24 de febrero de 2008

El sueño más bonito, Al-Taïr


El sueño más bonito, aquel en el que sólo vos y yo estamos y el que me hace deslizar una sonrisa cómplice aunque te resulte desconocido el motivo. El sueño más bonito, aquel en donde estamos en una playa en un verano y toda la noche nos espera, en donde yo te miro en medio de chupetines y chocolates. El sueño más bonito, aquel en el que te miro con un libro entrecerrado mientras jugás con tus palitas y tus castillos, que son lo más bellos del mundo. EL sueño más bonito, en donde no nos pasa nada en tu mundo de princesas donde me dejás meterme sin permiso o con el tuyo. El sueño más bonito en donde me agarrás con tu mano para decirme que estamos juntas como siempre. El sueño más bonito, en donde te miro sin que me veas y me sonreís sin que me dé cuenta. El sueño más bonito, en donde me preparás tazas repletas de café imaginario y sin azúcar como me gusta a mí. El sueño más bonito, en donde me das fuerzas y me lanzo a ciegas con la mayor confianza que jamás tuve en alguien. El sueño más bonito, en donde caminamos por sendas inexploradas, juntas, mujeres. El sueño más bonito en donde no sé cómo, creciste y te me hiciste grande, grande. El sueño más bonito en donde puedo acompañarte en la calesita y ayudarte a sacar la sortija muchas, muchas veces.

El sueño más bonito, recobrado, encontrado, jamás perdido. La esperanza que me das cada día, con tus manitas cuadradas y suaves. Con tus bracitos que me agarran con fuerza del cuello. El sueño más bonito, verte a mi lado día a día y noche a noche. Y noche a noche, hija hermosa, estar tranquila y orgullosa porque estás a mi lado: mi Zoe.

22 de febrero de 2008

Vivir, Al-Taïr

Lo dejé porque hacía lo mismo que yo. Tal vez por miedo, por pensar que todo lo que yo había hecho él lo haría. Pero creo que hice bien, porque le faltaba una vida propia, sentir la pasión, lo propio, lo hecho por sí mismo y no por lo demás. Ya no me bastó que me agradeciera lo que había hecho por él, ni pensar lo que él había hecho por mí. Quería que hiciera algo por sí mismo. Y así fue que lo dejé en verdadera libertad. Que no era aquello de estar conmigo, a mi vera dependiente, sino vivir la vida pensando que tal vez lo que hiciera fuese trascendente. Qué es la vida sin la trascendencia? Lo pensaba cada vez que miraba a Zoe. Y él me quedaba poco .... o nada. Y lo dejé por fin. Y fue para bien.

19 de febrero de 2008

BarceloKa, Al-Taïr

Barcelona familiar, Barcelona diferente, Barcelona inmigrante, Barcelona informal, Barcelona catalana, Barcelona de Zoe, mi Barcelona, Barcelona con amigos, Barcelona en solitario, Barcelona de tristeza y de alegría, Barcelona de recuerdos, Barcelona de logros, Barcelona de amores y amantes, Barcelona bisexual, Barcelona de sonrisas, Barcelona de mamá, Barcelona Vall d'Hebrón, Barcelona de metro, Barcelona de trenes, Barcelona mediterránea, Barcelona libre, Barcelona cultural, Barcelona de diseño, Barcelona de novedades, Barcelona de sabores, Barcelona veloz, Barcelona reflexiva, Barcelona voraz, Barcelona otra vez ...

16 de febrero de 2008

Pasados recuperados, Al-Taïr

"Estás como desinflada", me dijo. Y pregunté qué había dicho para ganar tiempo y decirle que no, aunque sin convencimiento alguno. Aquella llamada parecía haberse metido sin pedir permiso en lo más profundo de mí, poniéndome en un estado de desánimo imprevisible. Había cosas que eran las de siempre, gente que se repetía, sitios, emociones. Y yo? Me había llegado la edad en la que una no puede prescindir del pequeño lujo de la cercanía? (to be continued .... or not)

24 de enero de 2008

Ruido, Joaquín Sabina


Ella le pidió que la llevara al fin de mundo,
él puso a su nombre todas las olas del mar.
Se miraron un segundo
como dos desconocidos.

Todas las ciudades eran pocas a sus ojos,
ella quiso barcos y él no supo qué pescar.
Y al final números rojos
en la cueva del olvido,
y hubo tanto ruido
que al final llegó el final.

Mucho, mucho ruido,
ruido de ventanas,
nidos de manzanas
que se acaban por pudrir.
Mucho, mucho ruido,
tanto, tanto ruido,
tanto ruido y al final
por fin el fin.
Tanto ruido y al final…

Hubo un accidente, se perdieron las postales,
quiso Carnavales y encontró fatalidad.
Porque todos los finales
son el mismo repetido
y con tanto ruido
no escucharon el final.

Descubrieron que los besos no sabían a nada,
hubo una epidemia de tristeza en la ciudad.
Se borraron las pisadas,
se apagaron los latidos,
y con tanto ruido
no se oyó el ruido del mar.

Mucho, mucho ruido,
ruido de tijeras,
ruido de escaleras
que se acaban por bajar.
Mucho, mucho ruido,
tanto, tanto ruido.
Tanto ruido y al final…
Tanto ruido y al final…
Tanto ruido y al final
la soledad.

Ruido de tenazas,
ruido de estaciones,
ruido de amenazas,
ruido de escorpiones.
Tanto, tanto ruido.

Ruido de abogados,
ruido compartido,
ruido envenenado,
demasiado ruido.

Ruido platos rotos,
ruido años perdidos,
ruido viejas fotos,
ruido empedernido.

Ruido de cristales,
ruido de gemidos,
ruidos animales,
contagioso ruido.

Ruido mentiroso,
ruido entrometido,
ruido escandaloso,
silencioso ruido.

Ruido acomplejado,
ruido introvertido,
ruido del pasado,
descastado ruido.

Ruido de conjuros,
ruido malnacido,
ruido tan oscuro
puro y duro ruido.

Ruido qué me has hecho,
ruido yo no he sido,
ruido insatisfecho,
ruido a qué has venido.

Ruido como sables,
ruido enloquecido,
ruido intolerable,
ruido incomprendido.

Ruido de frenazos,
ruido sin sentido,
ruido de arañazos,
ruido, ruido, ruido.

20 de enero de 2008

La génesis del nosotros, Al-Taïr

A la conquista de tu interés, de tu mirada, de tus besos, de tu piel. A la conquista de todo aquello me lancé casi sin conocerte y sin saber si querrías seguir conociéndome. A la conquista de las palabras, de tus silencios y de los míos, de tu pasado y del mío, de nuestras alegrías y de nuestros fracasos. Al encuentro, nuestro encuentro, el de dos mundos diversos pero que intuía complementarios. Todo un día o más por delante, yo me hubiese conformado con mucho menos en aquel entonces. Se acercaba la noche, la promisoria y definitiva noche. ¿Nuestra primera noche? Y toda mi experiencia quedó disuelta en un mar de incertidumbre sobre el futuro. Esta vez, me importaba aquello que tenía frente a mis ojos. A la conquista del espacio, esa era la primera conquista a la que debía lanzarme. Pero no me atrevía a moverme y la noche comenzaba a llegar a un punto en donde más palabras agobian, pero el silencio obliga a alguna acción. Cada vez que lo recuerdo, sin saber demasiado cómo llegamos a ello, cierro los ojos y un cúmulo de emociones viene a mí: aquella primera vez en donde tus ojos y los míos se miraron más allá de lo que veían. Y celebro aquella vez en que tocarte, tocarte una pequeña parte de tu dedo, de tu rostro, de tu cuello, para mí fue un caudaloso río de sensaciones que me sacudían por dentro. Aquella primera vez en que pude explorarte con mis ojos y mis manos para introducirme en tu mundo y presentarte el mío. Aquella primera sensación de lo desconocido, de lo que vendrá, de cuando sentí que todo estaba por escribirse, y quería que fuese contigo. Aquel momento previo a que un cuerpo se confunda con el otro, a que las manos se entrecrucen indiscriminadas. Quiero decir, aquella pequeña, tímida conquista de acercarme a tu espacio y rozarte sutilmente con mis dedos para saberte cercano y real. Esa noche, esa conquista primero poco a poco y luego urgente es la que tengo en la mente cada vez que te miro. Cada vez que caminamos juntos. Esa pequeña y delicada mezcla de sensaciones que viví cuando mi mano rozó la tuya y cuando ambas se cerraron unidas. Esa pequeña conquista de aquella primera noche en donde todo estaba por escribirse.

11 de enero de 2008

Jugar al Solitario, Al-Taïr

Quise caminar al lado de alguien de un solo discurso. Quise y di todo tipo de libertades y tolerancias. Quise por una vez tener la certeza de mirar y poder ver lo mismo. Quise estar a miles de km y saber que nos respetaríamos. Quise unificar por una vez mi discurso. Quise saber que ambos éramos sinceros, más allá de los muros de nuestro hogar. Quise saber y convencerme de que por fin aquello que veía era lo que ocurría. Quise saber que ambos compartíamos la intimidad, la nuestra. Quise hablar con un "yo" y con un "vos" porque existía un "nosotros" que era más que decir "los dos". Pero me quedé jugando al solitario. Jugando al solitario sin querer, porque no sé jugar. Me dejaste jugando aunque sabías que no entendía, que esas reglas jamás las había manejado. El Solitario, vaya juego. Y vaya juego el tuyo, campeón. Me diste una estocada magistral.

9 de enero de 2008

Back, Luciana Peker

Una mujer que quiere acostarse después de acostarse –sin pensar en irse, en huirse, en blindarse– sabe que si los dos cuerpos se rinden y se dan vuelta, se reinventan. Entonces el cuerpo gira, se acomoda y así se hace noche y se re-hace el día. Una mujer que duerme con un cuerpo desnudo, abrazado, despatarrado, sabe que es su atrás, su columna vertebral, su trasero, su cuerpo sin voz, sin palabra, sin siquiera mirada, el que arrima. Una mujer que sabe desandar sus maratones y volverse caminante con sus manos apoyadas, sabe que ahí –ahí donde un soplido puede dividir el cuerpo–, ahí donde el cuerpo hace una vertical entre las piernas y la espalda, ahí el cuerpo se pone redondo. Y como si estuviera Galileo vociferando pero se mueve el verano descubre las colas como si descubriera América.

4 de enero de 2008

Como tus zapatos, Gabo Ferro

No te fuiste de casa
te quedaste en tus cosas
en tu cama revuelta
en tus libros abiertos
en tu abrigo tirado que ha quedado trabado como en un abrazo
En tu foto sonriente
en tus anteojos viejos
celándome tus cosas
siempre vigilantes
Los pondré de mi parte
cuando se enteren que también los dejaste
Como los zapatos que dejaste acá tirados
Uno boca abierta al cielo y el otro desatado
Como tus zapatos, incompletos, solos, gastados
Hermosos juntos
imperfectos separados
No te fuiste de casa
te quedaste en tus cosas
en tus libretas viejas
que confinan tu historia
en una serie larga de dibujos con lápiz y días arrancados
Tu gorra con mi nombre
ha quedado tumbada
parece como ahogada
después de haber braceado
y haber tragado el aire envenenado que amparaba tu almohada
Como los zapatos que dejaste acá tirados
Uno boca abierta al cielo y el otro desatado
Como tus zapatos, incompletos, solos, gastados
Hermosos juntos imperfectos separados.

20 de diciembre de 2007

Atención, Al-Taïr


La primera vez que miró hacia un lado ella se sorprendió. Luego, por algún motivo, ya no fue lo mismo. Pensó en algunos años atrás, cuando aquel otro había mirado hacia un lado, todo un síntoma de que se había acabado y no había vuelta atrás. Ella caminó como pudo al baño y vomitó ese rechazo que él le lanzaba con la mirada. Esta vez pasó algo así, pero años después y con otro. Ella de todas formas vio que algo se había roto. Y también desvió la mirada, triste. Ahora entendía lo que aquella mujer le había reprochado, aquello de mirar siempre a los lados, escapando de la estática. Miró hacia un lado, desvió la vista y con ella la atención. Jugaría con las mismas reglas de no decir ni reflexionar, demasiados secretos (todos lo sabemos) rompen hasta una roca de amor.

14 de diciembre de 2007

Windows, Al-Taïr

Mientras, y digo mientras porque esto es un paréntesis tan breve como artificial, vos fingís seguridad y bajás ventanas, yo me sumerjo en mi más profunda incertidumbre. Tu temor a que vea, que te lleva a ocultar, mi incertidumbre cobra un perfil cada vez más claro y amoldo, rearmo, mi hipocresía. Nos miramos, sonreímos y hacemos el amor. Pero me dejás claro cada vez que no hay nada entre tu mirada y la mía. Temés ¿temo yo? Me enseñaste a ser segura sin darme seguridad. Y ahora, que llega ese tiempo de observar, las cosas son raras. Me acuesto, miro el techo, llega la noche, salgo. Me sumerjo en la noche, que quiero compartir con todos menos con vos. Me sumerjo en compañías que me brindan lo que vos no, por tu temor. Cae una ventana, cae un pedazo dentro mío: de confianza, de esperanza, de expectativa. Me sumerjo buscando brazos, besos, vasos. Me sumerjo en una noche conocida y aun así sorpresiva. Poniendo en riesgo mi sensibilidad, regalando mi antigua fidelidad. Y llego sucia de manos y mentes, de noche y de rostros. Vos simplemente me ves y bajás otra ventana. Yo quiero correr, pero es de día. Y simplemente me tiendo en la cama. Y quiero llorar.

Ausencia, Efraim Medina Reyes

Cuando pienso en ti el dolor regresa y me aplasta como hacen los niños con las hormigas. Tu ausencia es mi castigo. Aunque sé que no puedo encontrarte, recorro día y noche el laberinto. Y dentro de mi estúpido corazón el deseo de verte crece y crece como un tumor de terciopelo. Tu ausencia marca el ritmo de mis horas e insomnios. He olvidado mi nombre, he olvidado cada cosa que no se relaciona contigo. La muerte me desgasta incesante y no quisiera morir sin ver en tus ojos el nivel del invierno. La vida es corta pero las horas son infinitas. Tu ausencia me rodea, me ahoga, me desgarra. Tu ausencia es mi único pecado y mi mayor condena. Tu ausencia es el beso invisible del ansia, el verano oscuro, las caricias invisibles. Las nubes pasan, las palabras se apagan y el dolor permanece. El dolor es mi perro fiel, el guardián implacable de esta cárcel atroz, de esta celda sin paredes a la que estoy confinado. Siento tu boca que roza la mía y huye hasta el fin del mundo. Tu imagen se forma y deforma en mi mente, las fuerzas me abandonan y sólo el dolor me sostiene. El dolor es mi único alivio. Busco el dolor como los insectos buscan la luz que les quema el alma. La vida te destruye en algún remoto lugar y mi memoria perfecciona cada uno de tus rasgos. Eres como siempre el resplandor y la lágrima, la dueña imposible de mis emociones. Antes de soñar el amor ya te soñaba a ti. Estás hecha de mi sangre y de mi nombre. Sé que aunque grite no vendrás, que tu ausencia invadirá mis huesos y borrará mi imágen de la mente de quienes me conocieron y juraron recordarme. Hoy es un día soleado, estoy a la deriva en un bosque de pinos. No sé cómo llegué aquí. Estoy esperando una señal, un evento secreto. Inmóvil sobre la hierba.

28 de noviembre de 2007

Nosotros, que nos queremos tanto. Al-Taïr

Risas, abrazos, besos, compromiso, hogar, camas, sábanas, siempre las mismas.




Ideas, soledad, pensamientos, pensamientos, pensamientos, agobio, incerteza, inseguridad.




Infidelidad, desenfreno, indiferencia, cantidad, sexo, desamor, desamparo, carcajadas, vacío.



Otra vez: un click infinito e intermitente que resuena en mi cabeza. Y una pared: infranqueable, enorme, negra.




Se ha roto algo en mí, hace tiempo, con tus códigos, silencios y media miradas. Con tu falta de palabras y especificidad. Y juro que tus actitudes sólo siguen logrando que me aleje. Y voy a hacerlo sin más.

27 de noviembre de 2007

A un click de distancia, Flavia Ricci

Lo había visto, escuchado y repetido cientos de veces: el mundo estaba a un click de distancia. Aquel día, mientras entraba en la habitación, la mano de él se echó sobre el mouse, la miró de lado una milésima de segundo sólo para cerciorarse de que ella no había visto nada. Cerró la ventana del programa, se puso de pie y caminó hacia ella para besarla. Ella apartó la boca, la asqueaba la hipocresía porque la había protagonizado por años. El mundo estaba a un click de distancia y él a un segundo de quedarse en medio de la calle con sus valijas de compañía. Todo su historial estaba en la mente de ella, no hacían falta aclaraciones, aunque sí hubiesen sido útiles algunas palabras cara a cara.

8 de noviembre de 2007

H O M B R E, Flavia Ricci

Hay algo que me hace a mí impredecible, pero a tí traidor. Y con esa imprevisibilidad que me caracteriza, al percibir que me mentías me sumergí nuevamente en el mar de hombres, de mentiras, de falta de compromiso. Realmente quería algo distinto, pero no estuviste a la altura. Y entre los cambios de mi vida, elijo no estar contigo. Dejarte sin decírtelo, que es el primer paso para decirte adiós. Ahora entiendo que cuando se llega al desinterés total, ni siquiera importa comunicar las cosas. Toda mi sinceridad, que te regalé, se hizo añicos. Recogí los pedazos, porque me la llevo conmigo. No he podido contra tu falta de claridad, contra tus charlas con media sonrisas en el móvil y frases en código. No he podido contra esas muestras claras de que me engañas, de que no soy lo que dice que soy para ti. Y al final me he refugiado en mí, luego de pensar que podría hacerlo en ti. He visto en un segundo como todo se caía, he visto el páramo en el que se convirtió mi vida sin tí, pero lo elijo al paraíso artificial que querías hacerme creer que existía. H O M B R E. La palabra, te queda muy grande.

5 de noviembre de 2007

(Por) fin, Flavia Ricci

Con la suficiente cercanía pero sin agobiar, con ese estar pendiente pero con sinceridad, con esas ganas pero yendo más allá del trofeo de tu conquista, con esa presión de tu presencia pero sin que haya re-presión por mi parte, con ese siempre, por fin, con ese tal vez hecho "sí", con esa seguridad que jamás tuve, que no tengo. Así, así voy por la vida, pateando piedritas, felizmente conmigo. Despojada de amores, que no me dan certezas de algo más allá, que no pasan de sexo repetido y redundante, con los días contados y la condena de antemano. Con un martillo justiciero que cae, que va cayendo, que casi se escucha sonar (si fueses menos sordo y estuvieses más atento).

Colombia 2007, Flavia Ricci


La Candelaria, La Macarena, Guatavita, La Calera, Club Colombia, La Fragata, arepas, bandeja paisa, Aguila, Rosario Tijeras, Gran Estación, Deyadira, Carlos, Álvaro, Natalia, picante, Juan Valdez, Oma, El Corral, ruana, chévere, señora, Monserrate, Guadalupe, Tequendama, Catedral de Sal, pelada, sardina, viejo, Uribe, Guerrilla, paramilitares, militares: Colombia.

27 de octubre de 2007

1+, Flavia Ricci


Hoy me miré al espejo, había una foto imaginaria tuya en la esquina superior izquierda. Izquierda, sólo podrías haberla dejado allí. La quité, la quité para quitarte de mi vida. Y a continuación todo pareció enderezarse. Aparecieron otros, que te reemplazaron en el tiempo, pero no en la intensidad. Y al fin, él.
Hoy me miré al espejo, lo veía y lo veía a él. Todo crecía hacia todos los lados, casi sin saber por qué y a pesar de todos los pronósticos, incluso del mío. Inabarcable era aquello, enorme e inexplicable ¿De dónde venía esa fuerza? ¿De dónde provenía esa intensidad?
A medida que pasaban los días iba pasando las pruebas, aquello de mirar a los lados. Casi no miraba, y cuando miraba no veía nada especial. Él no formaba parte de aquel centro que compartía los lados. Ella le había dado ese sitio y hasta se la veía convencida.
Pero un día, por exceso de algo que él mismo no pudo nombrar, la confianza se quebró. Ella ya no tenía la foto en el espejo, así que veía todo mucho más claro. Y lo vio, vio todos esos cristales que deja la confianza cuando se rompe esparcidos por el suelo. Los miró y no quiso pasar ni cerca. Sencillamente se alejó de él. Y volvió a ese mundo incierto, hasta algo hostil de sexo y hombres, de los hombres que ladran.

19 de octubre de 2007

Y por tanto, Flavia Ricci

Y por tanto, ansío y casi exijo que jamás pierdas esas palabras que generaban expectativas, esos detalles que no daban todo por sentado, ese estar pendiente porque nada es seguro. Ansío y casi exijo que no des nunca nada por sentado, que nos busquemos como si aun no nos hubiésemos encontrado, que nos amemos como si aun no lo hubiésemos comprobado, que nos sintamos como si jamás nos hubiésemos tocado, que nos esperemos como si aun no hubiésemos quedado. Ansío, casi exijo sentir esa sensación de nervios, expectativa, retroceso y avance por verte. Ansío, casi exijo que siempre sintamos que esto es algo de cada día, esa sensación de encontrarte, porque podría ser que no estuvieses. De que me respondas, porque podría ser que le hablara a una ilusión una vez más. Ansío, casi exijo, llegar a la sintonía en donde ambos preservemos esto que tenemos, hasta de nosotros mismos. Del tiempo, que todo lo devora, de la rutina, que todo lo desgasta. Ansío, casi exijo, que no confundas confianza con conformismo. Que nunca te conformes con lo que tenemos, porque siempre podremos construir más y mejor. Que cada día escuches una voz que te diga "eso no es nada aun, buscaros, hay más".

18 de octubre de 2007

Bendito tú eres entre todas tus mujeres, Flavia Ricci

Tomó un café por no abrir el libro que llevaba consigo. Miró hacia la calle, despreocupada, desenamorada. Hizo memoria, días, besos, la nada ... No tenía mérito estar con ella simplemente porque él no estaba con el resto. Siempre creyó que elegir, es elegir a uno y por sobre todos. No una cuestión de soledad, no un "hasta que lleguen los demás". Y por eso jamás había elegido a nadie. Trazó hipótesis en un papel en blanco, le gustaba graficar sus pensamientos. Muchas veces, tanto los gráficos como sus pensamientos eran incomprensibles para el resto. Recordó lo fuerte que se había sentido con él, si estiraba una mano creía que aun podía palpar esa sensación. Sin saber que él estaba allí porque le convenía, por no sentirse solo. Ella sintió nuevamente el paseo de los días sin fin del futuro que creía tenían por delante. Recordó esa sensación de verse con él en el reflejo de algún cristal callejero. Recordó sus ganas de llorar y poder explicarle, aunque no podía con palabras, que esa noche dio vuelta la página, se quitó de encima varios días de corazones rotos y el peso de los vasos vacíos, con besos anónimos. Miró sus manos, ávidas por tocarlo todo. Lloró, de desamor, vacía. "Sigue tu intuición", le habían dicho desde Barcelona en la tarde, y sus dudas afloraban a la vez que aparecían recuerdos de años atrás. Dos copas, dos velas, dos miradas y un sólo hombre, él. Una vez más, él. La vida sigue, chiquilla .... una mancha más al tigre, una sonrisa que aflora nuevamente, una confirmación de su mala puntería que llevaba años, a veces adrede, a veces sin querer. Nada que él hiciera podía volver a hacerla sentir elegida, porque había abierto los ojos. Pidió otro café, abrió su agenda e hizo una llamada. Qué le hace una mancha más al tigre .... guapa.