagro del amor. Te esperaré siempre. Porque lo que existe entre nosotros no puede desaparecer con el tiempo”. 

Estamos tan lejos de estar cerca, J. Lévano

Estamos tan lejos de estar cerca, 
a poco de ser nada,
aun así, somos un amor que no se olvida.
Yo no busco una conexión de miradas,
sino un amor para toda la vida.


Un poema casi inventado, Ch. Bukowski

Te veo tomando de una fuente con manos
azules y diminutas, no, no son diminutas tus manos,
son chicas, y la fuente está en Francia
donde me escribiste esa última carta y
yo respondí y nunca más volví a escuchar de vos otra vez.
Solías escribir poemas enfermos sobre
ÁNGELES Y DIOS, todo con mayúsculas, y vos
conocías artistas famosos y muchos de ellos
eran tus amantes, y yo te escribía, está todo bien,
andá, entrá en sus vidas, no estoy celoso
porque nunca nos conocimos. Estuvimos cerca una vez en
Nueva Orleáns, media cuadra, pero sin conocernos, sin
tocarnos. Entonces vos fuiste con los famosos y escribiste
sobre los famosos, y, obvio, lo que encontraste
fue que los famosos están preocupados por
su fama –y no la hermosa piba en la cama
con ellos, que les da eso, y después despierta
a la mañana para escribir poemas en mayúsculas sobre
ÁNGELES Y DIOS. Sabemos que Dios esta muerto, ellos nos
dijeron, pero escuchándote no estaba tan seguro. Por ahí
eran las mayúsculas. Eras una de las
mejores poetisas y yo le dije a los redactores,
editores, “ella, publiquen a ella, está loca pero es
mágica. No hay mentira en su fuego”. Te amé
como un hombre ama una mujer que nunca toca, sólo
le escribe, guarda fotitos de ella. Te habría
amado más si me hubiera sentado en una habitación chica armando un
cigarro y te hubiera escuchado mear en el baño,
pero eso nunca pasó. Tus cartas se volvieron más tristes.
Tus amantes te traicionaron. Nena, te escribí, todos
los amantes traicionan. No ayudó. Vos decías
que tenías un banco para llorar y estaba sobre un puente y
el puente estaba sobre un río y vos te sentabas en el banco
para llorar todas las noches y moqueabas por los amantes que
te lastimaron y te olvidaron. Volví a escribirte pero nunca más
escuché de vos. Un amigo me escribió sobre tu suicidio
3 o 4 meses después que pasó. Si te hubiera conocido
probablemente yo te habría sido infiel a vos o vos
a mí. Era mejor así.

6 de marzo de 2014

Aunque estés lejos, te contemplo, Lou-Andreas Salomé

Aunque estés lejos, te contemplo.
Aunque estés lejos, te entregas a mí
En un presente que nada puede destruir.
Rodeas mi vida, eres mi paisaje.
Me envuelves una y otra vez con tu risueña grandeza.
El sol despunta sobre tus altas iglesias,
Asciende sobre tus orillas amplias, infinitas,
Ilumina tus bosques cada mañana.
Cuando vuelva a oscurecer,
El cielo de junio iluminará la noche;
Cuando llegue la madrugada, el agudo graznido
De las gaviotas atravesará la niebla que cubre tus olas…
¡Aunque no hubiera reposado en tus orillas,
No habría dejado de conocer tu grandeza,
Porque la marea de mis sueños
Me lleva hasta tus enormes soledades!

28 de febrero de 2014

Encuentros, Flavia Ricci

¿Qué son los encuentros? Ir caminando por Corrientes y girar en Libertad y quedarme en esa esquina recordando cuando tomaba el 29 rumbo a casa, y vos. Es mirar hacia el Obelisco, tan cercano, y verte a vos (otro) subiendo conmigo casi de la mano  a su lado rumbo a todas aquellas librerías de viejo en donde yo pretendía meterme con tal de que ese instante con vos no terminara jamás. A sabiendas de que estaba terminando. Es verme corriendo Corrientes arriba porque vos (otro) ibas a casa de madrugada y por impulso (mío) ¿qué son los encuentros? Es conocerte por casualidad en Ink una noche con amiga catalana que me decía "todo pasa, no estés triste" y yo enamorada la miraba con ojos caídos. Hasta que apareciste así.
¿Qué son los encuentros? Es ir por Sarmiento rumbo al Centro Cultural Gral. San Martín a escuchar y ver MoMUSI con Zoe. Y bailar. Y cantar.
¿Qué son los encuentros? Es mirar tu mano, agarrando la mía mientras me invitabas a desayunar porque tenías que irte pero no ibas a irte, por mí, en Cabildo y Larralde.
¿Qué son los encuentros? Es tu piel contra la mía inviernos, veranos, primaveras y otoños, en inglés, castellano, catalán e italiano (vos y vos y vos, otros).
Son los aromas de Buenos Aires de los que me he apropiado. Es la gente, los ruidos, sonidos, la historia. Es mi piel que dejó años allí. Es mi confianza, es mi verdad, es mi sonrisa despreocupada pero firme, es levantar la vista y quizás, de manera azarosa, impetuosa e irreverente, mostrarte todos mis dientes.
¿Qué son los encuentros? Más que pensar hoy que quizás hasta ayer vos (otro) y yo no nos conocíamos y ni siquiera pensábamos en conocernos, habitantes síncronos del mundo y la ciudad.
¿Qué son los encuentros? Es pensar en todas aquellas personas que pertenecieron, pertenecen y pertenecerán a mi vida. Mirada a mirada, piel a piel, paso a paso, manos juntas. Abrazos.

22 de febrero de 2014

Vienes a mí, E. González Martínez

Vienes a mí, te acercas y te anuncias
con tan leve rumor, que mi reposo
no turbas, y es un canto milagroso
cada una de las frases que pronuncias.

Vienes a mí, no tiemblas, no vacilas,
y hay al mirarnos atracción tan fuerte,
que lo olvidamos todo, vida y muerte,
suspensos en la luz de tus pupilas.

Y mi vida penetras y te siento
tan cerca de mi propio pensamiento
y hay en la posesión tan honda calma,

que interrogo al misterio en que me abismo
si somos dos reflejos de un ser mismo,
la doble encarnación de una sola alma.

21 de febrero de 2014

La insoportable levedad del ser, M. Kundera

“Tomás se decía: hacer el amor con una mujer y dormir con una mujer son dos pasiones no solo distintas sino casi contradictorias. El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien (este deseo se produce en relación con una cantidad innumerable de mujeres), sino en el deseo de dormir junto a alguien (este deseo se produce en relación con una única mujer).” 


El amor, el amor ...

Encontrar, Flavia Ricci

Hay que tener la sutileza necesaria para darse cuenta que entre medio del "estoy buscando" y del "estoy esperando" probablemente haya pasado algo que nos hizo ENCONTRAR. Yo no diría que "estar esperando" es una actitud pasiva, sino muchas veces todo lo contrario.


(25 de octubre de 2013)

20 de febrero de 2014

Cafeína para dos (II), Malaci

“…y de repente me invadió el deseo de abrazarle, de unir su corazón con el mío y sincronizar nuestros latidos, de hundirme en su pecho y tocar su alma, su ser, de comprender sus dolencias y su historia de vida, de escuchar sus sollozos y todas sus risas… Accedí, entonces, al deseo incontenible de acompañarle toda una vida y lo que le sigue…”

Una versión posible de la intimidad, Flavia Ricci

Hay una construcción que va del "yo" y del "vos" al "nosotros/as". Algo que hace que pueda verte sin esa distancia, tan mía. Pero aun así tomarme el tiempo de mirarte como se miran las obras de arte: a veces más cerca, para mirar los detalles. A veces más lejos, para apreciar el todo. En todo caso, jamás dejar de mirarte. Esa es la construcción de nuestra intimidad, que hace tan única una relación, un vínculo: nuestro vínculo. Que te mire y, hoy en día, vea pasar frente a mis ojos todos esos días. Quizás vos no entiendas por qué sonrío sin cesar. Para mí es muy claro: es por vos.


(19 de marzo de 2013)

17 de febrero de 2014

El laberinto, Jorge L. Borges

Zeus no podría desatar las redes de piedra que me cercan. 
He olvidado los hombres que antes fui; sigo el odiado camino de monótonas paredes que es mi destino.
Rectas galerías que se curvan en círculos secretos al cabo de los años.
Parapetos que ha agrietado la usura de los días.
En el pálido polvo he descifrado rastros que temo.
El aire me ha traído en las cóncavas tardes un bramido o el eco de un bramido desolado.
Sé que en la sombra hay Otro, cuya suerte es fatigar las largas soledades que tejen y destejen este Hades y ansiar mi sangre y devorar mi muerte.
Nos buscamos los dos. Ojalá fuera éste el último día de la espera.

12 de febrero de 2014

Entre palabras, Flavia Ricci

Te puedo sacar de mi mente, pero insistís en meterte con mis palabras, por los vericuetos de mis textos en una especie de juego literario. Te busco entre comas, puntos suspensivos, signos de exclamación y en cada uno de mis interrogantes. Hay un abismo que nos separa, como el de antes de conocerte, aunque nos hayamos cruzado. Porque sos alguien desconocido, porque no sé quién sos ni mirándote a los ojos, ni abrazándote, ni compartiendo días y noches. Así es que has buscado cuanto recurso literario me conocés, y vaya que me has estudiado, para encontrarte conmigo, para que te escriba sonriendo y sonriendo vaya cuando termine de hacerlo, recordándote. Pero hay un vacío, hay un abismo porque te desconozco. Te cierro el paso entre comas, puntos suspensivos. No hay posibilidades, no hay medias tintas, no hay puentes. No hay nada, vaya, no hay más nada de lo que había. Tanta mentira que consumió todas mis creencias y verdades. Hasta hacerte indefendible hasta conmigo misma. Hay un punto final.

Caminata por la playa



10 de febrero de 2014

Tan, todo, igual, Flavia Ricci

En el tiempo entre tu respuesta y mi pregunta hay un abismo que me genera vértigo. Es el vértigo de esperarte, de ir adelante o quedarme en el sitio. Porque es mentira que una va por la vida solamente con su impulso. En este caso trato de medir los efectos. Así que, soy perfectamente consciente que todo puede cambiar por hablarte o no. Hay un abismo de dudas entre estar así, y dejarlo todo como si nada, o hablar. Dado que vos no sos quien vaya a hacerlo. Doy un paso, vuelvo a darlo, y eso debiera ser motivo suficiente para saber la importancia que tenés en mi vida. No una importancia estática, imprescindible, sino una importancia que si es correspondida podría tener la fuerza del amor. Pero también sé que no sos imprescindible, aunque te necesite, aunque me pierda en tus abrazos, aunque no pueda con mi genio. Pensás que muestro mi sonrisa porque sí, y no es así. Pensás que todo me da igual, con tal de no profundizar. Voy a quedarme en silencio, aun a costa de perderte. Sé que un día de estos no vas a volver. Y yo fingiré alegrarme. O como vos decís, que parezca que todo me da igual con vos.

6 de febrero de 2014

Vamos Patria a caminar, O. Castillo

Me lanzo a caminar sobre mi voz para decirte:  tú, interrogación de frutas y mariposas silvestres, no perderás el paso en los andamios de mi grito, porque hay un maya alfarero en tu corazón, que bajo el mar, adentro de la estrella, humeando en las raíces, palpitando mundo, enreda tu nombre en mis palabras.


28 de enero de 2014

Rayuela, Julio Cortázar

Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos. Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra. Justamente un paraguas, Maga, te acordarías quizá de aquel paraguas viejo que sacrificamos en un barranco del Parc Montsouris, un atardecer helado de marzo. Lo tiramos porque lo habías encontrado en la Place de la Concorde, ya un poco roto, y lo usaste muchísimo, sobre todo para meterlo en las costillas de la gente en el metro y en los autobuses, siempre torpe y distraída y pensando en pájaros pintos o en un dibujito que hacían dos moscas en el techo del coche...

27 de enero de 2014

Op Oloop, Juan Filloy

Juan Filloy
El amor, igual que la sangre, constituye un carácter biológico permanente. Cada ser pertenece a un tipo preestablecido de amor; apto por lo pronto para verterse en sujetos afines y para verterse en seres disímiles conforme a postulados psicológicos intergiversables. La transfusión del amor se efectúa de manera más o menos parecida a la de la sangre. Lo mismo que ésta determina cuatro tipos hemóticos en la especie humana, el amor agrupa al individuo en cuatro categorías eróticas: pongamos A, B, C, D. El amante tipo A es siempre tipo A, o siempre del tipo C o del D. Lo curioso es que el problema de la transfusión del amor no ha sido abordado todavía. Social y eugenésicamente sería útil. Cuando la simpatía está en camino de cristalizar en amor, los enamorados deberían concurrir a un psiquiatra especializado -al amorisconsulto- que dictaminara el acierto de la elección, a través de las tendencias de sus respectivas libidos. Existen almas dispares, astutas en el juego de disimular esa disparidad. Existen temperamentos que aglutinan o disuelven lossentires ajenos. La conjunción perfecta en el amor es obra de un estudio que, la mayoría de las veces escapa a los novios. La inyección sanguínea no se realiza cuando la sangre de uno y otro no opera el milagro asimilatorio. ¿Por qué, entonces, no reglar las inyecciones del espíritu? Al grupo A, formado por "receptores universales", puede llamársele gráficamente el "grupo egoísta". Las personas de ese tipo son aptas para recibir el amor de todo el mundo; pero no lo pueden transfundir más que a personas de su categoría (...) En oposición a este grupo, figura el D, que corresponde a los "altruistas", a los "dadores universales", cuyo amor se transfunde a todo el mundo, pero que no pueden recibirlo más que de personas del grupo suyo (...) Los grupos B y C, que pueden recibir amor de los grupos B, C y D, están integrados por los amantes standard, a quienes atan espesas conveniencias y pasiones ordinarias. A veces, cuando reciben un amor altruista, se transfiguran pomposamente en la pantalla de la vida.

17 de enero de 2014

Palabras, Flavia Ricci

Además de lo que yo leía entre un punto y otro, en sus oraciones, había palabras clave, que no escribía porque sí. Y en donde mis ojos caían sin dudarlo y el deseo sin remedio. Palabras que quedaban ancladas en mi mente, nada fortuitas. Era una dialéctica del deseo que emergía por medio de ese lenguaje escrito, que yo leía con sumo interés. Después participé de esos diálogos, y comenzamos a escribir. Y por último, cara a cara, una vez y para siempre pude verbalizar esas palabras. Mencionarlas. Y quedé fascinada con sus sonidos. Y quedé enamorada del deseo que emergía, producto de las palabras que ahora resonaban donde estábamos. Y cerré aquel día los ojos, en su compañía, con una media sonrisa. Repitiendo esas palabras hasta que quedé dormida.

10 de enero de 2014

Cafeína para dos, Malaci

(I)

Ninguna analogía será suficiente, no hay palabras que expresen las emociones, el sentimiento. Simplemente fluye, como fluyen mis labios por tu cuerpo, acariciando levemente tus manías, tus miedos y precauciones.
Amo ser contigo, amor, todo lo que quería ser y que había reprimido. Amo compartir contigo las noches, el café, las mañanas y los besos, despertar a tu lado y formar constelaciones con los lunares de tu cuerpo. Amo tus etapas, tus caricias, tus heridas y cicatrices, amo tus dolencias, tu coraje y tu furia. Amo tus letras, tu psique y tus actos. Te amo a ti, vida mía, porque eres tú, precisamente.


(II)

Te quiero con todas mis entrañas, amor mío. Y te juro que en las noches muero de hastío porque estamos, pero tú no estás conmigo y te extraño y me parece grosería alargar mi mano y no sentir la tuya todavía, acariciar mi cuerpo y no sentir tu aliento quemando cada partícula de mi piel; te deseo aquí, conmigo, con nosotros y lo que podemos ser.

(III)

“Ven, acompáñame esta tarde, tomemos nuestras manos y bebamos un café - dos, tres… -.

Esperemos a que llegue la noche y curemos, beso a beso, las heridas que el pasado nos

dejó; sanemos con caricias lo que la calle nos marcó, borremos los recuerdos. Seamos sólo

tú y yo.”


(IV)

Contigo no quiero París, ni Santiago, ni Roma. Contigo prefiero quedarme en casa, tomarte de las manos y guiarte a donde jamás has viajado; ida sin retorno, amor con insomnio, cafés de madrugada y sexo por placer. Contigo hasta enloquecer…

(V)

Admito que me gusta cuando la gente nos rodea y me desnudas con la mirada, porque lejos de arrancarme las ropas mentalmente, me arrancas las palabras y eso es algo que pocos hacen.

(VI)

"Quiero quererte por completo; explorar tu alma, tu mente y tu cuerpo, encontrar cientos deescondites en tu piel y algunos atajos que vayan de tus ojos a tu boca misma.Quiero conocerte enteramente, con vidas y con muertes, de las prolongadas y las chicas, de las que te dejan sin respirar, con el cuerpo agitado y el corazón acelerado."






8 de enero de 2014

El cielo es de quien lo vuela, G. De Pösfay

La página 73 y la 77 se enamoraron. Sólo pudieron verse cuando se desprendieron del libro. Se leyeron, se vocalizaron, se discutieron. Vino la tormenta y se volaron, pero estaban cerca y con cada viento volvían a juntarse. La lluvia los mojó para siempre, y se metieron en la tierra, porque de dos hojas puede crecer un árbol. Un árbol grandote desde chiquito.

Así, Flavia Ricci

Te buscaba de una forma repentina, casi torpe.
Te buscaba con palabras, una verborragia infinita y nerviosa
cuando vos me dabas silencios
y yo me quedaba vacía
una vez que te ibas
tanto tiempo
tan lejos
tan de forma imprevista.
Te buscaba con sonrisas
y horas, fechas y días
cuando vos raramente 
en esos casos
aparecías
y sin embargo
allí estabas siempre
incluso en tus ausencias
Y aprendí
que así sos vos
y aprendí así a quererte
y a quererte así
sin conformarme
pero observándote
escuchándote
interesándome por vos
incluso cuando te levantás
y te vas
así porque sí
y yo sin más
te abro la puerta
detrás de mi más entera sonrisa
que se va con vos
como obsequio
hasta que vuelvas.
Así.

24 de diciembre de 2013

Tuya y mía, Flavia Ricci

Tuya y mía
para siempre
un año
encima
de frente
atrás
a un lado
así has estado
con misterios
de mentira
con palabras
de mentira
con amores
de mentira
con una farsa que sí
era de verdad
y con este sentimiento
que era tan fuerte
de mi parte
pero tan solitario
tan unilateral
que quedó solo
frente a tu cínica sonrisa
tus oscuros principios
tu mundo hostil
ahora me pregunto
sabiendo incluso la respuesta
cómo pude creer
qué buscaba.
Tu palabra que coincidió con la mía
tu momento con el mío
tu deseo con el mío
tus días y noches con los míos
tuya y mía
para siempre
hubo un quiebre
donde no necesitaste mentirme más
era insostenible
donde te fuiste despojando
de tus palabras
o dejándolas vacías
y yo me preguntaba
viendo sus cascarones
qué contenido encerraban
por qué no estaba allí el significado
por qué amor, era tan vacío
si antes, poco antes,
esa palabra lo abarcaba todo
y cuando allí penetraba
encontraba sin dudarlo su significado
que tanto, tanto, tenía que ver con vos
Tuya y mía
para siempre
Mentira
era todo, todo
una gran mentira.



23 de diciembre de 2013

Cuentos de Eva Luna, I. Allende

Tú piensas en palabras, para ti el lenguaje es un hilo inagotable que tejes como si la vida se hiciera al contarla. Yo pienso en imágenes congeladas en una fotografía. Sin embargo, ésta no está impresa en una placa, parece dibujada a plumilla, es un recuerdo minucioso y perfecto, de volúmenes suaves y colores cálidos, renacentista, como una intención captada sobre un papel granulado o una tela. Es un momento profético, es toda nuestra existencia, todo lo vivido y lo por vivir, todas las épocas simultáneas, sin principio ni fin. Desde cierta distancia yo miro ese dibujo, donde también estoy yo. Soy espectador y protagonista. Estoy en la penumbra, velado por la bruma de un cortinaje traslúcido. Sé que soy yo, pero yo soy también este que observa desde afuera. Conozco lo que siente el hombre pintado sobre esa cama revuelta, en una habitación de vigas oscuras y techos de catedral, donde la escena aparece como el fragmento de una ceremonia antigua. Estoy allí contigo y también aquí, solo, en otro tiempo de la conciencia. En el cuadro la pareja descansa después de hacer el amor, la piel de ambos brilla húmeda. El hombre tiene los ojos cerrados, una mano sobre su pecho y la otra sobre el muslo de ella, en íntima complicidad. Para mí esa visión es recurrente e inmutable, nada cambia, siempre es la misma sonrisa plácida del hombre, la misma languidez de la mujer, los mismos pliegues de las sábanas y rincones sombríos del cuarto, siempre la luz de la lámpara roza los senos y los pómulos de ella en el mismo ángulo y siempre el chal de seda y los cabellos oscuros caen con igual delicadeza. Cada vez que pienso en ti, así te veo, así nos veo, detenidos para siempre en ese lienzo, invulnerables al deterioro de la mala memoria. Puedo recrearme largamente en esa escena, hasta sentir que entro en el espacio del cuadro y ya no soy el que observa, sino el hombre que yace junto a esa mujer. Entonces se rompe la simétrica quietud de la pintura y escucho nuestras voces muy cercanas.

–Cuéntame un cuento –te digo.
–¿Cómo lo quieres?
–Cuéntame un cuento que no le hayas contado a nadie.

19 de diciembre de 2013

Geometrías imprecisas, Flavia Ricci

No es que use las mismas palabras con las distintas personas,
es que en todas las personas veo un poquito de vos
y entonces les hablo con algunas palabras clave, ancladas
en tu historia y la mía:
permitime decir en la nuestra.
No es que llame a todas las personas para ver si aparece alguien,
es que te llamo a través de todas ellas, a vos.
Y lamento que no veas la diferencia
en ese trato especial
en ese lugar que ocupás
y de donde yo no te saco:
porque entonces
en tu creencia errada y errante, mezclás todo.
Y allí donde yo te proponía un círculo
vos me diste un triángulo
y justamente por eso, amor
ahora estamos en este cuadrilátero.
Geometrías imprecisas
¿Cómo creo en tus palabras?
si mezclás siempre todo
como si no pudieras ser vos
-y vaya que lo sos-
la persona en donde todo confluye.
Y justamente por eso,
la persona innombrable,
para que con algún truco lacaniano,
entonces, quizás, tal vez ...
no existas.

27 de noviembre de 2013

Abrazos, Flavia Ricci

Me dijiste que jamás nombraba
y empecé a nombrar
Me dijiste que pocas veces abrazaba
y con vos nunca fueron pocas las veces
Me dijiste que me iba a aburrir
y volé tan alto con vos
Me dijiste que te iba a dejar
y no fue el caso
tantas veces lo intenté
que sobrevuelo en solitario
desde que no estás conmigo
que temo más a tus respuestas
que a mis preguntas
que esperé no verte
más
y sin embargo ahora
ahora que hay un solo ahora
voy a levantar la vista
voy a abrazarte
que es lo que me sale de adentro
como cada vez que te veía
y voy a intentar sonreírte
como en cada encuentro
de días, noches, madrugadas
y repeticiones
La ciudad queda vacía
Con certezas de no verte
Sobrevuelo en solitario
Abrazos pendientes
Te llevás tanto de mí con vos
Tanto
Tanto.
Y yo también quedo un poco vacía
me voy un poco con vos
sin saber a donde
Palabras pendientes
Por hoy no tengo voz.



26 de noviembre de 2013

Cartas a Chepita, Jaime Sabines

“Tengo una gran ternura y un gran deseo de ti. Es inútil buscarte, inútil esperarte, no estás, no llegas. Tengo que escribirte estas cosas cuando quisiera no escribirte ni decirte nada, sino abrazarte y besarte en silencio, y mirarte, y sentirte a mi lado y estar juntos no más, así, todo el tiempo.”

El hilo rojo, Pedro de Miguel

“Le fui a quitar el hilo rojo que tenía sobre el hombro, como una culebrita. Sonrió y puso la mano para recogerlo de la mía. Muchas gracias, me dijo, muy amable, de dónde es usted. Y comenzamos una conversación entretenida, llena de vericuetos y anécdotas exóticas, porque los dos habíamos viajado y sufrido mucho. Me despedí al rato, prometiendo saludarle la próxima vez que le viera, y si se terciaba tomarnos un café mientras continuábamos charlando.
No sé qué me movió a volver la cabeza, tan sólo unos pasos más allá. Se estaba colocando de nuevo, cuidadosamente, el hilo rojo sobre el hombro, sin duda para intentar capturar otra víctima que llenara durante unos minutos el amplio pozo de su soledad”.

Castillos (en el aire), Flavia Ricci

Afinidades
yo creía encontrarlas en vos
vos las habías investigado en mí
antes
Confianza
yo creía que era compartida
vos en cambio la ignorabas
y el castillo crecía solo
casi por inercia
Con dos habitantes
que eran tan extraños
todo lo distante
se transformó en personal
pero aun así
mirándote cara a cara
siempre fuiste una farsa
las coincidencias forzadas
las sonrisas impuestas
tu rabia contenida
tus huidas y regresos
para buscar más farsas
de las que alimentarte
Y aprendí
que mi identidad no estaba a tu lado
que realidad y verdad
casi se peleaban
por el protagonismo 
mientras mi deseo corría desenfrenado
sin que la conciencia pusiera un límite
casi en el borde
o más allá
como en una caída libre
cuando un día
de repente
sin pensarlo
pero de alguna forma sabiéndolo
todo el castillo se derrumbó
como si fueran naipes
cayeron uno a uno
encima de mí
aplastaste con tu verdad
a mí confiada realidad
tus afinidades se separaron de las mías
y por tanto, ya no eran nuestras
mi seguridad a tu lado
fue escepticismo
y hasta la mentira 
se clavó como un puñal
Derrumbaste mis coincidencias
mi confianza
mi proyecto
mi fe
mis ilusiones
mi realidad
mi verdad
Pero
un día también
supe que eras objeto de mi deseo
y como una pieza de puzzle
te quité de mi vida
luego de varias despedidas
hubo una, la mía
que fue para siempre.
De vez en cuando escucho coincidencias
que prometen encuentros
pero camino muy cerca
para que no haya distancias
y para que verdad y realidad
vayan de la mano junto a mí.





Noches tresarroyenses, Flavia Ricci

Noche 1:

Él la siguió a ella, mientras ella lo miró extrañada y le dijo no. Había alguien que la esperaba, y cuando estuvo en sus brazos se quedó pensando en una tercera persona, mientras quien la esperaba se daba cuenta de que, aunque ella regresara a él cada noche, cada día, estar juntos no era sinónimo de encontrarse. Los dos en la cama, espalda con espalda, pensaban algo: él en por qué ella estaba tan ausente. Ella en su amor, distante, real. Solamente uno de los dos podía sonreír.

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Noche 2:

- Estamos distantes físicamente, por eso lo tuyo conmigo es imposible, sentenció ella y sus palabras golpearon duramente el corazón de su interlocutor. Sabía cómo lanzar palabras filosas como cuchillos.

- ¿Distantes? Nos vemos cada día.

- Estamos distantes físicamente porque no hay piel. Porque aunque estemos frente a frente, hay una distancia física insalvable.

25 de noviembre de 2013

La mujer justa, S. Márai

Las almas apasionadas son orgullosas, sufren muchísimo. Usted dice que quiere conquistar el corazón de su marido. También dice que su marido es una buena persona (...), pero tiene un secreto ¿Y cuál puede ser ese secreto? Por eso se debate usted, querida hija, le gustaría averiguar de qué se trata. Pero ¿no sabe que Dios nos ha dado a cada uno nuestra propia alma? Un alma llena de secretos, como el Universo ¿Por qué quiere usted averiguar lo que Dios ha ocultado en un alma?

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- Cometemos pecado cada vez que no nos contentamos con lo que el mundo nos ofrece de forma espontánea, con lo que una persona nos da libremente, es pecado siempre que tendemos una mano ávida hasta el secreto de otra persona (...) Quiere conquistar a su marido ... a pesar de que Dios ya ha dispuesto su vida en la tierra ¿No lo comprende?

- Sufro mucho, reverendo padre (...)

- Pues entonces sufra (...) ¿Por qué teme el sufrimiento? Es una llama que quemará su egoísmo y su orgullo (...) ¿Está usted segura de que su amor y su deseo son tan desinteresados y de verdad merece la felicidad?
 


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De pronto vemos con claridad todo el entramado de la vida: desaparecen entre bastidores personas que creíamos importantes y del fondo en sombras emergen otras de las que no sabíamos nada, pero en cuanto aparecen sabemos que estábamos esperándolas, y ellas a nosotros, en un destino común.


23 de noviembre de 2013

Charlas con Santiago, Flavia Ricci

Y pensaba ayer charlando con Santiago, cada uno frente a un café, en las posibilidades de lectura. Yo, que leo y simultáneamente reflexiono sobre lo leído cuando el texto lo amerita, que reflexión y lectura son partes del mismo proceso, durante la misma y él, que lee hasta el final y a partir de allí va hacia atrás con la memoria recogiendo trozos a tener en cuenta. Yo desgloso paso a paso el texto. Él lo desglosa hacia atrás una vez finalizado apelando a su memoria. La lectura como proceso. Y me quedé pensando que leo al revés de cómo escribo, que escribo todo de repente bajo el imperio de la pasión, como muchos desaconsejan, y quedan textos pequeños y abigarrados que luego complemento en charlas o reflexiones, sin letras escritas que agoté ya. La escritura como proceso. Charlas con Santiago.

22 de noviembre de 2013

Relato de playa con chicas, Flavia Ricci

Atardecía en aquel pueblo con mar, lejos, muy lejos cada una de sus casas. ELLA se encontraba junto a la playa con los ojos cerrados, escuchando cómo iba y venía el sonido de las olas, un poco como su vida, como todo. ella se sentó a su lado y la miró, pero ELLA no abrió los ojos, tan sólo sonrió sabiéndola cerca. Y así se quedaron las dos, cara al mar. El sol iba cayendo, al rato se fueron a preparar algo para comer. Era el día en que todo estaba por escribirse. "Me molesta que las visitas lleguen de otra ciudad un sábado", le había dicho ELLA una vez, por lo que ella siempre llegaba por la madrugada, los viernes, que ELLA consideraba el día en que todo está por escribirse, donde todo está en potencial, adelante, atrás. Donde ELLA podría tomarse el tiempo de descansar más y mejor que el resto de la semana.
Pasó la cena, el vino, una caminata, pasó la noche y llegó la madrugada. Y también llegó la mañana. Y el sol.

- Tratá de acordarte de este momento, de tu sonrisa, tranquilidad, plenitud, cuando dudes si volver a verme o no. Cuando dejes entrar en tu mente todos esos fantasmas que no te dejan ser feliz.

- No sé si he sido tan feliz acá, con vos. Le respondió ella.

ELLA sonrió y le mostró una fotografía de su celular, mientras ella dormía.

- Si podés tener esta misma paz en cualquier otro momento de tu vida, si lo has tenido, si lo tendrás, entonces podrás decirme que no has sido tan feliz en estos días de mar conmigo. Respondió ELLA tranquilamente, con esa media sonrisa que siempre tenía cuando decretaba algo inobjetable.

Y ella calló ...


21 de noviembre de 2013

El momento, Flavia Ricci

¿Cuándo fue el momento en que vos me abrazaste por primera vez?
¿Cuándo fue el momento en que comencé a ser yo quien te abrazaba primero?
¿Cuándo me transformé en la única que abrazaba?
¿Cuándo dejé de ver, por sentir tanto?
¿Cuándo volé tan alto tomando tu mano que no me di cuenta que te arrastraba, que vos no podías volar?
¿Cuándo empezamos a mirar para los lados?
¿Cuándo fue el momento, cuándo?
Porque sí recuerdo la terrible noche en que me di cuenta que todo era un cuento
me quedé esperando
un abrazo
un beso
y vos te diste la vuelta, como cada noche
desde hacía tanto
y ahí me di cuenta.

20 de noviembre de 2013

Columnas, Flavia Ricci

Yo
Que miré a tantos hombres de lado, por encima, debajo y detrás.
Que los vi pasar, permanecer, abandonar, agotarse
Conmigo
Yo
Que los observé segundos, minutos, horas y días enteros
Que creí conocerlos
Que creí decepcionarme
O me decepcioné con ellos
Y sin ellos también
Que bajé la vista para no ver
Ni mirar
Que cerré mis manos
Para que fueran puños
Que permanecí sola
Aun estando con tantas personas
Que sonreí, que disfruté, que reflexioné
Que transité otras aceras, géneros y realidades
Mientras ellos esperaban
Mientras ellos pacientemente esperaban
Mientras ellos contenían
Me contenían, como amigos
Todos esos hombres se levantan
Son columnas fuertes en mi vida
Todos esos brazos, abrazos, sonrisas, silencios y palabras
de todos esos hombres, queridos hombres
columnas de mi vida
Ironías del destino
Tanto alejarme y con las respuestas
frente a mis ojos
en mi ciudad adoptiva
tantas letras, palabras, silencios
Todo lo que ha quedado de aquellos momentos
es una explosión
pequeños trozos de momentos rondan
en órbita alrededor de mi cabeza
los veo pasar
a veces tomo un trocito
a veces lo uno con otro, o con varios
como piezas de un puzzle
y voy construyendo mis memorias
que arden a veces
que duelen otras
que satisfacen
que aman
que gritan
que silencian
que empiezan
o terminan
Los hombres se levantan como columnas
fuertes columnas
sólidas columnas
columnas amigas
a mi alrededor
con seguridad, amor, valentía
todo sentimiento.


11 de noviembre de 2013

Si te digo "ven", Flavia Ricci

Te hablo con mis palabras, te extiendo mi mano 
y te digo "ven"
Te miro a los ojos, te siento cercano
y te digo "ven"
Me temes, me alejo
no centro
hay mucho
sonrío
dudas
y te digo "ven"
con mi mano extendida
mirándote a los ojos
con media sonrisa
sin mucho tiempo
y te digo "ven"
Tienes que venir
tienes que hacerlo
si te digo
"ven"

6 de noviembre de 2013

Continente, Flavia Ricci

Ahora mis emociones vuelan donde sea
Porque ya no te nombro y VOS puede ser cualquier persona
Porque se escapan del continente que era tu nombre y apellido
Cuyo sonido solamente yo era capaz de escuchar
Ahora no es nada, no hay nadie, o hay varias personas
Ahora mis sentimientos remontaron vuelo
Hasta que alguien los llame a todos y cada uno de ellos
Hacia sí
Y tengan un límite
Y el VOS sea uno solo
El que ese nombre y apellido encierre
Y cuyo sonido, bajito pero certero, escuche dentro de mí.




Par, Flavia Ricci

Sos vos
¿yo?
Sí, vos.
Y se dio vuelta, mirando por encima de su hombro.

Sos vos, repetí.
¿yo?
Sí, vos.
No puede ser, me respondió.

Tanta gente, tantas cosas, tantos mundos.
vos
Y tomé su mano, y la miré entre las mías
Y corrimos por una playa anónima y desierta
Y en un momento sentí que corría detrás de mí, aunque no soltara mi mano
Entonces solté la suya, y se detuvo
Yo corrí a la misma velocidad pero ahora sola
Sin mirar atrás
Y tuve la sensación que me miraba allí mismo donde se había detenido
Y que yo necesitaba una mano sobre mi mano, dos manos juntas
Y corrí de ese lugar sin mirar atrás.
A aquel otro sitio, donde alguien va conmigo a la par.


5 de noviembre de 2013

Sal con una chica que lee, Rosemary Urquico

Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca. 

Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.

Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.

Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella. 

Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace. 

Por lo menos tiene que intentarlo.

Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo. 

Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos. 

¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la sagaCrepúsculo

Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.

Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.

Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.

Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

O mejor aún, a una que escriba.

Juro, Flavia Ricci

La mayoría de las acciones las realizamos por lo menos de a dos. 
Excepto reflexionar, que no sirve de nada si no nos lleva a la acción. 
Y esa acción probablemente será, por lo menos, 
teniendo en cuenta a alguien más.
(Flavia Ricci)

Juro que lo intenté, que me esforcé, que estuve hasta cuando no quería estar.
Juro que te esperé, que te soñé, que solamente pensaba en vos.
Juro que sonreí, juro que estuve allí, lo juro.
Juro que formaste parte de mis días y fuiste responsable de mis alegrías.
Juro que por verte pasé noches en vela, por si ...
Juro que fue duro darme cuenta de que era una ilusión. Y otra vez la canción sonaba en mi cabeza. Y era demasiado.
Juro que no mentí con cada palabra escrita.
Juro que iba a llevarte a volar. Lo juro.

Pero yo, enemiga de los adverbios de tiempo, condenada muchas veces por los verbos y aburrida de los sustantivos pude ver. Que necesito verte tanto que no me basta con esto de verte aunque no te mire. De condicionales sin presentes, de futuros que no llegan y se transforman en pasado a velocidad de la luz.
Juro que hubiera dado todo porque tuvieras al menos un poco de mi constancia. Lo juro. Juro que si te suelto no es porque no te quiera, sino porque así me siento más sola que sin vos. Juro que calaste tan hondo en mis días que no era todo igual. Y por hacer la diferencia te estaré siempre agradecida. Juro que fue duro darme cuenta, que con mi constancia no alcanzaba. Que no sirve comandar a solas un vínculo de a dos. Juro que tuve y tengo fuerzas suficientes, pero mayor es mi inteligencia para decirme que no es lo que necesito. Ojalá mis ausencias te significaran algo como a mí las tuyas. Juro que sí, que me pesan, que me arden por dentro.

Juro que hice lo posible, me conozco.
Juro que fue duro darse cuenta.
Lo juro.
Lo juro.


La importancia de llamar(se), Flavia Ricci

La importancia de llamarse, de nombrarse, de dar entidad a quiénes somos real y verdaderamente.
La importancia de llamarse, de mencionarse, de escuchar el sonido de nuestra identidad en todos sus aspectos.
La importancia de llamarse, de llamarse con la gente que nos acompaña y a la que queremos acompañar, de sentir esa reciprocidad que tiene que ver con dar y recibir. En definitiva, con el compartir. Llamarse, que nos llamen, llamar.
Acudir, encontrarse, encontrarse de verdad, en serio, predispuestos a ese encuentro. Encontrarse, hacer lo posible para que ocurra y, cuando están dadas las circunstancias, dar ese paso venciendo las distancias y encontrarse. Todo tiene su tiempo, y el tiempo no vuelve.
Soltar, soltar a quienes no nos ofrecen esa reciprocidad, ese entusiasmo, esa decisión. Y apostar todo por las personas que están, porque solamente lo auténtico queda en pie. Apostar por lo real, por los abrazos, los besos, las caricias, las sonrisas dormidas y despiertas. Apostar por lo auténtico.
Llamarse, la importancia de llamarse. De encontrarnos con que fuimos capaces, con que fueron capaces quienes están a nuestro lado. 
Eso es lo que he encontrado durante este año en donde aprendí a apostar por lo real, y dentro de lo real por lo presencial. Que aprendí a distinguir realidad de verdad. Que aprendí de la importancia de llamarse, mirar a nuestro lado y enorgullecernos de quienes están ahí, firmes, llamándonos. 


Quizás esto me ha hecho más medida, pero a la vez mucho más focalizada. No he dejado de hacer cosas, sino que he aprendido a hacerlas por aquellas personas que están a mi lado y apuestan por mí. No puedo ni quiero convencer a nadie de hacer cosas, no tengo tiempo para eso. Quiero personas que estén a mi lado sin que las llame. Incluso llamándolas. Quiero ver sus manos extendidas de la misma forma que están las mías. Quiero gente valiente. Quiero gente sana. Quiero gente en paz.
Aprendí finalmente a soltar a quienes no entran en este círculo de bienestar. Aprendí a focalizarme.
Esto es lo que he aprendido durante todo este año.
Esto es lo que trajo consigo noviembre.
Esto es lo que es.