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28 de marzo de 2014
La caverna, J. Saramago
Me apuesto la cabeza a que ha pasado esto, murmuró el alfarero, y entonces se sintió muy cansado, no por haber forzado demasiado la mente, sino por comprobar que el mundo es así, que las mentiras son muchas y las verdades ninguna, o alguna, sí, deberá de andar por ahí, pero en cambio continuo, tanto que nos da tiempo a pensar en ella en cuanto verdad posible porque tendremos que averiguar primero si no se tratará de una mentira probable.
24 de diciembre de 2013
Tuya y mía, Flavia Ricci
Tuya y mía
para siempre
un año
encima
de frente
atrás
a un lado
así has estado
con misterios
de mentira
con palabras
de mentira
con amores
de mentira
con una farsa que sí
era de verdad
y con este sentimiento
que era tan fuerte
de mi parte
pero tan solitario
tan unilateral
que quedó solo
frente a tu cínica sonrisa
tus oscuros principios
tu mundo hostil
ahora me pregunto
sabiendo incluso la respuesta
cómo pude creer
qué buscaba.
Tu palabra que coincidió con la mía
tu momento con el mío
tu deseo con el mío
tus días y noches con los míos
tuya y mía
para siempre
hubo un quiebre
donde no necesitaste mentirme más
era insostenible
donde te fuiste despojando
de tus palabras
o dejándolas vacías
y yo me preguntaba
viendo sus cascarones
qué contenido encerraban
por qué no estaba allí el significado
por qué amor, era tan vacío
si antes, poco antes,
esa palabra lo abarcaba todo
y cuando allí penetraba
encontraba sin dudarlo su significado
que tanto, tanto, tenía que ver con vos
Tuya y mía
para siempre
Mentira
era todo, todo
una gran mentira.
para siempre
un año
encima
de frente
atrás
a un lado
así has estado
con misterios
de mentira
con palabras
de mentira
con amores
de mentira
con una farsa que sí
era de verdad
y con este sentimiento
que era tan fuerte
de mi parte
pero tan solitario
tan unilateral
que quedó solo
frente a tu cínica sonrisa
tus oscuros principios
tu mundo hostil
ahora me pregunto
sabiendo incluso la respuesta
cómo pude creer
qué buscaba.
Tu palabra que coincidió con la mía
tu momento con el mío
tu deseo con el mío
tus días y noches con los míos
tuya y mía
para siempre
hubo un quiebre
donde no necesitaste mentirme más
era insostenible
donde te fuiste despojando
de tus palabras
o dejándolas vacías
y yo me preguntaba
viendo sus cascarones
qué contenido encerraban
por qué no estaba allí el significado
por qué amor, era tan vacío
si antes, poco antes,
esa palabra lo abarcaba todo
y cuando allí penetraba
encontraba sin dudarlo su significado
que tanto, tanto, tenía que ver con vos
Tuya y mía
para siempre
Mentira
era todo, todo
una gran mentira.
26 de noviembre de 2013
El hilo rojo, Pedro de Miguel
“Le fui a quitar el hilo rojo que tenía sobre el hombro, como una culebrita. Sonrió y puso la mano para recogerlo de la mía. Muchas gracias, me dijo, muy amable, de dónde es usted. Y comenzamos una conversación entretenida, llena de vericuetos y anécdotas exóticas, porque los dos habíamos viajado y sufrido mucho. Me despedí al rato, prometiendo saludarle la próxima vez que le viera, y si se terciaba tomarnos un café mientras continuábamos charlando.
No sé qué me movió a volver la cabeza, tan sólo unos pasos más allá. Se estaba colocando de nuevo, cuidadosamente, el hilo rojo sobre el hombro, sin duda para intentar capturar otra víctima que llenara durante unos minutos el amplio pozo de su soledad”.
14 de diciembre de 2007
Windows, Al-Taïr
Mientras, y digo mientras porque esto es un paréntesis tan breve como artificial, vos fingís seguridad y bajás ventanas, yo me sumerjo en mi más profunda incertidumbre. Tu temor a que vea, que te lleva a ocultar, mi incertidumbre cobra un perfil cada vez más claro y amoldo, rearmo, mi hipocresía. Nos miramos, sonreímos y hacemos el amor. Pero me dejás claro cada vez que no hay nada entre tu mirada y la mía. Temés ¿temo yo? Me enseñaste a ser segura sin darme seguridad. Y ahora, que llega ese tiempo de observar, las cosas son raras. Me acuesto, miro el techo, llega la noche, salgo. Me sumerjo en la noche, que quiero compartir con todos menos con vos. Me sumerjo en compañías que me brindan lo que vos no, por tu temor. Cae una ventana, cae un pedazo dentro mío: de confianza, de esperanza, de expectativa. Me sumerjo buscando brazos, besos, vasos. Me sumerjo en una noche conocida y aun así sorpresiva. Poniendo en riesgo mi sensibilidad, regalando mi antigua fidelidad. Y llego sucia de manos y mentes, de noche y de rostros. Vos simplemente me ves y bajás otra ventana. Yo quiero correr, pero es de día. Y simplemente me tiendo en la cama. Y quiero llorar.
Etiquetas:
desamor,
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27 de agosto de 2007
Adiós, de autor desconocido
No he dejado de quererte, sólo he dejado de mentirte.
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