Aprender a descender escalón por escalón
y detenerse en cada uno,
para mirar desde cada uno el horizonte,
no el siguiente escalón.
Sólo así no rodaremos:
cada horizonte nos sostendrá hasta el siguiente.
Y al bajar al último escalón,
aunque ya no necesitemos horizontes,
el último suavizará el descenso,
la bajada de quien prefirió otear los horizontes
antes que vigilar cada paso hacia abajo
por temor a caer.
Sólo las miradas más largas
pueden abarcar lo más próximo.
30 de septiembre de 2013
12 de septiembre de 2013
No te rindas, Mario Benedetti
No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.
11 de septiembre de 2013
Después, ahora y todavía; Flavia Ricci
Es después, después, y después. El ahora es después, después de vos. Nado alejándome sin mirar atrás en el mundo del después, que es mi ahora, que es ahora. Y vos tratándome de hacer volver, con tu todavía, con tu ahora, ahora todavía en plural. Y yo pienso en mí, primera persona del singular, despegada y habiéndote soltado para siempre. Recordándote de tanto en tanto. Nado hacia el ahora, después del después. Después de vos, que jamás vas a ser mi ahora todavía, no más.
9 de septiembre de 2013
Entrada triunfal, Flavia Ricci
En algún momento de nuestra vida sentimos que la mirada de esa persona se clava en nosotros. Y que toda su atención confluye allí. En algún momento de nuestra vida la cornisa se transforma en planicie y podemos ver más allá. En algún momento de nuestra vida todos los satélites confluyen en un planeta y giran a su alrededor. En algún momento de nuestra vida tenemos la posibilidad de hacer la entrada triunfal en la vida de una persona y hasta quizás le abramos de par en par las puertas de la nuestra. En algún momento de nuestras vidas un café se transforma en un llamado y un llamado en una cena y una cena en un amanecer. Y es real. Y es verdadero. Simplemente es.
7 de septiembre de 2013
Fonética, Flavia Ricci
Enfrentar, afrontar, mirar a los ojos, fijarlos y poder seguir. Avanzar. Su nombre se pronunciaba exactamente igual como el de aquella persona que no quería nombrar. Fonética irreductible, sonidos indómitos. Recuerdos tramposos. Las dos personas, pretérito y presente, se convirtieron en innombrables. De momento la fonética marcaba ruido, y no sonido. Por el momento, prefería no mencionar su nombre.
3 de septiembre de 2013
Estados, Flavia Ricci
Estado 1
Me preguntó mi estado civil y dije "cazada". El empleado no reparó en la diferencia fonética, así que escribió "casada". Lo corregí: "cazada, con zeta. Fui una presa para él. Cazada, poné cazada con zeta por favor".
Estado 2
Tus cuernos me queman, me arden, por dentro. No son de esos cuernos que se llevan encima, son de esos nefastos que se clavan por la espalda, que no esperás, que en definitiva te desarman. Me mentiste tanto, tanto, que hasta me dijiste "te amo".
Estado 3
Él esperaba que me creyera eso de que el vino que había comprado era de una bodega boutique. Recibí el vino, lo abrí y me quedó clarísimo que además de mentiroso, era un avaro. Ni buen gusto, ni descorchar un buen vino porque sí con alguien un fin de semana, por la noche, por el mero gusto de degustar algo bueno y rico. No. Él no era hombre de buen gusto. Y me quedó tan chico que ni cabida le dí. Aburrido. No le hace falta a Cervantes hacer marketing para que sepan que El Quijote, es un buen libro.
Me preguntó mi estado civil y dije "cazada". El empleado no reparó en la diferencia fonética, así que escribió "casada". Lo corregí: "cazada, con zeta. Fui una presa para él. Cazada, poné cazada con zeta por favor".
Estado 2
Tus cuernos me queman, me arden, por dentro. No son de esos cuernos que se llevan encima, son de esos nefastos que se clavan por la espalda, que no esperás, que en definitiva te desarman. Me mentiste tanto, tanto, que hasta me dijiste "te amo".
Estado 3
Él esperaba que me creyera eso de que el vino que había comprado era de una bodega boutique. Recibí el vino, lo abrí y me quedó clarísimo que además de mentiroso, era un avaro. Ni buen gusto, ni descorchar un buen vino porque sí con alguien un fin de semana, por la noche, por el mero gusto de degustar algo bueno y rico. No. Él no era hombre de buen gusto. Y me quedó tan chico que ni cabida le dí. Aburrido. No le hace falta a Cervantes hacer marketing para que sepan que El Quijote, es un buen libro.
29 de agosto de 2013
Empiezan los días, Flavia Ricci
Empiezan los días en que una deja la ventana abierta y la persiana algo baja, como para resguardarse del sol. Empiezan los días en que los atardeceres son más tardíos. Empiezan los días en que llegar a casa es quizás volver a salir después. Empiezan los días en que las caminatas y los encuentros con amigos son excusas para prolongar los días. Empiezan los días en que salimos a ver la luna y nos sentamos horas en el patio a disfrutarla. Empiezan los días de la gente afuera. Empiezan los días del "qué noche hoy ¿no vecino?". Empiezan los días del "qué calor". Empiezan los días de refrescos y cervezas y picadas y asados. Empiezan los días de tomarse todo el sol en la playa. Empiezan los días en que siento necesidad de resumen, de síntesis. En los que miro qué hacía hace un año cuando empezaban estos días, con quién, cómo. Cuáles eran mis expectativas cuando comenzaba este calorcito que invitaba al encuentro, quién me desvelaba con llamados, sonrisas, sueños. Cierro los ojos, con la sensación de que puedo abrir los brazos. De que justo para esta época comencé a perder un año. Y llegará ese día que preferiría olvidar. Y habrá pasado un año. Y quién sabe en dónde estarás. Porque me mentiste tanto, tanto, que hasta llegaste a decirme varias veces "te amo". Hace casi un año cuando empezaban estos días ...
28 de agosto de 2013
Cuadro de una muerte dudosa, V. Kociancich
No se puede vivir en el mundo de lo posible, sin certezas. Lo posible constante enloquece. Por eso vine y por eso me quedo. Me quedo hasta encontrar la explicación que falta o hasta aprender a resignarme.
21 de agosto de 2013
La gente que me gusta, M. Benedetti
Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad.
Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien se permite huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios.
Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de sí, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme. La gente que tiene tacto.Me gusta la gente que posee sentido de la justicia.A estos los llamo mis amigos.
Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor. La gente que nunca deja de ser aniñada.Me gusta la gente que con su energía, contagia.
Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera.Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.La gente que lucha contra adversidades.Me gusta la gente que busca soluciones.
Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni cómo lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.
Me gusta la gente que tiene personalidad.Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, el arrepentimiento y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE.
Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mí, me doy por bien retribuido.
Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien se permite huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios.
Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de sí, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme. La gente que tiene tacto.Me gusta la gente que posee sentido de la justicia.A estos los llamo mis amigos.
Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor. La gente que nunca deja de ser aniñada.Me gusta la gente que con su energía, contagia.
Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera.Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.La gente que lucha contra adversidades.Me gusta la gente que busca soluciones.
Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni cómo lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.
Me gusta la gente que tiene personalidad.Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, el arrepentimiento y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE.
Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mí, me doy por bien retribuido.
3 de julio de 2013
El último encuentro, Sándor Márai
“- Que quieres de ese hombre?- pregunto de repente la nodriza.
- La verdad - respondió el general.
- Conoces muy bien la verdad.
- No la conozco - dijo el en voz alta, sin preocuparse por el servicio, que había interrumpido abajo la colocación de las flores y miraba hacia arriba. Volvieron a bajar la mirada inmediatamente, con un gesto mecánico y continuaron con sus quehaceres- La verdad es precisamente lo que no conozco.
- Pero conoces la realidad- observo la nodriza con un tono agudo, casi agresivo.
- La realidad no es lo mismo que la verdad- respondió el general- La realidad son sólo detalles.”
- La verdad - respondió el general.
- Conoces muy bien la verdad.
- No la conozco - dijo el en voz alta, sin preocuparse por el servicio, que había interrumpido abajo la colocación de las flores y miraba hacia arriba. Volvieron a bajar la mirada inmediatamente, con un gesto mecánico y continuaron con sus quehaceres- La verdad es precisamente lo que no conozco.
- Pero conoces la realidad- observo la nodriza con un tono agudo, casi agresivo.
- La realidad no es lo mismo que la verdad- respondió el general- La realidad son sólo detalles.”
5 de junio de 2013
A una persona "desconocida", Flavia Ricci
Querida persona desconocida,
Yo, Flavia Ricci, declaro haberme enamorado de usted. Así, de la noche a la mañana y sin saber a ciencia cierta por qué, aunque ya le gustaría que se lo contara y por eso haré un esfuerzo.
Yo, Flavia Ricci, declaro haberme enamorado de usted. Así, de la noche a la mañana y sin saber a ciencia cierta por qué, aunque ya le gustaría que se lo contara y por eso haré un esfuerzo.
Creo que fue su sonrisa la que me conquistó. Y si bien yo no
la conocía, usted siempre fue para mí una persona desconocida, su sonrisa casi,
casi, me resultó familiar. Su sonrisa y yo fuimos conociéndonos poco a poco
hasta hacernos como de la familia. Quizás, seguramente, su sonrisa fue lo que más
me gustó siempre de usted, porque cada vez que usted abría la boca por lo
general era para decirme algo entre mezquino y durillo.
Pero esa sonrisa hablaba por sí misma.
Cuando la conocí a usted, de forma un poco forzada pero no
por ello azarosa, pensé enseguida que si venía naufragando en las aguas de mi
entonces amor, quizás con usted podríamos navegar. Piense, con toda mi
sinceridad por delante y también con su sonrisa. Pero a cambio recibí toda su
desconfianza y malos entendidos, mientras yo intentaba aferrarme a la única
balsa que me ofrecía usted: los escasos e inflexibles momentos en que usted y
yo estábamos cara a cara.
Bien es cierto que con usted todo es desconcierto, que una
no sabe si mandarla a paseo, querida persona desconocida, o aferrarse a usted
con ganas y a ojos cerrados y decir “que sea lo que Dios quiera, porque vaya si
te quiero”. Pero para no caer en la cursilería preferí callar, al menos callar
con usted, incluso callar a la evidencia. Tonta de mí, porque cuando algo es,
simplemente hay que dejarlo ser. Incluso sé que debí nadar contracorriente a
pesar de sus esquivos abrazos. Pero, ya ve, los años no vienen solos y
finalmente decidí que el amor no nace de a una, es una relación de dos personas.
Así es que, querida persona desconocida, si usted hubiera
tenido las ganas, diría que si hubiera sido más atrevida allí donde yo le daba
cabida, sabría a ciencia cierta que de verdad la quise, cada vez que la abracé.
A pesar de no conocerla, porque siempre se esmeró en ser una persona
desconocida. Pero llegué a conocerla un poco, y ese poco me dio ganas de
conocerla más. Usted, ilusa, desconfiada, poco amada en su vida, siempre creyó
que le mentía. Pero, si lo piensa mejor, verá que pocas personas son capaces de
salir a decir todo esto que le digo a usted a riesgo de quedarse solas. Sí, yo
puedo quedarme sola, querida persona desconocida, pero sepa usted que me quedo
con la certeza de haberlo dicho todo, de haber sido sincera y de haber
fracasado, como se fracasa a veces en el amor. Yo la quise, la elegí, si
supiera cómo y cuánto tiempo la pensé y elegí, hasta que hoy dije basta. Porque
me enseñaron de chica que una relación es de a dos. Porque nadé en las aguas de
la incerteza. Y porque hoy, supongo que hoy, abrí los ojos para darme cuenta qué
pretendo de mi amada persona, de quien me ame. Sencillamente que pueda mirarme
a los ojos y me diga lo que siente, que me hable de su vida, de su entorno, y
que pueda incluirme en él. Sí, quizás nada de esto haya ocurrido con usted
porque sencillamente no me haya querido jamás, no crea que no lo he pensado. Pero
quería que supiera, porque ahora no van a caberle dudas, que es a usted a quien
le dedico estas líneas. Y a nadie más. No va a saber nada de mí a menos que
usted lo desee. No soy de insistir cuando dicen que no quieren. Las cosas que
se abren, han de cerrarse y es lo que hice esta noche.
Mi querida desconocida. Un gusto las noches y días de
sonrisas y manjares. Espero que la vida le sonría siempre, como usted a veces
me sonreía a mí. Generalmente cuando nos veíamos. Y esa sonrisa me acompañaba
todo el día, todos los días, hasta que usted se dignaba a verme de nuevo, mi
querida persona desconocida.
Suya,
Flavia
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Tres Arroyos.
27 de mayo de 2013
El sol, Pablo Neruda
A plena luz de sol sucede el día,
el día sol, el silencioso sello
extendido en los campos del camino.
Yo soy un hombre luz, con tanta rosa,
con tanta claridad destinada
que llegaré a morirme de fulgor.
Y no divido el mundo en dos mitades,
en dos esferas negras o amarillas
sino que lo mantengo a plena luz
como una sola uva de topacio.
Hace tiempo, allá lejos,
puse los pies en un país tan claro
que hasta la noche era fosforescente:
sigo oyendo el rumor de aquella luz,
ámbar redondo es todo el cielo:
el azúcar azul sube del mar.
Otra vez, ya se sabe, y para siempre
sumo y agrego luz al patriotismo:
mis deberes son duramente diurnos:
debo entregar y abrir nuevas ventanas,
establecer la claridad invicta
y aunque no me comprendan, continuar
mi propaganda de cristalería
.
el día sol, el silencioso sello
extendido en los campos del camino.
Yo soy un hombre luz, con tanta rosa,
con tanta claridad destinada
que llegaré a morirme de fulgor.
Y no divido el mundo en dos mitades,
en dos esferas negras o amarillas
sino que lo mantengo a plena luz
como una sola uva de topacio.
Hace tiempo, allá lejos,
puse los pies en un país tan claro
que hasta la noche era fosforescente:
sigo oyendo el rumor de aquella luz,
ámbar redondo es todo el cielo:
el azúcar azul sube del mar.
Otra vez, ya se sabe, y para siempre
sumo y agrego luz al patriotismo:
mis deberes son duramente diurnos:
debo entregar y abrir nuevas ventanas,
establecer la claridad invicta
y aunque no me comprendan, continuar
mi propaganda de cristalería
.
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14 de mayo de 2013
Vuelo, Flavia Ricci
El Dragón ha cambiado su piel. No sin dolor, no sin preguntas, no sin mirar atrás. Pero ha echado a volar, en solitario, aunque rodeado de afectos. El Dragón abre sus alas, solo. El Dragón escucha, mira, quiere descansar. No es tiempo de sonrisas, no es tiempo de ruidos, ni siquiera de sonidos. El Dragón mira tranquilo, todos los meses hacia atrás. Al Dragón lo protegen, le hablan, lo abrazan. El Dragón suelta, y le duele aunque sea Dragón. El Dragón mira, huele, sueña. Vuela alto, solo. Dragón.
2 de mayo de 2013
Mentiras, Flavia Ricci
Entre una punta y la otra del hilo que voy estirando, hay una distancia crítica que lleno con vos. Como si fueras quien llena esos dos cabos entre las verdades que no cierran. Y aunque te coloco en medio de esos extremos, no puedo decir que con verte se vayan mis dudas. Por eso resumo todo en el silencio, en mirar a lo lejos, en apartar el vacío. Ese hueco que dejan las dudas cuando son casi certezas. Con o sin vos. En mí.
1 de mayo de 2013
Hasta nunca, CC.
Más que escribirle a usted, descargo mi conciencia.
No sabe lo difícil que fue para mí algún día, buscarle, y lo difícil que va a ser ahora, perderlo. Pero no le pediré que se quede, más bien le ruego que se marche lejos, aléjese lo más que pueda de mi presencia. Ahora más que nunca me repugna su sola visión, y no creo que mi corazón resista una noche mas, llena de esta melancolía suya. Si no lo veo sanará mi alma, mi pluma podrá por fin descansar y mi mente estará tranquila. ¿Sabe usted que ya no me alcanzan las páginas? ¿Sabe que se me acaba la tinta en las cartas no enviadas? ¡Cuantas líneas me merecieron sus ojos! ¡Cuántas lágrimas, su mirada!
Por favor procure no herir más mi pecho, no me dé besos de despedida, no me regale su abrazo, no comprometa mi angustia. Váyase lejos, dígame “Adiós”, bese otros labios y no regrese nunca. Yo por mi parte cambiaré de perfume y de canción favorita, dejaré de ser yo, para así dejar de ser suya.
Sobra decirle que solo le deseo un amor inferior al mío, por que como yo, no lo querrá nadie, nunca.
CC.
30 de abril de 2013
La boa y el dragón, Flavia Ricci
Había una vez un dragón, que se lo pasaba volando, surcando
los aires. En sus vuelos no dejaba de mirar hacia la Tierra , porque es bien
sabido que gracias a ello tenía perfecta noción de su vuelo. De vez en cuando
bajaba, estaba un tiempo, reponía energías y volaba nuevamente. Desplegaba sus
alas con una energía voraz, llena de vida. Un día conoció a una boa, que lo
llenó de fascinación.
Debido a que la boa no volaba, el dragón pasaba más y más
horas en tierra, lejos de sus nubes y de las estrellas. La boa lo fue cercando,
pero el dragón muchas veces se escapaba para poder volar y así no perder su
naturaleza de dragón.
A medida que pasaba el tiempo, la boa iba aferrándose al
dragón cada vez más, de una forma nociva. La boa maltrataba al dragón cuanto podía, pero con la sutileza necesaria para que éste no huyera, sino todo lo contrario.
El dragón, de buen corazón, trataba por todos los medios de hacer feliz a la boa. Creyó que la boa se aferraba a él por amor, e intentaba darle más tiempo juntos. El dragón un día llevó a la boa a volar. Porque quería mostrarle su mundo, compartirlo con ella. La montó en su cuerpo de dragón y le mostró esos aires por los que volaba.
La boa le dijo que era feliz con él, pero una vez en tierra, cercó más al dragón y casi le exigió dejar de volar. El dragón quería volar con ella, pero la boa no quería. No quería que el dragón volara, eso era todo. El dragón se sintió cercado, dañado, lastimado, en su naturaleza de dragón. Pasó largos días solo, incluso aunque estuviera con la boa. Y se dio cuenta de que ello no era amor. La boa continuaba maltratándolo, como si ser feliz fuese un pecado. Nunca estaba conforme, porque en realidad no lo estaba consigo misma. La boa era un ser infeliz.
El dragón, de buen corazón, trataba por todos los medios de hacer feliz a la boa. Creyó que la boa se aferraba a él por amor, e intentaba darle más tiempo juntos. El dragón un día llevó a la boa a volar. Porque quería mostrarle su mundo, compartirlo con ella. La montó en su cuerpo de dragón y le mostró esos aires por los que volaba.
La boa le dijo que era feliz con él, pero una vez en tierra, cercó más al dragón y casi le exigió dejar de volar. El dragón quería volar con ella, pero la boa no quería. No quería que el dragón volara, eso era todo. El dragón se sintió cercado, dañado, lastimado, en su naturaleza de dragón. Pasó largos días solo, incluso aunque estuviera con la boa. Y se dio cuenta de que ello no era amor. La boa continuaba maltratándolo, como si ser feliz fuese un pecado. Nunca estaba conforme, porque en realidad no lo estaba consigo misma. La boa era un ser infeliz.
Un buen día de abril, el dragón fue al borde de la Tierra , miró largamente
hacia el cielo, desplegó lentamente las alas, y echó a volar. Dio grandes
rodeos por la Tierra ,
miró a todos los seres que allí quedaban y se dijo para sí que siempre regresaría,
una y otra vez para estar con ellos, incluso para llevarlos a volar con él. Pero
estaba claro que tenía que alejarse de la boa. Y se dio cuenta, que hasta los
dragones de fuego sufren por amor. Y voló lo más lejos que pudo de esa boa nociva.
![]() |
| Dragón de fuego |
28 de abril de 2013
El último encuentro, Sándor Márai
“¿Qué las palabras no tienen importancia?
Yo no me atrevería a afirmarlo con tanta seguridad.A veces creo que muchas cosas, que todo depende de las palabras.De las palabras que uno dice a su debido tiempo,o de las que se calla, o de las que escribe”.
"Son muy pocas las personas cuyas palabras concuerdan con su existencia. La gente acaba aprendiendo la verdad, adquiere experiencias, pero todo ello no sirve de nada, puesto que nadie puede cambiar de carácter. Quizá no se pueda hacer nada más que esto en la vida: adaptar a la realidad, con inteligencia y con atención, esa otra realidad irrevocable, el carácter personal. Y sin embargo, así tampoco seremos más sabios, ni estaremos más resguardados frente a las adversidades".
Yo no me atrevería a afirmarlo con tanta seguridad.A veces creo que muchas cosas, que todo depende de las palabras.De las palabras que uno dice a su debido tiempo,o de las que se calla, o de las que escribe”.
"Son muy pocas las personas cuyas palabras concuerdan con su existencia. La gente acaba aprendiendo la verdad, adquiere experiencias, pero todo ello no sirve de nada, puesto que nadie puede cambiar de carácter. Quizá no se pueda hacer nada más que esto en la vida: adaptar a la realidad, con inteligencia y con atención, esa otra realidad irrevocable, el carácter personal. Y sin embargo, así tampoco seremos más sabios, ni estaremos más resguardados frente a las adversidades".
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22 de abril de 2013
Desenmarcada, Flavia Ricci
Antes ella, ahora no
Antes ahí con ella, ya no
Antes el momento, la sonrisa, el mañana
ya no
Antes su palabra, ahora no
Antes el sueño encontrado,
ahora es uno que echó a volar
Antes yo, ahora no
Antes ahí, ya no
Antes el momento, la sonrisa, el mañana
ahora no está
Desenmarcada
En otro sitio
Ausente
Perdida
Sonriente
por fingir
Feliz
por vivir.
Antes ahí con ella, ya no
Antes el momento, la sonrisa, el mañana
ya no
Antes su palabra, ahora no
Antes el sueño encontrado,
ahora es uno que echó a volar
Antes yo, ahora no
Antes ahí, ya no
Antes el momento, la sonrisa, el mañana
ahora no está
Desenmarcada
En otro sitio
Ausente
Perdida
Sonriente
por fingir
Feliz
por vivir.
12 de abril de 2013
La máscara, G. Brenson
Cada vez que me pongo una máscara para tapar mi realidad, fingiendo ser lo que no soy, lo hago para atraer a la gente.
Luego descubro que solo atraigo a otros enmascarados, alejando a los demás debido a un estorbo: la máscara. Uso la máscara va evitar que la gente vea mis debilidades; luego descubro que al no ver mi humanidad, los demás no me quieren por lo que soy, sino por la máscara.
Uso una máscara para preservar mis amistades; luego descubro que si pierdo un amigo por haber sido auténtico, realmente no era amigo mío, sino de la máscara. Me pongo una máscara para evitar ofender a alguien y ser diplomático; luego descubro que aquello que más ofende a las personas con las que quiero intimidar, es la máscara.
Me pongo una máscara, convencido de que es lo mejor que puedo hacer para ser amado. Luego descubro la triste paradoja: lo que más deseo lograr con mis máscaras, es precisamente lo que impido con ellas.
Luego descubro que solo atraigo a otros enmascarados, alejando a los demás debido a un estorbo: la máscara. Uso la máscara va evitar que la gente vea mis debilidades; luego descubro que al no ver mi humanidad, los demás no me quieren por lo que soy, sino por la máscara.
Uso una máscara para preservar mis amistades; luego descubro que si pierdo un amigo por haber sido auténtico, realmente no era amigo mío, sino de la máscara. Me pongo una máscara para evitar ofender a alguien y ser diplomático; luego descubro que aquello que más ofende a las personas con las que quiero intimidar, es la máscara.
Me pongo una máscara, convencido de que es lo mejor que puedo hacer para ser amado. Luego descubro la triste paradoja: lo que más deseo lograr con mis máscaras, es precisamente lo que impido con ellas.
Bendición de Dragón, Gustavo Roldán
Que las lluvias que te mojen sean suaves y cálidas.
Que el viento llegue lleno del perfume de las flores.
Que los ríos te sean propicios y corran para el lado que quieras navegar.
Que las nubes cubran el sol cuando estés solo en el desierto.
Que los desiertos se llenen de árboles cuando lo quieras atravesar. O que encuentres esas plantas mágicas que guardan en su raíz el agua que hace falta.
Que el frío y la nieve lleguen cuando estés en una cueva tibia.
Que nunca te falte el fuego.
Que nunca te falte el agua.
Que nunca te falte el amor.
Tal vez el fuego se pueda prender.
Tal vez el agua pueda caer del cielo.
Si te falta el amor, no hay agua ni fuego que alcancen para seguir viviendo.
Que el viento llegue lleno del perfume de las flores.
Que los ríos te sean propicios y corran para el lado que quieras navegar.
Que las nubes cubran el sol cuando estés solo en el desierto.
Que los desiertos se llenen de árboles cuando lo quieras atravesar. O que encuentres esas plantas mágicas que guardan en su raíz el agua que hace falta.
Que el frío y la nieve lleguen cuando estés en una cueva tibia.
Que nunca te falte el fuego.
Que nunca te falte el agua.
Que nunca te falte el amor.
Tal vez el fuego se pueda prender.
Tal vez el agua pueda caer del cielo.
Si te falta el amor, no hay agua ni fuego que alcancen para seguir viviendo.
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