Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan. Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen.Escucharía cuando los demás hablan y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate!Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma.Dios mío si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que les ofrecería a la luna. Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos... Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida... No dejaría pasar un sólo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer u hombre que son mis favoritos y viviría enamorado del amor.A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse!A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar. A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido. Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres...He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.
Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas.Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma.Si supiera que esta fuera la última vez que te vea salir por la puerta, te daría un abrazo, un beso y te llamaría de nuevo para darte más.Si supiera que esta fuera la última vez que voy a oír tu voz, grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez indefinidamente.Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo diría "te quiero" y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré. El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo. Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles "lo siento", "perdóname", "por favor", "gracias" y todas las palabras de amor que conoces. Nadie te recordará por tus pensamientos secretos. Ten la fuerza y sabiduría para expresarlos. Demuestra a tus seres queridos y amigos cuanto te importan.
31 de diciembre de 2012
10 de diciembre de 2012
Todas mis voces: solamente vos, Flavia Ricci
"Cuando se fue de la pieza era casi de madrugada,
y yo ya ni sabía llorar"
(Rayuela, J. Cortázar)
Lloré aquella noche cuando sentí que los mares, todos mis mares, golpeaban contra las piedras sin freno ni dirección. Lloré cuando pasaban las diapositivas de todo lo que quería hacer, con una persona, con esa persona, con ella. Lloré sumergiendo mi cara en la almohada y pensando "por fin la encontré", porque sabía que era la persona buscada, perdida, por fin hallada. Lloré por su presencia, lloré previendo su ausencia, lloré por si alguna vez no estaba en mi vida y, en definitiva, lloré pensando lo que la necesitaba. Repentinamente me enfrenté al significado de encontrarse, de aferrarse, de fundirse. Lloré cuando vi los vasos, besos y sábanas del pasado irse en retirada para siempre. Lloré sintiéndome tan pequeña y vulnerable como para permitirme elegir. Elegir a una persona, a esa persona, a ella. Todos los mares, mis mares, todos los fuegos, mis fuegos, todos los deseos, mis deseos. Todos los amores, en un solo amor. Quizás por eso es que me atravesó esta certeza que me dejó ciega y muda, tan solo con una emoción que venía de muy dentro, de mucho tiempo atrás. Y que me decía que por fin, nos habíamos encontrado.
y yo ya ni sabía llorar"
(Rayuela, J. Cortázar)
6 de diciembre de 2012
Muro, Flavia Ricci
Hizo un gran esfuerzo por tejer una relación conmigo. No le gustaba la palabra construir, siempre hablaba de redes. Quizás con el tiempo vea mis esfuerzos como pocos o insuficientes y los suyos muchos y grandes. Lo cierto es que yo era incapaz de ser puente, era un muro. Un muro frente al cual no se podía dialogar, ni convenir, ni consensuar. Releyendo sus palabras supe que le di confianza como nadie, que salió de su descreída vida amorosa, que caminó de mi mano porque yo, aunque completamente insegura de estar con él y sin apostar mucho por la relación, sí quise ayudarlo. Y eso fue real. Real como aquello que me dijo, que después de Barcelona todo había sido una ficción de mi parte, que se había roto todo, aunque yo continuara. Continué para ayudarlo a ser mejor persona, para darle un empuje, para que aprendiera a caminar y se preparara, en lo posible, para hacerlo sin mí. Quizás, probablemente, tendría que haber pactado con él una amistad, pero su intelecto, sus ojos claros, su compañerismo me pudieron. Sus palabras me llevaban por laberintos de donde no quería salir. Y quizás, entonces, no me quedó otra opción que ser una mala pareja para que se despegara de mí, para no volver más, ni siquiera como amigo. Mal asunto. No debí transitar ese camino. Pero ¿cómo iba a saberlo? Si en aquel momento yo era un muro, que no un puente. Un muro incapaz de verse, porque tenía pegado un espejo. Donde miraba a los demás, con tal de no verse. Muro amurallado, muro impenetrable. Muro al fin.
4 de diciembre de 2012
Otro adiós, Flavia Ricci
Con la misma sonrisa de la primera vez que te vi, te miré. Venías a despedirte, y yo quería decirte adiós. Te abracé, cómo no hacerlo. Y otra vez la separación. Jamás toleré verte partir, pero esta vez era la última, así es que miré tu espalda alejarse por mi calle. Y en un momento te giraste, levantaste tu mano, dibujaste tu mejor sonrisa y me dijiste adiós con los labios, sin pronunciar palabra. Bonito, que te vaya muy bien, bonito.
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2 de diciembre de 2012
Déjame sueltas las manos, P. Neruda
DÉJAME sueltas las manos
y el corazón, déjame libre!
Deja que mis dedos corran
por los caminos de tu cuerpo.
La pasión —sangre, fuego, besos—
me incendia a llamaradas trémulas.
Ay, tú no sabes lo que es esto!
Es la tempestad de mis sentidos
doblegando la selva sensible de mis nervios.
Es la carne que grita con sus ardientes lenguas!
Es el incendio!
Y estás aquí, mujer, como un madero intacto
ahora que vuela toda mi vida hecha cenizas
hacia tu cuerpo lleno, como la noche, de astros!
Déjame libre las manos
y el corazón, déjame libre!
Yo sólo te deseo, yo sólo te deseo!
No es amor, es deseo que se agosta y se extingue,
es precipitación de furias,
acercamiento de lo imposible,
pero estás tú,
estás para dármelo todo,
y a darme lo que tienes a la tierra viniste—
como yo para contenerte,
y desearte,
y recibirte!
y el corazón, déjame libre!
Deja que mis dedos corran
por los caminos de tu cuerpo.
La pasión —sangre, fuego, besos—
me incendia a llamaradas trémulas.
Ay, tú no sabes lo que es esto!
Es la tempestad de mis sentidos
doblegando la selva sensible de mis nervios.
Es la carne que grita con sus ardientes lenguas!
Es el incendio!
Y estás aquí, mujer, como un madero intacto
ahora que vuela toda mi vida hecha cenizas
hacia tu cuerpo lleno, como la noche, de astros!
Déjame libre las manos
y el corazón, déjame libre!
Yo sólo te deseo, yo sólo te deseo!
No es amor, es deseo que se agosta y se extingue,
es precipitación de furias,
acercamiento de lo imposible,
pero estás tú,
estás para dármelo todo,
y a darme lo que tienes a la tierra viniste—
como yo para contenerte,
y desearte,
y recibirte!
El misterio de las cosas, Alberto Caeiro
El misterio de las cosas, ¿dónde está?
¿Dónde está él que no aparece
por lo menos para mostrarnos que es misterio?
¿Qué sabe el río y que sabe el árbol?
Y yo, que no soy más que ellos, ¿qué sé de eso?
Siempre que miro las cosas y pienso en lo que los
hombres piensan de ellas,
río como un riacho que suena fresco en una piedra.
¿Dónde está él que no aparece
por lo menos para mostrarnos que es misterio?
¿Qué sabe el río y que sabe el árbol?
Y yo, que no soy más que ellos, ¿qué sé de eso?
Siempre que miro las cosas y pienso en lo que los
hombres piensan de ellas,
río como un riacho que suena fresco en una piedra.
Porque el único sentido oculto de las cosas
es no tener ningún sentido oculto.
es más extraño que todas las extrañezas
y que los sueños de todos los poetas
y los pensamientos de todos los filósofos
que las cosas sean realmente lo que parecen ser
y no haya nada que comprender.
es no tener ningún sentido oculto.
es más extraño que todas las extrañezas
y que los sueños de todos los poetas
y los pensamientos de todos los filósofos
que las cosas sean realmente lo que parecen ser
y no haya nada que comprender.
Sí, he aquí lo que mis sentidos aprendieron solos:
Las cosas no tienen significación: tienen existencia.
Las cosas son el único sentido oculto de las cosas.
Las cosas no tienen significación: tienen existencia.
Las cosas son el único sentido oculto de las cosas.
Cuando la hierba crezca encima de mi sepultura.
sea ésa la señal para que me olviden del todo.
La naturaleza nunca se acuerda, y por eso es bella.
Y si tuvieran la necesidad enfermiza de “interpretar”
la hierba verde sobre mi sepultura,
digan que continúo para verdecer y ser natural.
sea ésa la señal para que me olviden del todo.
La naturaleza nunca se acuerda, y por eso es bella.
Y si tuvieran la necesidad enfermiza de “interpretar”
la hierba verde sobre mi sepultura,
digan que continúo para verdecer y ser natural.
Fuera de lugar, Flavia Ricci
Buscaba un lugar
Diferente del que tengo
Con una persona al lado
Encima
Debajo
Delante
Detrás
Busqué un lugar
Y me moví del mío
De eso se trataba
De estar en otra posición
Pero ese sitio estaba ocupado
O libre pero no era para mí
En cualquier caso
La Dama regresa al casillero de antes
Al lado del Rey
Con los peones delante
Y ese séquito de gente
Que nunca, jamás
Podría sacarla de su sitio
Tranquilo
Calmo
Feliz.
Dragón de fuego, Flavia Ricci
El dragón de fuego despliega casi sin querer sus alas y vuela alto, y lejos, hacia sí mismo. Vuela para ver más allá, vuela para ver la realidad. Y regresa a su refugio con las alas rodeándole el cuerpo para protegerlo, así descansa este dragón. Vuela alto, Al-Taïr, vuela muy alto dragón, lejos de todo y de todos, contigo mismo y tus deseos. Lo ha visto todo, todo lo que ha querido. Ha caído y se ha levantado en su inmediata soledad. Extiende sus alas, intenta llegar, mira hacia arriba y se lanza como un ave rapaz en busca de su presa, que no opone resistencia. Es todo tan fácil, el dragón puede saciar su sed. Y volver a pesar sólo en sí, otra vez en sí mismo, solamente en sí mismo. Un estado cómodo en donde no puede ser cazado. Dragón fuerte, extremadamente intuitivo, perseverante. Mira atento hacia abajo desde su refugio, con las alas rodeándole el cuerpo y dándole calor. Mira nuevamente a los lados, los lados del centro. No es que trastabille, el dragón todo lo acierta. El dragón todo lo aprende. Y por eso es el amo, aunque nadie sepa ni piense jamás en las heridas que conlleva serlo. Eso se queda bien dentro, con el dragón, dragón de fuego.
1 de diciembre de 2012
Miradas, Flavia Ricci
Iba por la calle luego de su última ruptura. La cabeza baja, mirando hacia la vereda no mucho más lejos que por donde andaban sus pies. El ceño fruncido, pensando en todo lo hecho y dicho, en que ya no iba a ser. De repente recordó cuántas personas se habían atrevido, en un acto de generosidad y simpatía, a tomarle delicadamente el mentón y levantarle la cabeza, para unir las miradas. Lo pensó por todas esas veces en que no había sido capaz de mirar a la gente a los ojos, de levantar la mirada, de focalizar. Y fue poco a poco levantando la cabeza y mirando hacia el frente y hacia los lados, queriendo abarcarlo todo, mientras caminaba. Había aprendido, por fin, que mirando hacia abajo no se lograba nada, que esperando que otras personas le levantaran la cabeza para buscarle su mirada tampoco. Pero ir por la vida con la cabeza bien alta, mirando alrededor, eso podía hacer y seguramente haría que en cualquier momento se cruzara con una de esas miradas fulminantes, que ella jamás dejaba pasar. Y volvió a sonreír.
Para ERZ.
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30 de noviembre de 2012
Juntos a la par, Flavia Ricci
Ella era para él un lugar donde ir a revertir sus huecos. Él se transformó para ella en un quiste que sobresalía en su vida. Y se notaba. Él buscaba llenar esos vacíos con ella. De la piel hacia adentro. Ella quitarse lo que le sobraba. De la piel hacia afuera. No estaban en un mismo nivel, uno buscando sumergirse y el otro queriendo volar. Hasta que un día ella vio más allá, otra persona, una mirada bastó. Para reconocerse en la chispa de sus ojos y tomarlo de la mano sonriendo. Fueron a la playa, a una playa desierta y amplia en donde no había nadie. Solamente el sonido de las gaviotas a lo lejos y las olas yendo y viniendo bañando la orilla virgen. Se recostaron al sol. Él apoyó su cabeza en el pecho de ella y la abrazó. No quiso sumergirse, ella lo supo y el corazón le dio un vuelco. Quiso estar con ella, simplemente, al mismo nivel. Juntos, a la par.
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| Playa para dos |
22 de noviembre de 2012
Más allá, Flavia Ricci
Me deslicé hacia tu cintura en el mismo momento en que me miraste a los ojos. Quedé fascinada por tu lucidez, tus palabras despreocupadamente sensuales que lanzaste al aire y dieron directo conmigo. Como un golpe de suerte, ahí estabas. Tus apariciones esporádicas pero suficientes para hacerme volar. No sé cómo o cuándo pasó, pero sonrío porque haya sucedido. Inteligente. Persona clara y directa. Persona de mundo. Que intento atraer porque me siento atraída. Las palabras se deslizan y van .... hacia vos, con mi mejor sonrisa y mis mayores ganas. No puedo detenerme.
21 de noviembre de 2012
Singular, Flavia Ricci
Encima tuyo derramo todo mi deseo, todas mis búsquedas, que hallan el encuentro. Entre tu cuerpo y el mío las distancias se funden hasta causarnos gracia. Claramente veo por dónde voy y hasta dónde llegar. Me viene de años, de muchos años atrás, lo que siempre quise hacer, donde siempre quise estar. En tu cuerpo descanso y en tu mente me duermo mientras me sueñas tranquilamente cada noche de tu vida. Te he encontrado, milagrosamente, por fin. Y por fin, por fin puedo querer sin treguas ni dudas. Por fin te he encontrado, amor, amor de mi vida. Único, intransferible y reconfortante amor. Por fin.
20 de noviembre de 2012
Así, Flavia Ricci
Todo aquello que en tu presencia hice despreocupadamente. O no debiera decir despreocupadamente, pero sí sin la preocupación de que fuera por única vez, en tu ausencia se vuelve irreductible, allí, sólido. Regreso por el camino que poco antes hicimos, entro a casa y miro los vasos de los que poco antes bebimos, los platos que poco antes usamos. Y arde tu ausencia, me quema por dentro. Agudizo los sentidos para tratar de captar todo aquello que queda en el aire y en mi piel de vos, sé que es solamente un consuelo, pero es una forma de no perderte de repente. Poco a poco se despiden los aromas, las marcas, y me voy resignando a tu presencia a distancia, por momentos.
Pero es tan diferente tu presencia día a día y cara a cara en mis días, son tan distintos mis días con tus ojos mirándome, tus manos buscándome, todo tu cuerpo, en suma, cerca de mí, que te busco hasta en los rincones más raros, donde quizás antes estuviste despreocupadamente y de repente ahora todo aquello se vuelve tan único.
Quisiera guardar como en un museo todo lo que mi vista recorre, todo lo que vos tocaste, todo lo que pisaste. Me debato entre recorrer los recuerdos, producto de lo que día a día hemos ido construyendo o dejarlos aparcados, temerosa de no poder afrontarlos. Y voy pasando los días entre la esperanza de volver a verte, y de que sea para siempre, y verte de a pedacitos y a distancia en el mientras tanto. Voy como caminando a tientas, hasta vos.
Y sin embargo cuando aparecés todo, lo grande y lo pequeño, cobra otra dimensión. El cordón de la vereda, la entrada de mi casa, las esquinas de mi ciudad, los mediodías, el sol de la tarde, la playa de Claromecó. Cuando me giro y te veo es tan claro mi sentimiento, mi fortaleza, mis ganas, que casi no puedo hablar. Y agradezco a la vida, a quién más, el haberte reencontrado en este momento mío, tan en paz y armonía y con tantas ganas de estar con vos, solamente con vos, para siempre con vos.
Quisiera guardar como en un museo todo lo que mi vista recorre, todo lo que vos tocaste, todo lo que pisaste. Me debato entre recorrer los recuerdos, producto de lo que día a día hemos ido construyendo o dejarlos aparcados, temerosa de no poder afrontarlos. Y voy pasando los días entre la esperanza de volver a verte, y de que sea para siempre, y verte de a pedacitos y a distancia en el mientras tanto. Voy como caminando a tientas, hasta vos.
Y sin embargo cuando aparecés todo, lo grande y lo pequeño, cobra otra dimensión. El cordón de la vereda, la entrada de mi casa, las esquinas de mi ciudad, los mediodías, el sol de la tarde, la playa de Claromecó. Cuando me giro y te veo es tan claro mi sentimiento, mi fortaleza, mis ganas, que casi no puedo hablar. Y agradezco a la vida, a quién más, el haberte reencontrado en este momento mío, tan en paz y armonía y con tantas ganas de estar con vos, solamente con vos, para siempre con vos.
15 de noviembre de 2012
Palabras cruzadas, Flavia Ricci
- Y ahí comenzó lo raro. Le dijo sin más mientras los dos miraban al horizonte.
- ¿Pero cómo lo raro? ¿Qué es lo raro?
- Palabras cruzadas, le llamaba yo.
- Ajá.
- Me refiero a que en un determinado momento, que hasta puedo decirte que fue después de tomarnos nuestro primer café juntos, ella comenzó a cruzar las palabras.
- Ahí sí que no te sigo.
- A cruzarlas, con las que yo le había dicho, y con las que ella misma me había dicho. Se cruzaban, se encontraban, algunas chocaban, otras se esquivaban, se perdían. No sé cómo decirte. Pero a partir de ese momento en vez de aclararse todo se enrrareció.
- ¿No serás vos el cruzado?
- No sé che, puede ser. Pero las palabras me jugaron una mala pasada. Yo las tenía a todas en fila, preparadas las frases. No te voy a decir que la tengo clara, vos sabés que las palabras no son lo mío, si hasta tengo grandes faltas de ortografía. Pero qué sé yo, las pocas palabras que tenía en la cabeza, lo que siempre había querido decirle a ella, se me atragantó. Me salieron algunas palabras, que ahora preferiría no haber dicho. Y justo, justo, las que tendría que haber dicho, no las dije.
- ¿Y cuáles son esas palabras, si se puede saber?
- Dije justo las palabras de un hombre enamorado. Y no sé, me parece que tendría que haber sido más discreto, no irme de cabeza.
- ¿Por?
- Y ... porque ella después de ese primer café me miró, se levantó, intercambiamos algunas palabras y nunca más me volvió a hablar.
- ¿Pero cómo lo raro? ¿Qué es lo raro?
- Palabras cruzadas, le llamaba yo.
- Ajá.
- Me refiero a que en un determinado momento, que hasta puedo decirte que fue después de tomarnos nuestro primer café juntos, ella comenzó a cruzar las palabras.
- Ahí sí que no te sigo.
- A cruzarlas, con las que yo le había dicho, y con las que ella misma me había dicho. Se cruzaban, se encontraban, algunas chocaban, otras se esquivaban, se perdían. No sé cómo decirte. Pero a partir de ese momento en vez de aclararse todo se enrrareció.
- ¿No serás vos el cruzado?
- No sé che, puede ser. Pero las palabras me jugaron una mala pasada. Yo las tenía a todas en fila, preparadas las frases. No te voy a decir que la tengo clara, vos sabés que las palabras no son lo mío, si hasta tengo grandes faltas de ortografía. Pero qué sé yo, las pocas palabras que tenía en la cabeza, lo que siempre había querido decirle a ella, se me atragantó. Me salieron algunas palabras, que ahora preferiría no haber dicho. Y justo, justo, las que tendría que haber dicho, no las dije.
- ¿Y cuáles son esas palabras, si se puede saber?
- Dije justo las palabras de un hombre enamorado. Y no sé, me parece que tendría que haber sido más discreto, no irme de cabeza.
- ¿Por?
- Y ... porque ella después de ese primer café me miró, se levantó, intercambiamos algunas palabras y nunca más me volvió a hablar.
9 de noviembre de 2012
Eterna, Flavia Ricci
Y si bien me fascina ese momento del día en que va cayendo el sol, se va haciendo la noche y planificamos comidas, bebidas y sonrisas. Y si bien me encanta -porque es un encantamiento- que después de medianoche todo nos invite a ir a dormir. Y si bien es mágico saber que queda toda esa noche por delante y que al despertar, a la mañana siguiente, vos vas a estar allí a mi lado ...
por otra parte me resisto a cerrar los ojos, a dar este día por pasado, porque quiere decir que mañana será un día menos contigo. Y yo quiero todos los días con vos, ninguno menos, todos por delante. Así es que me quedaría con los ojos abiertos desde tu llegada hasta tu partida, incluso cuando ya no partas, desde un día hasta otro pasando por cada una de las noches a tu lado, en una contemplación eterna porque no me termino de creer que estés a mi lado, conmigo, real.
Y con todos los días y las noches nuestros, por delante, por escribirse, con vos.
por otra parte me resisto a cerrar los ojos, a dar este día por pasado, porque quiere decir que mañana será un día menos contigo. Y yo quiero todos los días con vos, ninguno menos, todos por delante. Así es que me quedaría con los ojos abiertos desde tu llegada hasta tu partida, incluso cuando ya no partas, desde un día hasta otro pasando por cada una de las noches a tu lado, en una contemplación eterna porque no me termino de creer que estés a mi lado, conmigo, real.
Y con todos los días y las noches nuestros, por delante, por escribirse, con vos.
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7 de noviembre de 2012
Volver al ruedo, Flavia Ricci
Quizás, en un estado así mitad calor mitad más, necesite estar así. Quizás, en este estado sin red necesite estar con vos. Hablando por hablar, hablando de Borges y Saki. Me arrepiento ¿estoy a tiempo? de haber dejado pasar tu simpatía, o haberla trabado con mi seguridad. Ya no está, esa seguridad se ha ido porque sé que ella juega conmigo, que juega una vez y otra más. Miro al costado, miro al frente, no me da lo que necesito, solamente lo que quisiera. Pero lo que quisiera es tan potencial que nace y muere en mi mente, donde todos han caído. Dejame que por lo menos te recuerde. Ya que con mi seguridad, te he dejado marchar. Tonta de mí. Tonta.
6 de noviembre de 2012
La magia de la niñez, G. Bergsson
Ya antes de tumbarme a descansar, era evidente no sólo que el cuerpo notaría que estaba recuperando una posición perdida, sino que la mente vería con claridad, al despertar por la mañana, que había gozado de aquel sueño perdido y vivificante que había echado en falta durante años, y todo parecía suspirar de alegría y alivio. De modo que el sueño no habita ni en su propia vida interior ni en las complejidades de los sentimientos disfrazados de sueños, sino que más bien depende de la postura del cuerpo en el lecho de nuestra infancia, de la dirección a la que apuntan los pies o la cabeza.
1 de noviembre de 2012
Huellas en el tiempo, Flavia Ricci
¿Te acordás, podés recordar lo que hacías en esta misma franja horaria, hace un mes? Yo sí, disfruto cerrando los ojos y recordándolo. Vos tomabas mi mano, por primera vez. Presté tanta atención cuando pasaba, me importaste tanto, que grabé todo aquello y es gracias a eso que ahora puedo rememorarlo como si estuvieras acá ¿Te acordás, podés recordar, aquello? Vos tomabas mi mano por primera vez, y yo sonreía. Sabía que iba a terminar, sabía que sería únicamente yo quien lo recordaría un mes después, pero aun así lo vivimos, sé que fue real ¿Te acordás, podés recordar aquello? Vos tomabas mi mano por primera vez. Y hoy, simplemente no. Ya no habrá primera vez, ya probablemente lo hayas olvidado, ya mi mano se mece sola a miles de kilómetros de las tuyas, vagando en un aire con mar, cerca de la playa. Miro estas huellas, estas marcas de mis manos donde alguna vez posaste la tuya. Te recuerdo con la certeza de que fue real, que estuviste dentro de mí. Sé que esta mano siempre guardará, en sus huellas, el día en que vos tomaste por primera vez mi mano. El día en que yo sonreía.
| Mano desenfocada |
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31 de octubre de 2012
Pasado imperfecto, Flavia Ricci
Acaso a veces se crea que hablar de los demás no es hablar de nosotros mismos, cuando una de las pocas cosas que hablan de nosotros, es hablar de los demás. Hablame de vos, hablame de aquellos y aquellas que estuvieron antes que yo en tu vida, y que quizás hoy en día aun estén. Hablame de vos, a través de esos otros con quienes compartiste parte de tus días, tus ilusiones, fracasos, sueños, desamores. Hablame de vos, es la única forma de construir un nosotros. Te hablaré de mí, sabiendo que dentro de mí hay otros, anteriores, a vos. Me hablarás de vos, sabiendo que antes de mí hay otros. Hablaremos de vos y de mí. Y será a través de esos otros y otras que podremos construir un nosotros. Es, de alguna forma, gracias a los otros y otras que no están, que forman parte del pasado, un pasado tuyo, un pasado mío, que ahora, hacia adelante, hay un futuro, un futuro nuestro.
18 de octubre de 2012
Frenar, Flavia Ricci
Frenar, de golpe, de repente
Ir corriendo y frenar
aunque duelan las piernas
aunque se fuercen los músculos
frenar
quizás sin chocar
o habiendo chocado
cerrar los ojos,
sentir el viento
abandonarse
dejar lo conocido
por lo desconocido
dejar las caras familiares
por las que no reconocemos
Frenar
quizás habiendo chocado
o no, pero frenar
vuelvo en mí
me despierto
no sé qué dije
no sé con quién
no sé qué hacía
abro los ojos
vuelvo en mí
freno
freno a tiempo
me reconozco
soy yo.
Ir corriendo y frenar
aunque duelan las piernas
aunque se fuercen los músculos
frenar
quizás sin chocar
o habiendo chocado
cerrar los ojos,
sentir el viento
abandonarse
dejar lo conocido
por lo desconocido
dejar las caras familiares
por las que no reconocemos
Frenar
quizás habiendo chocado
o no, pero frenar
vuelvo en mí
me despierto
no sé qué dije
no sé con quién
no sé qué hacía
abro los ojos
vuelvo en mí
freno
freno a tiempo
me reconozco
soy yo.
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